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El polvorín

Frente a los acuerdos en las cumbres, la integración de los pueblos

6 Agosto 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica


Documento crítico
Cumbre de presidentes del Mercosur
San Juan, 2 y 3 de agosto de 2010

Frente a los acuerdos en las cumbres, la integración de los pueblos
            Ante la inminente llegada a nuestra provincia de algunos presidentes latinoamericanos para reunirse con el fin de llegar a “acuerdos” en el marco del Mercosur, creemos necesario explicitar nuestras posiciones al respecto.
            Si bien el discurso oficial habla de la necesidad de la integración para el desarrollo conjunto, consideramos que la integración económica que se proyecta a nivel del Mercosur, en la actualidad, lejos de favorecer las necesidades de los pueblos, profundiza las estrategias para vaciar las venas de América Latina. Los presidentes funcionan como meros gestores de la voracidad de los capitales nacionales y transnacionales, aplicando políticas de entrega, explotación y contaminación de los bienes comunes, queriendo transformarlos en recursos naturales, así como políticas de mayor explotación de los trabajadores. Los acuerdos comerciales, los intercambios de conocimientos y desarrollo tecnológico y biotecnológico, los planes de infraestructura regional, sólo incrementan las ganancias de las empresas perjudicando a los pueblos, dando trabajos insalubres a corto plazo, que sólo confirman el lema “pan para hoy y hambre para mañana”. Se negocian las condiciones para levantar las barreras nacionales a la circulación de mercancías pero no se quitan las barreras a la circulación de las personas, no se asientan sobre la búsqueda de un desarrollo homogéneo sino sobre la desigualdad.
Muchos de estos presidentes dicen oponerse a las políticas neoliberales de la década del 90. Sin embargo, y a pesar de haber canalizado algunas reivindicaciones de los pueblos, el modelo de desarrollo económico que proponen para nuestras tierras no dista mucho del que impusieron hace más de 500 años los colonizadores, hace 200 años los “fundadores de la patria”, y hace pocos años los gobiernos llamados neoliberales, y se llama capitalismo. Este modelo sigue siendo el de entregar a las grandes empresas transnacionales y a los grandes terratenientes locales la explotación de los bienes comunes para su propio beneficio. Podemos ver cómo la gran minería contaminante se extiende por el territorio latinoamericano, cómo siguen saqueando las reservas de hidrocarburos (gas y petróleo) provocando múltiples desastres ambientales, cómo se extiende cada vez más la frontera de monocultivos de soja y maíz transgénicos atentando contra la soberanía alimentaria, cómo se siguen instalando industrias contaminantes (como la pastera Botnia) que deterioran la calidad del agua y del ambiente, amenazando a poblaciones enteras. Todo este tipo de industrias productivas y extractivas no sólo son permitidas por los gobiernos “progresistas” latinoamericanos sino que son promovidas en pos de un supuesto crecimiento económico de nuestros países dependientes.
En este marco, también se está desarrollando el plan IIRSA (Integración de la Infraestructura Regional en Sur América) que requiere de acuerdos multilaterales de inversión con el objetivo de agilizar vías de comunicación y transporte que permitan una rápida y menos costosa circulación de las mercancías y materias primas que extraen, hacia el exterior. De esto se trata el tan nombrado “corredor biocéanico” del que es parte el túnel que quieren construir en el paso de Agua Negra, en nuestra provincia. Es aberrante escuchar a expertos argumentando que el “corredor bioceánico” permitirá a los habitantes de pueblos antes “incomunicados” hacer dulces y otras artesanías y poner un puesto al costado de la ruta para vender al camionero brasilero que por allí transite. Cuando en realidad, el camionero parará en las ciudades donde encuentre mucho que consumir y pasará a altas velocidades por las puertas de las casas de esos pueblos, matando al primer burro que se cruce.
El “corredor bioceánico” es parte del Eje horizontal Mercosur Chile del plan IIRSA que se superpone y complementa con el Eje vertical Andino sur, el cual se ubica sobre el límite entre Chile y Argentina, en la cordillera, y su objetivo es vehiculizar la extracción de recursos de esa zona. Este Eje ya está en funcionamiento, como lo demuestra un estudio financiado por el BID sobre conectividad entre Chile y Argentina en el que se priorizan los pasos fronterizos más cercanos a los proyectos mineros (como Agua Negra), la reactivación de ferrocarriles transfronterizos, los proyectos de interconexión energética en el norte de las fronteras, entre otras cosas.
A su vez, el Eje Andino sur, abarca la zona comprendida por el Tratado Minero Binacional, un marco jurídico negociado entre las transnacionales, el gobierno chileno y el argentino, que establece que la empresa minera que explote un yacimiento dentro de una franja fronteriza de más de 4500 kilómetros de largo y 30 km de ancho, se constituirá en verdadera soberana de la zona, creando una Comisión Administrativa, con autoridades de ambos países y un consejo asesor de la empresa, que opera como poder ejecutivo. Lo acompaña un régimen de sorprendentes facilitaciones fronterizas, que en definitiva difuminan la soberanía nacional de Chile y Argentina en un antes intocable territorio de frontera. En la franja cedida se encuentran los glaciares (reservas mundiales de agua dulce), las nacientes de los ríos que riegan valles de cultivo, y las principales reservas de oro y cobre del mundo. El proyecto Pascua Lama es uno de los de mayor envergadura que se está construyendo en la actualidad, gracias al amparo de este Tratado, a sobornos a funcionarios y comunidades, a tramoyas legales para evadir controles y legislaciones a su medida.
Así, el IIRSA concibe la región como “único espacio económico” integrado, y busca reducir sus “barreras internas” para el comercio global garantizando el saqueo. Pascua Lama es el mejor ejemplo de esta integración: integración para la destrucción. La inversión en infraestructura también incluye la mejora y ampliación de sectores de energía eléctrica y gas natural en función de los requerimientos de las empresas. En la Argentina, según lo declarado por la presidenta, las inversiones saldrán mayormente de nuestros bolsillos y en menor medida del endeudamiento externo. Financiaremos así las obras para nuestro propio saqueo que tendrán además un alto impacto ambiental y cultural en las comunidades en donde se desarrollen.
Se ha instalando una fuerte estructura capitalista en la región, productora de alimentos y agua para el mundo, que explota la naturaleza y esclaviza a los trabajadores que producen terciarizadamente sólo partes de productos que se ensamblan en otros lados. El IIRSA es una estrategia más de este mismo desarrollo capitalista, que utiliza para obtener ganancias al agua y otros bienes comunes, la diversidad étnica y sus conocimientos.
Se ha definido al plan IIRSA como un “nuevo colonialismo”. Los presidentes tienen que generar las condiciones para atraer inversiones de los grandes capitales dueños del mundo entero, y estrategias hacia las comunidades que las involucren en sus planes de saqueo sin que se rebelen. Escuchamos hablar permanentemente de “integración”, “desarrollo” y “progreso”, como si este “crecimiento” influyera positivamente en la vida de todos. Nos han hecho naturalizar la idea de que construir caminos, represas, líneas eléctricas de alta tensión, puentes, túneles, etc., es sinónimo de estar mejor, de “progresar”. Sin embargo vemos que los millones invertidos tienen un objetivo mayor que es solucionar las necesidades logísticas, de insumos y comercialización de las empresas extractivas y destructivas del medio ambiente, que poco dejan en la provincia y lo que dejan les vuelve en inversiones de infraestructura. Vivimos en una provincia de más de 700.000 habitantes en la que hay sólo dos hospitales “grandes”, es decir, con sala de cirugía. Los pobres nos morimos porque están los quirófanos desbordados y los privados no atienden gratis. Hay barrios enteros que no tienen agua potable y/o que consumen agua que produce enfermedades. Las escuelas aparecen en los noticieros a diario porque faltan aulas, o baños o insumos, o porteros y personal de mantenimiento, o calefacción. Faltan viviendas, hay asentamientos precarios y villas que a pesar de “erradicadas” se multiplican. Los pobres no se acabarán nunca porque las ganancias siempre quedan en una pequeña porción de la población, que se alimenta renovadamente del trabajo y las necesidades de todos.
Pero vivimos en la ilusión de que ese “desarrollo” anunciado nos pertenece, y de esta forma se legitima el modelo. Se deja hacer mientras se espera que llegue un coletazo, alguna migaja de la torta (un trabajito temporal en la construcción, o en servicios mineros, etc.) o se apoyan las políticas del saqueo tratando de obtener una tajada mayor. O, como algunos movimientos sociales, se aceptan dineros estatales para asistencialismos localizados mientras se calla la denuncia y la protesta. Muchos pueblos afectados por las industrias extractivas y contaminantes son extorsionados con pasantías, puestos de trabajo precario y alguna que otra inversión comunitaria. Los que no se callan y salen a expresar su desacuerdo son tratados como “terroristas”, criminalizados y llevados ante la justicia penal. Puedes oponerte a este o aquel detalle pero no dejarán que te opongas a su “progreso”. Históricamente, el colonialismo que traía la “civilización” al continente americano también se basó en la compra de voluntades y en la desaparición física de los que se oponían. En eso seguimos.
Muchos pueblos latinoamericanos, en las últimas décadas, hemos protagonizado movimientos muy potentes en defensa de los bienes comunes, contra su privatización, y por la autonomía de nuestros territorios con respecto a las imposiciones de la ganancia capitalista. Hemos tirado presidentes y expresado nuestra desconfianza en los sistemas de representación, e impuesto nuestras reivindicaciones en la calle y con organización. Seguimos luchando por la autodeterminación de los pueblos, la soberanía alimentaria, la autogestión de la vida, la cooperación, y un desarrollo que respete la naturaleza y las condiciones del ser humano, que entienda al ser humano como una pequeña parte de un todo, porque al defender la montaña y el agua nos defendemos a nosotros mismos.
            Decimos entonces que los “acuerdos” que se hacen en las “cumbres”, allí arriba, no nos representan, no expresan nuestras necesidades sino las del gran capital. Defendemos una verdadera integración de los pueblos, por abajo, plural y organizada, que involucre la diversidad de culturas y se haga eco de las necesidades de todxs. Ejercemos así nuestro derecho a transformar la realidad y a decidir y construir nuestro destino.
Asamblea sanjuanina contra la contaminación y el saqueo - EPUS - Autoconvocados de Letras - Cultura Activa - Movimiento Socialista de los Trabajadores - Polo Obrero

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