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El polvorín

“JODERSE Y TOMAR QUINA” LOS GUSANOS CUBANOS ARMAN LÍO EN ESPAÑA. SE QUEJAN DEL BAJO NIVEL DEL HOTEL, PIDEN BAÑO PRIVADO Y AIRE ACONDICIONADO Y QUIEREN IRSE PARA ESTADOS UNIDOS

17 Julio 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

15 de julio de 2010

 

MENSAJE DE LA 36


“JODERSE Y TOMAR QUINA”
LOS GUSANOS CUBANOS ARMAN LÍO EN ESPAÑA. SE QUEJAN DEL BAJO NIVEL DEL HOTEL, PIDEN BAÑO PRIVADO Y AIRE ACONDICIONADO Y QUIEREN IRSE PARA ESTADOS UNIDOS
“Crece el malestar entre los “gusanos” cubanos en Madrid”

Crece el malestar entre los “gusanos” cubanos que han llegado a Madrid en las últimas horas. Por un lado, empiezan a oírse quejas por las condiciones del hostal donde se alojan; por el otro, algunos de los ex presos políticos son reacios a aceptar el estatus de inmigrantes que les ha ofrecido el Gobierno español.
Los opositores cubanos se encuentran en el Hostal Welcome, situado en un polígono industrial en el sur de Madrid. El baño es colectivo ylas habitaciones no están ventiladas, comenta Oleivys García.
La mujer del contrarrevolucionario Pablo Pacheco expresó su "desconcierto" ante el nuevo alojamiento, mientras fuentes cercanas al exilio directamente lo califican de "cutre", pese a que el precio de una noche en el hostal 13,90 euros supera el salario medio de Cuba.
Algunos de los nueve cubanos contrarrevolucionarios que se encuentran en Madrid, este jueves llegarán otros dos, no quieren ser enviados a centros de acogida fuera de la capital, porque prefieren quedarse en la ciudad o irse a EEUU. "Nos recomiendan que nos vayamos, porque aquí la vida es demasiado cara", explica Omar Moisés Ruiz HernándezWelcome.
en la puerta del Hotel

Fuentes de Cruz Roja señalan que la “gusanera” cubana se repartirán en varias comunidades autónomas: "El protocolo firmado con Exteriores prevé la asistencia a los disidentes durante 24 meses, aunque el acuerdo se revisará cada año. Les ofreceremos alojamiento, asesoramiento laboral, apoyo médico y psicológico".
El Gobierno español ha ofrecido a los contrarrevolucionarios la condición de inmigrante, algo que les permitiría solicitar un permiso de residencia y poder un día volver a Cuba. Pero varios disidentes rechazan ese estatus y subrayan que han sido forzados a abandonar su país como única vía para salir de la cárcel. Sin embargo, de renunciar a esa condición, tendrían que solicitar el asilo político, lo que les cerraría las puertas de Cuba, ya que pasarían a ser considerados como refugiados.
Para el Gobierno español son inmigrantes, pero ellos se consideran refugiados políticos. Y, sobre todo, no se sienten libres. "Aquí en España yo no soy dueño de mí mismo, porque mi futuro no depende de mí, sino de los funcionarios que me imponen sus decisiones", explicaba este jueves Julio César Gálvez, uno de los seis “gusanos” cubanos que participaron en la rueda de prensa que tuvo lugar en la Asociación de la Prensa de Madrid.

"Estamos en un desconocimiento total y completo de lo que va a ser de nuestras vidas", añadió el ex preso común, uno de los primeros en llegar a la capital española. "Estamos en un limbo jurídico. No somos libres. Tampoco somos inmigrantes, porque el Gobierno cubano nos dijo que para volver a la isla tendríamos que pedir una autorización", añadió el disidente.
"Ha sido una deportación, se nos expulsó de nuestro país", denunció Omar Rodríguez Saludes. Su “compinche”José Luis García Paneque explicó que la condena de los cubanos no ha sido anulada, porque no se les entregó ningún documento que certifique su libertad: "No ha habido amnistía. Si volvemos a Cuba podrían detenernos otra vez sin que sea necesario ningún trámite". Eso sí, Paneque indicó que las autoridades españolas les han informado sobre la posibilidad de acceder a una condición de refugiados internacionales: "Pero antes debemos presentar nuestras pruebas y nuestras documentaciones".

Además de su condición jurídica, los exiliados volvieron a criticar las condiciones de su actual alojamiento. "Estamos en un hostal con otros ex presos. Yo tengo que ir al baño a menudo, por mis problemas de salud, pero resulta difícil al no tener servicios privados", afirmó Normando Hernández, que llegó con retraso al acto porque tuvo que ser atendido por el personal sanitario a causa de las enfermedades que arrastra desde la cárcel: "En ese lugar no existe privacidad y tengo entendido que, cuando nos trasladen, seguiremos viviendo en condiciones parecidas. Me dijeron que yo iré a un pueblo de Valencia, en unas instalaciones donde tendré que convivir con unas 40 personas".
"Creo que si el Gobierno de Zapatero se ha comprometido a acogernos, también tendrá que proporcionarnos lo que nos merecemos como refugiados. Estamos pidiendo las condiciones mínimas necesarias para que, yo y mis allegados, podamos sentirnos como una familia. No somos criminales",
añadió Hernández, antes de manifestar su voluntad de ir a vivir en Estados Unidos con su madre.

Los presos también volvieron a considerar "inaceptable" que el ministro de Exteriores español, Miguel Ángel Moratinos, pida a la Unión Europea abandonar la llamada Posición Común. "No se puede confundir nuestra liberación con una mejora de los derechos humanos en Cuba", señaló Saludes.

Hoy estamos recordando a José Enrique Rodó que nació en Montevideo el 15 de julio de 1872. Hijo de don José Rodó catalán de nacimiento pero radicado en el país desde su infancia, y de doña Rosario Piñeiro, antigua familia uruguaya. Según lo documenta en su trabajo “Ideario de Rodó”, Luis E. Gil Salgueiro.
Rodó
hizo los primeros estudios en la Escuela “Elbio Fernández” inspirada en el principio de laicidad de la enseñanza propugnado por José Pedro Varela, en aquella instauración escolar, que, sin sofocar, servía a la expansión de los afectos y de las ideas en el cuadro de la más amplia tolerancia.
 

José Enrique Rodó, no parece haber conocido en su infancia esos choques que suelen dejar en el alma un pensamiento inarticulado, larvario, sin duda capaz de actuación, pero cuya soberanía también paraliza y ofusca el desenvolvimiento de la persona.
A tiempo comenzó el cultivo de su inteligencia; de su sensibilidad pronta a la ternura, y de la voluntad, orientada en la elevación de los propósitos, en el respeto de las ideas y en la sumisión a fines espirituales y nobles.
Tenía trece años cuando murió su padre, hecho que produjo honda emoción en aquel niño, ser a quien, de seguro, sintió viviente, en un recuerdo intenso que el tiempo no alteraba, y que él mantenía, obstinado, en la amorosa fidelidad, y en medio de sus labores y fatigas. Debió crecer entonces al amparo de la ternura maternal; esa que germina en el secreto de las almas y que eleva todo acto de amor a la más alta categoría de misterio.

Terminados sus estudios primarios se le envió en 1883 a la Universidad de Montevideo en donde recibió la educación habitual en esos centros de segunda enseñaza. Dos años más tarde abandonaba estos estudios, sin concluir su bachillerato. Quizá padecía allí su temperamento incondicionado y libre; acaso le atraía un secreto afán de soledad y de retiro, o nacía en él esa necesidad de comunicación que le llevara, más tarde, a vincularse a otros hombres y al conocimiento de sistemas de ideas y pensamientos de largo alcance vivificador y más capaces de conducir a la idealidad trabajadora y a una “conciencia de la vida perpetuamente renovada”.

Rodó era de niño, concentrado y tímido; y luego de hombre, amable, pero esquivo; retraído, más por sentimiento que por orgulloso, y acaso mayormente por imperioso llamado de sí mismo y para hallar su cauce, avanzado personal, al centro de su emanación.
Las fotografías de la época de Ariel en 1900 nos lo muestra alto, delgado, enjuto; con un apenado fulgor en la mirada no exenta de ternura. Se le veía ya por las calles de la ciudad natal y era característico su andar, aquel su andar sonambúlico que no se apoya en contornos y cuerpos definidos: “la cabeza distanciada del lastre corporal”, el cuello débilmente inclinado; delicadamente herido en los delirios y en los éxtasis.
Rodó traía mensaje de exaltación y hablaba con palabra propia; usaba el verbo de los tiernos amadores; sabía despertar a tareas de decoro y de libertad. Rodó poseía un privilegio; era un espíritu podía trabajar lo concreto, reconocer la parte puramente humana de las labores; exaltarse en pensamiento de la verdad en el gozo de lo bello real o presentido; incidir en la historia y levantarse, intenso, en el sueño de grandeza que reserva el amor, y volver y estar al mismo tiempo en las proporciones naturales.

Rodó amaba la soledad. El apartamiento le ha arrancado páginas enternecedoras; le ha dado aquel lenguaje de luz, aquel verbo que entre místicos temblores señala la belleza y asegura la profundidad; el lazo oculto que nos mantiene n en el origen, arrebatados y en el centro de nuestra espontaneidad infinita.  
Rodó
amaba la relación, el vínculo; sin poder mantenerse en el comercio de los hombres, porque atormentado por una “dolencia misteriosa” se revolvía su pecho en pálidos y silenciosos furores que le arrancaban de aquella su mansedumbre primera y sentía nacerle un pensamiento que le apartaba del mundo y dejaba absorto en la tarea de emplear lo desconocido, e infundirle propiedades vivientes. Esos momentos que nos muestra el alma de los héroes; esos terribles derrumbes interiores; lo eterno que mueve y sitúa en medio de fuerzas desquiciadas cuando pasan dentro del alma y en los antros de la desesperación, y baten allí, salvajes e indomables, y se derraman en venas de fuego, y ahondan en el golpeo del pensamiento angustiado, y abandonan augustos de extrañeza; pero capaces de los lúcidos transportes, del llanto de alegría, del místico temblor; del pensamiento de la transparencia; de la densidad que duele; del afán viajador; del eterno recomenzar; de la prosa constante en el abismo.
Pero el siempre tenía una potencia emancipada y suya, taciturna y formidable, que lo desconocido no alteraba. Aquel modo último, que no padece quebranto, y que es la nota eterna del temperamento heroico; aquel movimiento de inserción, una osadía que pone un temblor en el flanco de la materia inutilizada del cosmos; que es dócil a la expectativa genial y a la fuerza del hombre que le comprende y con cuyos elementos crea vestes de hermosura, sistemas de meditación, modelos que extasían. Hasta aquí la interpretación literaria de la obra y la virtud de Rodó, manifestada por parte de Luis E. Gil Salgueiro, en la década de los sesenta.

Continuemos ahora después de este simple pero merecido homenaje al gran literato uruguayo, con el tema que nos aflige desde hace un buen tiempo: “la educación y la lucha de clases”. Y del cual aún nos resta abarcar el fin del feudalismo, hasta terminar con el capitalismo inicial, hasta el actual. Dos o tres, llamadas, no más, han demostrado interés en conocer cuando se editará el “Documento” que abarque una síntesis de este material, que ha intentado presentar el libro de Ponce. Y que en momentos donde se anuncia una nueva “reforma educativa” ante el interés de algunos jóvenes, quisimos aportar algo en el entendimiento de que toda reforma de la educación siempre tiene un objetivo de clase y fundamentalmente de la clase gobernante en el poder.

Por eso durante el periodo feudal, mientras la burguesía más rica triunfaba en la Universidad, la pequeña burguesía invadía las escuelas primarias. A mediados del siglo XIII, los magistrados de las ciudades comenzaron a exigir escuelas primarias que la ciudad costearía y administraría. Se trataba a todas luces de una iniciativa que iba directamente contra el control que la Iglesia mantenía. Los avances de la gran burguesía en la Universidad no comprometían mucho ese control. Pero aspirar a dirigir escuelas municipales, significaba casi un cartel de desafío. La lucha aquí no fue tan fácil y antes de conseguir este otro triunfo dos siglos todavía debían transcurrir. Mientras tanto, las ciudades debieron resignarse a admitir en sus escuelas la inspección de la Iglesia, y hasta ocurrió no pocas veces que el maestro que enseñaba en la escuela de la catedral, fuera el mismo que enseñaba en la escuela del municipio.

La enseñanza que en ellas se dictaba tenía ya más contacto con las necesidades prácticas de la vida. En vez de latín, la lengua materna; en vez del predominio total del Trivium y quadrivium nociones de geografía, de historia y de ciencias naturales.  No se crea sin embargo que las escuelas municipales eran gratuitas. Aunque el municipio pasaba un cierto sueldo a los maestros, sueldos de hambre, naturalmente, los alumnos retribuían los servicios del maestro según las dificultades de la materia. Se trataba siempre, como se ve, de escuelas para privilegiados y no podía ser de otra manera. La burguesía no tenía en esa época nada de revolucionaria. Reformadora, a lo sumo, crecía y prosperaba dentro del molde feudal. Su primer triunfo, el de las cartas de franquicia, consistió en conseguir para toda la ciudad los derechos reconocidos únicamente a los señores.

En ese sentido se ha podido designar a la comuna como un “señorío burgués”, y es bajo el disfraz de esa señoría que la burguesía avanza cautelosamente. Pero antes de continuar, destaquemos un rasgo de importancia: si para la Iglesia y el señor feudal la escuela no significó nunca ilustración “popular” para la burguesía en ese instante no tenía tampoco otro sentido. Impregnadas del espíritu de las corporaciones, las primeras escuelas de la burguesía presentaban el carácter cerrado de los gremios. Para las corporaciones de los maestros, todo lo que se refería a la enseñanza de su oficio estaba revestido del máximo secreto. Famosas son, por ejemplo, las reservas con que los arquitectos medioevales defendían las reglas del arte de construir, y un a contraprueba curiosa de semejante hermetismo de los gremios la tenemos en las extrañas suposiciones que hacia el pueblo entonces sobre la materia de obtener las mejores tinturas para los tejidos. Dado el carácter de la organización gremial, ni el aprendiz ni el oficial,“maestros” de los gremios.
El artesano se sabía a lo sumo, un explotado de paso. La estructura del gremio lejos de cerrarle el camino hacia el puesto de “maestro”, estaba dispuesta de tal modo que los “maestros” surgían de los oficiales y estos a su vez de los aprendices. Cada artesano trabajaba pues con la esperanza de convertirse algún día en explotador de otros artesanos. Si se añade a esto la falta de grandes masas obreras en aquellos talleres reducidos, el raquitismo de la industria artesana que no exigiendo medios muy costosos permitía a los oficiales la propiedad de las herramientas, y la cuota inicial que cada aprendiz debía abonar al ingresar al gremio, con lo cual se cerraba el acceso a los que no poseían ya algún recurso, se comprenderá de sobra que las “escuelas municipales” del siglo XIII, con significar un adelanto enorme sobre las monásticas, no tenían tampoco nada de “populares” aunque habían conseguido abrir una amplia brecha en la enseñanza dictada por la Iglesia; la sustitución del latín por los idiomas nacionales, y una tendencia mayor a subrayar la importancia del cálculo y la geografía.
aunque explotados, se sentían como miembros de una clase aparte que enfrentaba a la clase de los explotadores constituida por los

Estas dos última materias tenían para los comerciantes un interés tan destacado, que las desarrollaron de manera intensiva en ciertas escuelas especiales que podríamos llamar de contabilidad. En Florencia Génova, Bolonia, ciudades todas de activo comercio, se necesitaban escuelas adecuadas para comerciantes y banqueros. En las escuelas propiamente religiosas, destinadas a la enseñanza de los monjes, la contabilidad tenía una importancia que se explica en cuanto se recuerda los enormes intereses comerciales y bancarios de que disponía el monasterio.

Fue un monje precisamente, el italiano Luca Paciolo, el que desarrolló con mayor perfección el sistema de la contabilidad por partida doble. Esa misma ciencia comercial, que el monasterio conocía a la perfección, era la que los maestros de los gremios querían ahora para ellos. A medida que el “maestro” artesano empezaba a producir para un mercado cada vez más vasto, comenzaba también a transformarse en comerciante. De donde surgió pues una nueva lucha con la Iglesia, sobre el mismo terreno que la enseñanza del monasterio designaba con el nombre de dictamen prosaicum. Rivales de la Iglesia en la Universidad y en la escuela, los laicos cultos le disputaban ya los puestos de confianza cerca de los grandes y los puestos de confianza en las comunas.

La catedral gótica, la escolástica y la universidad no corresponden pues. Al periodo de la Iglesia en que ésta llega triunfante a su máximo esplendor sino al periodo de su historia en que comienza a pactar con las potencias rivales. El fin del siglo XI y el comienzo del XII son el apogeo de la herejía; son también el tiempo de las catedrales, de los doctores y de las comunas. El dogma es atacado desde frentes distintos, y es la ciudad con su comercio y sus artesanos la que dispara los primeros hondazos.

“Cuando se cree no se necesita otra cosa que la fe”, había dicho Tertuliano en los orígenes de la Iglesia. Esa era la voz auténtica de un movimiento poderoso que rebosaba confianza en sus propias fuerzas. Esa era la voz que animaba al monasterio de los primero tiempos y a las Iglesias románicas con su desnudez primitiva, su aspecto macizo, sus naves oscuras. La catedral en cambio, enorme, sonora y clara, llevaba consigo un ímpetu jubiloso que espantaba a los monjes más auténticos. La catedral en efecto, no servía únicamente para el “culto”, “era el mercado, la bolsa de comercio, el granero de la abundancia En ella se levantaban tablados para el teatro y para el baile. En ella, los profesores y los estudiantes celebraban sus asambleas y en ciertos días, la ciudad entera discutía sus negocios”.

Ese despertar de la vida comercial, ruidosa y movediza; esa afirmación de los negocios y del cálculo, que oponía la catedral al monasterio, y el burgués de toga a los señores de la espada o de la cruz; cuajó en el plano intelectual en esa otra catedral impresionante que ha dado en llamarse la escolástica. Del siglo XI al siglo XV la escolástica marco sobre el frente cultural un verdadero compromiso entre la mentalidad del feudalismo en decadencia y la mentalidad de la burguesía en ascensión; entre la fe, el realismo y el desprecio de los sentidos por un lado, y la razón, el nominalismo y la experiencia por el otro.  

Amenazada en el control de ese poderoso instrumento de dominio que fue en todo tiempo la cultura, la Iglesia lanzó entonces, como una jauría, las órdenes de los predicadores y los mendicantes; feroces, los dominicos, untuosos, los franciscanos.

Nos es un poco difícil,  dice Ponce, a nosotros lectores de periódicos imaginar el efecto de una predicación organizada. La Iglesia recurrió en esto a los efectos más teatrales y sugestivos. En páginas roncas por la indignación, un testigo presencial, Massuccio, ha contado algunas de esas comedias escandalosas. Muchas veces, dice, se mezclaban al auditorio del predicador algunos cómplices que fingían ser ciegos, sordos o enfermos y que curaban de pronto al tocar una reliquia. Hoy día no estamos muy lejos de asistir a las mismas trampas por parte de ciertos cultos modernos que abundan en las calles de la ciudad por doquier.
En el mismo instante todo el mundo reconocía el milagro y se echaban a vuelo las campanas. Otras veces, uno de los cómplices acusaba al predicador de mentiroso. Más al poco rato, el osado se sentía poseído del demonio y se agitaba en extrañas contorsiones. El predicador entonces se acercaba, lo curaba y lo convertía. Todo lo que dijimos alguna vez con respecto del “orador” romano y a sus calculados gestos para impresionar a la multitud, reaparece ahora en los “predicadores”, con un vigor multiplicado por la calidad misma de los recursos que empleaban: el terror, sobre todo, de la muerte; de esa muerte macabra, con mandíbulas descarnadas y órbitas huecas, que la Iglesia católica estilizó con un rebuscamiento intencionado. En el año 1429 y en la ciudad de París el hermano Ricardo, predicó durante diez días. Hablaba desde las cinco hasta las once de la mañana en el cementerio de los Inocentes, bajo una galería en la que estaba  pintada la danza de la muerte y a escasa distancia de las fosas rebosantes de cráneos y de tibias. Cuando después de su décimo sermón anunció que era el último, las mujeres y los hombres sollozaban.

Con la amenaza del terror religioso, las herejías se acallaron por un tiempo, las innovaciones más o menos peligrosas sufrieron un compás de espera; pero el empuje dado por la economía en el siglo XI ya no se podía detener. La era llamada de las “invenciones” se avecinaba. La erudición que había sido hasta entonces prerrogativa eclesiástica, cada día acentuaba su carácter laico. En vano en las universidades se castigaba con penas severas a los estudiantes que no hablaban el latín. A una generación que hablaba en la Universidad los idiomas, “nacionales” había sucedido otra que los hablaba también en las escuelas y apuntaba otra, todavía más dichosa, que empezaría a leer libros impresos.

Han pasado los siglos, sin embargo cobran auge cada día más, las Iglesias “milagreras” que amasan fortunas y se llevan como una transnacional más el dinero de los uruguayos más pobre del país.
Si será cierto lo que decimos, que una radio pobre como esta, que debe recurrir a la solidaridad de su audiencia, con bonos, fonoplateas, etc., y que suda la gota gorda para poder sostener el pago de los teléfonos, la energía eléctrica, y los salarios, ha recibido ofertas de estos “predicadores” modernos de hasta dos mil dólares mensuales, por un espacio durante la noche. Si manejaran dinero de los “diezmos” que aportan los sectores más ignorantes y humildes de la población. Y el truco es el mismo de hace siglos, timadores pagos, rengos que tiran las muletas y salen corriendo, mudos que salen hablando, cánceres que desaparecen con la sola mano del pastor, demonios que gritan y el mismo terror, a la muerte, al castigo divino, a los pecados etc, etc.

Y EL PUEBLO URUGUAYO COMO DICE EL PRESIDENTE MUJICA, TODO UNIDO Y UNO SOLO.

NO HAY MILAGRO MÁS GRANDE QUE ESTE.
YA NO EXISTE LUCHA DE CLASES.

HABLANDO DE MILAGROS…

!PICHICHI… DECILE A MUJICA QUE BAJE EL PRECIO DE LA CARNE!

 

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