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El polvorín

Está ocurriendo todo, todavía. - Por Graciela Azcárate

9 Abril 2011 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

Por Graciela Azcárate
Jesús Carcelle (Don Chuncho), segundo desde la izquierda en la fila trasera.


A la memoria de don Chuncho, ese Jesús Carcelle García que escribe cartas desde su cielo mejicano.
“Hay guerras que se pierden y nunca están perdidas. Bajo la paz impuesta por la guerra, el pueblo calla, espera y no se olvida. Hay muertos que no se han muerto, ideas siempre vivas. Te escribo, Rafael, para decirte que está ocurriendo todo, todavía.”

Jesús López Pacheco*
El jueves 16 de diciembre del 2010, Jose Luis Soto, director de la revista digital Espacinsular me escribió y remitió un mensaje de un lector interactivo.
Al leer lo que me escribía Jose Rangel, desde Méjico, sentí que como en aquel texto escrito en octubre del 2008 “Estaba ocurriendo todo, todavía...”
Fue mi mejor regalo de Navidad, el mejor broche para coronar el año 2010.


Y bendije la oportunidad que me dio el Archivo General de la Nación de hacer esa exposición, bendije a mis compañeros de trabajo de aquel entonces, bendije a los maravillosos compañeros de Historia oral, bendije a Maria Rojas Vargas y a su reencontrada identidad de Maria Carcelle y al mejicano que escribió una historia de vida singular y a la suerte de que me escribiera para decirme que “está ocurriendo todo, todavia.”


La historia de ese refugiado español, la historia de don Chinchulín, el padre don Chuncho, la de ese Jesus Carcelle García escrito en un muro de Santo Domingo, de 1940.

Sentí que todos los que nos involucramos en aquella aventura éramos premiados, reconocidos, bendecidos…
Comprendí que el arte es “Mas fuerte que la muerte” y no el simple titulo de una exposición fotográfica.
Sin más, me senté a escribir esta historia de vida para seguirle el rumbo a ese Jesus Carcelle que se fue a Méjico, que nunca se movió de Allende Tula, que tomo los hábitos y se convirtió en don Chinchulín, el cura de las barriadas mejicanas, el padre desconocido de Maria Rojas Vargas, que nunca se fue al África, que no se hizo marinero, que se dedico a criar jóvenes y a dictar cursillos de cristiandad en San Antonio Tula Allende.
El 16 de octubre de 2008 escribí la historia de vida que reproduzco a continuación. Fue publicada en Diario Libre, en las revistas digitales Espacinsular, Guasábara, Perspectiva Ciudadana, en el Boletin del Archivo General de la Nación y en el Blog Orbe 15.
Fue como encerrar un mensaje en una botella y echarla al mar. El mar la llevó y la devolvió aumentada y con respuesta.
Es la mañana del jueves 16 de octubre, en la entrada del Archivo General de Nación. Acabo de llevar a un grupo de estudiantes de la UASD por una especie de visita guiada por las exposiciones que tenemos en el Archivo.
“Más fuerte que la muerte- Refugiados españoles a República Dominicana 1939-1940” es la niña mimada y la que concita el interés y las preguntas de los jóvenes. Grabadoras, papeles, cuadernos, celulares y un montón de muchachas y muchachos ronronean a mí alrededor, hasta una sombrilla desplegada me protege del sol y me permite contarles las peripecias de la exposición y de nuestros refugiados españoles. Les cuento de manera minuciosa las cosas que nos pasaron mientras contábamos la historia de los refugiados también aprovecho para mostrarles y hablarles de la exposición de Historiadores, del Movimiento Obrero dominicano y de la exposición de pintura colonial de Alberto Bass en el entrepiso.
Al pie de la escalera me despido de ellos y me sacan de las manos la última fotocopia de los permisos de residencia de 1939 que les mostré para que ilustren su investigación. Me siento contenta de lo receptivos que son, de las preguntas inteligentes que hicieron y pienso que la exposición cumple el cometido de comunicar la historia y la experiencia de un grupo social desterrado...
Me consuelo, en lo más profundo de mi diseñadora gráfica herida, del desmadre que el sol y la lluvia han producido en el color de las fotos y los documentos en los paneles.
En fin, me siento contenta con el trabajo bien hecho, con los compañeros diligentes, con el Archivo que me permite hacer un trabajo distinto y creativo. Cuando me dispongo a subir la escalera para ponerme a trabajar en la clase de diseño de libros que debo impartir el viernes me avisan que en la recepción una mujer me busca.
Se llama María Rojas Vargas. Trae en las manos el recorte del periódico HOY donde Carmen Matos hizo un magnifico reportaje de la exposición. Me emociona ver la inmensa foto de los españoles que salen por el sur y que ilustra “La guerra ha terminado, comienza el exilio”, el panel con los niños del exilio y la foto de Juan Gil, nuestro niño de la guerra.
Es hija de un refugiado español llamado Jesús Carcelle García. El padre llegó en 1940, era médico, entró por Puerto Plata. Conoció a su madre en Luperón y de sus amores nació ella en 1942. Nunca lo conoció, no sabe como es, no conoce su rostro y cuando leyó el artículo pensó que en el Archivo podían ayudarla a recuperar a su padre.
Me cuenta que en 1943, Trujillo lo hizo salir del país acusándolo de comunista y lo mandó a Méjico. Su madre se casó y el padrastro le dio su nombre, pero junto al nombre quemó la única foto de ella recién nacida en los brazos de Jesús Carcelle.
La hago subir a nuestra oficina y la presento a Pedro de León para que preparen la entrevista en el departamento de Memoria oral. Mientras ella conversa y vuelve a contarles su historia busco en la base de datos de los permisos de residencia y descubro que en uno de los listados de entrada en los puertos, en la letra c figura Jesús Carcelle García.
La llamo, la siento a mi lado, le muestro la pantalla de la computadora, los lagrimones le surcan la cara, y cuando le muestro el listado, el nombre y le confirmo que entró por Puerta Plata, el 23 de febrero de 1940 en el vapor de La Salle estalla en sollozos y me abraza.
Se me hace un nudo en la garganta. Nos abarca un enorme silencio y todos los compañeros de la oficina la siguen en ese reencuentro con la memoria perdida. Sigo pasando en la computadora los listados de los 3500 “españoles del éxodo y el llanto” que llegaron hace casi setenta años. Nos bendice porque de alguna manera le hemos devuelto al padre perdido.
Hemos recuperado la memoria de una recién nacida en la rodillas del padre, de la imagen que se quemó hace 65 años y que ha ido recomponiendo por lo que le narran los vecinos. La madre nunca le contó nada. Ella se siente amputada, sin padre, sin raíz, sin nombre.

 


Llora, nos abraza, me pide que sigamos buscando en los miles de permisos para encontrar ese rostro perdido. Dice que la llamaban Turquita, que era igual al padre y que por Luperón a los españoles les decían turcos.
Recuerda que volvió a buscarla en 1957, pero la familia impidió el reencuentro. Entonces él regresó a España y marchó como misionero al África. Allí quedó perdido para siempre otro español del exilio y del llanto. Lo que no se ha perdido es la capacidad de la sociedad para recomponer la memoria porque como dice José Martín Pallín, magistrado emérito del Tribunal Supremo de España: “No se puede enterrar el olvido.”
Y lo dice a propósito de la ley del año 2006 de Recuperación de la memoria histórica para reparar a las víctimas de la guerra civil y del franquismo, y de la propuesta del Juez Garzón para juzgar al franquismo por crímenes contra la humanidad. "Superar exige asumir, no pasar página o echar en el olvido" dice Carlos Piera, en la introducción a la novela 'Los girasoles ciegos', de Alberto Méndez.
El juez Garzón ha puesto en marcha una investigación judicial sobre los crímenes cometidos durante la Guerra Civil y los inagotables años de una dictadura que terminó físicamente con la muerte de Francisco Franco en 1975. Al final de su bien fundamentado artículo el magistrado español dice: La verdad puede resultar incómoda pero el olvido mata y es un obstáculo insalvable para la salud y la dignidad de una sociedad.
María Rojas, se despide, acordó una cita para la semana que viene. Bajamos la escalera y la invito a ver la exposición. La llevo frente al panel “Los que llegaron” y cuando le hago notar que sobre el muro fotografiado por Conrado, el exiliado judío que durante cinco años fotografió la vida cotidiana de los dominicanos para ganarse la vida, están las listas de refugiados que desembarcaron en los puertos del país, ella lee el nombre de su padre, ese Jesús Carcelle García que no tiene rostro y entonces se da cuenta que: Hay muertos que no se han muerto, ideas siempre vivas, alguien del pasado, acaso su padre que le escribe cartas para decirle que “está ocurriendo todo, todavía”.
Hasta aquí la Historia de vida.
Con esos datos recogidos en un permiso de entrada en Puerto Plata, Antonio Báez funcionario del AGN busco en los archivos. Quince días después en los archivos de la Dirección General de Migración. Permisos Extranjeros. Ano 1940 encontró el Legajo 36- Libro #32-36- 7.801-8000. Me dio las señas y lo mandó buscar, cuando me lo entregaron tuve la fortuna de encontrar el permiso de entrada de Jesus Carcelle García con una foto. Era un joven médico de 26 anos. Había nacido en 1914.
El 29 de octubre de 2008 hicimos en fototeca una copia en papel especial y llamamos a Maria a su casa para decirle lo que encontramos.
En el Departamento de fuentes orales y gracias al equipo Utopías de Mariano Eberlé dejamos grabado en video ese momento elegiaco, el momento en que Maria Rojas Vargas vio el rostro de su padre por primera vez en su vida.
Después, ella viajo a España a visitar distintos archivos de la guerra civil española, alguien entendida en la materia le informó que su padre se había hecho marinero y se había ido Mejico.
Maria perdió las esperanzas, no solo de encontrar con vida a su padre sino de saber su destino final.
Hasta que en la mañana del jueves 16 de diciembre Jose Luis Soto de Espacinsular me escribió: “Un saludo especial para ti. Te pongo en contacto con esta persona que leyó uno de tus textos sobre los refugiados españoles. Le pongo copia de este correo”.
Jose Rangel Contreras el lector interactivo escribió: “Vivo en Méjico y el reportaje lo leí en internet donde hablan de los refugiados españoles, la persona que firma el reportaje se llama Graciela Azcarate y si mal no recuerdo fue en noviembre de 2008. El relato de Maria Rojas Vargas coincide con una persona que yo conocía.”
Emocionada le escribí a Jose Luis: “¡Que maravilla! Ya le escribí a Maria y al señor Rangel, gracias querido por servir de mensajero. Los abrazo. Gra.”

La respuesta es la de un periodista que sabe su oficio: “Muy bien. Eso significa que llegamos en el proceso de hacer una comunicación constructiva, abierta para todos. Acercamos gente. Un abrazo. Feliz Navidad”
Si. Ha sido una Navidad feliz. Jose Rangel me envió una historia de vida. Larga, emocionada, vital. Por entregas, nos hemos pasado intercambiando textos, fotos y memoria en un triangulo perfecto entre el, Maria y yo.

Entre lo mucho escrito dice así: “La persona a quien conocí se llamo Jesus Carcelle García, no sé bien de que provincia de España era, sabemos que vivió en Republica Dominicana y era doctor en dermatología.


Muchos de nosotros escuchamos sus relatos de cómo llego a Méjico. Todos le guardamos un gran cariño. Yo lo conocí hace muchos años porque llevo el movimiento de cursillos de cristiandad a Tula de Allende Hidalgo cuando yo era un niño. Tengo 49 años, estoy casado, tengo dos hijos y ahora vivo en Monterrey.
(…) El llegó de seglar hace más de cuarenta años a iniciar los cursillos de cristiandad. Después se ordenó sacerdote católico. Fue un hombre y un católico ejemplar. El nos platicaba que había tenido una hija en Republica Dominicana.
(…) Le decíamos con cariño don Chinchulín o padre Chuncho.”
(…) En el año 1979 para unas Navidades pase cinco días cuidándolo en el hospital, estaba muy enfermo y ahí nació mi admiración por él. En otras Navidades nos regaló a mí y a mis hermanos un teclado electrónico, me acuerdo que mis papas no podían comprarlo el que estaba anunciado y el nos regaló uno que tenía en su cuarto de la iglesia.
(…) algo que recuerdo con gran cariño es una frase que siempre repetía:”Gordo todo lo que hagas, hazlo con amor”.
(…) Después me fui de la ciudad y sé que murió en 1992 de cáncer. Se murió trabajando como un verdadero apóstol de Dios. Sus restos quedan sepultados en la parroquia que fundó en Tula Hidalgo, misma que el construyó.”
Así, en ese tenor, con esa forma linda y armoniosa del decir mejicano Jose Rangel Contreras siguió desgranando la memoria de ese don Chuncho, de ese Chinchulín, de ese refugiado español que pasó por Santo Domingo, que sembró su semilla en Luperón, que tuvo una hija dominicana que se llama Maria y que allá desde su cielo mejicano nos sigue escribiendo cartas, nos bendice y nos dice que “esta, ocurriendo todo, todavía”.
Recomendación: El Archivo General de la Nación ha desarrollado distintas etapas de ese proyecto, lo ha enriquecido con otras iniciativas y emprendimientos. Este aporte a la memoria oral remitido por Jose Rangel Contreras desde Méjico es otro de esos asombros, de esos milagros que nos sigue dando la exposición fotográfica: “Mas fuerte que la muerte”. El blog de Pedro de Leon sobre “Paradigmas y fuentes orales” es una lectura obligatoria para entender “Las voces del exilio español”.


Fuentes
Historia de vida: “Está ocurriendo todo, todavía” escrita el 16 de octubre de 2008. Publicada en Diario Libre- Espacinsular, Guasábara- Perspectiva Ciudadana (revistas digitales) Boletin del Archivo General de la Nación, Blog Orbe 15.

*Jesús López Pacheco es uno de los escritores más representativos de la novela social de los años cincuenta. Nacido en Madrid, en 1930, inició su carrera literaria ganando el primer accésit al premio Adonais de poesía en 1952. Su compromiso ideológico le llevó a tener una participación muy destacada en la preparación del Congreso de Escritores Jóvenes y en el Homenaje a Ortega y Gasset en 1955. Participó en los sucesos estudiantiles de febrero de 1956 en Madrid, lo que le llevó a la cárcel. En 1958 publicaba su novela Central Eléctrica que fue muy bien acogida por la crítica. Considerada más novela "épico-social" que "social-realista", en ella narraba la construcción de una central eléctrica en una de las zonas más pobres y atrasadas de España. A pesar de su éxito inmediato, López Pacheco fue censurado y perseguido por las instancias oficiales debido a su compromiso ideológico, patente en esta obra que bebe sus fuentes en las novelas épico-sociales rusas traducidas en España en los años veinte y treinta. El 1967 publicaba en Lima un relato corto, El hijo, con el trasfondo de la guerra civil y la figura del vencido. Exiliado en Moscú, de ese mismo año es también una edición de sus obras completas aparecida en esta ciudad. Por último, en 1973 se editaba en México su novela La hoja de parra, narración de construcción compleja en donde pone de manifiesto la represión y la hipocresía que impregnan la realidad cotidiana, mezclando elementos fantásticos, de ciencia-ficción y heroico-populares. Además, López Pacheco ha publicado cuentos y relatos cortos en diversas revistas del exilio en Hispanoamérica.
Fuentes: Alicia Alted: Boletín de la Asociación para el Estudio de los Exilios y Migraciones Ibéricos Contemporáneos (AEMIC) Nº 2

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http://pedro-paradigma.blogspot.com/
http://pedro-paradigma.blogspot.com/2010/12/palabras-de-natalia-gonzalez-en-acto.htm
http://www.memoriaxixon.net/descargues/publicaciones/refugiados.pdf
http://bagn.academiahistoria.org.do/boletines/boletin122/BAGN_2008_No_122-14.pdf

Historia Oral y los Paradigmas

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