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El polvorín

Israel y la revolución de Egipto: «Malo para los judíos»

25 Febrero 2011 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

 

The Electronic Intifada

 

Traducido para Rebelión por J. M. y revisado por Caty R.

 

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Ministro Benjamin Netanyahu
La visión de Israel es que si las revoluciones de Túnez y Egipto tienen éxito eso es malo, muy malo para Israel. Los educados árabes -no todos ellos con el traje de «islamistas», muchos de ellos hablando inglés perfecto y cuyo deseo por la democracia se articula sin recurrir a la retórica «antioccidental»– son una mala perspectiva para Israel.

Los ejércitos árabes que no disparan sobre los manifestantes son tan malos como muchas otras imágenes que entusiasmaron a tanta gente en todo el mundo, incluso en Occidente. Esta reacción mundial también es mala, muy mala. Hace que la ocupación israelí en Cisjordania y en la Franja de Gaza y sus políticas de apartheid dentro del Estado aparezcan como la actuación de un típico régimen «árabe».

Durante un tiempo Israel no pudo decir oficialmente lo que pensaba. En su primer mensaje con algo de sentido común a sus colegas, el Primer Ministro Benjamin Netanyahu pidió a sus ministros, generales y políticos que no hicieran comentarios en público sobre los acontecimientos de Egipto. Por un breve momento se pensó que Israel había dado un vuelco en las relaciones de vecindad y pasó de su carácter de matón de barrio a lo que siempre fue: un visitante o residente estable.

Parece que Netanyahu estaba avergonzado en particular por los desafortunados comentarios sobre la situación pronunciados públicamente por el general Aviv Kochavi, el jefe de la inteligencia militar israelí. Este gran experto de Israel en asuntos árabes declaró tranquilamente hace dos semanas en el Parlamento que el régimen de Mubarak era tan sólido y resistente como siempre. Pero Netanyahu no podía mantener su boca cerrada durante tanto tiempo. Y cuando el jefe habló todos los demás le siguieron. Y cuando todos ellos respondieron, los comentaristas de Fox News hicieron que se parecieran a un grupo de pacifistas y hippies, practicantes del amor libre de la década de 1960.

La esencia de la narrativa israelí es simple: se trata de una revolución al estilo iraní, con la ayuda de Al-Yazira y estúpidamente permitida por el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, que es un nuevo Jimmy Carter, y un mundo estupefacto. Los primeros dirigentes israelíes que salieron a interpretar la situación fueron los ex embajadores que ejercieron en Egipto. Toda su frustración por haber estado encerrados en un apartamento de una zona privilegiada de El Cairo irrumpe ahora como un volcán imparable. Su perorata se puede resumir en las palabras de uno de ellos, Zvi Mazael, que dijo en el Canal Uno de la televisión israelí el 28 de enero: «esto es malo, muy malo para los judíos».

En Israel, por supuesto, cuando usted dice «malo para judíos», quiere decir para los israelíes, pero también significa que todo lo que es malo para Israel es malo para los judíos de todo el mundo (a pesar de la evidencia que lo contradice desde la fundación del Estado).

Pero lo que realmente es malo para Israel es la comparación. Independientemente de cómo acabe todo, esto expone las falacias y las pretensiones de Israel como nunca antes. Egipto vive una Intifada pacífica frente a la violencia mortal que viene del lado del régimen. El ejército no disparó contra los manifestantes, e incluso antes de la salida de Mubarak, ya con siete días de protestas, el ministro del Interior que envió a sus matones a chocar violentamente contra las manifestaciones fue despedido y, probablemente, será llevado ante la justicia.

Sí, esto se hizo con el fin de ganar tiempo y tratar de persuadir a los manifestantes para que regresasen a casa. Pero incluso esta escena, ahora olvidada, nunca puede suceder en Israel. Israel es un lugar donde todos los generales que ordenaron la matanza de palestinos y de manifestantes israelíes contra la ocupación, ahora compiten por el máximo puesto de Jefe del Estado Mayor General.

Uno de ellos es Yair Naveh, quien dio órdenes en el año 2008 de matar a sospechosos palestinos que podían haber sido detenidos pacíficamente. Este general no irá a la cárcel, pero la joven Anat Kamm, que reveló dichas órdenes, ahora se enfrenta a nueve años de cárcel por filtrarlas al diario israelí Haaretz. Ni un solo general o político israelí tiene que pasar un día en prisión por ordenar a las tropas que disparasen contra manifestantes desarmados, civiles inocentes, mujeres, ancianos y niños. La luz que irradian Egipto y Túnez es tan fuerte que también ilumina los espacios más oscuros de la «única democracia de Oriente Medio».

La no violencia y la democracia árabes (ya sean religiosas o no) son malas para Israel. Pero tal vez esos árabes estaban allí todo el tiempo, no sólo en Egipto, sino también en Palestina. La insistencia de los comentaristas israelíes de que la cuestión más importante en juego es el tratado de paz de Israel con Egipto es un entretenimiento, y tiene muy poca relevancia para el impulso de gran alcance que está sacudiendo al mundo árabe en su conjunto.

Los tratados de paz con Israel son síntomas de la corrupción moral, no la enfermedad en sí, es por eso que el presidente sirio, Bashar Asad, indudablemente un líder antiisraelí, no es inmune a esta ola de cambio. No, lo que está en juego aquí es la pretensión de que Israel es un país estable, civilizado, una isla occidental en un mar agitado de barbarie y fanatismo islámico árabe. El «peligro» para Israel es que la cartografía sería la misma, pero la geografía cambiaría. Seguiría siendo una isla pero de barbarie y fanatismo en un mar recién formado por Estados democráticos e igualitarios.

A los ojos de grandes sectores de la sociedad civil occidental la imagen democrática de Israel ha desaparecido hace mucho tiempo, pero ahora se puede oscurecer y ensuciar a los ojos de otros que están en el poder y la política. ¿Tan importante es la imagen antigua y positiva de Israel de mantener su relación especial con los Estados Unidos? Sólo el tiempo lo dirá.

Pero de un modo u otro, el grito creciente de la plaza Tahrir de El Cairo es una advertencia de que la falsa mitología de la «única democracia de Oriente Medio», el duro cristianismo fundamentalista (mucho más siniestro y corrupto que el de la Hermandad Musulmana), el usufructo de la cínica corporación militar industrial, el neoconservadurismo y el cabildeo brutal no garantizan la sostenibilidad de la relación especial entre Israel y los Estados Unidos para siempre.

E incluso si la relación especial persevera por un tiempo, ahora es sobre fundamentos aún más endebles. Los estudios de casos diametralmente opuestos de las resistencias regionales antiestadounidenses, hasta ahora, de Irán y Siria, y en cierta medida Turquía por una parte, y de los tiranos pro estadounidenses caídos recientemente por otro lado, son indicativos de que aunque se mantenga el apoyo estadounidenses puede que en el futuro no sea suficiente para mantener un étnico y racista «Estado judío» en el corazón de un mundo árabe cambiante.

Esto podría ser una buena noticia para los judíos, incluso para los judíos de Israel a largo plazo. Estar rodeados de pueblos que anhelan la libertad, la justicia social y la espiritualidad y navegando a veces de forma segura, y otras más o menos, entre la tradición y la modernidad, el nacionalismo y la humanidad, la globalización capitalista agresiva y la supervivencia diaria, no va a ser fácil.

Sin embargo todavía hay un horizonte, y éste está preñando con la esperanza de provocar cambios similares en Palestina. Puede traer el cierre de más de un siglo de colonización sionista y despojo para ser sustituido por una reconciliación más equitativa entre las víctimas palestinas de estas políticas criminales, dondequiera que se encuentren, y la comunidad judía. Esta reconciliación deberá construirse sobre la base del derecho palestino al retorno y de todos los demás derechos por los que tan valientemente luchó el pueblo egipcio en los últimos veinte días.

Pero confíen en que los israelíes no perderán otra oportunidad para evitar la paz. Clamarán que viene el lobo. Pedirán y recibirán más fondos de los contribuyentes estadounidenses debido a la nueva «evolución» de los acontecimientos. Interferirán clandestina y destructivamente para minar cualquier transición a la democracia (recordemos que la fuerza y la brutalidad caracterizan su reacción frente a los deseos de democratización de la sociedad palestina), y elevarán la campaña islamófoba a alturas sin precedentes.

Pero, quién sabe, tal vez los contribuyentes estadounidenses no se conmoverán en esta ocasión. Y tal vez los políticos europeos acompañen el sentimiento general del público y permitan que no sólo Egipto se transforme drásticamente, sino que también den la bienvenida a un cambio similar en Israel y Palestina. En este escenario, los judíos de Israel tienen la oportunidad de formar parte del Medio Oriente real y de dejar de ser miembros ajenos y agresivos de un Medio Oriente creado por las alucinaciones de la imaginación sionista.


Fuente: http://electronicintifada.net/v2/article11803.shtml

Tomado de Rebelión

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