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El polvorín

GUATEMALA - Sistema de salud discrimina a indígenas y garífunas

19 Noviembre 2011 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

 
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18/11/2011

Persisten obstáculos para una atención en salud segura y culturalmente apropiada.

María Natalia Soc está exhausta. Son las 10 pm y todavía tiene que trabajar toda la noche. Ella se encuentra al lado de la cama de una joven que ha empezado con la labor de parto.

En los últimos 24 años, Soc ha trabajado como comadrona en la localidad de El Durazno, en el céntrico departamento de Guatemala, donde la mayoría de la población pertenece a la comunidad maya poqomchí.

De acuerdo con cifras oficiales, entre 40% y 50% de los partos en Guatemala son atendidos por parteras indígenas como Soc.

“El año pasado atendí un parto que venía atravesado. Con los trucos que una comadrona sabe, logré que el niño diera vuelta. Se le pone un lazo [al vientre de la mujer] para que se dé la vuelta”, relata Soc.

Hugo Icú Perén, director de la Asociación de Servicios Comunitarios en Salud (ASECSA) y autor del estudio “Rescate de la medicina maya e incidencia para su reconocimiento social y político. Estudio de caso Guatemala”, explica que la medicina maya está estrechamente ligada a la espiritualidad. La enfermedad es considerada como un desequilibrio y la salud es entendida como un equilibrio entre diferentes energías y entre el ser humano y la naturaleza, así como el resto del cosmos.

Por lo tanto, desde la perspectiva maya, el proceso de sanación es más que sólo lograr el bienestar físico; implica recuperar la armonía entre la persona enferma y el resto de la comunidad, así como con todo su entorno natural.

Los terapeutas indígenas —parteras como Soc, sanadores o chamanes, hueseros y sobadores— por lo general descubren su “don” o “misión” para curar a través de sueños, y los conocimientos ancestrales son transmitidos de una generación a otra.

Los métodos de diagnóstico utilizados por los curanderos mayas incluyen la observación de los síntomas, preguntar al paciente lo que siente, palpar y la interpretación de los sueños. Los síntomas no sólo tienen que ver con la persona enferma sino también con su familia y su entorno.

Los curanderos indígenas utilizan una variedad de recursos para tratar a los enfermos tales como plantas medicinales, minerales, aceites vegetales, grasa animal, rezos, baños termales mayas o “temascales” y masajes para reubicar los huesos o articulaciones dislocadas.

Tal como lo explica el estudio de Icú, los acuerdos de paz que pusieron fin a tres décadas de guerra civil en 1996 establecieron que se debe valorar la medicina indígena, promover su estudio y rescatar sus prácticas y conceptos.


Profundas raíces del racismo

Según Rafael Haeussler, jefe del Departamento de Regulación de Atención a las Personas del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS), se han logrado algunos avances en términos de respetar las costumbres indígenas en relación a la medicina y la salud.

Durante el gobierno del presidente saliente Álvaro Colom, el MSPAS creó una unidad especial dedicada a la atención de salud para la población indígena e intercultural para abordar los derechos de las comunidades mayas, xincas y garífunas o afrodescendientes.

Antes de fin de este año, dijo Haeussler, será obligatorio en todos los hospitales públicos y centros de salud que las mujeres puedan elegir si quieren dar a luz de forma horizontal o vertical. Los partos verticales son los más usados entre las mujeres indígenas y los médicos occidentales aceptan cada vez más que son una forma más natural y que tienen un menor impacto sobre la estructura ósea de la mujer.

Sin embargo, Haeussler admite que Guatemala es “un país racista, discriminatorio y etnocentrista”, algo que se refleja en todas las instituciones públicas, incluyendo el servicio nacional de salud. Señala, por ejemplo, que muy pocos médicos no indígenas hablan una lengua autóctona y casi no hay doctores indígenas, lo que significa que el servicio que se proporciona es culturalmente inapropiado.

Soc agrega que las parteras indígenas con frecuencia son discriminadas por médicos y enfermeras no indígenas. Cuando un parto se torna difícil y la paciente es llevada a un hospital, se pide a las comadronas que salgan, aunque su presencia es emocionalmente benéfica para la paciente.

Dice que hace nueve años ella participó en un curso básico sobre obstetricia que proporcionó el MSPAS para parteras indígenas y al final se les entregó un diploma y un carnet. Cada mes ella acude al centro de salud local para recibir cursos de actualización. Sin embargo, la enfermera a cargo de la capacitación con frecuencia cancela las sesiones sin avisar con anticipación.

“Sentimos que somos una carga y que no tienen tiempo para darnos la asistencia”, afirma Soc.


Organizaciones indígenas se pronuncian
El año pasado, el MSPAS inició un “Diálogo para la Universalización de la Salud” con la participación de 150 instancias gubernamentales, académicos, organizaciones no gubernamentales, organismos internacionales y asociaciones de la sociedad civil, para llegar a un consenso sobre el tipo de modelo de servicio de salud que Guatemala necesita y cómo financiarlo.

El objetivo de la iniciativa es responder a la profunda crisis que enfrenta el servicio nacional de salud, desfinanciado, con hospitales carentes de medicinas y servicios básicos restringidos, y personal médico obligado a ir a la huelga debido a las excesivas demoras en los pagos de sus salarios.

Un creciente número de voces indígenas empezaron a participar en los debates, incluyendo la Gran Confederación de Guías Espirituales de Guatemala, la Red de Mujeres Indígenas por la Salud Sexual y Reproductiva y Nutrición y ASECSA.

“Si hay un diálogo para la salud, no es posible que sea para un solo sector”, dijo Haesussler. “No se puede pensar en una salud universal sin tener en cuenta los diferentes sistema de salud, prácticas y conocimientos para la salud y la enfermedad”.

Aunque muchas organizaciones indígenas asistieron a las sesiones, muy pronto quedó claro que para que esas conversaciones fueran verdaderamente inclusivas y representativas de la diversidad étnica del país, se necesita un proceso de descentralización.

El 5 y 6 de setiembre pasado, ASECSA decidió llevar a cabo una consulta popular en el departamento de Chimaltenango con más de 40 organizaciones indígenas de un amplio rango de comunidades lingüísticas para discutir los acuerdos a los que se habían llegado en el diálogo.

Los participantes se pronunciaron mayoritariamente por el derecho de los pueblos indígenas a usar la medicina tradicional y tener acceso a un servicio de salud culturalmente apropiado con profesionales que hablen lenguas indígenas. Sus principales demandas se enfocaron en el respeto a las comadronas y los sanadores indígenas y el rechazo a las iniciativas de privatizar el sistema de salud.

Se agregó una serie de demandas a la propuesta para la transformación del sistema nacional de salud que fue presentada durante las conversaciones. En la sesión final, el ministro de Salud Pública y Asistencia Social, Ludwig Ovalle, se comprometió a incluir el documento en la revisión total del sistema.

Sin embargo, no es seguro si el nuevo gobierno encabezado por Otto Pérez Molina, quien asumirá el poder a principios del próximo año, priorizará una cobertura universal de salud para todos los ciudadanos guatemaltecos independientemente de su origen étnico. —

 

 

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