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El polvorín

Hallan grandes yacimientos minerales en Afganistán

14 Junio 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

 

NUEVA YORK. Expertos estadounidenses descubrieron en Afganistán un tesoro de yacimientos mineros que podría cambiar radicalmente la economía afgana y el curso de la guerra, escribió este domingo el New York Times.

El yacimiento, dijeron fuentes del gobierno norteamericano al diario, tienen un valor potencial de un billón de dólares, e incluyen reservas de hierro, cobre, cobalto, oro y litio.

“Son metales esenciales para la industria moderna y Afganistán podría un día convertirse en uno de los más importantes centros mineros del mundo”, dijeron las fuentes, que pidieron no ser identificadas.

De acuerdo al diario, un memorándum interno del Pentágono afirma que Afganistán podría ser “la Arabia Saudita del litio”, un material indispensable para la producción de baterías para computadoras portátiles y teléfonos celulares.

La vasta escala de las riquezas mineras afganas fue descubierta por un pequeño equipo de expertos del Pentágono y geólogos norteamericanos. El gobierno afgano y el presidente Hamid Karzai fueron informados hace poco tiempo.

El responsable del comando central de las tropas norteamericanas en Afganistán, general David Petraeus, confirmó al New York Times la existencia de los yacimientos.“El potencial es enorme”, afirmó.

13 de Junio de 2010 22:15

ABC Digital

Descubren ingentes yacimientos minerales en Afganistán que podrían cambiar la guerra

Afganistán posee yacimientos minerales sin explotar cuyo valor de mercado podría alcanzar el billón de dólares (más de 820.000 millones de euros, una cantidad equivalente al PIB de Países Bajos), según estimaciones de altos dirigentes del Gobierno de Estados Unidos, que opinan que el desarrollo de la industria minera podría cambiar por completo la situación económica (y la guerra) en el país centroasiático, donde a día de hoy uno de los negocios más relevantes es el de la exportación ilegal de opio.

Según destacados dirigentes estadounidenses citados por el diario 'The New York Times', Afganistán tiene potencial para convertirse en el principal centro minero del mundo por sus enormes yacimientos de tales como hierro, cobre y cobalto. Se estima, además, que Afganistán podría albergar las mayores reservas del mundo de litio, un mineral básico para la industria moderna con el que se fabrican, entre otras cosas, baterías o componentes de teléfonos móviles u ordenadores portátiles.

Sólo la cantidad de litio que se cree se haya en un yacimiento de la provincia meridional de Ghazni es mayor que la que hay en Bolivia, el país del mundo que hasta hoy posee las mayores reservas de este material. Según un documento interno del Pentágono citado por el rotativo estadounidense, Afganistán posee el potencial para convertirse en "la Arabia Saudí del litio".

Dificultades para la explotación comercial

El potencial minero de Afganistán es tan grande porque a lo largo de su historia, que desde hace siglos se ha caracterizado por la inestabilidad política y las guerras, apenas sí ha habido una pequeña explotación minera de tipo artesanal. Esta circunstancia, sin embargo, también representa una desventaja, ya que la creación de una infraestructura minera adecuada que hiciera posible la explotación comercial de estos minerales podría llevar décadas, según el Instituto Geológico de Estados Unidos.

A esta escasísima industrialización del país habría que añadirle otra dificultad, la de los altos niveles de corrupción que sufre la administración afgana. Constituye un buen ejemplo de ello el antiguo ministro afgano de Minas, que hubo de abandonar su cartera tras ser acusado por parte de Estados Unidos de aceptar sobornos de China por valor de 30 millones de dólares a cambio de entregarle a este país los derechos de explotación de una explotación de cobre en la provincia de Logar (este).

Por otro lado, el Gobierno estadounidense cree que el marco legal que en la actualidad posee Afganistán en materia de regulación de yacimientos es claramente insuficiente a la luz de los nuevos descubrimientos sobre la riqueza mineral del país. La actual ley, que fue elaborada con la colaboración del Banco Mundial, podría no resistir las previsibles tensiones que surgirían entre la administración central y los gobiernos provinciales acerca de los beneficios de la explotación minera, según Paul Brinkley, subsecretario del Pentágono y que dirige equipo de geólogos y militares que ha realizado las estimaciones.

"El Ministerio de Minas afgano no está preparado para manejar esto. Estamos intentando ayudarles con ello", sostiene Binkley. Este dirigente señala que la explotación responsable desde un punto de vista medioambiental de las riquezas afganas sería otro gran reto, ya que debido a su escasísima industrialización, la legislación mediomabiental en Afganistán es prácticamente inexistente.

Los funcionarios estadounidenses creen además que China ya ha puesto sus ojos en las grandes riquezas potenciales del país, lo que representa una amenaza para sus intereses. Consideran que, tras la adquisión de la mina de Logar, los chinos querrán seguir obteniendo concesiones de explotación.

El origen de las estimaciones

Estas estimaciones de las riquezas de Afganistán, un país que durante las últimas tres décadas ha vivido en un estado prácticamente ininterrumpido de guerras civiles e invasiones extranjeras, comenzaron en 2001. Dicho año, que fue el de la ocupación estadounidense y el derrocamiento de los talibanes, fue cuando un grupo de geólogos afganos devolvieron a las bibliotecas públicas una serie de mapas tomados por cartógrafos soviéticos durante los ochenta, durante la invasión de Afganistán por parte de la URSS.

En 2006 geólogos estadounidenses realizaron labores de cartografía aérea con los que cubrieron el 70 por ciento del país, mientras que en 2007 usaron aviones dotados con equipamientos aún más sofisticados que permitieron realizar mapas del terreno en tres dimensiones, según 'The New York Times'.

Estos resultados permanecieron en el olvido, ignorados tanto por Kabul como por Washington, hasta que en 2009 el Pentágono trasladó parte de sus programas de desarrollo económico de Irak a Afganistán y se empezaron a leer aquella información de tipo geológico en clave económica.

Cuatro.com



La nota siguiente de Red Voltaire es de diciembre del 2009. Pero va de la mano con esto:

Geopolítica tras la falsa guerra de Estados Unidos en Afganistán
por F. William Engdahl

Uno de los aspectos más notorios del programa presidencial de Obama es que, en Estados Unidos, pocos han cuestionado, en los medios de difusión o por otras vías, la razón del compromiso del Pentágono con la ocupación militar de Afganistán. Existen para ello dos razones fundamentales, y ninguna de ellas puede ser revelada abiertamente a la opinión pública.

21 de diciembre de 2009

Desde
Fráncfort (Alemania)

Los engañosos debates oficiales sobre la cantidad de soldados que se necesita para «ganar» la guerra en Afganistán, si basta con 30 000 hombres más o si se requieran por lo menos 200 000, no son más que la cortina de humo que está sirviendo para esconder el verdadero objetivo de la presencia militar de Estados Unidos en ese estratégico país de Asia central.

Durante su campaña presidencial del año 2008, el candidato Obama afirmó incluso que es en Afganistán, no en Irak, donde Estados Unidos está obligado a hacer la guerra. ¿Por qué? Porque, según Obama, es en Afganistán donde se ha atrincherado Al Qaeda, que constituye a su vez la «verdadera» amenaza para la seguridad nacional.

Las razones de la implicación estadounidense en Afganistán son en realidad muy diferentes.
El ejército estadounidense ocupa Afganistán por 2 razones: principalmente para restablecer y controlar la principal fuente mundial de opio de los mercados internacionales de heroína y utilizar la droga como arma contra sus adversarios en el terreno de la geopolítica, especialmente contra Rusia. El control del mercado de la droga afgana es capital para garantizar la liquidez de la mafia financiera en bancarrota de Wall Street.

Geopolítica del opio afgano

Según un informe oficial de la ONU, la producción de opio afgano aumentó de forma espectacular después del derrocamiento del régimen talibán, en 2001. Los datos del Buró de Drogas y Crímenes de las Naciones Unidas demuestran que en cada una de las cuatro últimas estaciones de crecimiento (desde 2004 y hasta 2007) hubo más cultivos de adormidera que en todo un año bajo el régimen talibán. En este momento hay en Afganistán más tierra dedicada a la producción de opio que al cultivo de la coca en toda América Latina. En 2007, el 93% de los opiáceos del mercado mundial venían de Afganistán.

No son simples coincidencias. Se ha demostrado que Washington seleccionó cuidadosamente al muy controvertido Hamid Karzai, señor de la guerra de origen pashtún con una larga hoja de servicios en la CIA, especialmente traído de su exilio en Estados Unidos, a quien se le fabricó todo una leyenda hollywodense sobre su «valiente autoridad sobre su pueblo». Según fuentes afganas, Hamid Karzai es actualmente el «Padrino» del opio afgano. No por casualidad Karzai ha sido, y sigue siendo hoy en día, el preferido de Washington en Kabul. A pesar de ello, y también a pesar de la masiva compra de votos, del fraude y de la intimidación, los días de Karzai como presidente pudieran estar contados.

En momentos en que el mundo casi ni se acuerda ya del misterioso Osama Ben Laden ni de Al Qaeda –su supuesta organización terrorista–, o se pregunta incluso si tan siquiera existen, la segunda razón de la larga presencia de las fuerzas armadas de Estados Unidos en Afganistán parece más bien un pretexto para crear una fuerza militar de choque estadounidense permanente con una serie de bases aéreas permanentes en Afganistán.
El objetivo de dichas bases no es acabar con los grupos de Al Qaeda que puedan quedar aún en las cuevas de Tora Bora ni acabar con un mítico «talibán» que, según informes de testigos oculares, se compone actualmente en su mayoría de pobladores afganos comunes y corrientes que nuevamente luchan por expulsar de su tierra una fuerza ocupante, como hicieron en los años 1980 frente a los soviéticos.

Para Estados Unidos, la razón de ser sus bases afganas es mantener en la mirilla y tener la posibilidad de golpear a las dos naciones que, juntas, constituyen hoy en día la única amenaza seria para el poderío supremo de Washington o, como lo llama el Pentágono, America’s Full Spectrum Dominance (el predominio estadounidense en todos los aspectos).

La pérdida del «Mandato Celestial»

El problema de las élites* que detentan el poder en Wall Street y en Washington reside en el hecho que se encuentran hoy empantanados en la más profunda crisis financiera de toda su historia. Esa crisis es un hecho irrefutable para el mundo entero y el mundo está actuando en aras de salvarse a sí mismo. Las élites estadounidenses han perdido así lo que en la historia de la China imperial se conoce como el Mandato Celestial.
Se trata del mandato que se concedido a un soberano o a una élite reinante a condición de que dirija a su pueblo con justicia y equidad. Cuando el que gobierna lo hace de forma tiránica y como un déspota, oprimiendo al pueblo y abusando de él, se expone con ello a la pérdida del Mandato Celestial.

Si las poderosas élites de las firmas y las empresas privadas que han controlado las políticas fundamentales, financiera y exterior, durante la mayoría del tiempo, por lo menos durante el siglo pasado, tuvieron alguna vez en sus manos el mandato celestial, hoy resulta evidente que lo han perdido.

La evolución interna hacia la creación de un Estado policiaco injusto, con ciudadanos que se ven privados de sus derechos constitucionales, el ejercicio arbitrario del poder por personas que nunca obtuvieron un mandato electoral –como el ex secretario estadounidense del Tesoro Henry Paulson y el actual ocupante de ese mismo cargo Tim Geithner– y que roban miles de millones de dólares del contribuyente, sin consentimiento de éste, para sacar de la bancarrota a los principales bancos de Wall Street, bancos que se creían «demasiado grandes para hundirse», son hechos que demuestran al mundo que esas élites han perdido el «Mandato Celestial».

Ante tal situación, las élites que ejercen el poder se desesperan cada vez más por mantener su control sobre un imperio mundial de carácter parasitario que su máquina mediática falsamente llama «globalización». Y para lograr mantener su dominación resulta vital que Estados Unidos logre destruir toda forma naciente de cooperación, en el plano económico, energético o militar, entre las dos grandes potencias de Eurasia que, en teoría, pudieran representar una amenaza para el futuro control de la única superpotencia. Esas dos potencias son China y Rusia, cuya asociación Washington trata de evitar a toda costa.

Ambas potencias euroasiáticas completan el panorama con elementos esenciales. China es la economía más fuerte del mundo, con mano de obra joven y dinámica y una clase media educada. Rusia, cuya economía no se ha recuperado aún del destructivo final de la era soviética y del descarado saqueo que caracterizó la era de Yeltsin, sigue presentando sin embargo cartas esenciales para una asociación. La fuerza nuclear de Rusia y sus fuerzas armadas, aún siendo en gran parte remanentes de la guerra fría, representan en el mundo actual la única amenaza de consideración para la dominación militar estadounidense.

Las élites del ejército ruso en ningún momento han renunciado a ese potencial.
Rusia posee también el mayor tesoro del mundo en gas natural así como inmensas reservas petrolíferas, indispensables para China. Estas dos potencias convergen cada vez más a través de una nueva organización que crearon en 2001, conocida como la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS). Además de China y Rusia, los países más extensos del Asia central –Kazajstán, Kirguiztán, Tayikistán y Uzbekistán– también forman parte de la OCS.

El objetivo que alega Washington para justificar la guerra de Estados Unidos, a la vez contra los talibanes y Al Qaeda, consiste en realidad en instalar su fuerza militar directamente en Asia central, en medio del espacio geográfico de la naciente OCS. Irán no es más que un pretexto. El blanco principal son Rusia y China.

Por supuesto, Washington afirma oficialmente que estableció su presencia militar en Afganistán desde el año 2002 para proteger la «frágil» democracia afgana. Sorprendente argumento cuando se analiza la realidad de la presencia militar estadounidense en ese país.
En diciembre de 2004, durante una visita a Kabul, el secretario de Defensa Donald Rumsfeld dio los toques finales a sus proyectos de construcción de 9 nuevas bases militares estadounidenses en Afganistán, en las provincias de Helmand, Herat, Nimruz, Balh, Khost y Paktia.

Esas 9 bases estadounidenses de nueva creación se agregan a las 3 bases militares principales ya instaladas inmediatamente después de la ocupación de Afganistán, durante el invierno de 2002, supuestamente con el fin de aislar y eliminar la amenaza terrorista de Osama Ben Laden.
Estados Unidos construyó sus 3 primeras bases militares en los aeródromos de Bagram, al norte de Kabul, su principal centro logístico militar; de Kandahar, en el sur de Afganistán; y de Shindand, en la occidental provincia de Herat. Shindand, la mayor base militar estadounidense en Afganistán, se encuentra a sólo 100 kilómetros de la frontera iraní, y a distancia de ataque si se trata de Rusia y China.

Afganistán ha estado históricamente en el centro de la gran pugna anglo-rusa, la lucha por el control del Asia central en el siglo 19 y a principios del siglo 20. La estrategia británica consistió entonces en impedir a toda costa que Rusia controlara Afganistán, lo cual hubiese representado una amenaza para la perla de la corona británica: la India.

Los estrategas del Pentágono también ven en Afganistán una posición altamente estratégica. Ese país constituye un trampolín que permitiría al poderío militar estadounidense amenazar directamente a Rusia y China, así como a Irán y a los demás países ricos productores de petróleo del Medio Oriente. En más de un siglo de guerras, las cosas no han cambiado mucho.

La situación geográfica de Afganistán como punto de confluencia entre el sur de Asia, Asia central y el Medio Oriente, es de vital importancia. Afganistán se encuentra además precisamente en el itinerario previsto para la construcción del oleoducto que debe llevar el petróleo de las zonas petrolíferas del mar Caspio hasta el océano Índico, donde la petrolera Unocal, así como Enron y la Halliburton de Cheney, estuvieron negociando los derechos exclusivos del gasoducto para conducir el gas natural de Turkmenistán a través de Afganistán y Pakistán hacia la enorme central eléctrica de gas natural de la Enron en Dabhol, cerca de Mumbai (Bombay). Ante de convertirse en presidente afgano títere de Estados Unidos, Karzai había sido cabildero de Unocal.

Al Qaeda no existe como amenaza

La verdad sobre todo este engaño alrededor del verdadero objetivo en Afganistán aparece claramente cuando se analiza más atentamente la supuesta amenaza de «Al Qaeda» en ese país. Según el autor Erik Margolis, antes de los atentados del 11 de septiembre de 2001, la inteligencia estadounidense proporcionaba asistencia y apoyo tanto a los talibanes como al propio Al Qaeda. Margolis señala que «la CIA proyectaba utilizar [la organización] Al Qaeda de Osama Ben Laden para incitar a los uigures musulmanes a rebelarse contra la dominación china y a los talibanes contra los aliados de Rusia en Asia central.»

Es evidente que Estados Unidos encontró otras vías para manipular a los uigures musulmanes contra Pekín en julio pasado, a través del apoyo estadounidense al Congreso Mundial Uigur. Pero la «amenaza» de Al Qaeda sigue siendo el principal argumento de Obama para justificar la intensificación de la guerra en Afganistán.

Sin embargo, el consejero de seguridad nacional de presidente Obama y ex general de Marines James Jones hizo una declaración, oportunamente enterrada por los amables medios de prensa estadounidenses, sobre la evaluación del peligro que actualmente representa Al Qaeda en Afganistán. Jones declaró al Congreso: «La presencia de Al Qaeda es muy reducida. La evaluación máxima es inferior a 100 ejecutores en el país, ninguna base, ninguna capacidad de lanzar ataques contra nosotros o nuestros aliados.»

Lo cual significa que Al Qaeda no existe en Afganistán. ¡Diablos! Incluso en el vecino Pakistán, lo que queda de Al Qaeda es ya prácticamente imperceptible. El Wall Street Journal señala: «Perseguidos por los aviones sin piloto estadounidenses, con problemas de dinero y con más dificultades para atraer a los jóvenes árabes a las oscuras montañas de Pakistán, Al Qaeda ve reducirse su papel allí y en Afganistán, según los informes de la Inteligencia y de los responsables pakistaníes y estadounidenses. Para los jóvenes árabes que son los principales reclutas de Al Qaeda “no resulta romántico pasar frío y hambre y tener que esconderse”, declaró un alto responsable estadounidense en el sur de Asia.»

Si entendemos bien las consecuencias lógicas de esa declaración no queda más remedio que llegar a la conclusión de que la razón por la cual los jóvenes alemanes y de otros países de la OTAN están muriendo en las montañas afganas no tienen nada que ver con «ganar la guerra contra el terrorismo». Muy oportunamente la mayoría de los medios de prensa prefieren olvidar el hecho que Al Qaeda, en la medida en que esa organización existió alguna vez, fue creada por la CIA en los años 1980.

Se dedicaba entonces a reclutar musulmanes radicales provenientes de todo el mundo islámico y a entrenarlos para la guerra contra las tropas rusas en Afganistán en el marco de una estrategia elaborada por Bill Casey, jefe de la CIA bajo la administración Reagan, entre otras, con el objetivo de crear un «nuevo Vietnam» para la Unión Soviética, lo cual debía conducir a la humillante derrota del Ejército Rojo y el derrumbe final de la Unión Soviética.

James Jones, jefe del National Security Council, reconoce ahora que no hay prácticamente nadie de Al Qaeda en Afganistán. Quizás sea un buen momento para que nuestros dirigentes políticos proporcionen una explicación más honesta sobre la verdadera razón del envío de más jóvenes a Afganistán, a morir protegiendo las cosechas de opio.

F. William Engdahl



Traducido al español por la Red Voltaire a partir de la versión francesa de Petrus Lombard.

 

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