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El polvorín

Especialista colombiano en Cambio Climático afirma: ¡Sálvese quien pueda!

23 Diciembre 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

 
 

Manuel Rodríguez Becerra, Administrador de Empresas colombiano metido a Consultor Ambiental  dice que solo queda ¡Sálvese quien pueda! … mientras no se demuestre lo contrario, ante futuro marcado, profunda e ineluctablemente, por el cambio ambiental global de origen humano.

"En Colombia debe cambiar el trabajo de explotación minera. Debe buscarse el buen uso de los dineros recaudados en regalías. Actualmente, por diferentes condiciones, las regalías son despilfarradas y no son usadas para lo que deberían. Considero que una buena administración de las mismas podría desencadenar un trabajo social relevante y cambiaría las condiciones de salud, nutrición y educación de los involucrados en las actividades mineras. Un monto podría ser reutilizado en la recuperación del ambiente deteriorado."

COP 16: sálvese quien pueda


Escribe Manuel Rodríguez Becerra / Ex Ministro del Ambiente de Colombia y miembro de la Plataforma Climática Latinoamericana (PCL).9 December 2010

 

 

Las expectativas acerca del resultado de las negociaciones de cambio climático, que se están celebrando en Cancún, no podrían ser más bajas. Se considerarían exitosas si se alcanzan unos tímidos acuerdos para proteger los bosques por medio del mecanismo REDD, y se hacen unos compromisos para proveer a los países en desarrollo unos modestos recursos económicos para que comiencen a tomar medidas de adaptación.

Pero lo grave es que ni en estas negociaciones, ni en las que les seguirán a mediano plazo, se alcanzarán los acuerdos necesarios para disminuir la emisión de gases efecto invernadero en la magnitud requerida para que el aumento de la temperatura global no sobrepase 2 grados Celsius, umbral más allá del cual, según la mejor ciencia disponible, la humanidad enfrentaría graves consecuencias. Se trata de un escandaloso fracaso político de las Naciones Unidas si consideramos que han transcurrido más de veinte años desde el inicio de las negociaciones sobre un problema cuya solución ya no da espera.

No obstante esta negativa situación, en los más diversos rincones del mundo se adelantan miles de acciones para combatir el cambio climático. Por ejemplo, los países de la Unión Europea se comprometieron unilateralmente a reducir sus emisiones de GEI en un 20 por ciento hacia el 2020; la Iniciativa Regional de Gases de Efecto Invernadero, compuesta por diez estados de Estados Unidos, fijó como meta reducir las emisiones de CO2 del sector termoeléctrico en un 10 por ciento hacia el año 2018; China se convertirá en el principal productor de energía eólica del mundo en diez años; un creciente número de empresas se abren su paso vendiendo productos y servicios con una menor huella de carbono, y la actividad científica y tecnológica para mitigar el cambio climático florece por doquier.

Infortunadamente, las positivas acciones producto de las fuerzas del mercado y las loables decisiones aisladas de algunos países y regiones no son suficientes. Como lo ha argumentado uno de los mayores pensadores de nuestra época, el sociólogo británico Anthony Giddens, en su libro The Politics of Climate Change, sin una decisiva intervención de los gobiernos, a partir de tratados internacionales de carácter vinculante, no será posible mitigar el cambio climático de conformidad con lo prescrito por la ciencia.

Pero, dadas las formidables dificultades políticas enfrentadas por las negociaciones, los acuerdos globales de mitigación de los gases de efecto invernadero solo surgirán tardíamente. Y, mediante estos compromisos tardíos, ya no será factible impedir que la temperatura se incremente mucho más allá del umbral de peligro (2 grados Celsius).

En efecto, hoy se estima que la temperatura podría alcanzar los 3,5 grados al finalizar el siglo, un escenario que condena al mundo a enfrentar graves impactos, que en muchos casos serán catastróficos, como lo prevén los informes científicos sobre la materia.

No queda alternativa distinta que adaptarse a estos impactos, objetivo para el cual los países desarrollados y los habitantes ricos de la Tierra disponen de los recursos económicos para hacerlo. Quienes pagarán el pato serán los pobres, que serán víctimas de tragedias sin fin, como las que ya comenzamos a presenciar.

Se afirma que esta última situación bien podría evitarse mediante la solidaridad de los países más ricos con los países en desarrollo y de los grandes magnates con los que carecen de todo. Pero en la historia de la humanidad no se registra un solo movimiento de solidaridad global de la magnitud que se requeriría para adelantar con contundencia las medidas necesarias de mitigación y de adaptación en todos los rincones del mundo. Y, mientras no se demuestre lo contrario, el lema de lo que nos depara el futuro -marcado, profunda e ineluctablemente, por el cambio ambiental global de origen humano- parecería ser: ¡Sálvese quien pueda!

 

http://www.actualidadambiental.pe/?p=8317&cpage=1#comment-4124

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Manuel Rodríguez Becerra. Es Profesor Titular de la Facultad de Administración de la Universidad de los Andes y consultor internacional en política ambiental.

En la Universidad de los Andes fue Secretario General,  Vicerrector, y decano de las facultades de Artes y Ciencias, y de Administración. Es Ingeniero Industrial de la Universidad de los Andes y B. Litt., en Estudios de Administración de la Universidad de Oxford.

Fue el primer ministro de Medio Ambiente de Colombia y Gerente General del Inderena (1990-1994).  Presidió el Foro de Bosques de las Naciones Unidas en dos ocasiones (1996-1999 y 2004-2005), y fue miembro de la Comisión Mundial de Bosques y Desarrollo Sostenible. Es miembro del Consejo Asesor sobre Política de Bosques del Banco Mundial, y miembro del Comité Asesor del Ombudsman de la Corporación Financiera Internacional. Preside el Foro Nacional Ambiental y representa al sector ecológico en el Consejo Nacional de Planeación (2002-2010).

Es columnista de El Tiempo y autor de numerosas publicaciones.  Libros más recientes: Editor, Gobernabilidad, instituciones y medio ambiente en Colombia (Foro Nacional Ambiental, 2008);  con B. van Hoof, Desempeño Ambiental de la industria de palma de aceite en Colombia (Fedepalma, 2004);  con Martha Cárdenas (Eds.) Guerra Sociedad y Medio Ambiente (Foro Nacional Ambiental, 2004); con Guillermo Espinoza, Gestión Ambiental en América Latina y el Caribe (BID, 2002); El futuro ambiental de Colombia (Uniandes, 2002); La reforma Ambiental en Colombia (FES, 1998).

Cambio climático: lo que está en juego

Manuel Rodríguez Becerra y Henry Mance

Versión completa del libro en PDF: http://www.manuelrodriguezbecerra.org/bajar/calentamiento.pdf

 

Entrevista con Manuel Rodríguez, Ex Ministro de Medio Ambiente

17 noviembre, 2010 | Boom minero-energético, Entrevistas

Manuel Rodríguez Becerra es un académico de tradición y de vocación, después de terminar sus estudios en Ingeniería Industrial en la Universidad de los Andes se vinculó a la academia. Fue decano de la Facultad de Artes y Ciencia, así como de la Facultad de Administración. Adicionalmente, fue el primer ministro de Medio Ambiente en Colombia durante el gobierno de César Gaviria. Su participación en la Constitución Verde y la acción de su investigación Medio Ambiental fueron de vital importancia.

Miguel Eusse
Manuela Rodríguez

Revista Económica Supuestos: Para usted, ¿qué es el Boom Minero? ¿Cómo afecta éste el medio ambiente?

Manuel Rodríguez: El futuro ambiental de Colombia está siendo determinado por grandes fuerzas y éste dependerá de cómo las enfrentemos; minería, hidrocarburos, biocombustibles y la demanda mundial por alimentos. Las anteriores generan una tensión sobre el uso del subsuelo en Colombia. Además existen dos fuerzas a nivel global, el cambio climático y el post-conflicto; por experiencia internacional el post conflicto ha sido más dañino para el medio ambiente que el mismo conflicto. Entonces, en mi opinión, en este momento Colombia tiene más fuerzas que nunca, y como ya lo mencioné la minería es una de ellas no sólo desde el punto de vista ambiental sino económico, social y cultural.

R.E.S.: Teniendo en cuenta el alto índice de contaminación que genera la actividad minera, ¿cree usted que las medidas de regulación ambiental actuales son las adecuadas?

M.R: Las medidas sí están siendo consideradas, sin embargo, es mucho el camino que falta por recorrer. Lo más preocupante diría yo, es la protección a las fuentes hídricas y, en general, la ruptura del ciclo básico del agua. La minería a cielo abierto produce una contaminación impresionante, las excavaciones acaban con las fuentes subterráneas y éstas, a su vez, alteran el ciclo básico del líquido. Es uno de los peores efectos de la minería. En mi opinión, se necesitan más académicos y personas verdaderamente interesadas en el medio ambiente y su protección para así lograr una mejora.

R.E.S.: En el ámbito social, ¿cómo ve usted la posición de las minorías con el Boom? ¿Se están viendo beneficiadas o afectadas?

M.R: El balance general de lo social en la minería en Colombia y  América Latina es muy negativo. Si se estudia lo que ha ocurrido en los últimos doscientos, cien o cincuenta años en la mayoria de países donde hay o hubo explotaciones mineras (yo he visitado muchos) se encuentran paisajes desolados. Se ven poblaciones destruidas, se acaban las tradiciones locales culturales, nada comparado a cómo eran antes; en vez de mejorar, empeoraron. Un ejemplo es el Chocó y el norte de Antioquia donde la minería ha existido por años y no ha habido evolución. Estos pueblos siguen sin carreteras, sin agua, sin alimentación o educación; localmente son un desastre.

R.E.S.: ¿Qué debe cambiar en el trabajo de explotación en Colombia?

M.R: El buen uso de los dineros recaudados en regalías. Actualmente, por diferentes condiciones, las regalías son despilfarradas y no son usadas para lo que deberían. Considero que una buena administración de las mismas podría desencadenar un trabajo social relevante y cambiaría las condiciones de salud, nutrición y educación de los involucrados en las actividades mineras. Un monto podría ser reutilizado en la recuperación del ambiente deteriorado.

R.E.S.: Desde que comenzó todo el proceso de reforma constitucional y desde que fue usted primer Ministro de Medio Ambiente, ¿en qué hemos avanzado en materia ambiental?

M.R: Claramente se ha mejorado, con la Constitución del 91 mejor conocida como la Constitución Verde se incluyó toda la terminología medio ambiental en Colombia. Además, con la ampliación del uso del recurso de tutela y la interconexión del medio ambiente con derechos fundamentales como la salud y la vida, las propuestas colectivas dejaron de ser necesarias. Por otra parte, bajo el gobierno de Virgilio Barco se comenzó con el proyecto de protección de áreas en Colombia, que desencadenó una Ley de la República que protege el 44% del territorio colombiano, entre humedales, bosques y otros, lo que nos da una ventaja sobre los demás países. Éste es “El Secreto” mejor guardado del medio ambiente en Colombia. También aparecieron los territorios bajo jurisdicción de protección indígena y de las negritudes.

R.E.S.: ¿Cree usted que las condiciones generales del país (instituciones, economía, política, etc.) son suficientes, buenas o malas para afrontar el Boom?

M.R: Claramente Colombia no está lista. De hecho ya están prendidas las alarmas por miedo a que el Boom minero desencadene una enfermedad holandesa, que la apreciación del peso termine por destruir empleos y afectar seriamente la economía nacional. También existe miedo y preocupación de que haya un desequilibrio de bienes transables.

Por otra parte, la experiencia minera del país no es positiva. El despilfarro de regalías, el deterioro de la calidad de vida de las personas ubicadas alrededor de las zonas de exploración y explotación (el Cesar, por ejemplo). Asimismo, existen consecuencias negativas como la contaminación de las playas de Santa Marta por el comercio de carbón. No estamos listos. No contamos con instituciones fuertes que puedan ejercer eficientemente sus funciones respetando la ley. Cabe excluir empresas como Cerrejón y Cerromatoso, que cumplen las políticas impuestas y realizan actividades compensatorias a la comunidad que se ve afectada, pero no van más allá de la ley.  Deberíamos empeñarnos en buscar otras formas de extracción y explotación que no deterioren tanto el ambiente; una minería sostenible. Deberíamos asegurar que los estándares ambientales sean responsables con los efectos que causan en poblaciones y territorios. Pero la situación no es fácil, la reciente reforma del código minero dejó por fuera 19 de 21 propuestas. Actualmente, Ingeominas da el título minero e inmediatamente se desencadena la exploración con vigilancias ineficientes sobre el proceso. El nuevo código tiene huecos gigantescos. Además, está la minería ilegal que menos cuenta con regulaciones ambientales. Cuando estas son descubiertas no son cerradas, les dan 2 años para volverse legales, mientras despilfarran, explotan sin compensación alguna al daño que causan. Son mineros intermedios los que realizan actividades ambientalmente insostenibles (hablamos de 1500 maquinas en Caucasia, y 700 en Zaragoza).

Otra razón por la que no estamos listos es la incapacidad de aplicar la ley de cierre. Según la ley sancionatoria las empresas que generen actividades mineras ilícitas deben entregar su maquinaria, ésta debe ser expropiada y decomisada. Pero las leyes de cierre son débiles, no hay actuaciones fuertes de las entidades pertinentes (por ejemplo, el caso de Caucasia).

R.E.S.: ¿Qué impactos negativos e irreversibles tendría el Boom en el medio ambiente? ¿Qué opina acerca del impacto que tiene la extracción del petróleo y el carbón sobre la calidad de vida de la sociedad en los departamentos con abundancia (Guajira, Cesar, Chocó, Casanare)?

M.R: La tradición minera de América Latina presenta un balance negativo. Si miramos la experiencia de Chocó, el oro ha sido explotado por mucho tiempo y su sociedad expone un paisaje de desolación y de pobreza. Se quedaron sin las vegas de sus ríos donde cultivaban sus alimentos. En general, no hay reglas claras para compensar el daño causado. Por otro lado, la exploración es otro problema. Un ejemplo es el petróleo que, por la falta de tecnologías avanzadas que minimicen el impacto ambiental del proceso, tiene un efecto indirecto grave, se están afectando las cuencas hídricas. Sitios por fuera de la frontera agrícola como las selvas, son los principales afectados. Al  abrir carreteras de acceso se promueve la deforestación y se abren trochas que se convierten en invasiones no previstas por el Estado, desequilibrando ecosistemas y hábitats. Por esto, para exigir que se cumplan los parámetros de una extracción limpia, pero también de una exploración que minimice los daños, es necesaria la efectividad de las instituciones existentes, la fuerza con la que apliquen y exijan la ley.

R.E.S.: ¿Cuál es el objetivo último que usted tiene con la lucha por el medio ambiente?

M.R: El tema me encanta y creo que es de otro nivel. El medio ambiente es sumamente importante para el futuro de este país y hay muy poca gente que trate e investigue el tema. Además, la educación puede influenciarse, y lo que me interesa realmente es hacer trabajo relevante para que tenga una alta incidencia en la política.

//

 


 

 

Columnas de Manuel rodriguez Becerra publicadas en diario El Tiempo

http://www.manuelrodriguezbecerra.org/tcolumnas.htm

 

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