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El polvorín

Fallece a los 94 años el último dirigente del POUM.

13 Septiembre 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

Wilebaldo Solano, símbolo de una generación
Jaime Pastor · · · · ·
 
12/09/10
 

Fallece a los 94 años el último dirigente del POUM.

Con la muerte de Wilebaldo, ayer en Barcelona, desaparece sin duda alguna uno de los mejores representantes de aquella generación de revolucionarios surgida en los años treinta del siglo pasado a quienes la vieja sentencia que dice que "dar la vida por la revolución es fácil, mucho más difícil es entregar toda una vida por la misma", es aplicable en toda su integridad.

Nacido en Burgos en 1916 y trasladado a Barcelona poco después, desde el bachillerato se implicó en una lucha política que no abandonaría nunca: la que le condujo a entrar en el Bloc Obrer i Camperol (BOC) en 1932 y a ser secretario general de la Juventud Comunista Ibérica en 1935 y miembro del comité ejecutivo del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM) en noviembre de 1936.

Más tarde, después de las jornadas de Mayo del 37, de la ilegalización de su partido y del secuestro de Andreu Nin, le tocaría a él ser detenido y encarcelado por las fuerzas del "orden republicano" en abril de 1938 y, más tarde, ya en Francia, por un tribunal al servicio de los nazis. Liberado en julio de 1944 por la Resistencia, pasaría él mismo a formar parte del Batallón Libertad y a liberar de las cárceles a otros compañeros, entre ellos a Juan Andrade, cofundador del PCE y del POUM.

Ya en el exilio fue elegido en 1947 secretario general del POUM y director de su periódico, La Batalla. En los años sesenta promovió desde París Tribuna Socialista, una publicación que en su segunda época aparecía como órgano de expresión de "la izquierda del POUM" para así marcar distancias con el sector de ese partido que acabaría incorporándose al Partit Socialista de Catalunya.

Después, pese al fracaso en los intentos de generar una nueva izquierda revolucionaria fuerte y capaz de cambiar el rumbo de la Transición española, mantuvo siempre su activismo incansable en la difusión de la historia y las ideas del POUM, pero también en la necesidad de ser fiel a su memoria luchando por un socialismo en ruptura radical con el capitalismo y con la experiencia estalinista.

Porque Wilebaldo no hablaba sólo del pasado, sino que miraba con firmeza política y enorme pasión hacia el futuro, sometiendo siempre a una profunda crítica la realidad de un capitalismo cada vez más salvaje y apostando por liberar a la palabra "socialismo" de su carga estalinista.

Por eso quienes, como es mi caso desde la primera vez que le conocí, en el año 1969, pudimos disfrutar de su amistad y sus convicciones, con él y su compañera María Teresa, nunca le podremos olvidar.

 


Parte de sus trabajos, conferencias y entrevistas se pueden ver en la web de la Fundación Andreu Nin (http://www.fundanin.org/biowile.htm) y el libro El POUM en la historia. Andreu Nin y la revolución española (Libros de la Catarata, 1999) es también una buena recopilación de varios de sus escritos.


Jaime Pastor, profesor de ciencia política en la UNED, Madrid, es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO.

Público, 9 septiembre 2010
Wilebaldo Solano y el POUM
Pelai Pagès · · · · ·
 
12/09/10
 

Cuando el 29 de septiembre de 1935 se fundó el Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM) –pronto hará 75 años–, a través de la fusión del Bloque Obrero y Campesino, que dirigía Joaquín Maurín, y de la Izquierda Comunista, dirigida por Andreu Nin, Wilebaldo Solano era un joven de 19 años harto conocido entre la juventud revolucionaria barcelonesa. Desde 1932 militaba en el Bloque y enseguida se dio a conocer por sus dotes periodísticas: su firma empezó muy pronto a aparecer en los periódicos del partido, en La Batalla, en Adelante, y en otros, defendiendo lo que en los años treinta –años de una profunda crisis capitalista– a muchos hombres y mujeres de España les parecía una necesidad inevitable, la revolución socialista.

Es cierto que Solano, como su propio partido, defendía una concepción específica del socialismo. Tras las renuncias de la socialdemocracia, y en plena experiencia estalinista en la Unión Soviética –donde hasta esos momentos había triunfado la única revolución socialista existente en el mundo–, estaba claro que era preciso encontrar una tercera vía en la construcción del socialismo. Un socialismo que debía ser, por una parte, revolucionario, por tanto transformador e igualitario, pero al mismo tiempo debía ser democrático y plural, que aceptase e incorporase las distintas opciones presentes en el movimiento obrero y permitiese el desarrollo de las diversas ideologías existentes. El modelo soviético-stalinista había puesto fin ya en los años treinta a todo tipo de pensamiento libre y tanto dentro como fuera del partido comunista se había impuesto un pensamiento único que negaba la posibilidad de cualquier tipo de crítica y disidencia.

El POUM, desde sus inicios, tuvo muy claro cuáles eran las posiciones que debía defender. Y cuando estalló la Guerra Civil, en julio de 1936, que propició un proceso de transformaciones revolucionarias sin precedentes en la historia de España, tuvo también muy claro cuál tenía que ser su papel. Codo con codo junto a la CNT y el movimiento libertario, el POUM defendió las conquistas revolucionarias como condición para ganar la guerra. Si los obreros y los trabajadores estaban muriendo en el frente, luchando contra el fascismo, era porque defendían unos derechos por los cuales llevaban muchos años combatiendo.

Fue en esta tesitura que Solano pasó a ser secretario general de la Juventud Comunista Ibérica y desarrolló una tarea ingente no sólo en la Catalunya revolucionaria, sino también representó al comité ejecutivo del POUM en Valencia –donde fundó el periódico El Comunista– e incluso a nivel internacional, cuando en noviembre de 1936 fue nombrado en una conferencia celebrada en Bruselas secretario general del Buró Internacional de las Juventudes Socialistas Revolucionarias.

La política intransigente que desarrolló el POUM de defensa de la revolución no fue, sin embargo, del agrado de todos los sectores políticos y muy pronto se inició un proceso involucionista en la España republicana que no sólo frenaba el proceso revolucionario, sino que amenazaba conquistas que parecían muy consolidadas.

En este marco, el Partido Comunista, y en Catalunya el PSUC, tuvieron un papel muy importante y pronto consiguieron echar al POUM del Gobierno de la Generalitat e iniciar una campaña contra él acusándolo de ser un partido al servicio del fascismo internacional. El PCE, el PSUC y la Unión Soviética no soportaron que el POUM fuera el único partido español que salió a defender la honorabilidad de la vieja guardia bolchevique, que estaba siendo procesada por Stalin en los primeros juicios que, coincidiendo con la Guerra Civil española, se estaban produciendo en la URSS.

Estos procesos explican que Solano, en febrero de 1937, contribuyese a construir el Frente de la Juventud Revolucionaria, junto a las Juventudes Libertarias, con el objetivo de defender la revolución. Sin embargo, las contradicciones en la retaguardia republicana, y más en concreto en Catalunya, acabaron estallando los primeros días de mayo de 1937, cuando se produjeron las luchas callejeras que enfrentaron, de una parte, al POUM y la CNT, y de la otra, Esquerra Republicana, al PSUC y la Generalitat.

El resultado es harto conocido: el POUM fue presentado por los “comunistas” oficiales como el responsable de los acontecimientos y, tras el cambio de Gobierno, con la forzada dimisión de Largo Caballero y el nombramiento de Juan Negrín, se inició una ardua represión contra el POUM, ahora ya presentado abiertamente por los comunistas como un agente de Franco. La mayoría de miembros del comité ejecutivo del POUM fueron detenidos, y su secretario político, Andreu Nin, fue secuestrado por la policía política soviética y poco después asesinado sin haberse confesado “enemigo del pueblo”, como pretendían sus verdugos.

En plena represión contra el POUM, y hasta que fue detenido en abril de 1938, Solano formó parte del comité ejecutivo del partido que se había constituido en la clandestinidad y dirigió el portavoz, también clandestino, de las juventudes “Juventud Obrera”. Tras su detención, fue incluido en un segundo proceso contra el POUM que no llegó a celebrarse jamás.

Esta experiencia sufrida por los hombres y mujeres del POUM durante la guerra, lejos de apartar su fe del socialismo, hasta cierto punto la acrecentó. Hubo muy pocos abandonos de las ideas fundamentales. Y Solano, que en 1947 fue nombrado secretario general del POUM, se mantuvo fiel, hasta su muerte, a unas ideas y a un socialismo libertador, a los que había dedicado toda su vida.

Pelai Pagés es doctor en historia y profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Barcelona.

Público, 9 septiembre 2010
   
 

Tomado de Sin Permiso

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