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El polvorín

Francia: cuando la unidad y la combatividad confluyen / França: quan la unitat i la combativitat conflueixen

6 Noviembre 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

“Lo que el parlamento decide, la calle puede deshacerlo”. Ya sucedió en 1995 contra el Plan Juppé y en 2006 contra el Contrato de Primer Empleo.
Albert Garcia (En lluita / En lucha) | www.enlucha.org | 2-11-2010

Desde el pasado mayo, la situación en Francia está definida por las movilizaciones contra el proyecto de ley sobre las pensiones. Una jornada de movilización tras otra, el movimiento contra la reforma de las pensiones continúa desarrollándose, enraizándose. Es la confirmación de un movimiento profundo, que rechaza masivamente no solo esta reforma concreta, sino el conjunto de la política antisocial y racista del gobierno de Sarkozy. Pero también contra las injusticias acumuladas y acentuadas por la crisis, tanto entre los jóvenes como entre los asalariados. Al fin y al cabo, se preguntan muchos, ¿qué representan los 30 mil millones de euros que faltan, según dice el gobierno francés, para financiar las jubilaciones, en comparación con los 360 mil millones que se regalaron a los bancos para “rescatarlos” en otoño del 2008?

Esto explica que, desde la primera movilización después del parón del verano, el 7 de septiembre, se hayan producido movilizaciones cada vez más continuas y más grandes. Los días 12 y 19 de octubre, en particular, se batieron récords cuando 3,5 millones de personas salieron a la calle –medio millón más de personas que en la manifestación más grande durante la victoriosa lucha contra el Contrato de Primer Empleo en 2006.

Sin embargo, la lucha contra la reforma no sólo ha ido ganando en número, sino también en sectores, así como en combatividad y radicalidad. A la base del movimiento –los y las trabajadoras del sector público, sobre todo de educación y transporte– se han sumado varios sectores claves de la economía: trabajadores del puerto, camioneros y, especialmente, trabajadores de las refinerías.

Además, desde hace algunas semanas y en particular desde la huelga general del 19 de octubre, la juventud –que ve cómo la reforma comprometerá no sólo su acceso a una jubilación digna, sino que más a corto plazo también a un empleo– está en primer plano en las movilizaciones, con manifestaciones muy importantes y dinámicas y numerosos institutos bloqueados. La movilización en las universidades también está arrancando, poco a poco, de momento con unas 37 facultades en lucha por toda Francia y una decena de ellas en huelga indefinida.

Esta confluencia de diferentes sectores sociales, entre los y las trabajadoras del sector público, las luchas del sector privado y la juventud, ha aportado un carácter masivo y legítimo a la movilización. Pero, como ya se ha dicho, la lucha también ha ido ganando en combatividad y radicalidad. En varios sectores, las bases sindicales han superado las tímidas consignas de la intersyndicale (coordinadora de sindicatos, con un peso especial de los sindicatos moderados como la CFDT) y han decidido comenzar o amplificar huelgas indefinidas o “reconducibles” –es decir, huelgas cuya prolongación se vota diariamente en asambleas de trabajadores.

Es el caso de los y las trabajadoras de transportes, de la EDF (principal empresa de electricidad) o de las refinerías. Respecto a estos últimos, nunca se había visto nada igual desde mayo del 68. En efecto, desde el pasado 14 de octubre las 13 refinerías están en huelga indefinida con un paro total de las instalaciones y de los envíos de carburante hacia las estaciones de servicio y depósitos. La huelga es extremadamente masiva, seguida casi unánimemente. Algo que también cabe resaltar por su importancia es que la lucha no se limita a las ciudades clásicas y a las jornadas de lucha convocadas por la intersyndicale. En todas las ciudades, grandes o pequeñas, cada día se llevan a cabo nuevas iniciativas, acciones de bloqueo (de peajes, de carreteras, de aeropuertos, de zonas industriales, etc.) o manifestaciones locales, de manera unitaria e interprofesional. También comienzan a llevarse a cabo diariamente asambleas generales de los diferentes sectores movilizados, con una importancia cada vez mayor.

Está claro que cada vez hay más y más gente que piensa que ganar es posible, que se puede hacer recular a Sarkozy y sus políticas. Las cifras publicadas por la propia prensa del establishment son bastante clarividentes en este sentido: la popularidad de Sarkozy ya había caído al 26% a principios de octubre (¡antes de que comenzara el grueso de la movilización!), mientras que el 70% de la población está a favor de las movilizaciones y se opone a la reforma. Todavía más importante es no ya sólo la alta valoración de los sindicatos, sino que cada vez más gente apoya los métodos radicales. Hace un par de semanas, el 54% estaba a favor de la huelga “reconducible”; hoy, el 63% apoya los bloqueos de las refinerías y la huelga del sector de limpieza (!).

Es indudable, pues, que a estas alturas el gobierno ha perdido la batalla de la opinión. El mismo Sarkozy, que se regodeaba cuando llegó al poder de que “ahora en Francia, cuando hay una huelga, nadie se entera”, está viendo brotar imparable e irrefrenable la cólera del pueblo. Pero aún hay más. Estamos viendo cómo, para los y las trabajadoras en huelga y para la juventud movilizada, no importa que la ley se apruebe en el parlamento; la verdadera legitimidad está en la lucha, en la huelga, en la calle.

En otras palabras, mucha gente está comenzando a cambiar sus ideas, a radicalizarse. La fisura que abrió la crisis en la ideología triunfante capitalista, en el “fin de la historia” y la divina providencia del mercado, se está ensanchando al calor de las luchas.

Frente a un movimiento tan poderoso y sólido, la respuesta del gobierno y de la derecha no ha sido otra que la criminalización y la represión. Los medios de comunicación comenzaron por fustigar contra “los que bloquean” y “los que destrozan”, con la intención de desacreditar el movimiento y legitimar una intervención más contundente de las fuerzas represoras.

Tras esta fase de preparación, el gobierno ha pasado a la acción. Las cargas de los antidisturbios contra manifestaciones pacíficas, asambleas o mítines se multiplican. Los gases lacrimógenos y las pelotas de goma están al orden del día, con el resultado (por el momento) de un joven de instituto herido gravemente en el ojo. Se detiene arbitrariamente a jóvenes, a militantes que enganchan carteles. Sin embargo, esta vez la represión no se detiene con los jóvenes “antisistema”; el brutal desalojo del depósito de petróleo de Grandpuits –aunque después ha vuelto a bloquearse– ha ido acompañado de requisiciones de asalariados de las refinerías o de la limpieza en nombre del “interés nacional”, algo que sólo es legal hacer en período de guerra o cuando la seguridad de las personas está amenazada.

El gobierno ni siquiera ha querido negociar con los dirigentes sindicales más moderados. Su determinación se explica porque esta reforma es para el gobierno y la patronal el núcleo de la política de austeridad para hacer pagar su crisis a quienes no son responsables de ella, a la clase trabajadora. Y no sólo a nivel francés. Todos los gobiernos europeos tienen los ojos clavados en Sarkozy; una vacilación suya puede marcar un precedente e insuflar una nueva fuerza a los conflictos contra las reformas de austeridad que ya han surgido por toda Europa y que, sin duda, se agravarán.

En cualquier caso, y camino de la novena huelga general, está claro que la represión y la intimidación no harán disminuir el descontento y la rabia. Cada vez son más quienes abrazan las palabras de Besancenot: “Lo que el parlamento decide, la calle puede deshacerlo”. Ya sucedió en 1995 contra el Plan Juppé y en 2006 contra el Contrato de Primer Empleo.

Para acabar, y al margen del desenlace que tenga la lucha contra las pensiones, esperamos que el ejemplo de lucha que nos está ofreciendo la clase trabajadora de Francia –con una lucha desde abajo, en la calle, en el trabajo, en el instituto, sin sectarismos, con unidad pero radicalidad– sobrepase las fronteras francesas, y que el “espíritu de mayo del 68” se extienda por toda Europa.


Albert García es militante de En lluita y estuvo militando este año en el NPA en París.

 

VERSIÓ EN CATALÀ:

França: quan la unitat i la combativitat conflueixen

Per Albert Garcia. 

Des del passat mes de maig, la situació a França està definida per les mobilitzacions contra el projecte de llei sobre les pensions. Una vaga general rere l’altra, el moviment contra la reforma de les pensions continua desenvolupant-se i arrelant-se. És la confirmació d’un moviment profund, que rebutja massivament no només aquest atac concret, sinó el conjunt de la política antisocial i racista del govern de Sarkozy. Però també contra les injustícies acumulades i accentuades per la crisi, tant entre els joves com entre els assalariats. Al cap i a la fi, es pregunten molts, què representen els 30 mil milions d’euros que calen, segons diu el govern francès, per finançar les jubilacions, en comparació als 360 mil milions que es varen regalar als bancs per “rescatar-los” la tardor del 2008?

Això explica que, des de la primera mobilització desprès de l’aturada de l’estiu, el 7 de setembre, s’han produït mobilitzacions cada vegada més continues i més grans. Els dies 12 i 19 d’octubre, en particular, es van batre rècords, quan 3,5 milions de persones varen sortir al carrer –mig milió més que a la manifestació més gran durant la victoriosa lluita contra el Contracte de Primera Ocupació l’any 2006.

No obstant, la lluita contra la reforma no només ha anat guanyant en nombre, sinó també en sectors, així com en combativitat i radicalitat. A la base del moviment –els i les treballadores del sector públic, sobretot d’educació i transport– s’han sumat diversos sectors claus de l’economia: treballadors del port, camioners i, especialment, treballadors de les refineries.

A més, des de fa algunes setmanes, i en particular des de la vaga general del 19 d’octubre, el jovent –que veu com la reforma els comprometrà no només l’accés a una jubilació digna en el futur, sinó que a més curt termini també l’accés a un lloc de treball– ocupa un primer pla a les mobilitzacions, amb manifestacions molt importants i dinàmiques, i nombrosos instituts bloquejats. La mobilització a les universitats també està arrancant, mica a mica, amb (de moment) unes 37 facultats en lluita per tota França i una desena en vaga indefinida.

Aquesta confluència de diferents sectors socials, entre els i les treballadores del sector públic, las lluites del sector privat i la gent jove, ha aportat un caràcter massiu i legítim a les mobilitzacions. Però, com ja s’ha dit, la lluita també ha anat guanyant en combativitat i radicalitat. A diversos sectors, les bases sindicals han superat les tímides consignes de la intersyndicale (coordinadora de sindicats, amb un pes especial dels sindicats moderats com la CFDT) i han decidit començar o amplificar vagues indefinides o “reconduïbles”, és a dir, vagues la prolongació de les quals es vota diàriament en assembles de treballadors.

Aquest és el cas dels i les treballadores de transport, d’EDF (principal empresa d’electricitat) o de les refineries. Respecte als últims, mai no s’havia vist res igual des del maig del 68. En efecte, des del passat 14 d’octubre les 13 refineries es troben en vaga indefinida, amb una aturada total de les instal·lacions i dels enviaments de carburant cap a les estacions de servei i dipòsits. La vaga és extremadament massiva, seguida quasi unànimement. Quelcom que també cal destacar per la seva importància és que la lluita no es limita a les ciutats clàssiques i a les jornades de lluita convocades per la intersyndicale. A totes les ciutats, grans o petites, cada dia es porten a terme noves iniciatives, accions de bloqueig (de peatges, carreteres, aeroports, zones industrials, etc.) o manifestacions locals, de manera unitària i interprofessional. També comencen a fer-se diàriament assembles generals dels diferents sectors mobilitzats, amb una importància cada vegada més gran.

Està clar que cada vegada hi ha més i més gent que pensa que guanyar és possible, que es pot fer recular Sarkozy i les seves polítiques. Les xifres publicades per la pròpia premsa de l’establishment són prou evidents en aquest sentit: la popularitat de Sarkozy ja havia caigut al 26% a inicis d’octubre (abans que comencés el gruix de les mobilitzacions!), mentre que el 70% de la població està a favor de les mobilitzacions i s’oposa a la reforma. Encara més important és no ja només l’alta valoració dels sindicats, sinó que cada vegada més gent dona suport als mètodes radicals. Fa un parell de setmanes, el 54% estava a favor de la vaga “reconduïble”; avui, el 63% dona suport als bloqueigs de refineries i a la vaga del sector de neteja!

És indubtable, doncs, que en aquesta etapa de les mobilitzacions el govern ha perdut la batalla de l’opinió. El mateix Sarkozy, qui presumia quan va arribar al poder de què “Ara a França, quan hi ha una vaga, ningú no s’assabenta”, està veient sorgir imparable i irrefrenable la còlera del poble. Però encara hi ha més. Veiem com, pels i les treballadores en vaga i per la gent jove mobilitzada, no importa que la llei s’aprovi al parlament; la veritable legitimitat està en la lluita, en la vaga, al carrer.

En altres paraules, molta gent està començant a canviar les seves idees, a radicalitzar-se. La fissura que va obrir la crisi en la ideologia triomfant capitalista, en la “fi de la història” i la divina providència del mercat, s’està eixamplant a cop de lluita i piquet.

Enfront d’un moviment tan poderós i sòlid com aquest, la resposta del govern i de la dreta no ha estat altra que la criminalització i la repressió. Els mitjans de comunicació varen començar a fustigar contra “els que bloquegen” i “els que destrossen”, amb la intenció de desacreditar el moviment i legitimar una intervenció més contundent de les forces repressores.

Desprès d’aquesta fase de preparació, el govern ha passat a l’acció. Las càrregues dels antidisturbis contra manifestacions pacífiques, assemblees o mítins es multipliquen. Els gasos lacrimògens i les pilotes de goma són a l’ordre del dia, amb el resultat (pel moment) d’un jove d’institut ferit greument a l’ull. S’està detenint arbitràriament a joves, a militants que enganxen cartells. No obstant, aquesta vegada la repressió no acaba amb els joves “antisistema”; el brutal desallotjament del dipòsit de petroli de Grandpuits (tot i que desprès ha tornat a bloquejar-se) ha anat acompanyat de requisicions d’assalariats de les refineries o de la neteja en nom d’un suposat “interès nacional”, quelcom que només és legal en períodes de guerra o quan la seguretat de les persones està amenaçada.

El govern ni tant sols no ha volgut negociar amb els dirigents sindicals més moderats. La seva determinació s’explica perquè aquesta reforma és pel govern i la patronal el nucli de la política d’austeritat per fer pagar la seva crisi a qui no són responsables d’ella, a la classe treballadora. I no només a nivell francès. Tots els governs europeus tenen els ulls clavats en Sarkozy: si ell vacil·la, això pot marcar un precedent i insuflar una nova força als conflictes contra les reformes d’austeritat que ja han sorgit a arreu d’Europa (Grècia, Estat espanyol, Gran Bretanya, Portugal...) i que, sense dubte, s’agreujaran.

En qualsevol cas, i camí de la novena vaga general, està clar que la repressió i la intimidació no faran disminuir el descontentament i la ràbia. Cada vegada són més qui comparteixen les paraules de Besancenot: “El que el parlament decideix, el carrer ho pot desfer”. Ja va succeir l’any 1995 contra el Pla Juppé, i el 2006 contra el Contracte de Primera Ocupació.

Per acabar, i al marge del desenllaç que tingui la lluita contra les pensions, esperem que l’exemple de lluita que ens està oferint la classe treballadora francesa –amb una lluita des de baix, al carrer, al treball, a l’institut, sense sectarismes, amb unitat però radicalitat– sobrepassi les fronteres de França, i que el “esperit de maig del 68” s’estengui per tota Europa.

Albert García és militant d’En lluita i va ser militant de l’NPA a París.

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