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El polvorín

¿Hacia dónde va Egipto?

6 Marzo 2012 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

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Alba Gutiérrez Fraile*

Lunes 5 de marzo de 2012

Revista Pueblos

Tras 18 días de manifestaciones masivas, el pueblo egipcio propició la caída de Mubarak que llevaba 29 años en el poder. Un año después del derrocamiento del dictador, Egipto sigue debatiéndose entre la revolución y el continuismo. El país se encuentra inmerso en una etapa crucial en la que se definirán las bases del nuevo sistema.


La sociedad civil egipcia se levantó exigiendo sus derechos, justicia social y democracia. Pese a la euforia inicial desatada en el país, cada vez está más presente un cierto escepticismo y desánimo entre la población. Resulta complicado aventurar hacia dónde se dirige Egipto, no obstante, existen numerosas cuestiones pendientes y obstáculos que el país debe abordar en un futuro próximo para lograr una verdadera transformación y no simples cambios formales.

EJÉRCITO, ¿PERPETUACIÓN EN EL PODER?

El Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (SCAF por sus siglas en inglés) asumió el poder tras el derrocamiento de Mubarak. El ejército se presentó entonces como el mejor garante de la “cohesión social y del restablecimiento de la estabilidad necesaria” para comenzar una transición democrática. No obstante, casi un año después y con tímidos avances en el país, su papel está siendo muy cuestionado por el pueblo egipcio que afronta con incertidumbre esta nueva etapa.

Existe cierta desconfianza sobre las intenciones del SCAF de perpetuarse en el poder, sobre todo tras actuaciones como la ampliación unilateral de su mandato (pues inicialmente estaba prevista su retirada en 6 meses), la negación para transferir el poder a un gobierno civil de transición o el establecimiento de una hoja de ruta y unos Principios Constitucionales sin consenso previo. Asimismo, durante el último año se han ido sucediendo una serie de hechos que han contribuido al escepticismo y desánimo del pueblo egipcio: restablecimiento periódico del toque de queda, uso desmesurado de violencia contra manifestantes (que propició la dimisión en bloque del gobierno interino en noviembre), el mantenimiento de juicios militares a civiles o la lentitud de los procedimientos judiciales contra miembros del antiguo gobierno de Mubarak.

A principios del mes de noviembre de 2011, el SCAF difundió unos controvertidos “Principios supra-constitucionales” en los que, además de un cuadro de derechos con alta retórica (y sin demasiados cambios respecto a la constitución vigente), se otorga un papel preponderante y privilegiado a las Fuerzas Armadas (como la continuidad de la confidencialidad del presupuesto militar o la posibilidad de refutar algunos artículos de la nueva constitución por parte del SCAF). Igualmente, se reservó el derecho de controlar el nombramiento de los miembros de la futura comisión redactora de la Constitución (80 de los 100 miembros de dicha comisión serán nombrados sin elección previa y los criterios de dicho nombramiento no han sido clarificados).

Por otro lado, Egipto se encuentra inmerso en un proceso electoral muy dilatado en el tiempo. Las votaciones a la Asamblea del Pueblo o Al-Shaab (cámara baja) y a la Shura (cámara alta) tienen prevista su finalización sobre abril de 2012. Tras estas elecciones se constituirá el comité de expertos que redactará la nueva Constitución la cual será sometida a referéndum antes de celebrar elecciones presidenciales, previstas para mediados de 2013. A no ser que la nueva constitución establezca directrices diferentes, es previsible que el SCAF, que ostenta la presidencia de la República en funciones, siga gobernando el país hasta que las elecciones presidenciales tengan lugar, puesto que el nombramiento y cese del primer ministro dependen del presidente.

Aunque es pronto para sacar conclusiones sobre si la cúpula militar tiene intención de persistir en el poder, parece posible afirmar que aspiran a conservar al menos su estatus privilegiado y esfera de influencia. Una de las posibles opciones que se barajarían (y que parece no disgustar a diferentes analistas occidentales) es la imposición de un régimen militar “al estilo turco”, con el consiguiente riesgo de injerencia del personal militar en la vida política con medios bastante cuestionables. No debe olvidarse que dentro de este proceso el ejército es un actor más con agenda propia que parece buscar claramente el mantenimiento de sus privilegios en el nuevo Egipto que se establezca. Por ejemplo, se calcula que la participación de miembros de las fuerzas armadas en la economía egipcia, a través de participaciones en empresas y posesión de tierras, puede estar entre el 5 y el 40 por ciento del PIB [1]].

ALBA GUTIÉRREZ FRAILE

¿REVOLUCIÓN O CONTINUÍSMO? Hay cuestiones en esta “transición egipcia” que hacen recordar el pasado reciente contra el que se levantaron millones de personas en el país. Fragrantes vulneraciones de derechos humanos se suceden con impunidad. Bajo el amparo de la Ley de Emergencia (en vigor desde 1981 y a pesar de las promesas sobre su derogación desde septiembre de 2011), más de 12.000 civiles han sido juzgados por tribunales militares, entre ellos numerosos blogueros que simplemente expresaban su opinión. Además, apelando a su “necesario papel como protector de la Revolución 25 de Enero”, el SCAF ha venido justificando violentas actuaciones (entre ellas las represiones de manifestantes a finales de noviembre en las que murieron 33 personas y hubo más de 1.500 heridos) y se suceden denuncias por parte de organizaciones de derechos humanos sobre la tortura en las cárceles.

Asimismo, la persecución e intentos de silenciar a los que se enfrentan los defensores de derechos humanos parecen estar a la orden del día. Un informe publicado en noviembre de 2011 por el Instituto de El Cairo para el Estudio de los Derechos Humanos denuncia las dificultades que están teniendo para realizar su trabajo. Parece haberse orquestado una campaña de desprestigio hacia las “incómodas” ONGs egipcias, acusándolas de traición a la seguridad nacional, en parte por la recepción de parte de sus fondos del extranjero; en la actualidad más de 30 cuentas bancarias de activistas están siendo investigadas tras el permiso del Tribunal Penal de El Cairo [2]].

Polémico es también el papel que algunos medios de comunicación egipcios están teniendo en la cobertura de los diferentes sucesos tras la Revolución. En un país caracterizado por una tibia libertad de expresión (así como auto-censura importante por parte de los propios medios, principalmente estatales, que suponen una parte muy significativa de la industria de los medios de comunicación)  [3]], parece que los cambios se están produciendo con una lentitud espeluznante. La cobertura de ciertos acontecimientos como la represión de la manifestación copta el pasado 9 de octubre por parte de periódicos pro-estatales como Ahram, Al Akhbary Al Gumhuriyah (con parte de sus directivos investigados por corrupción pero cuyos procesos están siendo dilatados en el tiempo), sigue dejando mucho que desear en cuanto al rigor e información ofrecida, llegando incluso a negar la represión de los manifestantes por parte de las fuerzas armadas y culpando a los primeros de actuar en contra de la estabilidad del país. Parece que una parte significativa de la prensa nacional se ha decantado con entusiasmo por la Junta Militar, continuando en su papel de silenciadores, legitimadores de abusos y transmisores de versiones oficiales.

Otro factor que contribuye al desánimo es el de los resquicios del antiguo régimen que parece que van a estar presentes en el futuro político del país. Hay dos hechos que no han sido resueltos y preocupan a muchos de los actores de la sociedad civil. En primer lugar, un sistema electoral que favorece a aquellos que han gobernado el país de manera arbitraria y clientelar en los últimos 30 años. Bastantes de los nuevos partidos que han surgido tienen mayoría de ex-miembros del Partido Nacional Democrático (PND) entre sus filas, como es el caso del Partido de la Libertad, el Partido por un Egipto Moderno, el Partido Generación, el Partido Shaab, o el partido Ciudadano Egipcio (cuyo presidente es Salah Hassabullah, ex-líder del PND en la Gobernación de Qalyoubeya, o con miembros como Mohammad Ragab, ex secretario general del Plan Nacional de Desarrollo). La regulación electoral reserva un tercio de las cámaras a candidatos independientes, favoreciendo a exmiembros del PND, así como a los Hermanos Musulmanes, que gozan de amplias redes clientelares por todo el país y va en detrimento de las oportunidades que tienen partidos de nueva creación, cuya posibilidad de darse a conocer al electorado con tan poco margen temporal es escasa. En segundo lugar, los procedimientos judiciales abiertos contra antiguos cargos del régimen se van aplazando, como es el caso del proceso contra el mismo Mubarak, que ha sido pospuesto en varias ocasiones y ha dejado de ser retransmitido. Resulta complicado avalar la creación de un nuevo sistema inclusivo donde la justicia parece funcionar solo para unos pocos y vagamente aparecen señales que permitan identificar un cierto camino hacia una justicia social.

COALICIONES Y PARTIDOS ISLAMISTAS

El nuevo gobierno que surja tras las elecciones, además de liderar la transición, debe hacer frente a una situación complicada con diversas cuestiones pendientes de carácter estructural: alrededor del 40 por ciento de los egipcios viven con menos de 2 dólares al día; la necesidad de reforma fiscal más justa y un sector informal que supone el 30 por ciento del PIB; un 14 por ciento de desempleo; los polémicos subsidios energéticos que se quedan mayoritariamente en manos de las grandes industrias; la corrupción o la dependencia de la importación de trigo.

La mayoría de los partidos egipcios se ha aglutinado en torno a cuatro coaliciones electorales: el Bloque Egipcio (formado, entre otros, por el Partido de los Egipcios Libres, el Partido Social- Demócrata Egipcio y el Partido Tagammu, con una mezcla de partidos liberales y de centro-izquierda); la Revolución Permanente (formada por partidos como la Coalición Popular y Coalición Egipcia, el Partido Alianza Popular Socialista, el Partido Socialista de Egipto, Egipto Libertad, Igualdad y Desarrollo o la Corriente Egipcia Liberal, es una alianza electoral entre los activistas de la Revolución del 25 de enero y diferentes fuerzas socialistas); la Alianza Salafista (formada, entre otros, por el Partido Al Nur, el Partido Asala y el Partido de la Construcción y el Desarrollo); y la Alianza Democrática (formada por 12 partidos y liderada por el partido Libertad y Justicia, vinculado a los Hermanos Musulmanes. Los otros dos miembros principales de la coalición son el liberal Partido Ghad y el Partido Nasserista Karama) [4]].

Los Hermanos Musulmanes, a través de su Partido Libertad y Justicia, parten como favoritos para ganar las elecciones. Son conocidos por todo el país, sobre todo por su extensa red de asistencia social creada durante el régimen de Mubarak. Este partido ha recalcado su visión moderada, descartando pactos y marcando distancia respecto a otros partidos islamistas. Los partidos de base religiosa han obtenido alrededor del 65 por ciento de los votos en las primeras vueltas para la elección de la Cámara Baja. Este hecho es visto con recelo por sectores de la sociedad civil egipcia, que desconfian de que una vez en el poder impongan sus ideales y estos se plasmen en la constitución (cuyos principios rectores se han establecido sin consenso por un Consejo Militar), y temen de que se pierda el “espíritu” con el que comenzó la revolución: reivindicación de sus derechos, libertad, futuro y dignidad.

También los gobiernos occidentales observan con inquietud el posible auge de partidos islamistas. pero por cuestiones algo diferentes, pues ven peligrar sus intereses geoestratégicos y económicos en una región compleja y ambicionan, cuanto menos, el continuismo en la política exterior. Parte de la sociedad civil reclama un giro en las relaciones exteriores egipcias (sobre todo en sus relaciones con Israel) y hay partidos que entre sus propuestas electorales incluyen cuestiones tan sensibles para Occidente como la revisión de Camp David o del tratado de No Proliferación Nuclear (como el Partido Salafista Seguridad y Desarrollo). No obstante, los Hermanos Musulmanes, al menos en su discurso oficial y guiados por una visión estratégica a largo plazo, se han mantenido en unas líneas de política exterior que, aunque reivindicando un rol más activo y propio, son similares a las de Mubarak.

Con un Occidente más preocupado por garantizar sus propios intereses que los derechos del pueblo egipcio (siguiendo en la línea de democracia sí pero estable), y un gobierno militar de transición que parece optar por meros cambios formales, los ciudadanos necesitan seguir más que nunca vigilantes, reivindicando sus derechos y emancipación. El poder que la sociedad civil egipcia tiene para influir en la vida política es limitado pero plausible, tal y como han demostrado los acontecimientos. Lo que el pueblo demandaba hace un año eran cambios profundos, esperemos que estos no queden subyugados desde el inicio.


*Alba Gutiérrez Fraile es licenciada en Ciencias Políticas. Actualmente trabaja como asistente de investigación en el Centro de Estudios sobre Comercio y Desarrollo (CIECODE) alba.gutierrez@ciecode.es

Este artículo ha sido publicado en el nº 50 de Pueblos - Revista de Información y Debate , primer trimestre de 2012

Notas

[1] Droz-Vincent, P (2011) Is Military Rule in Egypt Really Temporary? Carnegie Endowment For International Peace [Internet] 10 Noviembre 2011. Disponible en: (http://www.carnegieendowment.org/2011/11/10/is-military-rulein- egypt-really-temporary/71dj ) [Fecha de acceso 18 Noviembre 2011

[2] Para información adicional véase: Situación defensores DDHH empeoró tras revolución egipcia, según activistas. ABC [Internet] 13 de Noviembre de 2011. Disponible en: (http://www.abc.es/agencias/noticia.asp?noticia= 998352) [Fecha de acceso 18 Noviembre 2011]. Véase también: The Arabic Network for Human Rights Information, Cairo Criminal Court orders the disclosure of confidential accounts of activists: The Battle of Gagging Voices and Getting Even. Disponible en:(http://www.anhri.net/en/?p=4858 ) [Fecha de acceso 18 Noviembre 2011

[3] Brown, N. Can the Colossus Be Salvaged? Egypt’s State-Owned Press in a Post-Revolutionary Environment. Carnegie Endowment For International Peace [Internet] 22 Agosto 2011. Disponible en: (http://egyptelections.car negieendowment.org/2011/08/22/can-the-colossus-be-salvaged-egypt%e2%80%99s-state-owned-press-in-apost- revolutionary-environment ) [Fecha de acceso 18 Noviembre 2011

[4] Para información adicional véase: http://egypt.electionnaire.com/, http://elections.gov.eg o [http://carnegieen dowment.org/2011/07/22/egypt-in-transition-current-economic-situation-and-role-of-international-assistance/3h1b->http://carnegieen dowment.org/2011/07/22/egypt-in-transition-current-economic-situation-and-role-of-international-assistance/3h1b

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