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Wednesday 30 june 2010 3 30 /06 /Jun /2010 12:29

GUATEMALA - OPINIÓN
La "epidemia" de violencia. ¿Qué hacer?

 

(AW) Un análisis sobre la violencia en ese país latinoamericano, el lugar de los medios, de la política y su relación con la violencia.


Una mujer se manifiesta contra la violencia en Guatemala. (Foto:EFE)

Una mujer se manifiesta contra la violencia en Guatemala. (Foto:EFE)

 

Por Marcelo Colussi desde Guatemala para Agencia Walsh

Fotos El Polvorín.

Guatemala presenta un sinnúmero de expresiones violentas. En buena medida a partir de las matrices de opinión generadas por la prensa, tiende a identificarse "violencia" con "delincuencia". Pero la realidad es más compleja. Esa identificación es, cuanto menos, errónea. O interesada.
Distintas expresiones de violencia recorren la sociedad como constantes históricas: autoritarismo, impunidad, racismo, machismo. Las formas actuales, aumentadas por el conflicto armado reciente, son una continuación de esa historia violenta.
La violencia constituye un problema de salud pública. La Organización Mundial de la Salud considera epidemia en términos sanitarios cuando se da una tasa superior a los 10 homicidios por cada 100.000 habitantes en un año. Ahora en Guatemala esa tasa ronda los 45 homicidios, con un índice de 20 muertes violentas diarias. De mantenerse esta tendencia, en los primeros 25 años luego de la firma de los Acuerdos de Paz en 1996 el número de muertos superará al registrado en esas casi cuatro décadas de enfrentamiento armado. Sin ánimos de ser pesimistas ni agoreros, técnicamente se puede decir que desde el punto de vista de la seguridad y la convivencia cotidiana ahora la sociedad está en una situación comparativa que no es sustancialmente mejor que durante el conflicto armado.
Y si no se está "peor" que durante la guerra, la actual explosión de violencia abre inquietantes interrogantes sobre la sociedad post conflicto que se está construyendo. En ese sentido, preocupan dos cuestiones: las causas estructurales que pusieron en marcha ese enfrentamiento interno en la década de los 60 en el siglo pasado no han cambiado, a lo que se suma la pesada carga dejada por uno de los más sangrientos conflictos internos que se vivió en Latinoamérica en el marco de la Guerra Fría, secuelas muy poco abordadas y que refuerzan la cultura de impunidad ya histórica.
Hoy día la situación cotidiana nos confronta con nuevas formas de violencia. No hay enfrentamientos armados entre ejército y movimiento insurgente, pero la situación de inseguridad que se vive a diario comparativamente es más preocupante. Aparecieron nuevas formas de violencia en estos últimos años: además de la tasa extremadamente alta de homicidios, vemos una explosión del crimen organizado manejando crecientes cuotas de poder económico, y por tanto, político. Existen nuevas modalidades, como las pandillas juveniles -las "maras"- (según estimaciones serias, las mismas manejan por concepto de chantajes y cobros de impuestos alrededor de 120 millones de dólares al año), el auge del narcotráfico, el feminicidio (con un promedio de dos mujeres diarias asesinadas, muchas veces previa violación sexual), las campañas de limpieza social, los linchamientos.
Ante esto, la percepción generalizada de la sociedad raya en la desesperación. La violencia cotidiana ha pasado a ser el tema dominante, desplazando otras preocupaciones de la población. Agiganta esta percepción el continuo bombardeo mediático, que hace de la violencia mostrada en términos sensacionalistas algo "normal". Ya pasó a ser frecuente la expresión "la delincuencia nos tiene de rodillas", con lo que se logra un efecto de desesperanza en la población sin proponer ninguna salida, asimilando violencia con delincuencia pero sin tocar las causas estructurales del fenómeno. En la conciencia colectiva el fenómeno de las "maras", por ejemplo, tiene más importancia que la pobreza estructural crónica o que la guerra recién vivida y su reforzamiento de la impunidad como conducta que El Periódicomarca toda la historia del país. Sin negar los índices alarmantes de violencia delincuencial que existen, es preocupante abordar la violencia sólo en relación a los delitos, dejando fuera otras expresiones tan o más nocivas, como la exclusión económico-social, el racismo, el machismo. El autoritarismo y la impunidad como constantes que recorren toda la sociedad y la historia del país, no se mencionan. El fantasma azuzado de esta forma no hace sino reforzar un clima de militarización donde la única respuesta posible ante la epidemia de violencia es más violencia, más control, más militarización.
Como causas de esta "epidemia" que se sufre a diario -y que no es solo delincuencia- tenemos un entrecruzamiento de factores:

· La pobreza generalizada.
· El legado histórico de violencia y su aceptación en la dinámica cotidiana normal.
· Una cultura de violencia que se manifiesta desde el mismo Estado y la forma en la que éste se relaciona con la población.
· La impunidad reinante (un sistema de justicia oficial débil o inexistente y una justicia maya consuetudinaria deslegitimada por el discurso oficial).
· Una incontenible proliferación de armas de fuego.
· Una marcada militarización de la cultura ciudadana, marco general de una generalizada paranoia social con respuestas reactivas: medidas de seguridad por doquier, población civil armada, desconfianza, casas amuralladas, barrotes y alambradas.

 

No es posible una convivencia más armónica si no cambian las estructuras sociales en que se apoya la violencia: la pobreza, la exclusión social, la ignorancia, la impunidad. Como dijo una dirigente maya hablando de la actual democracia: "Nunca tuvimos tantos derechos como ahora, pero tampoco nunca tuvimos tanta hambre como ahora". Mientras siga habiendo gente con hambre seguirá la violencia y será imposible hablar con seriedad de armonía social porque -como expresara alguien mordazmente- es muy probable que, hambrientos, nos terminemos comiendo la palomita de la paz.

 

 

 

 

 

 

                                                   AGENCIA DE COMUNICACIÓN  RODOLFO WALSH

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Por El polvorín - Publicado en: Politica - Comunidad: POLITICA Y PSICOLOGIA
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