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El polvorín

LA CRUEL REALIDAD DE LA INTERVENCIÓN EN LIBIA

12 Junio 2011 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

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Traducimos a continuación el editorial del diario parisiense Le Monde

del día 11, al tiempo que nos preguntamos si los altos mandos

militares españoles habrán advertido a La Niña de la OTAN

sobre esta situación.

Aunque primero hay que preguntarse si ellos la conocerán.

 

No conviene que el asunto libio dure aún muchos meses. Para el pueblo libio martirizado por su dictador, desde luego. Pero no solamente. Los días siguientes corren el riesgo de ser dolorosos para los ejércitos europeos que participan en esta intervención.

Tres naciones son protagonistas: los Estados Unidos, actor principal por su potencial bélico, Francia y el Reino Unido. Otros dieciséis países desempeñan los papeles secundarios, por no decir que son los figurantes.

No basta con querer, se ha cuidado de decir el secretario americano de Defensa, Bob Gates, el 9 de junio, cuando por enésima vez apelaba a los europeos a “compartir la carga” de la seguridad mundial: “Francamente, muchos de estos aliados se quedan al margen, no porque no quieran participar, sino sencillamente porque no pueden hacerlo. No cuentan con los medios militares necesarios.”

Francia se precia de haber sido la primera en atacar, el 19 de de marzo. Resalta ante sus aliados más fríos que asume sus responsabilidades como miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU. Nuestros barcos y nuestros aviones partieron al momento, con hombres dispuestos a servir, dicen los mandos militares. Pero mañana, previenen, estos será distinto. Así, como admiten sin disfraz los responsables de la Marina nacional, si el portaviones Charles de Gaulle se queda en Libia hasta finales de 2011, tendrá que detenerse totalmente en 2012.

Porque los ejércitos europeos, pese a ser ultramodernos y ultracostosos, no saben durar. Los Rafale franceses dependen de los proveedores americanos. Los F 16 daneses carecen de municiones después de dos meses de combates. Los Typhoon británicos no tienen suficientes pilotos cualificados. Más traumático para esta gran potencia marítima es que buena parte de sus navíos actualmente en combate por el mundo está destinada al desguace, en el marco del presupuesto en curso.

Irak (para el Reino Unido), Afganistán, Líbano, los conflictos africanos, han llevado a los límites de sus capacidades de despliegue a los aparatos militares sometidos a las severas curas de adelgazamiento después de la guerra fría.

Además, los depósitos están vacíos. El esfuerzo del momento, muy importante, impide la preparación del futuro, así como el corredor acaba por consumir su masa muscular. El hiato entre las ambiciones anunciadas y los medios de realizarlas está, pues, cruelmente puesto al descubierto.

Al alba de la campaña presidencial, los responsables militares no se privan de interpelar a la nación. Es, si nos atrevemos a decirlo, una buena guerra para intentar obtener los medios de acción más consistentes y convincentes.

Pero, más allá de este clásico informe pro domo, se plantean cuestiones cruciales: ¿quiere Francia conservar un modelo de Ejército coherente y completo? ¿Está dispuesta a pagar el precio? ¿Qué independencia estratégica cree defender? A falta de respuestas serias, las ambiciones anunciadas en el escenario mundial no ilusionarán durante mucho tiempo.

© Le Monde 2011.

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