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El polvorín

La cumbre del G-8 en la Italia de Berlusconi: Otra vez sopa

18 Agosto 2011 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

La semana pasada, del 8 al 10 de julio, a ocho años de la cumbre de Génova, los líderes de las ocho economías más poderosas del planeta (EEUU, Japón, Alemania. Francia, Gran Bretaña, Italia, Canadá y Rusia) volvieron a reunirse en una nueva cumbre en Italia. Esta vez, el lugar elegido por el anfitrión Berlusconi, fue la ciudad de L’Aquila, un golpe mediático de último momento, ya que el lugar inicialmente designado había sido la paradisíaca isla de La Maddalena, en Cerdeña. L’Aquila –recordemos- fue devastada por un terremoto de 5,8 grados el 6 de abril pasado, dejando un saldo de trescientos muertxs y más de cincuenta mil personas sin hogar. “Que hagan de cuenta que se fueron unos días de camping” minimizó, en la oportunidad, Berlusconi. Más de tres meses después, veinticinco mil personas siguen viviendo en tiendas de campaña, en campamentos que, por supuesto, no fueron visitados por lxs autodenominadxs líderes globales, quienes, como era de esperar, prácticamente no se movieron de sus palacios y banquetes.

Protegidxs por un mega operativo de seguridad que movilizó a más de dos mil quinientos soldados y que incluyó un escudo aéreo antimisiles, lxs jefxs de Estado y Gobierno de los países más poderosos económica y militarmente (que no representan ni el 12% de la población mundial) toman decisiones sobre políticas globales vinculadas al desarrollo, comercio y medio ambiente, que comprometen a las seis mil millones de personas que habitamos este planeta. Nadie lxs eligió para semejante cometido y su única legitimidad se basa en la fuerza de sus armas y sus economías. Se manifiestan “profundamente preocupados por la seguridad alimentaria global, por el impacto de la crisis económica y por el brusco alza de los precios de los productos alimentarios del último año en los países que son menos capaces de reaccionar ante el aumento del hambre y la pobreza”. Profundamente preocupados, dicen. Justamente ellxs.

Detrás de sus documentos rimbombantes y sus declaraciones para la gilada asoma la voluntad de reforzar el dominio capitalista sobre nuestras vidas, refinanciar la especulación financiera, salvar los bancos, aumentar la precariedad laboral, incrementar la cooperación entre los estados en prácticas de represión social disfrazadas de “lucha antiterrorista”, promover la explotación ilimitada de la humanidad y de los recursos del planeta. Abren sus fronteras a los capitales y las cierran a las personas. Hablan de terrorismo y sus ejércitos invasores siembran el terror en el mundo. Alertan sobre el cambio climático y favorecen un consumismo y desarrollismo irresponsables que conducen al colapso global.

Conscientes, tal vez, de la escasa legitimidad de sus resoluciones (“el G8 ha quedado obsoleto” opina, por ejemplo, la canciller alemana Angela Merkel), las grandes potencias están ampliando la lista de invitadxs, ampliación que, sin embargo, sigue reflejando la graduación del dominio tal como es percibido por ellas mismas. Así, la agenda acordada estipulaba que el primer día, miércoles 8, se reunían los líderes de los países del G8; al día siguiente se incorporaba el G5, las cinco economías emergentes (Brasil, México, Sudáfrica, India y China) que, a los codazos, pugnan por hacerse un lugar en el banquete de los ricos; por último, el viernes 10 se sumaban algunos países africanos. Los ricos, seguidos por los un poco menos ricos y finalmente Africa que, después de todo, necesita comida.¿no? Esta ampliación del G8 no refleja sino la necesidad de aumentar el nivel de consentimiento global para seguir legitimando la quiebra de la economía capitalista.

Y hablando de comida, en respuesta a la crisis alimentaria, los más ricos junto a algunos de los no tan ricos, se comprometieron a donar veinte mil millones de dólares en el lapso de tres años para luchar contra el hambre en el mundo, especialmente en África. Puede parecer mucho dinero, pero no lo es tanto respecto a la dimensión de la catástrofe humanitaria que viven muchos países. En el último año, cien millones de personas se unieron a la legión mundial de hambrientxs, llevando el número total a mil millones de seres humanos (los números son brindados por la ONU y aceptados como ciertos por lxs conmovidxs líderes mundiales). Por otra parte, los veinte mil millones de ayuda alimentaria también deben ser relativizados frente a las cifras varias veces superiores que los gobiernos destinaron al salvataje de grandes bancos y empresas multinacionales. Y, claro está, ningún cuestionamiento a los principios de libre mercado que arruinaron las economías de numerosas naciones. Horas antes del anuncio de los veinte mil millones, los ministros de economía de la Unión Europea, reunidos en Bruselas habían decidido recortar en ochenta millones de euros la partida de ayuda al desarrollo para el año 2010.

En materia climática, tampoco parecen haberse registrado grandes avances. Nuestrxs preclarxs líderes mundiales expresaron su voluntad de reducir los gases de efecto invernadero en un 50% antes del año…2050!!! Pero aún esto es de dudoso cumplimiento: dos día antes, el 6 de julio, el Foro de las Mayores Economías (FME) se mostró contrario a tal reducción. “Hay un fuerte compromiso para reducir hasta 2050 de forma sustancial las emisiones mundiales, pero no será en un 50%”, adelantó un responsable del FME. ¿Y quienes se agrupan en este Foro? Pues, dieciséis países: los del G8, los del G5, Australia, Indonesia y Corea del Sur, responsables, ellos solitos, de la emisión del 80% de esos gases. Pero aún logrando el objetivo, muchxs expertxs internacionales opinan que esto es insuficiente. Por ejemplo, Frank Eßers, del partido Die Linke de Alemania, sostiene que hasta el año 2020 deberían reducirse las emisiones de gases de efecto invernadero, como mínimo, un 40%; hasta 2050, un 80%. Sólo así podría lograrse que el calentamiento de la Tierra se mantuviera en el umbral de 2 grados Celsius. Este calentamiento es considerado por el Consejo de Medio Ambiente de las Naciones Unidas como el máximo permitido por el planeta sin que se produzcan graves trastornos climáticos. Para muchos países, entre ellos los más empobrecidos, un calentamiento de 2 grados sería ya insoportable. Por otra parte, el G8 no presentó ninguna medida concreta para ayudar financieramente a los países empobrecidos, primeras víctimas del recalentamiento climático, en la adaptación a las consecuencias del calentamiento global. Tal ayuda no pareciera ser algo descabellado, ya que los países del G8 son responsables de casi la mitad de las emisiones globales de los gases de efecto invernadero y, por lo tanto, los que más contribuyeron al calentamiento global. Las Naciones Unidas indican que los países ricos deberían transferir de cincuenta mil a setenta mil millones de dólares anuales a los países pobres para energías renovables, adaptación al cambio climático y protección medioambiental. Expertxs en medioambiente y organizaciones ecologistas estiman que esta suma debería ascender a ciento diez millones de euros anuales. Y ni hablar de pagar la deuda ecológica que las naciones industrializadas mantienen con los pueblos del sur.

El movimiento altermundista respondió a la cumbre con una serie de movilizaciones y acciones descentralizadas en todas las ciudades importantes de Italia y otras del resto de Europa., mientras que un millar de activistas participaba, en Malí (África) del Septimo Foro de los Pueblos, la cumbre de lxs pobres nacida en 2002 en contraposición a la del G8. Tal vez debido al pedido expreso de lxs habitantes de L’Aquila, en el sentido de evitar las manifestaciones que pudieran empeorar los efectos del terremoto, tal vez debido a la propia dinámica del movimiento altermundista, esta vez no hubo contracumbre multitudinaria (a pesar de que algunos partidos convocaron a manifestar en L’Aquila el 10 de julio, contrariando la voluntad de lxs autóctonos, hecho que fue hábilmente explotado por la prensa para desprestigiar las protestas).

En la óptica de Joseph María Antentas y Esther Vivas, del portal Rebelión.org, “desde las jornadas de Génova hasta el estallido de la “gran crisis” de 2008, el recorrido seguido por el movimiento altermundialista y las resistencias a la globalización ha sido largo, difícil y lleno de sorpresas. Cambiar el mundo se ha revelado una tarea mucho más compleja de lo que imaginó, seguramente, buena parte de la nueva generación militante, la generación Seattle o la generación Génova, surgida en los albores del nuevo milenio”. Sin embargo, la crisis contemporánea no ha hecho más que reafirmar la pertinencia y la validez de una crítica radical al capitalismo global y plantea con fuerza la necesidad de traducir el malestar social en movilización, organización desde las bases y desarrollo de nuevos proyectos alternativos para suplantar a este capitalismo deshumanizante que nos agobia.

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