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El polvorín

Intifada en Túnez contra el FMI y un Gobierno tirano y corrupto

16 Enero 2011 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

"O nos matan o se van, pero aquí no se negocia"

En ningún país de la región ha conseguido nunca un levantamiento civil defenestrar a un presidente aparentemente tan bien asentado

Ben Ali se refugia en Arabia Saudí tras huir de Túnez

El presidente tunecino abandona el país y el primer ministro asume temporalmente el poder.- Miles de tunecinos toman las calles al grito de "¡Fuera Ben Ali!".- Convocado el estado de emergencia en todo el territorio

JUAN MIGUEL MUÑOZ / MIGUEL MORA | Túnez / Roma 15/01/2011-El Pais , Madrid

El 14 de enero de 2011 será una fecha que, probablemente, dará nombre a plazas en Túnez. El presidente Zine el Abidine Ben Ali, abandonó el país ante la imposibilidad de frenar las protestas y aterrizó unas horas después en Jedda, en Arabia Saudí, tal como ha confirmado la casa real saudí en un comunicado oficial [aquí, en árabe]. El mandatario huyó ante la imposibilidad de frenar las protestas populares que exigían su dimisión. La aeronaba que le transportaba despegó a las 18.15 del aeropuerto internacional de Túnez-Cartago escoltado por la Fuerza Aérea tunecina y sin rumbo anunciado. Hacia la medianoche del sábado, hora española, la cadena Al Arabiya anunció que el avión presidencial había aterrizado en la península arábiga. Los jeques se apresuraron en anunciar que daban la bienvenida al mandatario y a su familia, que se instalarían allí "por un periodo de tiempo indeterminado".

Miles de tunecinos piden la salida de Ben Ali

Una chica grita en la manifestación contra Ben Ali frente al Ministerio del Interior en la avenida Habib Burguiba de Túnez.- AFP

Arabia no fue el primer destino que se le asignó al político en un baile de países y aeropuertos; tras ser rechazado un primer intento de aterrizaje en Francia, alrededor de las diez de la noche del viernes un avión tunecino fue autorizado para tomar tierra y repostar en el aeropuerto de Cagliari, en Sicilia, y durante tres horas se especuló con la posibilidad de que Ben Ali estuviera a bordo. Finalmente la nave despegó de regreso a Túnez escoltado por cazas italianos y dejando tras de sí un halo de misterio.

Visitante incómodo

Ben Ali se ha convertido en un visitante incómodo para las democracias occidentales. En Francia, el presidente, Nicolas Sarkozy, y el primer ministro, François Fillon se reunieron ayer en el palacio del Elíseo para abordar la situación que planteaba un posible exilio en su territorio del mandatario africano. La sede de la Presidencia francesa aseguró en un primer momento no tener información sobre si el avión del presidente se dirigía hacia territorio francés, aunque una fuente policial que pidió el anonimato indicó minutos después a Reuters que la policía había sido avisada del probable aterrizaje de Ben Ali en un aeropuerto parisino. Según Le Monde, un avión en el que iba la hija de Ben Ali aterrizó a las 19.30 en el aeródromo de Le Bourget y una segunda aeronave que viajaba vacía fue "invitada a no aterrizar", mientras que una tercera que se dirigía también a la capital francesa fue desviada al no encontrar autorización para aterrizar. El Ministerio de Exteriores de Francia asegura que no había ninguna petición de acogida del presidente tunecino y que, en caso de recibirlo, consultaría antes con las autoridades interinas de Túnez. Según medios franceses, Sarkozy rechazó la llegada de Ben Ali.

Presidente interino

En Túnez, en ausencia del presidente, el primer ministro, Mohamed Ghanuchi, asumió las funciones presidenciales de manera interina, como anunció él mismo en la televisión estatal. En un breve mensaje, Ghanuchi se comprometió a respetar la Constitución y pidió a los tunecinos "de todas las sensibilidades políticas" que muestren sentido patriótico y de unidad. "Como el presidente es temporalmente incapaz de cumplir sus obligaciones, se ha decidido que el primer ministro sea quien asuma esas obligaciones", declaró enigmáticamente.

Los acontecimientos han motivado la reacción de la comunidad internacional y numerosos países han recomendado a sus ciudadanos no viajar a Túnez. El embajador español en el país, Antonio Cosano, declaró al canal 24 horas de TVE que de momento ningún país europeo ha planteado evacuar a sus nacionales de Túnez. El Ministerio de Exteriores ha pedido a quienes ya estén allí que permanezcan de momento en sus casas u hoteles.

Un periodo de incertidumbre

Se abre ahora un panorama político plagado de incógnitas y de riesgos. Túnez es un país sin oposición organizada, laminada durante años de dura represión. Mustapha Benjaafar, líder del opositor Foro Democrático por el Trabajo y las Libertades, aseguraba a este diario el pasado martes: "Es posible que Ben Ali sea derrocado, pero el pueblo está fuera de juego y también los actores políticos". La labor que queda por delante es ingente. Ahmed Brahim, jefe de Ettajdid, otro partido de la oposición, proponía una "conferencia nacional para la reforma política". Najib Chebbi, primer dirigente del Partido Democrático Popular -el tercer partido que se enfrentaba desde la legalidad a Ben Ali-, declaró ayer una vez conocida la caída del presidente: "Estamos en un momento crucial. Un cambio de régimen está en marcha que debe conducir a profundas reformas para que el pueblo pueda elegir".

Al margen de las vicisitudes políticas, los interrogantes abruman. ¿Qué papel ha jugado el Ejército y cómo actuará en el futuro inmediato? Está claro que las Fuerzas Armadas han rechazado participar en la represión, pero se ignora si han sufrido peligro de división durante la revuelta. ¿Qué sucederá con la clase dirigente afecta al régimen? ¿Se convocará el comité para investigar la corrupción que demanda la oposición? Una cadena de televisión privada informó anoche de que algunos parientes de Ben Ali habían sido detenidos. ¿Continuarán las protestas? No escasean quienes no se fían.

Con todo, pocos países árabes están tan preparados como lo está Túnez para que un nuevo sistema político democrático emerja. Prevalece el laicismo -los movimientos islamistas fueron machacados a conciencia por Ben Ali-, dispone de una clase media nada despreciable, de un sistema educativo más que decente, de un sistema económico con sectores muy diversos y muy conectado a Europa, y de unas élites intelectuales consistentes.

Otros líderes árabes -los de Egipto y Argelia, principalmente- observarán, sin duda, con cautela y un punto de aprensión lo ocurrido. El efecto contagio es una circunstancia a tener en cuenta. Y la coyuntura en estos Estados es más grave que la padecida por Túnez: una población con un porcentaje elevadísimo de jóvenes, un desempleo atroz y una pobreza descomunal.

Estado de emergencia

El viernes fue una jornada de disturbios en Túnez. Hacia las tres de la tarde del viernes, la agencia oficial TAP anunció la destitución del Gobierno en pleno y la celebración de elecciones legislativas para dentro de unos seis meses. Era el último e inútil intento de Ben Ali de aplacar las protestas en su contra. Además de anunciar que no optaría a un sexto mandato en 2014, el tunecino prometió mayor libertad, rebajas en el precio de alimentos y productos básicos.

Ni este paquete de reformas ni la promesa de otorgar mayores libertades lanzada el día antes habían conseguido calmar a los manifestantes. Miles de personas tomaron desde la mañana las calles del centro de Túnez, la capital tunecina, clamando por la salida del que ha sido presidente del país durante 23 años, al que acusan de la corrupción y el desempleo que se ha cobrado decenas de vidas.

A las nueve de la mañana comenzó una nueva marcha en el centro de la capital. Decenas de miles de personas se reunieron frente a la sede del prestigioso sindicato UGTT. Después de tres cuartos de hora llegaron a la avenida principal de la ciudad, la Habib Burguiba, donde está la sede del Ministerio del Interior, con gritos de "Fuera Ben Ali", "Gracias, pero ya es suficiente", "O nos matan o se van, pero aquí no se negocia". Allí sobrepasaron el cordón policial. Los manifestantes acusaban al presidente de "asesino" -en francés para que el mundo entero lo entendiera- y pedían libertad y que los Trabelsi, la familia de la primera dama fuera juzgada.

Tras varias horas de concentración, la policía recurrió a los gases lacrimógenos y cargó contra los manifestantes, aunque los enfrentamientos entre grupos de jóvenes y agentes continuaron durante horas. En respuesta, el Gobierno declaró el estado de emergencia en todo el país. Esto ha implicado la ampliación del toque de queda impuesto días atrás, que estará ahora vigente de cinco de la tarde a siete de la mañana. Tampoco podrá haber reuniones de más de tres personas y las Fuerzas del Orden podrán disparar contra cualquier sospechoso que no obedezca una orden. Además, el Ejército ha tomado el control del aeropuerto internacional de la capital y se ha cerrado todo el espacio aéreo.

También se organizaron manifestaciones en otras zonas del país, como la de Kairouan, en el centro del país, o en la capital de la cuenca minera de Gafsa, en el suroeste. En las regiones del centro oeste como Kaserín, Tela y Sidi Bousaid, miles de personas tomaron la calle para demandar la salida del presidente.

Un mes de revuelta

El origen de las protestas se encuentra un mes atrás, cuando Mohamed Bouazizi, un licenciado universitario de 26 años que se ganaba el jornal vendiendo verduras, desató la chispa con su suicido a lo bonzo en una pequeña ciudad del interior de Túnez sin saber que su acto desesperado desembocaría en el acelerado fin del régimen del presidente tras cinco mandatos de autocracia.

El paro desbordante entre la juventud más preparada académicamente, el anhelo de instaurar un régimen democrático que garantice las libertades, los salarios de miseria de trabajadores y campesinos, la corrupción desmesurada y el saqueo de bienes públicos perpetrado por la familia presidencial propiciaron un alzamiento popular el 17 de diciembre con consecuencias inéditas en el mundo árabe. En ningún país de la región ha conseguido nunca un levantamiento civil defenestrar a un presidente aparentemente tan bien asentado. 

 

viernes 14 de enero de 2011

Muqawamat es Resistencias

Este blog pretende ser un altavoz y un soporte para los grupos de izquierda, anticapitalistas y democráticos del Magreb.

Intifada en Túnez contra el FMI y un Gobierno tirano y corrupto

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Intifada en Túnez contra el FMI y un Gobierno tirano y corrupto

El actual presidente de Túnez, Ben Ali, fue reelegido en octubre de 2009 con un 89,28% de los votos. De este modo, y tras modificar la Constitución tunecina para poder presentarse año tras años como candidato a la presidencia, Ben Ali lleva casi 24 años como presidente de Túnez. En aquellas elecciones de 2009 “Tres aspirantes se presentaron frente a Ben Alí, dos de ellos meros figurantes dirigentes de formaciones afines al régimen, Mohamed Bouchiha, que obtuvo el 5,1% de los votos, y Ahmed Inoubli, que alcanzó el 3,8%. El tercero, Ahmed Brahim, del partido Ettajid (Renovación), que se describe a sí mismo como el único candidato de oposición, tuvo que conformarse con el 1,57% de los sufragios” (Fuente: El País, 26/10/2009).

 

BREVE CONTEXTUALIZACIÓN: LA POLÍTICA DEL FMI EN TÚNEZ Y LA CORRUPCIÓN Política del FMI en Túnez

En el informe económico y comercial sobre Túnez elaborado por la Oficina Económica y Comercial de España en Túnez (podéis encontrarlo en iberglobal.com), ya señalaba como la economía tunecina se ralentizaba en 2009 en comparación con 2008 (un crecimiento del PIB del 3% frente al 4,8% de 2008) debido a la caída de las exportaciones. Así, adelantaba este informe como la crisis global y sus consecuencias económicas podían desatar una contestación social que llevarían al gobierno tunecino a reorientar su política económica.

Por otra parte, señala el informe que “durante 2010 y 2011, el gobierno tratará de impulsar la inversión, especialmente en proyectos de infraestructura claves (nuevas autopistas, aeropuertos y un nuevo puerto). Sin embargo el gasto público se verá limitado por los bajos ingresos y la necesidad de mantener el déficit público”. Mientras tanto, “los gobiernos occidentales promocionan al dictador tunecino y su familia como un ejemplo de nación musulmana norteafricana estable y progresista. EL FMI alaba las políticas económicas neoliberales por prudentes e inteligentes aunque dichas políticas benefician básicamente a la familia de Ben Ali, a la de su mujer, además de a otros ricos tunecinos bien relacionados” (Fuente: Basel Saleh, traducido Beatriz Morales Bastos para Rebelión).

Pero aún hay más, continúa Basel Saleh: “El gobierno tunecino es un importante aliado de Estados Unidos en sus guerras coloniales en busca de recursos en Afganistán, Iraq y otras partes. Un informe de la ONU sobre centros de detención secretos incluye a Túnez en la lista de países que tienen centros de detención secretos en los que se detiene a los presos sin que la Cruz Roja Internacional pueda tener acceso a ellos”.

El “milagro tunecino” se presenta como tal a partir de los acuerdos de asociación y codesarrollo firmados con la UE en 1995, consecuencia de un prolongado período de reformas económicas, cuyo objetivo final estipulaba la creación de una zona de libre comercio en el Magreb para 2010.

La implementación de las políticas económicas impuestas por los acuerdos con la UE y por el FMI, eliminación de aranceles, liberalización de la economía, privatizaciones, etc., hicieron que entre 1997 y 2001 el PIB de Túnez creciera en un 5,3% anual. Este porcentaje, como hemos visto, ha ido cayendo desde 2008. Pero, a su vez, estas políticas han dejado una tasa elevadísima de desempleo, 14,7%, con un 30,4% de paro masculino y un 74,6% de paro femenino. Y, a la vez que aumenta el paro, la distribución de la renta y el poder adquisitivo se desploman, a la vez que aumentan los precios.

Corrupción

Si comenzábamos este artículo dando algunos datos sobre la reelección de Ben Ali como presidente de Túnez, era con la intención de señalar el evidente déficit democrático que padece el país y para intentar explicar la crisis de representación y de legitimidad que tras la intifada tunecina sufre el gobierno.

A todo lo dicho, hay que sumar los casos de corrupción destapados por Wikileaks y que implican directamente al gobierno de Ben Ali a la vez que ponen en evidencia su política económica. En los últimos tres cables hechos públicos, se revelan temas como la cooperación entre Estados Unidos y Túnez en el ámbito de la seguridad y la lucha contra el terrorismo además de mostrar con muchos detalles los casos de los "clanes familiares" que se presentan como "la piedra angular de la corrupción en Túnez”. (Todos estos cables pueden leerse aquí)

En uno de los cables de la embajada de EEUU publicados por tunileaks, se alerta del aviso de Transparencia Internacional sobre el creciente nivel de corrupción del Gobierno de Ben Ali: “Si bien la corrupción es difícil de verificar y aún más difícil de cuantificar, nuestros contactos están de acuerdo en que la situación va en la dirección equivocada”.

Y es la familia del presindente tunecino Ben Ali la que está en el punto de mira por motivos de corrupción. En este sentido, destaca el hermano de Leyla Belhassem, mujer del presidente Ben Ali, implicado en varias tramas de corrupción entre las que destacan la reciente reorganización del Banco de Túnez y expropiaciones de líneas aéreas, varios hoteles, algunas de las estaciones de radio privadas de Túnez, empresas de la industria del automóvil y del sector inmobiliario, …

La corrupción endémica del Gobierno de Ben Ali ha afectado a su vez al sector financiero tunecino. En el mismo cable al que estamos haciendo referencia, en el apartado 7. titulado “Show me your money”, se señala como los “contactos de la Embajada se apresuran a señalar que muchos de los préstamos están en manos de ricos hombres de negocios tunecinos que utilizan sus estrechos vínculos con el régimen para evitar posteriormen su reembolso”.

Según Credit Agricole, Marouane Mabrouk, otro de los hijos de Ben Ali, adquirió una participación del 17 por ciento de las acciones del Banco del Sur (ahora Banco Attijari), inmediatamente antes de su privatización. “Este porcentaje del 17 por ciento era fundamental para la adquisición de la participación mayoritaria en el banco desde la privatización que representó sólo un 35 por ciento de participación en el banco. El representante de Credit Agricole dijo que Mabrouk había comprado sus acciones a los bancos extranjeros con una prima significativa, con el ganador de la licitación, el banco hispano-marroquí Attijariwafa-Santander”.

Y hay más. En un artículo publicado en nawaat.org titulado “Tunise: la fin du régime vouyou” (Túnez: el fin del régimen canalla), se señalan otros casos de corrupción por parte del Gobierno (más información aquí - en francés):

  • El control absoluto del Institut Pasteur de Túnez por parte de la familia de Leila Trabels

  • El control de Orange Télécom, la principal compañía de telecomunicaciones del país

  • El control de las acciones del operador Orascom, otra empresa de telecomunicaciones tunecina

  • El control de la importación de carne, que quedó bajo el control Imed Trabesli, hijo de Leila Ben Ali

  • La privatización del banco BTF hizo qué quedara bajo control de la familia Ben Ali

  • Por decisión de Zine Ben Ali, todos los activos de la familia fueron trasladados a Dubai y se conviertieron en lingotes de oro

ESTALLA LA PROTESTA …

y Ben Ali anuncia elecciones.

El 17 de diciembre de 2010 en la ciudad de Sidi bu Zib (centro de Túnez), estallaron las movilizaciones a partir de que Mohammad Bouazizi, un joven de 26 años que fue abofeteado por un policía que trató de detenerlo por vender verduras en la calle sin permiso, se rociara con gasolina y se prendiera fuego en plena calle. Mohammad Bouaziz era graduado universitario y fue abofeteado por intentar ganarse la vida con la venta ambulante en un país que la Unión Europea y EEUU consideran el milagro económico del Magreb.

Desde entonces, las movilizaciones contra la subida del precio de los productos de primera necesidad, contra la corrupción y la represión se han extendido por todo el país hasta provocar que, bajo el estado de sitio, Ben Ali anunciara su intención de convocar elecciones anticipadas.

Un sondeo planteado en la red Nawaat plantea la siguiente cuestión ante el desarrollo de los acontecimientos: “según tú, ¿cuál sería la mejor solución a la situación política de Túnez? - ¿La revolución? ¿La desobediencia civil? ¿Depender de la oposición democrática? ¿Acordar con el Gobierno una salida negociada de Ben Ali? ¿Implorar por un agente de cambio para seguir así de por vida?”. Es decir, acierta Nawaat en plantear cómo el pueblo tunecino en plena revuelta contra el Gobierno se haya en una encrucijada: la revolución y el cambio, la negociación, o seguir esperando el milagro y la llegada de un agente redentor.

La respuesta más sonada en las calles y en las redes sociales ante el planteamiento de Ben Ali es clara: “Yo no creo a Ben Ali”. Y esto es porque, finalmente, una reivindicación social acabó desbordándose en una reivindicación política que señaló al Gobierno y a las políticas neoliberales y corruptas como los culpables de la situación del pueblo tunecino.

De momento, Ben Ali se ha comprometido a convocar elecciones dentro de seis meses con el objetivo claro de apaciguar a la disidencia. En este contexto, las fuerzas progresistas extraparlamentarias y el movimiento popular tunecino llama a continuar la movilización, y hace un llamamiento especial al único sindicato del país, la Unión General de Trabajadores de Túnez, para que sus bases se unan a las movilizaciones y rompar con la dirección del sindicato, cómplice del régimen de Ben Ali.

* Última hora: un día después de acabar este artículo, llegan noticias de que Ben Ali deja el poder y abandona Túnez. En estos momentos el ejército se ha hecho con el control del país y ha decretado el estado de emergencia, advirtiendo que usarán las armas si es necesario. A pesar del aviso del ejército, hay convocadas diversas manifestaciones para hoy mismo.

Túnez: la lógica en cuclillas

 

Enviado por mar el Sáb, 15/01/2011 -

  Miles_tunecinos_piden_salida_Ben_Ali.jpgAlma Allende/Rebelion

Crónica del último día de un dictador (y del primero de un pueblo)

“Lo hemos hecho temblar, pero no caer”, decía ayer por la mañana un amigo tunecino, director de cine y profesor, convencido de que la estrategia de Ben Alí había dado sus frutos. Estábamos delante del ministerio del Interior, en la calle Bourguiba, rodeados de una multitud que se había ido reuniendo desde las 9 de la mañana, en una jornada de huelga general convocada por la UGTT, pero que ningún partido ni organización secundaba o dirigía. El propio sindicato parecía haber abandonado a la gente a su suerte, ocupado más en negociar con palacio que en atender las demandas de sus afiliados. Ni comunicados ni instrucciones ni discursos. Gente, sólo gente de toda condición, dispuesta a desmentir las previsiones de mi amigo a fuerza de insistencia. El día anterior, tras las nuevas promesas del dictador, mientras coches de alquiler escenificaban a bocinazos un inverosímil apoyo a las medidas, los blogueros en Internet resumían un sentimiento común: “66 muertos son un precio muy alto para tener sólo youtube”. No era eso lo que querían y para demostrarlo habían acudido a la avenida principal de la capital tunecina, donde se encuentra el Hotel Africa, símbolo del Túnez turístico y barnizado, y el infame ministerio del Interior, símbolo de la dictadura: “Ministerio del Interior, ministerio del terror”, gritaban subiéndose a las rejas de la planta baja mientras desde arriba esbirros de la policía grababan a la muchedumbre.

Se miraba mucho a las terrazas, temiendo a los francotiradores que el jueves habían causado dos víctimas mortales en el barrio de Lafayette, pero se tenía al mismo tiempo la tranquilidad de que la intervención de la policía era más improbable que nunca: el discurso del presidente y la presencia de periodistas extranjeros excluía, al menos de entrada, una matanza. Había muchos jóvenes -estudiantes, empleados y parados- pero también profesores, intelectuales, administrativos, informáticos, hombres y mujeres, y también niños y ancianos. Un hombre maduro de aspecto muy formal, envuelto en un abrigo de contable, discutía con dos chicas sobre la conveniencia de que Ben Alí dejara inmediatamente el poder, convencido de que no había ningún recambio que impidiese el caos. Detrás, un setentón tocado con una chachia y vestido con burnus, con manos de hierro de trabajador, con mucha menos cultura que su interlocutor, le corta sin embargo con autoridad: “No estamos en la escuela”, dice, “que se vaya y nosotros decidiremos”. Eso es, en efecto, lo que piden a gritos acompasados los manifestantes, mediante consignas repetidas una y otra vez entre un ondear de manos. Han perdido el miedo y no están dispuestos a recular: “Pan y agua, Ben Alí no” (hubz wa me, Ben Ali le), “Túnez libre, Ben Alí fuera” (Tunis khurra khurra, Ben Ali barra barra), “Ben Alí asesino”, “Trabelsi, ladrones del estado”, “No pararemos hasta derrocar al dictador”. Las consignas se interrumpen a menudo para dar paso al himno nacional, reciclado o recuperado como canto subversivo: “moriremos moriremos para que la patria viva”. Ninguna consigna religiosa ni bandera partidista. Y cuando un barbudo invoca una vez el nombre de Alá, es sepultado bajo un alud de silbidos y abucheos.

A las dos de la tarde nadie se ha ido. Se busca un poco de agua y cigarrillos y se vuelve a la multitud, que recupera dos elementos por cada uno que pierde. Los mismos que por la mañana creían la partida perdida ahora empiezan a recuperar la fe, cambio que coincide y se solapa con un aumento de la tensión. La paciencia, el empecinamiento, la obstinación de los gritones comienzan a poner nerviosos a los policías, que por primera vez forman en escuadra en las calles adyacentes a la avenida Bourguiba, cerrando los accesos. A través de los teléfonos móviles se reciben noticias desde otros barrios de la ciudad y los rumores contagian una excitación nueva: la policía reprime a los habitantes de la periferia que quieren acceder al centro, muertos en Hay el-Khadra y Le Kram, asaltos a las casas de los Trabelsi en La Marsa. ¿Será cierto? Es la policía quien nos lo confirma con su barbarie. Un minuto después de que el cadáver de un joven asesinado el día anterior cerca de la Medina desfile por encima de la multitud del boulevard, comienza el asalto. Detonan las bombas lacrimógenas y en medio del humo blanco la multitud empuja hacia las estrechas callejas adyacentes. Pero lo hace con una disciplina, con una prudencia, con una buena educación que nadie habría sospechado tampoco hace tan solo veinte días: wahda, wahda, shuaia, shuaia, imponen orden jóvenes passolinianos de una belleza inesperada, tratando de evitar una avalancha. Consiguen incluso hacer recular la primera estampida. El segundo asalto, en medio de las explosiones, provoca la desbandada. Salimos ya un poco a ciegas, tosiendo y frotándonos los ojos, entre dos cortinas de humo, delante y detrás, y algunos preferimos no pararnos, cruzar la nube que nos cierra el camino y huir del centro del avispero. Los desafortunados que no lo consiguen, los valientes que no quieren ceder, se verán a partir de ese momento encerrados durante dos horas en medio de una balacera.

Miles de personas corren por las calles alejándose de la avenida Bourguiba. Son miles, son muchos más de los que había en la concentración. ¿De dónde han salido? Las calles hasta entonces fantasmales, con todas los cierres metálicos de las tiendas bajados, burbujean ahora de una vida extraña, mitad excitada mitad amenazada, con una agudísima conciencia colectiva. Es muy emocionante. De pronto dos, tres, cuatro jóvenes se paran, se dan la vuelta y levantan las manos para detener a los fugitivos. “Hay que volver y luchar”, gritan. Y rompen a cantar de nuevo el himno nacional: namutu namutu wa yahi al-watan, moriremos moriremos para que viva la patria. Seis de cada diez vuelven sobre sus pasos para continuar la pelea a cuerpo desnudo. En ese momento no lo sabemos, pero este gesto cobra retrospectivamente todo su sentido: Ben Alí ha sido vencido por un pueblo que ha descubierto el valor de las matemáticas. Diez es más que uno; cien es más que diez. Y el del relato: hay un momento en el que es necesario marcar el climax, introducir un poco de retórica, respetar las convenciones. Los jóvenes cantan, arengan y el pueblo se gira, combate y vence.

A partir de las 16 h. los acontecimientos se precipitan. Un vandalismo certero saquea y destruye en Gammarth las casas y muebles de la familia Trabelsi, dueña del país; se incendian comisarías en la Goulette; se lucha en Le Kram y en otros puntos de la ciudad. A media tarde se anuncia el estado de excepción con un toque de queda a partir de las 18 h. El ejército ocupa el aeropuerto y cierra el espacio aéreo. Miembros de la familia Trabelsi son arrestados. El dictador Ben Alí abandona Túnez en un avión con destino desconocido. A las 18.50 en el canal 7, el hasta entonces primer ministro, Mohamed Ghanouchi, asume la presidencia interina del país comprometiéndose a convocar elecciones. En algunas calles, soldados y ciudadanos se abrazan. El primer acto, la derrota del dictador a manos de su pueblo, se ha consumado.

No es fácil saber qué pasará ahora. El nuevo gobierno es en realidad el viejo decapitado y su presidente pertenece al mismo partido; y ni siquiera tiene legitimidad constitucional para ocupar el cargo. EEUU y la UE han dirigido sin duda las operaciones en la sombra. Y quedan rescoldos encendidos -una policía refractaria y quizás saqueadora.- Pero ayer -cosa rarísima- hubo una victoria del pueblo y la menos previsible. El pueblo en el que menos se confiaba -un pueblo censado entre los vencidos y entregados- derrocó al dictador que más seguro se sentía. Podemos describir la lógica de las cosas, y es bueno hacerlo; pero jamás podremos saber en qué momento y por qué motivo suspende su dominio sobre el mundo. Los mismos que se rebelaban dignamente contra la oferta de Ben Alí, que quería venderles youtube a cambio de 66 muertos (finalmente más de cien), celebran hoy la victoria, pero desconfían y vigilan. Es que la conciencia de su dignidad, sus derechos y su fuerza es una felicidad siempre despierta.

rCR

 

¡Huida de Ben Ali!
Y Victoria de las fuerzas populares


Enviado por mar el Sáb, 15/01/2011 - 16:35

Manifestacion_capital_tunecina.jpgComunicado de RAID-ATTAC/CADTM Túnez


Ya es oficial, nuestra revolución acaba de obtener una victoria decisiva. Ben Ali huyó. Era nuestra reivindicación esencial que hemos satisfecho gracias a nuestra revolución. Estamos muy contentos, lloramos de alegría… Es cierto que todavía no nos damos cuenta de la magnitud de lo que hemos conseguido.

Por otro lado, la fórmula de gobierno que acaba de ser anunciada por la televisión estatal —el primer ministro asume la función de presidente de la república—, es una fórmula chapucera en una situación de conmoción, y por ello débil y con el riesgo de ser muy inestable. Además esa fórmula requiere las siguientes observaciones:

-         Ben Ali ha sido derrocado pero su régimen continúa. Rechazamos que ese régimen a través de el Partido/Estado en el poder, sus partidos satélites y la pseudo oposición independiente, que se había desmarcado del movimiento popular aceptando la continuidad de Ben Ali, confisque los frutos de nuestra revolución, tratando de quedarse con el poder.

-         En 1987, el régimen sufrió una grave crisis. La solución aplicada fue la del propio régimen bajo la forma del golpe de Estado de Ben Ali. Ahora, la solución de la crisis de ese mismo régimen es impuesta por una revolución. Y por ello, le será muy difícil al régimen de imponer su propia solución al pueblo. Tanto más que las masas demostraron durante los últimos 29 días una claridad política y una determinación en la lucha que le será muy difícil a cualquiera que quiera apropiarse de lo que el pueblo arrancó con tanto sufrimiento.

-         En este momento es cierto que: en ausencia de una dirección política de la revolución —lo que es en sí bastante original—,de estructuras políticas salidas de la revolución, frente a la debilidad de la oposición independiente y sobre todo de su incapacidad de poder sobrepasar el horizonte del poder de Ben Ali, no existe actualmente ninguna expresión política organizada que se haga eco de las reivindicaciones de las masas.

-         Recordemos que casi todos los partidos políticos existentes no cuestionan la política económica  liberal que causó enormes prejuicios en Túnez y que ha sido precisamente el detonante de la revolución   actual. Lo que pide el pueblo es justamente un cambio radical de la política económica y social en curso, eso es lo que expresó con los eslóganes coreados.

Dicho esto, la historia que estuvo detenida en Túnez durante 23 años, se aceleró en estos últimos 29 días, las cosas cambian muy rápidamente y todavía muchísimas continúan sin definición…

Túnez, 14 de diciembre de 2011
Fathi Chamkhi
RAID-ATTAC/CADTM Túnez


Un pueblo inesperado derroca un tirano

SANTIAGO ALBA RICO

Rebelion

Los tunecinos pierden el miedo y descubren un poder que ignoraban poseer

Después de 28 días de revueltas, un pueblo del que nadie esperaba nada ha derrocado al dictador que se sentía más seguro, apoyado sin reservas por la UE y EEUU y arropado en la oscuridad por los medios occidentales. Zine el Abdin Ben Alí huyó hoy de Túnez empujado por una población que ha descubierto día a día, durante cinco semanas, un poder que ignoraba poseer. Un incidente trágico, pero menor, encendió la yesca acumulada durante décadas de frustración económica y política y nadie ha podido detenerla.

El miércoles por la tarde, cuando la ola de protestas había ya roto contra el centro de la capital, el dictador trató de neutralizar la amenaza prometiendo abandonar el cargo en 2014, levantar la censura y conceder libertades políticas. Pero era ya demasiado tarde. "66 muertos es un precio muy caro a cambio de youtube", decían blogueros en la red.

Hoy por la mañana, la popular avenida Burguiba, en el centro de la ciudad, se llenó de una multitud que protestaba frente al ministerio del Interior. Estudiantes, parados, intelectuales, artesanos, jóvenes y viejos, hombres y mujeres, dejaban claro que habían perdido el miedo y que no estaban dispuestos a aceptar nada que no fuera la salida del dictador.

Si días antes se había visto arder la fotografía de Ben Alí, las consignas de los ciudadanos algunos subidos en las ventanas del terrorífico ministerio dejaban claro su propósito: "Ben Alí c'est fini", "Asesino", "No nos marcharemos hasta que Ben Alí no se vaya".

Conscientes de su fuerza

Un mes antes, esas mismas personas pronunciaban el nombre de Ben Alí en voz baja y nunca ante más de tres personas. Ahora exigían a gritos su partida, conscientes de su fuerza, ondeando la bandera del país y entonando un himno nacional de pronto subversivo: "moriremos para que la patria viva". Cuando la policía comenzó a cargar y enseguida a disparar, los jóvenes se volvían, reanudaban el canto y se daban ánimos unos a otros para volver a la batalla. Nadie invocó a Alá sino a la patria, la decencia, la democracia.

Entre tanto, en otros lugares de la ciudad se producían saqueos e incendios, furor justiciero de un vandalismo en realidad bien dirigido: eran las lujosas mansiones de los Trabelsi, la familia política de Ben Alí, las que ardían. El clan mafioso de los Trabelsi como los cables de Wikileaks lo describen era el blanco de la ira popular. "Devolvednos nuestro dinero", gritaba esa mayoría hasta hoy aplastada, excluida al mismo tiempo de los recursos y de las decisiones.

Hoy se mantienen sin duda las incertidumbres. Mohammed Ghanoushi, presidente interino, era el primer ministro de Ben Alí. La UE y los EEUU van a vigilar de cerca. Pero en estos días en Túnez ha ocurrido un milagro muy raro: el pueblo menos esperado ha derrocado al tirano más incuestionado. No hay vuelta atrás cuando se deja de creer en los Reyes Magos. Tampoco cuando se descubre en uno el poder de la dignidad humana.

 

Revolución democrática en el Magreb

"Esta es una revolución sin armas"

- La última jornada de protesta se convirtió en una accidentada celebración - Las manifestaciones han logrado derrocar a un régimen que parecía eterno

J. M. M. - Túnez - El Pais - 15/01/2011

Lo que empezó como otra jornada de desafío al régimen tunecino, con choques y bombas lacrimógenas, derivó en un clima de celebración, con soldados saludando a los manifestantes y antidisturbios llorando. Solo el toque de queda impidió una explosión de júbilo ante la huida del odiado presidente Ben Ali.

La gente abrazaba a los soldados. El Ejército goza de un gran prestigio

Las protestas habían arrancado a las nueve de la mañana, cuando cientos de tunecinos desfilaron desde la sede de la Unión General de Trabajadores de Túnez, en el centro de la ciudad. A la manifestación se fue sumando poco a poco gente venida de cualquier rincón hasta sumar miles. Rompieron cordones policiales y se plantaron ante el Ministerio del Interior. "Es un lugar simbólico. En sus sótanos han sido asesinadas y torturadas muchas personas", decía uno de los presentes. Ante el siniestro edificio corearon decenas de veces el himno nacional y los lemas habituales estos días. "Ben Ali, asesino", "alto al terrorismo de Estado", "Ben Ali es la muerte del pueblo"... Los recuerdos a la familia del presidente, los Trabelsi, detestados por su corrupción y nepotismo, tampoco faltaron. Ya el ambiente era casi festivo en una jornada espléndida y calurosa. "Nunca había visto algo semejante", afirmaba atónito Seif, de 28 años, licenciado en Finanzas.

Cinco horas permanecieron ante las puertas del siniestro edificio. Hasta que la policía lanzó el primer bote de gas lacrimógeno, poco antes de las tres de la tarde. Y comenzaron las carreras y los choques entre grupos de jóvenes y los antidisturbios junto a la avenida de Habib Burghiba. Algunos manifestantes se detenían para saludar y abrazar a los soldados que protegían la Embajada francesa, en un país en el que el Ejército goza de inmenso prestigio. Un poco más tarde, los agentes aporreaban a cualquier joven sospechoso. Y apedreaban las ventanas de los vecinos que no bajaban las persianas. "El régimen se está hundiendo, pero el cambio vendrá lentamente", auguraba Walid Keskes, director de una empresa de telecomunicaciones. No imaginaba Keskes lo que sucedería cuatro horas después.

Los tunecinos habían perdido el miedo al régimen. Y la alocución del presidente la víspera, en la que prometió "libertad total de prensa" y "reducir el precio del pan, el azúcar y la leche", no surtió efecto alguno. Su legitimidad era ya nula.

"Esta es una revolución blanda, sin armas", se enorgullecía Keskes, quien sí acertó en otro pronóstico. "Ben Ali tiene que elegir entre el poder o su esposa". Ha optado por Laila Trabelsi, la odiada ex peluquera, cuya familia ha atesorado una fortuna incalculable. Las protestas pacíficas, aunque no han faltado los saqueos a algunas tiendas y mansiones -todos propiedad de los Trabelsi-, han logrado derrocar a un régimen que hace nada parecía poco menos que eterno.

Daban cuenta ayer fuentes médicas de al menos una docena de muertos durante la noche del jueves. Pero la represión solo ha servido para eso, para provocar muertes. Como señalaba otro manifestante joven: "El poder es nuestro". Y mostraba su teléfono móvil. A través de Internet, de Facebook y de los vídeos colgados en la Red han conseguido los indignados manifestantes de Túnez, Sfax, Kairuan, Gafsa, Sidi Bouziz, Bizerte y decenas de ciudades más derrocar al autócrata. En menos de un mes han expulsado del país a un líder tan querido en sus primeros años de Gobierno como odiado en los últimos.

Las claves de la crisis en Túnez

Con la muerte por autoinmolación de un desempleado en diciembre de 2010 comenzó una oleada de protestas contra el gobierno de Ben Ali que han acabado con su salida del poder

EL PAÍS 14/01/2011

Durante las últimas semanas Túnez vive la mayor oleada de protestas antigubernamentales de los últimos 24 años, desde 1987, cuando el presidente Zine Abidine Ben Ali llegó al poder. Los enfrentamientos entre manifestantes y policías se han sucedido. El país norteafricano ha vivido desde el 17 de diciembre jornadas de violencia que se han saldado con decenas de muertos (23 según el Gobierno; 66 según organizaciones de derechos humanos). El presidente ha abandonado el país y ha cedido el poder al primer ministro, Mohammed Ghannouchi.

¿Qué causó la crisis? El 17 de diciembre de 2010 Mohamed Bouaziz, un joven desempleado de 26 años, se inmoló frente al ayuntamiento del pueblo de Sidi Bouzid. Lo hizo después de que la policía le confiscara su puesto ambulante de frutas y verduras por carecer del permiso necesario. Bouzaiz murió en el hospital el 6 de enero. Las protestas y enfrentamientos con las fuerzas de seguridad comenzaron en esa región, cuya economía se basa en la agricultura y que sufre una alta tasa de paro, y se extendieron a varias ciudades del país norteafricano.

¿Cómo han evolucionado las protestas? Comerciantes y estudiantes centraron las manifestaciones las primeras semanas en las calles y en las redes sociales de Internet. La protesta, centrada ahora en la corrupción del régimen, el ansia de libertad, y el desempleo (13%), se ha ampliado contra un presidente que lleva 24 años en el poder. Los días 8 y 9 de enero los enfrentamientos se intensificaron y llegaron a la capital, Túnez.

¿Cuál ha sido la postura del Gobierno? El Gobierno comenzó diciendo que era la oposición la que avivaba el levantamiento. Las universidades fueron cerradas para mantener a los estudiantes en sus casas dentro de lo posible. La violenta respuesta gubernamental ha provocado una cifra de muertos que oscila entre los 23 que admite el Gobierno y los 66 que ha anunciado la Federación Internacional de Derechos Humanos.

Para calmar la situación, en un mensaje difundido por la televisión estatal el 13 de enero, el presidente Ben Ali anunció su intención de no optar a la reelección en 2014 y la recuperación de la libertad de prensa y ordenó a las fuerzas de seguridad no reprimir las manifestaciones con armas de fuego. Además, decretó la reducción del precio de los alimentos básicos. El 12 de enero fueron puestas en libertad las personas que fueron detenidas durante los enfrentamientos de días anteriores y el presidente creó un comité para investigar la corrupción en el régimen.

¿Qué se puede esperar? Pese al anuncio del presidente de no presentarse en 2014, el pueblo tunecino ha mantenido las protestas en las calles al grito de "¡Fuera Ben Ali!". Un día después del mensaje del mandatario, decenas de miles de personas han marchado hacia la sede del Ministerio del Interior. Los participantes en la marcha se han congregado en torno a una pancarta escrita con letras rojas en la que se lee: "Ben Ali asesino" y gritan consignas contra el presidente al tiempo que entonan el himno del país. En torno a las 18.15 horas, Ben Ali ha abandonado en un avión el país ante la imposibilidad de frenar las protestas.

REPORTAJE

Una revuelta sin líderes

Los partidos opositores están aislados y los islamistas son ajenos a la protesta

J. M. M. - Túnez- El Pais - 13/01/2011

La primera Intifada brotó en Gaza en 1987 después de un accidente de tráfico, muy sospechoso a ojos de los palestinos, provocado por un vehículo militar israelí. En Jordania, son los forofos de un equipo de fútbol alineado con las tribus autóctonas quienes gritan contra la reina Rania, precisamente por su origen palestino. Y en Túnez, el suicidio a lo bonzo de un desesperado, el 17 de diciembre, prendió la mecha. En las autocracias árabes apenas existen canales para encauzar reivindicaciones sociales y atenuar la amargura de gran parte de sus habitantes. Y las revueltas fermentan. Lenta pero ineludiblemente. Y suelen sorprender por su espontaneidad, y a veces brusquedad, al más pintado. Es lo que ha sucedido en Túnez, donde los partidos de oposición se ven forzados a pelear sin que pueda escucharse su voz.

Las movilizaciones contra el régimen sorprenden por su espontaneidad

El Foro Democrático por el Trabajo y las Libertades (FDTL), el Partido Democrático Popular y Ettajdid son los tres partidos opositores legalizados. Legalizados, pero despreciados por el poder. En los medios de comunicación, afectos al régimen, están ausentes incluso en estas semanas decisivas para el porvenir tunecino. Son partidos de centro-izquierda, alguno, como el FDTL, asociado a la Internacional Socialista. Si un día decidieran hacer un llamamiento al desacato, lo tendrían más bien complicado. "Estos partidos no aparecen en los medios de comunicación y sufren graves problemas incluso para distribuir sus diarios. Por supuesto carecen de ayudas financieras del Gobierno, ni se benefician de la publicidad oficial. Incluso se secuestran ediciones enteras cuando abordan asuntos conflictivos", afirma Neji Bghouri, presidente del Sindicato de Periodistas, uno de los colectivos más perseguidos en estas fechas.

Ni las manifestaciones responden a un plan orquestado desde el extranjero, como afirmó el presidente Zine el Abidine Ben Ali, ni están vinculadas a movimiento terrorista alguno -en 2002, el atentado contra la sinagoga de Yerba, donde reside una comunidad judía que no se esconde ante sus vecinos, fue el último ataque reseñable en un país que apenas ha padecido ataques terroristas-, ni a organizaciones islámicas. La herencia del presidente Habib Burghiba, defenestrado hace más de 23 años por el actual líder, es palpable en las calles. El sistema educativo fomenta el laicismo y Ben Ali ha seguido los pasos de su predecesor. "¿Los islamistas? Eso no está presente en absoluto en esta revuelta", precisa Askri, un joven licenciado que gana unos míseros 130 euros al mes de salario trabajando catorce horas por jornada.

Ben Ali toleró durante unos pocos años al partido islamista En Nahda (Renacimiento), que aboga por la democracia y que es, seguramente, el más moderado de su género en el mundo árabe y musulmán. Pero en 1991 fue ilegalizado. Y en 1992 el director del periódico Al Fajr, Hamadi Jebali, fue condenado a 16 años de prisión por "agresión para intentar cambiar la naturaleza del Estado". Rashid Ghannouchi, líder de An Nahda, reside exiliado en Londres. Ejemplo de ese legado del laicismo es Rahma, una joven periodista que se confiesa creyente. Sobre la cabeza, el velo. Pero en el cerebro, una idea asimilada en sus años de escuela, como casi todo tunecino. "El pueblo de Túnez es muy progresista. En el colegio nos enseñan que la religión y la política deben estar separados". Y Rahma está de acuerdo.

 

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