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El polvorín

Esperando a los bárbaros… - por Graciela Azcárate

1 Abril 2011 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

Historia de vida
Esperando a los bárbaros

Graciela Azcárate/Especial para Espacinsular

¿Qué esperamos agrupados en el foro? (…) Hoy llegan los bárbaros que odian la retorica y los discursos. Porque la noche cae…y que será de nosotros si no llegan los bárbaros?

Konstantino Kavafis, escrito en Alejandría hacia 1911.

SANTO DOMINGO, República Dominicana, 8 de marzo de 2011.- El domingo pasado, al mediodía, poco después de enviar la historia de vida, me recordaron que Konstantino Kavafis no era egipcio sino griego y dejaron a mi elección la decisión de rectificar o no el dato.



No rectifique y me dedique a recordar. Deje pasar la semana en la espera de un texto que tenía que venir a mí con la misma voluptuosidad, con la misma melancolía y el recuerdo de cosas idas, y amadas, y extrañadas… como eso que hacia Kavafis por los barrios cairotas.

Lo descubrí, al poeta griego nacido en Alejandría, en una librería de Buenos Aires en el terrible ano de 1976. Compre las Obras Completas en un libro de portadas verdes de la colección de poesía de Ediciones Hiperion. Era una traducción del poeta y traductor español Jose Maria Álvarez.

Desde entonces, ambos, el griego-egipcio y el español me acompañan porque los dos se potencian, se enriquecen, se vuelven hermanos siameses y son ambos el traducido y el traductor una dupla viva que son poesía pura.

La traducción, las notas y una dedicatoria en especial dice así: “ No fueron ajenos al fervor que enmarca el mucho tiempo dedicado a este libro, cierta lectura de Tácito una ardiente madrugada de 1972, en el momento en que Falstaff asegura My Lord, the man I know, la inapreciable ayuda de Mercedes Belchi, un cuerpo suavísimo gozado bajo los cielos de La Habana, la pasión que siempre me embarga ante las páginas de Stevenson, los estimables juicios del ingeniero y narrador Juan Benet Goitia y, sobre todo, la contemplación serenísima de Estambul. Son ellos quienes merecen la primera pagina de esta traducción, pero recordando-tal como me acompañan a la muerte- los esplendorosos lechos y los irrecobrables días compartidos con Isabel Martin, es al calor de su cuerpo, sobre el que tantas cosas entendí, y a su piel en la que todo estaba escrito, a quienes aquí convoco.” Jose Maria Álvarez El Cairo-Alejandría, septiembre de 1976.

Lo escrito y convocado esta en la poesía del poeta Kavafis y la traducción del español evoca eso que dice Nadine Gordimer cuando habla de Naguib Mahfuz, de Amos Oz o de Chinua Achebe y de la búsqueda de la verdad como un tópico de la literatura y de la vida de creación.

La verdad tiene otro significado, un significado que se busca en las contradicciones surgidas en las sociedades en donde viven, aman, suenan, penan: “La verdad es la definición real del “hogar”; constituye el destino del espíritu humano mas allá de las fronteras nacionales, las tradiciones natales. Estos escritores saben quienes son; su obra no forma parte de la búsqueda euroamericana de identidad; lo que ella expresa es el sentimiento de que no es el individuo el que no se conoce a sí mismo, sino que como señala el personaje “Fima “ de de Amos Oz, “su lugar no le conoce a el”. En Israel, en Egipto, en Nigeria, El Hogar de verdad que se ha de ganar resulta ser, según la cita de Oz del arameo, El lado oculto”. (…)”Sus obras van demasiado lejos, buscan a Zaabalawi, buscan el Hogar en El lado Oculto”

¿El Cairo fue tal vez ese lugar oculto, ese Hogar que lo eligió a Konstantino Kavafis a pesar de ser un griego de Estambul criado y educado en Inglaterra?

¿Era ese lugar oculto que lo cobijo, por el cual autores como Foster, Durrell o J.M. Coetze lo leen, citan, emulan y convocan? En el poema “Esperando a los barbaros” que dice así:

¿Qué estamos esperando, reunidos en el foro?

Es que los bárbaros llegan hoy.

¿Por qué tanta inacción en el senado? ¿Por qué los senadores no legislan?

Porque los bárbaros llegan hoy. ¿Qué leyes van a dictar los senadores? Los bárbaros, cuando lleguen, harán las leyes.

¿Por qué nuestro emperador se levantó tan temprano Y en la puerta mayor de la ciudad espera sentado En su trono, solemne y coronado?

Porque los bárbaros llegan hoy y el emperador se dispone a recibir a su jefe. Incluso ha hecho preparar un pergamino para entregárselo, y puesto allí muchos títulos y epítetos.

¿Por qué nuestros dos cónsules y los pretores han salido hoy con togas rojas recamadas? ¿Por qué se han puesto brazaletes cuajados de amatistas y sortijas de resplandecientes y destellantes esmeraldas? ¿Por qué llevan hoy preciosos bastones exquisitamente cincelados en plata y oro?

Porque los bárbaros llegan hoy y cosas como estas deslumbran a los bárbaros.

¿Por qué nuestros hábiles oradores no acuden como siempre a pronunciar sus discursos, a decir sus cosas? Porque los bárbaros llegan hoy y a ellos los aburren la retórica y las alocuciones.

¿Por qué han comenzado esa inquietud y esa confusión? (¡Qué serias se han puesto las caras¡) ¿Por qué se están vaciando las calles y las plazas tan rápidamente y todos regresan a sus casas tan desanimados?

Porque ya es de noche y los bárbaros no han llegado. Y algunos recién venidos de la frontera dicen que ya no existen bárbaros. ¿Y qué vamos a hacer sin bárbaros? Esa gente era una especie de solución

Es posible que Kavafis sea un griego de Estambul pero El Cairo lo había elegido.

Por eso la nota a pie de página del traductor dice así: (De las muchas investigaciones que fatigaron este texto no debe dejar de considerarse la de Rangavis, quien lo defiende como reflejo de una muy precisa situación: el anhelo egipcio por una invasión sudanesa ante la ocupación británica, sobre 1900.)”

Konstantino Petrou Kavafis (en griego Κωνσταντίνος Πέτρου Καβάφης nació en Alejandría el 29 de abril de 1863 y murió en la misma ciudad, de un cáncer de laringe el mismo día de su cumpleaños en 1933. Era hijo de Petros Kavafis, un rico comerciante originario de Constantinopla, que había hecho negocios en Manchester y se caso a su vuelta a Constantinopla, con Jariclía Fotiadis, hija de un acaudalado mercader de diamantes. En 1855, la familia se trasladó a Alejandría, donde nació en abril de 1863, Konstandinos, su noveno y último hijo. En 1870, al morir de manera imprevista el padre, la familia se traslado a Inglaterra en 1872, para tratar de detener la bancarrota pero la inexperiencia del hermano mayor los hunde en la miseria. La familia y Constantino vuelven a Alejandría en 1878, donde vivirán siempre al borde de la pobreza.

Los años de vida en Inglaterra lo influyeron con la cercanía con la literatura inglesa que lo seguirá toda su carrera, adquiere los modales ingleses que lo caracterizan y su segunda lengua será el inglés. Dicen que hablaba el griego con acento británico. De hecho su primera literatura adolescente será en inglés.

De regreso a Alejandría recibe su última educación formal en el Liceo Hermis, una escuela de comercio de la comunidad griega. Debido a los disturbios que desembocan en la intervención inglesa en Alejandría, la familia vuelve a trasladarse a Constantinopla en 1882. Allí escribe sus primeros poemas en Inglés, francés y griego y tiene sus primeras experiencias homosexuales.

Regresó a Alejandría en 1885, donde empezó a trabajar en un periódico, en 1888 ayuda a uno de sus hermanos como agente de bolsa mientras se dedicó a escribir poemas y ensayos. A los 29 años entró como becado al Ministerio de Obras Públicas de El Cairo, en el servicio de riegos, irá ascendiendo, siempre con el impedimento de pertenecer a la minoría griega, hasta que en 1922 se retiró como director asistente. Esta ocupación será su principal y acomodada fuente de ingresos. Vivió en Alejandría con muy escasos viajes a París, Londres y Atenas hasta su muerte en 1933.

Vivió con su madre hasta que ésta murió, en 1899, luego con algunos de sus hermanos, y finalmente solo. Sólo se le conocen dos amores y pasajeros y dicen que no lo acomplejaba su homosexualidad. Su mayor y más larga amistad fue con Alexandros Singopoulos.

Kavafis mantuvo intercambios literarios con otros escritores, como por ejemplo una relación de veinte años con el historiador E.M. Forster. Muchos de los que lo visitaron hablaron no sólo de su receptividad, sino de sus muy interesantes conversaciones sobre historia y cultura. Sus poemas no hablan de los grandes momentos históricos, sino de las decadencias y el fracaso, como el famoso Esperando a los bárbaros, El dios abandona a Antonio o Ítaca, algunas de cuyas frases han pasado a ser iconos universales. Los mejores poemas de Kavafis concentran la experiencia humana de una forma intemporal y por ello ha influido notablemente en los autores de la poesía de la experiencia, como Luis Cernuda o Jaime Gil de Biedma. Sus piezas históricas más inspiradas pintan con gran fuerza cuadros realistas y decadentes de un pasado poco conocido y ciertamente fascinante: el oriente helénico, desde la antigüedad hasta el presente; los reinos griegos post alejandrinos, la sujeción a Roma, Bizancio, el ascenso del Cristianismo y la convivencia de lo pagano y lo cristiano. Sus poemas prueban que, como creían los griegos, la historia es cíclica, e insufla los sentimientos de la nostalgia y del miedo a lo desconocido en sus evocaciones. Posee el secreto de recrear la atmósfera cotidiana de los tiempos ya pasados. En sus poemas homoeróticos, asoma la flaqueza y la debilidad que acecha en los peores momentos, la atracción sexual intensamente física ligada muchas veces al cristiano sentimiento de culpa y la impotencia ante el paso del tiempo.

Su estilo rehúye conscientemente la retórica, pero muestra un distanciamiento grave e inteligente, solemne e irónico a la vez. Por sus poemas desfilan jóvenes chaperos ingenuos y deseables, personajes históricos contemplados en sus momentos de mayor humanidad, gentes anónimas de la calle y objetos vulgares y corrientes que de pronto adquieren un profundo valor simbólico, como por ejemplo las velas encendidas y apagadas que representan el curso de la vida.

Fue E. M. Forster quien divulgó en Europa la poesía de Kavafis. En España su estilo es seguido por su contemporáneo Irnerio Martín, pero el comienzo de su influjo vino a través de la obra de Luis Cernuda y sus seguidores y, a partir de entonces, fue leído con fruición, sobre todo por los llamados poetas Novísimos, especialmente de José María Álvarez, poeta que realizó una de las primeras traducciones de su obra y en cuya poesía, además, se refleja una acusada influencia del poeta griego. Kavafis fue también una figura influyente en el novelista británico Lawrence Durrell, en cuyo Cuarteto de Alejandría es una presencia permanente que deambula por los bares y la noche de la vieja ciudad. Su poema Esperando a los bárbaros fue fundamental en la concepción de la novela homónima del escritor sudafricano John Maxwell Coetzee. Una novela de clara intención moral. Una parábola de una Sudáfrica desquiciada por el racismo, toda ella una denuncia de la brutalidad, de la arrogante ignorancia del poder; y como contrapunto un magistrado que se erige en símbolo de la razón humanitaria, avasallada por la una violencia inducida.

 

Fuentes:

Konstantino Kavafis: Poesías completas. Traductor: Jose Maria Álvarez. Ediciones Hiperion. Madrid, 1976.

Nadine Gordimer: Escribir y ser. Ficciones –Ediciones Península. Barcelona, 1994.J.M. Coetze: Esperando a los barbaros- ediciones de Bolsillo-Méjico 1980.

http://es.wikipedia.org/wiki/Constantino_Cavafis

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