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El polvorín

La CIA los usó y luego los eliminó (1): Johnny Roselli.

16 Enero 2012 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

 

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Percy Francisco Alvarado Godoy

12 de diciembre de 2011

El 8 de octubre 1976, fue enviada una solicitud del Condado Dade al Departamento de Seguridad de la CIA con vista a solicitar apoyo para el esclarecimiento del caso del ciudadano Johnny Roselli. El documento fue elaborado por Curtis R. Ríos, a nombre de la Oficina del Sheriff del Condado de Dade.

Según dicho documento, en el que parecen referencias a las indagatorias sobre varios contrarrevolucionarios cubanos residentes en La Florida, entre los que se encontraban Rolando Masferrer, Luciano Nieves Mestre, José de la Torriente, José Quintana, Joaquín Antonio Cortizo, Manuel Artime, entre otros, los que podían haber estado involucrados en el asesinato de Roselli o, al menos, tener vínculos de actividades con el mismo.

Varios antecedentes relacionados con Roselli lo vincularon con la Cosa Nostra, el FBI, la CIA, el asesinato del presidente John F. Kennedy y, directamente, a un grupo de la CIA denominado Operación 40, especialmente creado por la Agencia Central de Inteligencia como complemento de la Brigada 2506, con funciones operativas independientes a la misma, con las siguientes misiones específicas:

1) La infiltración de saboteadores dentro de Cuba, previo a la invasión de Playa Girón, para organizar grupos de apoyo a los invasores.

2) Durante el desarrollo de la invasión, los miembros de Operación 40 penetrarían la retaguardia de las fuerzas revolucionarias con misiones de asesinatos de dirigentes, búsqueda de inteligencia, así como otras misiones de sabotaje.

3) De existir un resultado positivo en la acción mercenaria, los 53 hombres de la Operación 40 se ocuparían de realizar la "limpieza general", de todas las personas comprometidas con la Revolución Cubana.

En un Memorándum a Richard Goodwin, firmado por Arthur Schlesinger, Jr., y emitido el 9 de junio 1961, con denominativo SSCIA 157-1002-10057 MRD, la CIA reconoció que el grupo Operación 40 debió dedicarse a "matar comunistas", para lo cual fue preparado en los métodos interrogatorio de tercer grado, tortura y terrorismo en general.

Los jefes de la CIA a cargo de este grupo eran David Atlee Philips, Howard Hunt y David Sánchez Morales, así como el jefe directo del mismo, Joaquín Sanjenis. Los más renombrados miembros de este operativo CIA fueron Luis Posada Carriles, Orlando Bosch Ávila, Félix Rodríguez Mendigutía, los hermanos Guillermo e Ignacio Novo Sampoll, José Dionisio Suárez Esquivel, José Basulto León, Pedro Luis Díaz Lanz, Gaspar Jiménez Escobedo, José Miguel Battle, Antonio Veciana Blanch, Ricardo Morales Navarrete, Rafael Quintero Ibarbia, Eugenio Rolando Martínez, Frank Sturgis (Frank Fiorini), Eugenio Rolando Martínez, Porter Gross, Herminio Díaz, Eduardo Arocena Pérez, Rolando Masferrer Rojas, Bernard Barker, Pedro Remón Rodríguez, Barry Seal, Antonio Cuesta del Valle, Manuel Artime Buesa, Jorge Mas Canosa, Alberto Blanco Romariz, Virgilio Paz Romero, Alvin Ross Díaz, Andrés Nazario Sargent, entre otros. Por supuesto, no faltó en la lista John Roselli, conocido por todos por el mote de “Handsone Johnny”, quien había fungido como enlace de la CIA con la mafia de Santos Trafficante.


LAS CULPAS DE ROSELLI


Tal vez su culpa principal, la que lo condujo a convertirse en un cadáver descuartizado y descompuesto metido dentro de un tonel metálico que fue encontrado flotando el 9 de agosto de 1976, en las aguas de la Bahía de Biscayne, cerca de Miami, fue hablar más de la cuenta, según el criterio de sus jefes de la CIA, ante un Comité del Congreso encargado de investigar el asesinato del presidente Kennedy y los planes magnicidas contra Fidel Castro.

De nada le sirvió para evitar una muerte tan horrenda haberse cambiado su nombre originario, Filippo Sacco, y sus orígenes en Esperia, en Frosinone, Italia, para morir a manos de sus propios empleadores. Tampoco le valió de mucho su ascenso lento y difícil en el bajo mundo de la Cosa Nostra, iniciándose como gánster de poca monta en Los Ángeles, bajo las órdenes de Jack Dragna, hasta convertirse en representante de la Cosa Nostra de Chicago y de Los Ángeles, en 1954, nada menos que en la floreciente ciudad de Las Vegas. Tampoco le fueron de utilidad sus actividades como productor de películas de gánsteres en Hollywood, para evitar la muerte horrenda que le tocó.

Su destinó lo marcó el triunfo de la Revolución Cubana el primero de enero de 1959, la que dio al traste con el juego mafioso, y el haberse involucrado en los planes de Sam Giancana, capo mafioso de Chicago, y de Santo Trafficante, jefe de la mafia de Tampa, quienes lo emplearon como enlace con la CIA para asesinar al dirigente cubano, Fidel Castro.

La CIA contactó a Roselli a través del ex-agente del FBI, Robert Maheu, en 1960. Esta orientación vino directamente de Richard Helms, recién estrenado subdirector de la CIA, a cargo de Acciones subversivas. Luego de los contactos entre Maheu y los dos capos jefes de Roselli, comenzó la confabulación para asesinar a Fidel. Primero intentaron hacerlo con píldoras de veneno suministradas a Roselli por la CIA, con el fin de introducirlas en los alimentos de su importante objetivo.

Un año después, en 1961, Roselli se dedicó a entrenar a varios tiradores en una base secreta de la CIA en Cay Sal Bank, con vistas a asesinar a Fidel. Ya Roselli estaba involucrado en la Operación 40, como uno de sus principales operativos en su estación de Miami, JMWAVE.

Nuevos planes y fracasos de la CIA en sus planes magnicidas contra Fidel lo vincularían a los principales jefes y operativos de la CIA como William King Harvey, David Atlee Philips, Howard Hunt y David Sánchez Morales.

La CIA, a través de William Harvey, jefe de su fuerza tarea, pidió al coronel Edwards que contactara a John Roselli, propiciándose una entrevista entre ambos en Miami, en la que Harvey le orientó contactar a los contrarrevolucionarios cubanos asentados en esa ciudad. Corría el año 1962 y, en esta ocasión, Harvey le solicitó mantener al margen a sus jefes de la Cosa Nostra, así como al impredecible Maheu. Luego tuvieron tres reuniones más en las que planearon diversos planes de atentados contra Fidel Castro, usando principalmente a Tony Varona, en los que se incluía el uso de veneno y de distintos tipos de armamento. Roselli fue el receptor de los artilugios letales.

Más adelante se conocería el premio a la incondicionalidad de Roselli por parte de la CIA en cerca de tres oportunidades, en los años 1966, 1967 y 1971. El Informe del Comité Church puso sobre el tapete que la Agencia evitó que éste fuera procesado por sus actividades gansteriles. Este destape propiciado por el Comité Church propició otras investigaciones del Comité Especial de la Cámara de Representantes sobre el asesinato del presidente Kennedy, que pusieron al desnudo los vínculos de la CIA con la mafia terrorista de Miami y la Cosa Nostra. Sin embargo, todo quedó allí. Un oscuro manto de tolerancia, confabulación y sucio compromiso acalló la verdad, hasta que el prontuario criminal de Roselli fuera sacado a la luz en 1971 por Jack Anderson, un reportero del Washington Post, quien abrió las puertas para que la propia CIA se hiciera el harakiri en el año 2007, al desclasificar importantes documentos vinculados a estos sucesos.

No obstante, la CIA, particularmente William Harvey, vio en Roselli un operativo de experiencia para introducirlo en la conspiración que, con el FBI, la Cosa Nostra y otras élites ultra conservadoras norteamericanas, estaba dirigida a la eliminación física del presidente Kennedy. Varios elementos prueban esta aseveración:

- Roselli se reunió con Jack Ruby en el otoño de 1963.
- Hay quienes le vincularon, junto a Charles "Chuckie" Nicoletti, otro mafioso vinculado a la CIA y posteriormente asesinado, como dos de los gatilleros que atentaron contra Kennedy. Así lo afirmó otro miembro de la CIA nombrado James Files.
- Un mafioso que compartió celda con Roselli, el capo de New York, Bill Bonanno, afirmó en su autobiografía que le confesó haber disparado un tiro desde un alcantarillado localizado en Elm Street, en Dallas.
- Un ex piloto de la CIA, "Tosh" Plumlee, afirmó que condujo a Roselli desde Tampa a Dallas, en la mañana del fatídico 22 de noviembre de 1963.
- Roselli fue usado para vender la falsa versión de que el asesinato de Kennedy había sido planeado por Cuba.

Los turbios negocios en Las Vegas lo llevaron a juicio en 1968, en el cual se le condenó por delitos migratorios, al carecer de la ciudadanía norteamericana, por lo que se ordenó su deportación a Italia por el Servicio de Inmigración y Naturalización. La CIA usó todas sus influencias e Italia se negó a aceptarlo.


LA SENTENCIA DE LA CIA

Sin poder escurrirse, Roselli se vio obligado a testificar ante el Comité del Senado estadounidense en Actividades de Inteligencia (SSCIA), presidido por el senador Frank Church, en los días 24 de junio y 22 de septiembre de 1975. Elocuente y sin medir los riesgos que contraía, Roselli develó los planes de la CIA para asesinar a Fidel Castro y el contenido de la secretísima Operación Mangosta. Ignoraba el pobre hablador que su jefe, Sam Giancana había sido asesinado apenas 48 horas antes.

Desvalido y asustado, Roselli sabía que había llegado su hora y que la CIA nunca perdonaba. Se refugió entonces en Miami hasta que recibió una nueva citación para testificar el día 26 de abril de 1976, esta vez en relación con la conspiración por asesinato del presidente Kennedy. Acudió al citatorio y, tal vez creyéndose protegido, habló por los codos. Fue llamado tres meses después, pero no apareció. Era el 28 de julio de 1976 y ni la SSCIA ni el FBI pudieron encontrarlo.

Roselli, en realidad, ya estaba muerto y descuartizado. Su cadáver flotaba dentro de un tonel, putrefacto, en las aguas de la Bahía de Biscayne.


EL SILENCIO FORZOSO DE LOS IMPLICADOS EN LA MUERTE DE KENNEDY


La CIA, el FBI, la Cosa Nostra y la ultraderecha norteamericana trató a toda costa de borrar todas las trazas que pusieran sacar a la luz, aunque ello implicara el asesinato o la muerte sospechosa de decenas de personas. El objetivo fue obstaculizar cualquier acercamiento a la verdad y todavía, aún, se mantiene un oscuro silencio y un anuncio tácito de peligro para el que intente desentrañar lo sucedido. Los peones fueron cayendo, uno tras otro, sobre el sórdido tablero de ajedrez.

John Roselli no fue la única víctima. Algunas de las muertes de personas relacionadas con el caso evidenciaron esa aún latente amenaza.
En mayo de 1964 fue asesinado Gary Underhill, un agente de la CIA, quien dijo conocer la participación de la CIA en el asesinato de Kennedy, aunque su deceso fue visto como un suicidio. Otra persona, un ex agente del FBI nombrado Guy Bannister, sufrió un sospechoso ataque al corazón en junio de 1964. Asimismo, Mary Meyer, una amante de JFK cuyo ex esposo, Cord Meyer, pertenecía a la CIA, fue asesinada en octubre de 1964 en un parque de Washington, DC.

Igualmente, David Ferrie, un miembro de la Operación 40, murió de dudosa embolia cerebral en febrero de 1967. También su amigo, Eladio del Valle, recibió un disparo a corta distancia el día después de la muerte de Ferrie. Otro agente de la CIA, Clay Shaw, murió de un inesperado cáncer en febrero de 1974.

Otro de los involucrados en los planes de asesinato contra Kennedy y Fidel Castro, el capo mafioso Sam Giancana, fue asesinado en el sótano de su casa, amparado supuestamente en el Programa de Protección a Testigos Federales, en junio de 1975. No podía desnudar a la CIA ante el Comité de Inteligencia del Senado.

Otro enlace entre la CIA y la Cosa Nostra, al igual que Roselli, Charles Nicoletti, también fue asesinado en Chicago en marzo de 1077.
El tufo de la sospecha también cuestionó el aparente suicidio del ex presidente cubano Carlos Prío Socarrás, en abril de 1977.

Todos estos decesos dudosos y muchos no mencionados en esta lista, se suman a las muertes de Lee Harvey Oswald y de Jack Ruby, quienes sí estuvieron en el lugar adecuado y en la hora precisa en que se asesinó a Kennedy, aquel 22 de noviembre de 1963 en la Plaza Dealey, en Dallas, Texas. Otros, al menos pusieron su granito de arena para el éxito del magnicidio y de la macabra conspiración.

Todos, como Roselli, fueron piezas descartables para la CIA. De esta forma se cerró, ante los ojos del mundo, otro capítulo siniestro hasta ahora imposible de develar

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