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El polvorín

¿ Hambrunas y conflictos por alimentos?

17 Noviembre 2009 Etiquetado en #Politica

Fuente: Debate Socialista.
El 2 de abril se iniciaron protestas por el costo de los alimentos en la ciudad haitiana de Les Cayes, que de inmediato se extendieron hacia las principales ciudades del país: como Puerto Príncipe, Jeremie, Gonaives, Saint Marc y Petit Goave. Miles de seres humanos marchaban de forma violenta por las calles de Puerto Príncipe gritando desesperadamente: “Tenemos hambre”. Los manifestantes instalaron barricadas, quemaron cauchos, lanzaron piedras, motivaron el cierre de escuelas, comercios y dejaron a su paso una ola de saqueos, violencia y conflictos que significó cinco muertos y más de 200 heridos.

En sólo una semana el precio del arroz, el alimento más popular del país, se multiplicó. La población haitiana, con un promedio de ingresos diarios de dos dólares, enfrenta el aumento del 50% en el costo de alimentos como arroz, frijoles, frutas y leche, mientras que el monto de las pastas se duplicó. Sin considerar que el valor de la energía creció varias veces en los últimos meses, en una isla, donde la población consume sólo un promedio de 460 calorías diarias, de las 2100 calorías que es el mínimo sugerido por la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura ).

Pero los conflictos por los altos costos de los alimentos y la energía se extienden a países como Camerún, Indonesia, Mauritania, Mozambique, Senegal, Cote D´ Ivore, Burkina Faso y Egipto. En este último país la desesperada situación con los alimentos dejó ya varias decenas de personas muertas en las filas para comprar el pan subsidiado por el gobierno, que constituye la comida principal del 60% de la población. 

La FAO , el Banco Mundial y el FMI en dramáticos anuncios de hace apenas unas horas, declararon que si los gobiernos no frenan el alza de los precios de los alimentos habrá hambre y malestar social que desembocará en grandes disturbios. Según el Proyecto Hambre de las Naciones Unidas, 24 mil personas mueren cada día por falta de alimentos, un 75% son niños menores de cinco meses. La FAO estima que 800 millones de personas sufren de hambre en el mundo y reclama 500 millones de dólares para completar los costos de ayuda a los millones de hambrientos del planeta.

La señora Susana Malcorra, directora ejecutiva adjunta del Programa Mundial de Alimentos (PMA) dijo que en los últimos nueve meses hay una combinación de “factores explosivos” que dispararon los precios de los alimentos a nivel mundial en el 55% desde junio del 2007. Entre los factores causantes de esta escalada de precios, Malcorra señaló el crecimiento del consumo en China e India. Segundo, el aumento del costo de los insumos y sobre todo de la energía: el petróleo, que encarece los fertilizantes para el cultivo y el transporte  de los alimentos. A lo anterior se añade el efecto del cambio climático con sequías e inundaciones que destruyen las cosechas. La funcionaria del PMA señaló como ejemplo a Australia, cuya producción de trigo se redujo por la sequía y el cambio climático. Esto provocó que el valor del trigo creciera un 25% en el mercado de materias primas de Chicago.

Según la funcionaria del PMA, otro factor que incide es el desvío de los alimentos hacia la fabricación de biocombustibles que establece una relación entre el precio de la energía y el de los alimentos que antes no existía. También dijo que hay que considerar, que los inventarios de alimentos están en los mínimos niveles de los últimos treinta años, factor que incorpora una gran volatilidad al mercado.

Jaques Diouf, director general de la FAO señaló: “Hay que actuar de forma urgente“, y agregó: “La realidad es que la gente ya está muriendo en disturbios por hambre” en lugares como Haití, Egipto, Camerún, Senegal e Indonesia, y lo peor es que esta situación se pudiera extender al menos a 37 países del planeta.

Por otra parte, BBC Mundo señala que el precio de los alimentos se ha encarecido 45% en los últimos nueve meses y en diciembre pasado se registró el alza de precios mensual más alta en casi 20 años, de acuerdo a las estadísticas de la FAO. Según el ente de la ONU , hay tres rubros que reflejan el encarecimiento de los precios en 2007. Los cereales crecieron el 41%, los aceites vegetales el 60% y los productos lácteos el 83%. La tendencia se fortalece entre marzo del 2007 y el mismo mes del 2008, cuando el valor del trigo creció el 130%.      

En América Latina la desnutrición afecta a 52 millones de personas. El último reporte de la FAO incluye a Bolivia, Nicaragua, Haití y República Dominicana entre los países que pudieran enfrentar una agudización de las crisis alimentarias. El precio de la tortilla (producto elaborado esencialmente del maíz) creció en el 54% entre enero del 2007 y enero del 2008. La tortilla fue motivo de fuertes protestas en México el año pasado debido a que en algunas zonas se cuadruplicó su precio. En El Salvador el aumento de los precios provocó la reducción en el 50% del poder adquisitivo de alimentos de la población. Esto implica que su capacidad alimentaria se redujo a la mitad. Esto muestra el agravamiento que vendrá para las zonas rurales de América Central. 

La Unión General Obrera Campesina y Popular (UGOCP) anunció que México sufrirá en el año 2008 problemas derivados del aumento de la gasolina, la reducción de las remesas desde los Estados Unidos, el incremento de precios internacionales de granos y materias primas, y la desgravación arancelaria en maíz, frijol, leche y azúcar, establecida en el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá.

La fuente señaló que el campo mexicano también está impactado por la producción de biodiesel y etanol. Aseguró que los productores norteamericanos que van a tener una cosecha record de maíz en este año la destinarán a las fábricas de biocombustibles. La producción de biocombustibles de estas fábricas rebasará los 100 millones de toneladas de maíz, sin dejar suficiente maíz para las exportaciones a México, cuyo consumo depende de los Estados Unidos en el 40%.

Las informaciones anteriores son suficientes para comprender la gravedad de la crisis social que se engendra en las entrañas del sistema capitalista y su modelo neoliberal. Una sociedad con 800 millones de pobres, cuyos líderes deciden producir biodiesel con los alimentos para satisfacer las demandas de sus autos al costo de la vida humana. El capitalismo neoliberal deviene una sociedad genocida, que avanza hacia la eliminación de millones de personas por hambre cometiendo un crimen de lesa humanidad.

Los organismos internacionales conocen con precisión que los más de 500 millones de dólares que se proponen donar a la FAO para sus programas hacia millones de hambrientos no solucionan el problema estructural de una sociedad de mercado donde el hombre no es el centro y el fin de la actividad humana.    

La crisis del capitalismo parece conducir de forma inevitable a la “globalización de las hambrunas”, proceso de creciente universalización de la insuficiente disposición de alimentos y recursos para satisfacer las demandas alimentarias de la mayor parte de la población del mundo, situación que pudiera multiplicar la mortalidad por hambre, la desnutrición de los sectores más precarios de la sociedad, así como los conflictos sociales.

Una investigación de los científicos Peter Brecke, profesor de la Sam Nunn School of International Affaire, y David Zhang, de la Universidad de Hong Kong, señala que al estudiar la historia humana encontraron que existe una interrelación entre los cambios en la temperatura y las guerras, porque dichos cambios afectan la disponibilidad de agua a los cultivos y la fertilidad de las tierras, produciendo escasez de alimentos. Al arribar a este punto surgen los conflictos: revueltas locales, desestabilización, de los gobiernos e invasiones por parte de regiones vecinas. Las masacres y el hambre provocan la disminución de la  población.

Los científicos demostraron asimismo la importancia de los precios de los alimentos en la aparición de conflictos y su relación con las temperaturas: el desequilibrio ecológico ha afectado siempre a la producción agrícola y los cambios climáticos han condicionado dicha producción y, en consecuencia, los precios del grano. Estos precios más altos han fomentado la aparición de guerras y, por último, el declive de la población.

El incremento de períodos de sequía, en combinación con el aumento de la población, hará cada vez más difícil que el suministro de alimentos pueda cubrir toda la demanda planetaria. Brecke señala que no debe sorprendernos que haya más ejemplos futuros de hambrunas y de luchas entre distintos pueblos y naciones para conseguir comida y agua.

Los investigadores Ellen Messer, profesor de la Universidad de Brandeis y Marc Cohen, investigador del Instituto de Políticas Alimentarias de Washington, en sus análisis elaboran el concepto de guerras por alimentos. En su estudio realizado en el 2003 descubrieron que más de 56 millones de personas en 27 países afrontaban la inseguridad alimentaria debido a interrupciones en el abastecimiento, escasez y desnutrición a causa de los conflictos. También comprobaron que la FAO constató niveles de inseguridad alimentaria del 25% en Sudan, 43% en Tanzania, 49% en Haití y del 70% o más en Afganistán, Burundi, República Democrática del Congo y Somalia.

Las guerras alimentarias más importantes de hoy día, dijo Cohen en Washington, se encuentra en la región de Darfur, en Sudan; en la región del Cuerno de África, que comprende conflictos en Etiopia, Eritrea, Somalia, y la República Democrática del Congo; y en las interrupciones que sufren las familias desplazadas por los conflictos actuales en Iraq y Afganistán.

El orden social vigente y la actual correlación de fuerzas son insostenibles, su declive agudizará de forma inevitable las más diversas contradicciones entre los centros de poder mundial, entre los poderes transnacionales y las elites burguesas locales, así como entre las oligarquías y nuestros pueblos. Las contradicciones pudieran agravarse hasta romper el precario consenso geopolítico trasnacional vigente. De continuar la hegemonía de las tendencias actuales, en el mediano plazo la gobernabilidad del mundo pudiera debatirse entre el caos y el orden, conflicto vital que podría colocar la humanidad al borde del abismo.

El sistema capitalista avanza hacia una crisis integral que combina aspectos económicos, energéticos, ecológicos, alimentarios, militares, políticos y sociales que interactuando entre sí pudieran universalizar complejas confrontaciones sociales. No es preciso hacer profundas reflexiones para comprender que la combinación de los volátiles precios de la energía, los alimentos, las materias primas y los serios problemas ecológicos, en breve, pudieran hacer difícil la gobernabilidad en los países latinoamericanos, caribeños y africanos, sin mencionar muchas naciones asiáticas.

Las noticias refieren de forma sistemática las secuelas de la injusta redistribución de la riqueza creada por la especie humana: acciones terroristas, catástrofes ambientales, amenazas de pandemias, guerras energéticas, étnicas, entre otras, que se trocarán en variables que en breve multiplicarán las crisis sociales y los conflictos entre los más diversos sectores en pos de controlar la energía, saciar la sed y mitigar el hambre en el planeta.

El surgimiento simultáneo y la interacción combinada de crisis económicas y financieras, energéticas, alimentarias, de materias primas, por el agua y ecológicas; una recesión en el ciclo económico transnacional o la variable de varios de estos eventos combinados, desencadenarán inevitablemente graves conflictos que pudieran evolucionar hacia serias confrontaciones políticas, militares y sociales en los más diversos puntos de la geopolítica mundial.

No habrá soluciones a los problemas de la energía, la alimentación o la ecología, si no hay soluciones estructurales que permitan superar el sistema social vigente. La batalla por la sostenibilidad alimentaria en el mundo no puede ser otra que la lucha por un nuevo orden mundial. 

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