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El polvorín

Honduras: A un año de la operación Manos para Leo: Decir gracias resulta insuficiente

20 Octubre 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica


A ustedes que son nuestra fuerza

 

Mano herida2

Recuerdo como si hubiera pasado ayer, la vez que fui al hospital para traer a mi hermano Leo fracturado después de haber sido detenido y ferozmente golpeado, junto a otros dos compañeros por las fuerzas del “orden policial” en el marco de una marcha pacífica contra el Golpe de Estado.

También recuerdo, días después a mi madre como un pájaro sin nido, angustiada pero entera, buscando una cura para las manos de su hijo mientras nos movíamos de un lado para otro buscando una atención médica que no llegaba. En el Hospital Escuela se nos daba cita para tres meses y medio después cuando ya las fracturas que eran cinco en la mano derecha y cuatro en la izquierda estuvieran soldadas. Aparte, un médico nos expresó que él podía hacer la operación de las manos siempre y cuando estuviéramos dispuestas a pagarle cierta cantidad. No confiamos en un médico que más que el juramento hipocrático le movía el dinero. Fuimos donde la brigada cubana a Comayagua por espacio de dos semanas, sin embargo y a pesar de la buena voluntad de los doctores no había cupo por la gran cantidad de personas quebradas de manos, tobillos y pies que habían dejado los efectivos policiales. Muchas de esas personas según pudimos saber provenían de diversos lados del país y habían ido al hospital huyendo de la represión en los centros asistenciales de salud, donde los esperaba e interrogaba la policía. Finalmente llegamos a San Pedro Sula donde se le pudo dar la atención médica que requería.

A Leo, curiosamente, no le dolían las fracturas, pero mi madre apenas caía la noche empezaba a sentir un dolor agudo que le subía por las extremidades y le mordía los huesos “no aguanto este dolor, es como una quemada y arde” nos decía, a la vez que afirmaba que no tenía porque sentirlo, que no era “normal”, que no tenía explicación “científica”-Sos su madre-le decía yo-tal vez no es normal pero es lógico que te duela.

Mientras todo esto pasaba, mi reacción inmediata fue subir a la web toda la información que podía, incluyendo la presencia militar y policial en los hospitales. De mi rabia, mi amor y mi impotencia surgió el texto “Manos para Leo” un grito que no era solo mío, si no de todas las personas que habían sido heridas, torturadas y reprimidas con el afán de silenciar e impedir las protestas contra el sangriento Golpe de Estado que se suscitó el 28 de junio de 2009.

Debo decir que no esperaba las reacciones que tuvimos y que aún hoy no dejan de asombrarme porque a veces, muy pocas, la realidad puede superar todo lo que nos imaginamos. Casi inmediatamente se armó la campaña “Manos para Leo” esa iniciativa impulsada por Alba Luz y Radio Progreso, apoyada por el Frente de Resistencia Popular donde se colocaban las manos llenas de pintura en mantas para darle esas manos a Leo que las tenía inmovilizadas. Esta iniciativa le dio vuelta a Honduras y al mundo, donde cada vez más voces solidarias se alzaban y nos acompañaban.

Mientras, Leo se recuperaba lentamente. En casa de mi madre, había que darle la comida, bañarlo y hacer las cosas que él no podía hacer. De noche, cuando dormía se despertaba sudando e involuntariamente sus brazos se estremecían como protegiéndose de algo. De día, las voces de solidaridad las recibía como un abrazo cercano. Parecía que la recuperación iba en camino y si todo salía bien, solo nos quedaría empujar el proceso judicial que habíamos interpuesto en la Fiscalía de Derechos Humanos contra la policía. Sin embargo, cuando ya nos acomodábamos a “tomar café” como diría mi abuela, los días antes de las elecciones, me llamaron familiares desde el pueblo, ya que ese día Leo estaba conmigo en consulta médica para decirme que habían llegado dos camiones repletos de militares y que andaban una lista de personas identificadas como de la “resistencia”. Entre los nombres mencionados estaba el de Leo.

En ese momento, casi dos meses después del incidente, sentí que me quebraba y que el miedo, hasta entonces un fantasma que andaba alrededor pero nunca presente se me instaló en cada región de mi cuerpo, en mis articulaciones y mis huesos. Colgué y empecé a vomitar mientras el cuerpo se me sacudía lleno de temblores. Sentía que tenía que sacar todo de adentro porque sencillamente no podía más. Me sentía “venadeada”, acorralada, una de esas presas que hay que cazar y a la que no dan respiro. Así, de pronto, la angustia empezó otra vez. ¿Dónde ir? ¿Qué hacer?

 

Nuevamente las hermanas y hermanos nos dieron esas manos que nos hacían falta. Producto de la campaña de solidaridad recibimos un dinero que nos sirvió para sacar a Leo del país y enviarlo a un lugar donde pudiera recibir la atención médica correspondiente. No miento si digo que no pudimos respirar tranquilas hasta que supimos que él había salido de las fronteras hondureñas.

Ahí fue que pudimos tranquilamente sentarnos a llorar.

Y es por todo eso que no escribí más al respecto hasta ahora. Porque era difícil escribir, hablar con la herida aún fresca, pero sabemos que tenemos esa deuda con todas las personas que nos tendieron no solo las manos, los cuerpos enteros, los espíritus, las bocas. Escribo hasta ahora porque no ha sido un proceso fácil, porque seguimos esperando justicia y porque me siento personalmente aludida cuando preguntan ¿Dónde están los perseguidos y desterrados?-Muéstrennos una lista-pienso-¡Cómo si fuera tan fácil! ¡Cómo si a nuestras supuestas autoridades les importara!-¡Cómo si no hubiera corrido tanta sangre de por medio!. Para muestra un botón: hasta la fecha no hemos tenido ninguna resolución o acción sobre el caso de Leo y sus otros dos compañeros interpuesto ante la Fiscalía de derechos Humanos en Tegucigalpa, es un caso más que anida bajo las alas de la impunidad. No dudo que en ese estado se encuentren otros casos. Y pienso: la policía intocable de Honduras, hoy por hoy los violadores de derechos humanos más impunes del mundo. Y me duele. Y se me revuelve la rabia de esos primeros tiempos que son los actuales.

Hoy por hoy, puedo decirles, contarles, que Leo recuperó casi en su totalidad la movilidad completa de sus dos manos, salvo un pequeño tic y la seña del dolor que aparece en ciertas fases de la luna, podemos decir que está curado. De las otras heridas, esas que quedan en el corazón y en el espíritu nos cuesta un poco más salir, como cuando descubrí que no puedo hablar del tema sin sentir que estoy lejos, como en cajón del fondo, deseando que nada de esto hubiese pasado o cuando mi madre me cuenta que las pesadillas donde los Cobras asaltan nuestra casas no se le han quitado o cuando Leo se despierta a mitad de la noche sintiendo que no puede respirar porque tiene una bota militar en la garganta. Esas, todavía quedan.

A pesar de todo eso sé que las manos de Leo formaron un cuerpo de solidaridad y lucha, fueron una apuesta por la esperanza. Que ha sido un camino difícil pero que gracias a las manos de todos y todas las que se involucraron pudimos salvar no solo la vida de Leo, si no muchas otras, son esas manos las que nos hacen sentir que estamos vivos y no callamos, porque nuestra voz es el corazón de esta lucha.

Porque sabemos que decir gracias resulta insuficiente, pero lo intentamos…

Gracias

Agradecemos a las personas que nos apoyaron en momentos difíciles: A Victor mi santo personal, a Mirta por su acompañamiento rápido y sin límites, por sus gestiones en todo el mundo conocido aún en momentos de profundo dolor. A Alba Luz Deras y Radio Progreso quienes tuvieron la iniciativa de la campaña “Manos para Leo” a la cual se sumó gente en toda Honduras, Costa Rica, El Salvador, México e Italia entre otros países. A las hermanas feministas de Honduras, El Salvador, Costa Rica, Nicaragua, Panamá y México que nos apoyaron emocional y financieramente para salvar las manos y la vida de Leo. A Melissa, María Virginia, Pavel, Gaby Arguedas, Carlos y Mina por socorrernos en el primer momento de angustia y desespero. A Norma Guzmán y los médicos que nos atendieron y soportaron. A Fran, María del Rayo, Karina y los estudiantes de la UNAM. A la red de escritoras feministas. A Candelario Reyes, Alma Karla Sandoval y Marlon Rodríguez por sus alientos hechos palabras. A Yeco por su canción que nos llenó de orgullo y esperanza. A Odette Alonso, compañeras y compañeros que montaron y siguieron la campaña en internet para recoger firmas repudiando la represión contra los y las jóvenes en el marco del Golpe de Estado. A Radio Uno, Patricia Murillo y Rubén Escobar por hacer eco de nuestra voz en la zona norte del país y en la región centroamericana. A los medios alternativos que dieron cobertura y seguimiento a la campaña.

A la Polilla Cubana que sin demora montaba todas las denuncias y distribuía todos los textos enviados en diversos sitios de la red. Gracias por su compromiso inquebrantable con estas Honduras.

A las decenas de personas que enviaron mensajes de solidaridad, llamaron, se hicieron presentes o reprodujeron el mensaje de auxilio en sus sitios web, especialmente a Vos el Soberano y la lista de FIAN. A las personas que colocaron sus manos de colores en las mantas y aquellas que no alcanzamos a recordar pero que estuvieron con nosotr@s acompañándonos en diferentes partes del camino. A la resistencia hondureña en sus diferentes manifestaciones.

A todas y todos, muchas gracias.

Jessica Isla

 

 

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Honduras: Operacion manos para LEO

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Alma Karla 10/20/2010 19:37



No hay distancia, Jessica, para eso estamos, para borrar fronteras. A un año nadie olvida, claro que no, nadie olvida.


Mi cariño y admiración para ti. Siempre estoy al pendiente de tus palabras.