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El polvorín

LA DESTRUCCIÓN DEL PAÍS DE LOS SOVIETS

20 Agosto 2011 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

MENSAJE DE LA 36

 36

LA DESTRUCCIÓN DEL PAÍS DE LOS SOVIETS
“NO LLORAR SOBRE LA LECHE DERRAMADA”
“Tres días de agosto que precipitaron el fin del comunismo  Soviético”
Un grupo de ocho altos funcionarios de la URSS, entre ellos el vicepresidente del Estado, el jefe del KGB, y el ministro de Defensa, pusieron en marcha el último intento para derrotar la "perestroika"

Los grandes medios de prensa internacionales destacan el veinte aniversario del último intento de restablecer el poder de los Soviets, en la ex Unión Soviética que mantuvo en vilo al mundo durante tres días de agosto de 1991 se desdibuja y mitifica en la memoria de los participantes y testigos de aquellos sucesos que condenaron a muerte a la URSS, un Estado de 22.400 kilómetros cuadrados desde el Báltico hasta el Pacífico pasando por las montañas del Pamir.
Pero aquellos acontecimientos que acabaron con el sistema comunista soviético no son aún historia, porque sus consecuencias se sienten hasta el día de hoy.
Nosotros de nuestra parte hemos recogido algunas entrevistas a quienes tomaron parte decisiva de aquellos importantes acontecimientos, como forma de refrescar un poco las memorias de los más viejos y satisfacer la curiosidad de los más jóvenes. 

El fin de la URSS tuvo aspectos trágicos, pero también dramáticos. La falta de atención oficial por parte del Kremlin a este aniversario, indica que no es un tema del gusto de los dirigentes rusos. El hundimiento de la Unión Soviética convirtió a millones de personas en emigrantes, refugiados, desplazados y extranjeros, las separó de sus familias y les obligó a elegir lealtades. En las biografías de los ciudadanos soviéticos, 1991 fue un corte radical, que abrió posibilidades de inmenso enriquecimiento para unos y condenó a otros a la miseria.

La disolución del Estado culminó en el acuerdo firmado el 8 de diciembre de 1991 por los líderes de tres repúblicas eslavas, Ucrania, Bielorrusia y Rusia. Suele decirse que aquella solución radical, negociada en los bosques bielorrusos, evitó un derramamiento de sangre como el de Yugoslavia durante su desintegración. Aún así, miles de personas murieron en conflictos que se gestaban en 1991, como el de Chechenia. En el espacio ex soviético existen aún cuatro territorios problemáticos, El Alto Karabaj, Transdnistria, Abjazia y Osetia del Sur, que no encuentran formas estables y legítimas de integración en la comunidad internacional.

El 19 de agosto de 1991, un grupo de ocho altos funcionarios de la URSS, entre ellos el vicepresidente del Estado, Guennadi Yanáiev y el jefe del KGB, Vladímir Kriuchkov, el ministro de Defensa, Dmitri Yázov, y el de Interior, Boris Pugo, además de veteranos líderes en la gestión de la industria pesada y militar y de la agricultura, anunciaron que habían constituido un Comité Estatal de Situaciones de Emergencia para "evitar el caos", estabilizar la economía y acabar con la "perestroika".

Un día antes, los golpistas visitaron al presidente de la URSS y secretario general del Partido Comunista de la URSS (PCUS), Mijaíl Gorbachov, que estaba concluyendo su veraneo en una dacha de Forós, en Crimea, y trataron de convencerlo para que les ayudara a restablecer el orden que ellos veían amenazado. Les preocupaba sobre todo el Tratado de la Unión, un documento que Gorbachov, el presidente de Rusia, Borís Yeltsin, y los líderes de varias otras repúblicas soviéticas debían firmar en Moscú el 20 de agosto. Gorbachov esperaba que aquel documento sirviera para renovar la URSS y garantizara la convivencia de los territorios que todavía querían formar parte de un solo Estado.

Es difícil saber si el Tratado de la Unión hubiera salvado a la URSS en crisis, pero el jueves en Moscú, el ex presidente de Kirguizia, Askar Akáyev, elogiaba aquel tratado por su "carácter confederativo" que sólo dejaba al centro soviético las competencias de defensa, política exterior y emisión de moneda, transfiriendo el resto a las repúblicas.
El Tratado de la Unión, trabajosamente negociado, era respaldado por parlamento de la URSS, pero tenía potentes adversarios en los sectores liberales radicales afines a Yeltsin, convencidos de que el documento se quedaba corto, y también entre los sectores tradicionalistas y centralistas del PCUS.

Los altos funcionarios que organizaron el golpe opinaban que la firma del Tratado de la Unión suponía la disolución del Estado soviético.
Sin lograr convencer a Gorbachov, los "gekachepistas" abandonaron Crimea, dejando al líder de la segunda potencia nuclear del mundo incomunicado a la orilla del mar Negro. El 19, de madrugada, hicieron público su primer comunicado, por el cual el vicepresidente Yanáev tomaba el poder alegando que Gorbachov estaba enfermo. Dirigiéndose al "pueblo soviético", anunciaron un toque de queda, la suspensión de los partidos que se opusieran a sus directivas y la prohibición de los medios de comunicación excepto ocho diarios leales.

La televisión, aquella mañana, trasmitía el ballet "El Lago de los Cisnes" de Piotr Chaikovski.
Kriuchkov había preparado una lista de personajes socialmente activos que debían ser detenidos, pero ni estas instrucciones ni muchas otras del GKCHP se llevaron a cabo de forma consistente. El gran error de los comunistas fue no haber detenido a Yeltsin, quien había sido elegido presidente de Rusia el 12 de julio anterior en las primeras elecciones democráticas en su género que se celebraban en la mayor de las 15 repúblicas soviéticas federadas.

En la directiva del PCUS, la estructura que monopolizaba el poder en la URSS, Yeltsin venía desafiando a Gorbachov desde 1987, cuando criticó duramente en público el ritmo a su juicio lento de la "perestroika", nombre con el que se conocía el proceso de contrarrevolución lanzado por el secretario General.
Enérgico y populista, Yeltsin se posicionó como alternativa a Gorbachov en Rusia y su importancia fue creciendo a medida que se acumulaban las dificultades económicas.
Gorbachov dijo haberse dado cuenta de la gravedad de los problemas que amenazaban a la URSS en el otoño de 1990, cuando se debatía el presupuesto del Estado. Ninguna república quería contribuir a él y aquella realidad financiera fue para él más elocuente que los disturbios nacionalistas de aquellos años, desde Kazajstán en el 86, al Báltico en el 91.

En continua lucha por arrebatarle competencias al centro federal, Yeltsinaprovechó el intento de los comunistas para afirmarse sobre Gorbachov. En la madrugada del 19 de agosto, el presidente ruso había llegado de Almatí, la capital de la república soviética de Kazajistán, donde Nursultán Nazarbáyev, el máximo dirigente local, lo había retenido para agasajarlo durante unas horas tras el programa oficial. Los primeros políticos rusos y también los primeros carros blindados comenzaron a aparecer en la Casa Blanca, el edificio que entonces era la sede del parlamento ruso, cuando Yeltsin estaba aún en su residencia de Arjángelskoe, en los alrededores de Moscú.

Poco después del medio día, el líder ruso se subió a uno de los carros apostados junto a la sede del Parlamento y leyó el llamamiento a los "ciudadanos de Rusia". Yeltsin exhortó a la desobediencia civil a los golpistas, exigió el retorno de Gorbachov y la convocatoria de un congreso extraordinario del Congreso de los Diputados Populares de la URSS.

En el interior de este edificio, los diputados llamaban por teléfono a provincias, les dictaban las disposiciones del presidente ruso y se informaban sobre la situación local. Lejos de Moscú, muchos trataron de ganar tiempo hasta que quedara claro el desenlace de la crisis. En el campo internacional, los dirigentes de Irak, Libia, Yugoslavia y el palestino Yaser Arafat se apresuraron a felicitar a los golpistas, según contaba el jueves Guennadi Búrbulis, que fue secretario de Estado de la Federación Rusa.

En Moscú, grupos de diputados con experiencia o contactos militares iban a dialogar con los tanquistas, que estaban confusos sobre el carácter de su misión junto a la Casa Blanca, defender el edificio o prepararse para atacar, y sondeaban a los mandos en los cuarteles.
El jefe de Gobierno soviético, Valentin Pávlov, uno de los que se había rebelado, dijo posteriormente que Borís Yeltsin se había puesto en contacto con el jefe de las tropas de paracaidistas Pável Grachov para solicitarle el envío de tanques a la Casa Blanca.
Sin preguntar a su jefe, el ministro de defensa Dmitri Yázov, Grachov envió tropas a Yeltsin, y en aquel contingente, que desapareció después con la misma facilidad con la que había salido a la calle, estaba el general Alexandr Lébed, que se distinguiría después por su expeditiva actitud en la región separatista del Transdniéster, en Moldavia.

A lo largo del 19 de agosto, en torno a la sede del parlamento se fue concentrando gente, aunque no demasiada, comparado con los grandes mítines que por entonces sacaban a la calle a centenares de miles de personas. A las cinco de la tarde, los comunistas dieron una conferencia de prensa. En ella, las explicaciones y las manos temblorosas de Yanáev hicieron presentir que aquellos hombres no estaban en disposición de acabar con éxito la lucha que habían iniciado.

El 20 de agosto el número de "defensores de la Casa Blanca" había aumentado. Entre la masa de espontáneos reunidos en torno a la sede del parlamento había gentes tan distintas como el guerrillero checheno Shamil Basáiev, el embajador del Reino Unido en la URSS, cosacos, artistas, intelectuales y moscovitas de a pie. Muchos de ellos se integraron después en una organización que se llamó "Zhivoe Kolzó" “El Anillo Vivo”.

La noche del 20 al 21 de agosto fue la más dramática de las tres que Yeltsin y sus seguidores pasaron en el parlamento ruso. Los resistentes temían que pudiera producirse un asalto. Entre los seguidores de Yeltsin se habían repartido armas. Algunos diputados, con la carabina al hombro, tomaban posiciones en los tejados de la Casa Blanca. Después de la medianoche, el vicepresidente de Rusia, general Alexandr Rutskoi, un aviador veterano de la guerra de Afganistán, exhortó por los altavoces a defender el edificio, pero poco después, Guennadi Búrbulis, por entonces muy próximo a Yeltsin, utilizó el mismo sistema de megafonía para afirmar la libertad de cada cual de hacer lo que creyera oportuno. Aquella madrugada, una mala maniobra de un tanque junto a una columna de manifestantes acabó con la vida de tres jóvenes en el cruce entre el anillo circular y la avenida Kalinin.

Kriuchkov se había paseado alrededor de la Casa Blanca en un coche con ventanas ahumadas y mantenía conversaciones telefónicas con Búrbulis y los yeltsinistas. Según Víctor Ivánenko, que dirigía el recién formado comité de seguridad del Estado de Rusia, Kriuchkov, considerado el cerebro del golpe, se dio por vencido en la madrugada del 21 de agosto y anunció a los atrincherados que podían dormir tranquilos. El KGB había movilizado al grupo antiterrorista "Alfa", pero no dio la orden definitiva de asalto, aunque sí hubo órdenes previas de avance, reconocimiento y desarrollo del plan de acción. Como otras instituciones del Estado, el KGB no era por entonces una unidad monolítica.

El 21 de agosto, en un pleno extraordinario del parlamento ruso se designó a una comisión especial dirigida por el vicepresidente Rutskói para ir a buscar a Gorbachov a Crimea. También los golpistas volaron de nuevo hacia allí. En la madrugada del 21 al 22 de agosto Gorbachov y su familia fueron conducidos en avión a la capital.
El rostro desmejorado de Raisa, la esposa del presidente, revelaba el sufrimiento pasado. Vino después el gran mitin de la Casa Blanca en la mañana del 22 de agosto, la sensación de hermandad y de incomparable liberación.
Por la noche, el rostro colectivo beatífico de los "vencedores" se había transformado en amenazador, cuando una multitud se dirigió a la sede del Comité Central del PCUS intentando romper sus ventanas y siguió después hasta la sede del KGB, en la plaza de la Lubianka, donde por la noche un camión se llevó la estatua de Félix Dzherzhinski, el fundador de los servicios secretos después de que la multitud intentara derribarlo con un lazo.

El 23 de agosto, en un verdadero espectáculo ante el parlamento ruso, Yeltsin puso en evidencia la erosión política irreversible que el levantamiento había supuesto para Gorbachov y para el PCUS.
El analista Serguéi Parjómenko, que seguía los acontecimientos, opina que aquella humillación pública satisfacía los instintos de venganza personales de Yeltsin por las humillaciones que antes le había infligido Gorbachov.
Al día siguiente, el líder de la URSS rompía su relación con aquella fuerza política donde había militado toda su vida adulta y renunciaba al cargo de secretario general. Gorbachóv pidió al Comité Central que se autodisolviera. La sede de este organismo en Moscú fue sellada, los periódicos comunistas, prohibidos y los últimos reveldes, arrestados. Veinte años después, Gorbachov afirma con rotundidad que nunca, ni siquiera entonces, creyó poder formar un tándem eficaz con Yeltsin.

Las exposiciones fotográficas que se han celebrado este año con motivo del 80 aniversario de ambos líderes, en el caso de Yeltsin "postmortem", reflejaron aquella animadversión. En ambas muestras documentales se ha evitado la imagen del "otro", como si las biografías de Gorbachov y la de Yeltsin fueran paralelas y ambos no se hubieran encontrado jamás. Al margen de las relaciones personales de ambos líderes, los yeltsinistas de primera hora buscan hoy el contacto con Gorbachov y reconocen los méritos de aquel político al que acusaron de indeciso y lento.

Los que no se han convertido en rehenes del dinero y el poder se muestran desilusionados y hasta inquietos por las restricciones a las libertades democráticas impuestas por Vladímir Putin, el actual jefe de gobierno y ex presidente de Rusia.

Búrbulis advertía el jueves que Rusia Unida, el partido mayoritario en el parlamento, podía seguir el rumbo del Partido Comunista de la URSS y que el peligro de desintegración de Rusia "existe" y es "más serio de lo que el régimen presupone con ligereza".

Veinte años después, Búrbulis reconoce que los comunistas rebeldes  de 1991 eran gentes que se guiaban "por sus propias convicciones y el sistema de valores formado a lo largo de su biografía". "Defendían su visión del mundo y su fe. Aquello era una guerra religiosa", señalaba. Víctima de aquella conmoción histórica fue el mariscal Serguéi Ajroméiev, el jefe del Estado Mayor, un veterano de la Segunda Guerra Mundial, que se suicidó dejando un amargo mensaje a su familia. Hubo también otros suicidios como el del ministro del Interior, Borís Pugo, y el de varios funcionarios comunistas responsables de las finanzas del partido.

Tras los sucesos de agosto, la Casa Blanca y sus alrededores, fueron bautizados como plaza de Rusia Libre, y durante un tiempo tuvieron un aura mágica. La magia se disipó en 1993, cuando el mismo paisaje fue escenario de una lucha fraticida entre los vencedores de 1991. La orden de Borís Yeltsin de cañonear el parlamento en octubre de 1993 fue un terrible trauma para el Estado que se acababa de regresar al capitalismo Después, la Casa Blanca, que hoy es sede del gobierno ruso, fue protegida y aislada del exterior con una alta valla de hierro.

En febrero de 1994 fueron amnistiados los bolcheviques de 1991 y los dirigentes rusos que se habían enfrentado a Yeltsin en 1993, como el ex vicepresidente Rutskói y el ex jefe del Parlamento, Ruslán Jazbulátov. Con el tiempo, quienes se enfrentaron brutalmente entonces han podido comenzar un tímido diálogo. En 2010 representantes de los dos bandos enfrentados en 1993 se reunieron para celebrar el 20 aniversario de la constitución del primer parlamento democrático ruso en 1990. Lo hacían con timidez, con miedo a pronunciar palabras que reabrieran heridas, pero más sabios, más expertos y más tolerantes que hace dos décadas. Los veteranos de 1991 y 1993 se enorgullecían de haber sido elegidos limpia y honradamente en 1990 y sabían que en eso precisamente son superiores a los políticos rusos actuales, criaturas surgidas de elecciones manipuladas o producto de la designación a dedo.
El ex líder soviético Gorvachov niega de ser el único culpable de haber destruido la ex Unión Soviética, culpó de ello al primer presidente ruso, Boris Yeltsin.
“Hay gente que quiere echarme a mí toda la culpa de haber destruido la Unión Soviética, pero no es cierto. Yo luché hasta el final para salvar a la URSS”, afirmó en declaraciones a la BBC.
“Quise crear una nueva unión que sirviese a nuestras necesidades, una unión democrática dotada de un poder fuerte y centralizado”, agregó.

“Pero fue Yeltsin quien se lanzó a destruirla al convertirse en presidente de Rusia, y lo hizo actuando a nuestras espaldas para lograrlo. Cometimos un error político. Debimos habernos librado de él en cuanto nos dimos cuenta”, agregó.
Preguntado por la situación actual, Gorbachov expresó su inquietud: “Estoy muy preocupado, sólo estamos a mitad de camino en el camino desde un régimen totalitario a la libertad y la democracia. Y sigue la batalla”.
“Hay todavía mucha gente en nuestra sociedad que tiene miedo a la democracia y preferiría un régimen totalitario”, agregó.
“Ya no se permite a los rusos elegir a los gobernadores de las regiones”, criticó Gorbachov, según el cual el partido “Rusia Unida” se aparta de la democracia y hace cualquier cosa por mantenerse en el poder.
Gorbachov dijo por otro lado que el ex presidente ruso Vladimir Putin y su sucesor y actual jefe del Estado, Dmitri Medvédev, “son amigos y trabajan en tándem” aunque reconoció que el segundo ha comenzado a dar algunos signos de independencia. “Parece que hay fricciones entre ambos, y esto no es bueno para el país”, dijo Gorbachov.

La política exterior de Gorbachov, a la que llamó “nuevo pensamiento”, también contribuyó al fin de la Guerra Fría.
Gorbachov señaló que la seguridad era un juego del cual todos podían beneficiarse a través de la cooperación. En lugar de intentar construir tantas armas nucleares como fuera posible, proclamó una doctrina de “suficiencia”, manteniendo sólo una cantidad mínima para garantizar la protección. También creía que el control soviético sobre un imperio en Europa del Este estaba resultando demasiado muy caro y dando muy pocos beneficios, y que la invasión a Afganistán había sido un desastre costoso.
Para el verano de 1989, los europeos del este ya estaban conociendo los primeros resultados del capitalismo. Gorbachov se negó a apoyar el uso de la fuerza para acallar las manifestaciones. En noviembre, se produce la caída del Muro de Berlín.

Algunos de estos acontecimientos ocurrieron debido a errores de cálculo de Gorbachov. Después de todo, quería reformar el comunismo, no reemplazarlo. Sin embargo, sus reformas se convirtieron en una bola de nieve impulsada desde abajo en lugar es estar controlada desde arriba. Al tratar de reparar el comunismo, abrió un agujero en él. Como una grieta en una represa, una vez que la presión acumulada comenzó a salir, amplió la fisura y quebró el sistema.
En contraste, si el Politburó del Partido Comunista hubiera escogido a uno de los competidores de línea dura de Gorbachov en 1985, es posible que el declive de la Unión Soviética hubiera tomado cerca de otra década. No tenía que colapsar tan rápidamente. La orientación capitalista de Gorbachov contribuyó en gran medida al ritmo del cambio.

No obstante, hubo también causas más profundas de la caída del sistema soviético. Una fue el poder “suave” de las ideas liberales, cuya difusión se vio ayudada por el crecimiento de las comunicaciones y los contactos trasnacionales, mientras que el efecto de demostración del supuesto éxito económico de Occidente les dio una capacidad de atracción adicional. Además, el enorme presupuesto de defensa soviético comenzó a socavar otros aspectos de la sociedad soviética. El sistema de atención de salud se deterioró y aumentó la tasa de mortalidad, se trató del único país desarrollado donde ocurrió eso. Finalmente, incluso el ejército tomó conciencia de la tremenda carga causada por la excesiva extensión territorial del sistema socialista.
Mientras tanto, el declive de la economía soviética reflejó una menor capacidad de planeamiento central para responder al cambio económico global. Stalin había creado una economía vertical que enfatizaba la manufactura pesada e industrias llenas de chimeneas, haciéndola altamente inflexible y carente de versatilidad.
Según este profesor de Harvard,Joseph S. Nye, las lecciones para hoy son claras. Si bien el poder militar sigue siendo importante, es un error para cualquier país descartar el papel del poder económico y el poder blando. El mundo debe agradecer a Gorbachov el hecho de que la URSS y el sistema socialista que tuvo a su cargo terminara sin una conflagración sangrienta, sin disparar un solo tiro.

Hoy día Mijaíl Gorbachov, que se dedica a recibir los favores del imperialismo, dictando conferencias en varias Universidades y recibiendo a cambio grandes sumas de dinero, pide elecciones honestas y una renovación política

El ex presidente de la Unión Soviética acusa a los líderes rusos de practicar una política de "retroceso".

El ex presidente de la URSS, Mijaíl Gorbachov, se ha pronunciado a favor de una "renovación" de la cúpula directiva de Rusia, ha acusado a sus actuales líderes de practicar una política de "retroceso" y ha reclamado "elecciones honestas". Gorbachov, que cumplió 80 años en marzo y fue operado de la columna vertebral en abril, ha protagonizado una concurrida y animada conferencia de prensa con motivo del 20 aniversario del intento de restablecimiento del comunismo en Rusia que un grupo de dirigentes soviéticos llevó a cabo entre el 19 y el 21 de agosto de 1991. Aquella acción, de la cual Gorbachov ha dicho haber sido advertido previamente, aceleró el fin de la Unión Soviética y del poder de Gorbachov.

En la agencia Interfax, el primer y último presidente de la URSS, jovial y sin corbata, pero con más canas y más peso que hace 20 años, ha compartido sus recuerdos y se ha pronunciado de forma crítica sobre el presente y el futuro, aunque ha tratado de evitar ataques personales al primer ministro Vladímir Putin y al presidente, Dmitri Medvédev.
"Se necesitan elecciones honradas", ha repetido en varias ocasiones, afirmando que eso era lo más importante.

Gorbachov ha enumerado una serie de puntos, equivalentes en la práctica a un programa político mínimo para el cambio. Ha dicho que deben restablecerse las elecciones a gobernadores y también las elecciones por distrito mayoritario, dos elementos del sistema político que fueron abolidos en época de Vladímir Putin. "La gente debe sentir que algo depende de ella y no que le toman el pelo", ha afirmado. Gorbachov ha explicado que había apoyado y apoya a Putin, "especialmente en Occidente".

Este dirigente ha sido popular por haber "sacado a país del caos después de Boris Yeltsin", y, si se hubiera marchado tras su primer mandato como presidente "y no se hubiera dedicado a nada más, ya hubiera pasado a la historia por esto", ha opinado. "Apoyo a Putin", continuó Gorbachov, pero "esto no vale", ha sentenciado, refiriéndose a las elecciones y a la creación del Frente Popular, una organización informal con la que el partido mayoritario en el poder, Rusia Unida, espera renovar su imagen y atraer más votos. Putin dirige Rusia Unida sin ser miembro de este partido y son muchos los que piensan que el actual primer ministro está pensando en recuperar la presidencia en las elecciones del próximo marzo.

En relación a los comicios, Gorbachov ha manifestado que la administración del Kremlin, y en concreto el vicejefe de esta institución Viacheslav Surkov, se dedican a manipularlas, "distribuyendo tareas y los porcentajes a conseguir en las diferentes regiones". En cuanto al Frente Popular, se trata de una "organización innecesaria inventada", ha dicho. Y ha añadido que también podían inventarse algo así como "los diez golpes de Putin", una alusión a los "diez golpes de Stalin", que era una expresión empleada durante la segunda guerra mundial para referirse a las ofensivas militares soviéticas. Preguntado quién puede sustituir a Putin y a Medvédev, Gorbachov ha matizado que la renovación no debe reducirse a estos dos políticos. Rusia Unida  debe renunciar al monopolio político que, según él, existe en el país. "No hay que repetir la peor variante del Partido Comunista de la URSS", ha exclamado, aludiendo al papel dirigente del Partido Comunista, que estaba fijado en la constitución de la URSS hasta que fue abolido durante la "perestroika".

"Estoy a favor de que nuestro país continúe desarrollándose por la vía democrática. Ahora nos encontramos a medio camino", ha dicho. Afirmando la necesidad de un programa de desarrollo del país, Gorbachov ha mencionado la alta tasa de mortalidad de Rusia, "equiparable a los países africanos". También se ha referido al alto nivel de pobreza y al bajo nivel de la educación y el carácter cada vez más restringido de ésta en la medida en que, en contra de lo que afirma la constitución, hay que pagar por ella. "Solo los ricos podrán recibirla", ha sentenciado Gorbachov recordando las oportunidades que el sistema soviético le brindó a él, hijo de una familia campesina del norte del Cáucaso, de estudiar derecho en Moscú. El ex líder de la URSS se ha referido también a los deficientes servicios sanitarios, a los hospitales atestados de camas hasta en los pasillos, a las largas listas de espera y los medicamentos caros. "Mientras siga existiendo el sistema actual de formar el poder no podremos resolver estos problemas", ha dicho.

Preguntado si había concebido alguna esperanza de formar un tandem eficaz con Yeltsin tras el golpe de agosto cuando volvió a Moscú tras haber sido retenido en su dacha de Forós, en Crimea, Gorbachov ha sido categórico: "nunca me vinieron tales pensamientos a la cabeza".
El ex líder soviético ha acusado al ex presidente de Rusia, Boris Yeltsin, de haber mantenido un doble juego, también en las negociaciones del Tratado de la Unión, el documento que debía ser firmado el 20 de agosto de 1991 y con el que se pretendía atajar el proceso de desintegración del Estado. "Siempre sucedía lo mismo, nos sentábamos a la mesa, nos poníamos de acuerdo y había total comprensión", pero luego Yeltsin "mantenía otras conversaciones a espaldas". "La política debe ir unida a la moral" ha afirmado.

Gorbachov ha evitado pronunciarse sobre la terminología democrática evocadora de la perestroika que utiliza en ocasiones el presidente Medvédev y dijo considerarse feliz por haber estado en el "epicentro de grandes acontecimientos en los que tomé decisiones que llevaron a cambios positivos" y que continúan todavía. "Critican a Gorbachov por haber sido débil, flojo. Eso es lo que dicen. Pero si en vez de haber alguien flojo en aquellos momentos en aquel puesto (presidente de la URSS), sabe Dios qué hubiera podido hacer", ha exclamado, aludiendo a la violencia que, a diferencia de Yugoslavia, la URSS consiguió evitar en gran medida en su derrumbe final. Gorbachov ha dicho seguir siendo un seguidor de Lenin y ha afirmado que las enseñanzas de éste habían sido deformadas en época de Stalin.

Nina Andreieva, es estalinista y profesora de química en Rusia, calificó desde un comienzo la “perestroika”, como el período más negro del socialismo en la URSS.

En 1989 ya decía lo siguiente: "Creo que la perestroika pasará a la historia como el período más negro del socialismo".
Nina Andreieva, la profesora de Química que se hizo famosa con el artículo “No puedo renunciar a mis principios”, considerado hasta hoy como el manifiesto de los estalinistas. Mijail Gorbachov leyó el artículo y estuvo de acuerdo en que había que publicarlo. Los defensores del marxismo, leninismo puro consideran que el socialismo con rostro humano no es más que un lema de la contrarrevolución. Nina Andreieva, y con ella los seguidores de Stalin, afirma que todo lo que se publica sobre su líder es "basura, invenciones, fantasías, infundios sucios que los hechos no confirman".

Conversamos con Nina Andreieva cinco horas. Fue un tiempo que ella abrió con la política y cerró hablando del amor, en un itinerario que fue desde una estación de metrohasta una jruschovka, como se llama a los pisos característicos de la época de Jruschov, y pasó por un hospital. En el jardín de la clínica donde el marido de Nina Andreieva, el profesor de Filosofía VIadimir Klushin, se reponía de una afección de riñón, el sol de media tarde hacía brillar el cabello, de esta profesora de 51 años, a quien sus colegas en el Instituto Tecnológico de Leningrado hacen el vacío por las denuncias anónimas que ella escribía en época de Breznev.

Esta mujer, que acabó la escuela secundaria con medalla de oro, preside hoy un grupo marxista-leninista llamado Edinstvo, Unidad, creado a fines de mayo. A la fundación, en Moscú, asistieron representantes de 26 ciudades. Han prescindido de la palabra perestroika, porque "está tan comprometida que es mejor no usarla por el momento. Nadie sabe qué es. Hay perestroikas socialistas y no socialistas".
Ninoshka, como la llama su marido, estaba contenta, pues entre las cartas recibidas y van más de 7.000 desde que su famoso artículo se reprodujera, dice, en más de 930 periódicos soviéticos, hay una que informa de la aparición de Edinstvo en la ciudad ucraniana de Stajanov, en la zona de minas y huelgas de Donbás. Nina se lo anuncia a su marido, VIadimir Ivanovich, dirigiéndose a él con el nombre y el patronímico.

Las huelgas son "una protesta ante los acontecimientos de hoy. Durante cuatro años nos alimentan con promesas, pero el hombre no recibe nada por su trabajo y las cosas empeoran. El dinero se devalúa tanto que el sueldo ya no sirve para comprar nada. Y tampoco es normal que los economistas reciban más que los mineros". Klushin la escucha atentamente. Tiene los hombros cubiertos por una americana de veterano, con condecoraciones en la pechera.

La contrarrevolución

Edinstvo, nos dice Andreieva, es una entidad estatal, pero organizada según la región. "En el Báltico la contrarrevolución está en auge, y en Moldavia está seguramente en una fase superior. En el Cáucaso hay conflictos. Otras regiones de Rusia están tranquilas", señala Andreieva, que colabora con el partido comunista, "no el partido de Gorbachov", del que es miembro.

Andreieva opina que la prensa veta a los defensores del auténtico marxismo-leninismo. "Es una pena que un país tan grande haya caído tan bajo y haya dado la oportunidad de apoderarse de los medios de comunicación a 'esta gente ajena al socialismo, que vivieron estupendamente en la llamada época del estancamiento, que lamentan no poder comprarse una taza de retrete de oro o bañarse en champaña con una rubia por la mañana".

"Toda esta terminología de 'socialismo con rostro humano' repiten Ios lemas de la contrarrevolución en Checoslovaquia, que tanto allí como aquí comenzó con el congreso de los escritores y con la concentración de elementos filosionistas en los medios de comunicación", asegura Andreieva.

Nina Andreieva siente nostalgia del "entusiasmo" de un tiempo en el que "vivíamos con la confianza de que mañana vamos a vivir mejor y que las dificultades que teníamos eran objetivas, porque empezábamos a construir nuestro socialismo desde cero", un tiempo en el que "todos estábamos seguros del futuro, nos íbamos a dormir y sabíamos lo que pasaría mañana", un tiempo en el que "las ideas de cataclismo social no existían".

Esta imagen ensombrece, a sus ojos, estos cuatro años de perestroikaen los que "hay que constatar que la situación económica, ideológica, política, de seguridad social, no hace más que deteriorarse".

¿Cuándo se perdió la confianza en el futuro radiante? "A fines de los años cincuenta, con los intentos de introducir elementos del capitalismo en la economía, con la incapacidad de introducir cambios de carácter socialista".

Opina Nina Andreieva que "Stalin desempeñó un enorme papel en la construcción del socialismo. Los tiempos eran crueles y estaba en juego ser o no ser. Había que decidir de forma precisa y urgente. Con una dura lucha de clases en el interior de la sociedad y un entorno imperialista, la política debía ser dura. El papel de la personalidad debe valorarse en las condiciones concretas en que actuaba. Imagino por un minuto a los actuales dirigentes en aquel período...". ¿Hubieran actuado igual? Elude la respuesta.

Más tarde, en el piso de su hija, donde reside temporalmente, Nina Andreieva, descalza, se apoyará en el quicio de una puerta, echará la cabeza hacia atrás y con vehemencia repetirá: "Ninguno, ninguno de los dirigentes que han venido después le llega a la suela de los zapatos a Stalin".

Para Andreieva lo que se publica hoy sobre Stalin es "basura, invenciones, fantasías, infundios sucios que los hechos no confirman". ¿Y todas esas fosas llenas de huesos por doquier? "No hay pruebas. La Prensa trata hoy de aturrullar a la gente, sobre todo al pequeño burgués soviético que no quiere esforzar su cerebro y por eso se lo traga todo".

Pues las fosas son algo impresionante...

"Claro, es lo que más impresiona, pero mire, en Moscú se organizó un follón por el hallazgo de una de esas fosas. Yo tengo una carta de un hombre que trabajó en la policía y enterró aquellos cadáveres y cuenta que allí, de noche, para no inquietar a la población, se enterraba a las víctimas de los ataques de guerra. No le publican su testimonio".

Andreieva no tiene ilusiones sobre la política que se llevará a la práctica en el nuevo Parlamento. Tampoco se siente representada por algún grupo parlamentario: "Yo no tengo puntos de vista particulares. Mis puntos de vista son marxistas-leninistas, los que ahora se pisotean y destruyen. Son leyes que funcionan objetivamente e ignorarlas sólo puede hacer daño a la sociedad socialista".

Cree Andreieva que su artículo, defendido por el miembro del Politburó Egor Ligachov, creó una fisura entre los soviéticos, que en 1985 acogieron la perestroika porque "no se podía seguir viviendo así y había que hacer una limpieza general. Apareció una tendencia a favor del perfeccionamiento del socialismo y otra de la restauración del capitalismo. Mi artículo fue un jalón a partir del cual las contradicciones se convirtieron en diferencias antagónicas autoexcluyentes. Hoy se ataca el papel dirigente de la clase obrera y el partido comunista como vanguardia. Los representantes de la tendencia restauradora del capitalismo son nuestros economistas mercantilistas".

El artículo de marras era en principio parte de una polémica con el escritor Alexandr Prajanov sobre Afganistán. Nina Andreieva lo mandó a varios diarios, pero sólo Sovietskaia Rossia le prestó atención. Por teléfono, le pidieron resumir y prescindir de Prajanov.

Nina Andreieva dice no conocer a Ligachov, pero asegura estar informada de que éste leyó el artículo y que "también lo leyó Mijail Sergueievich (Gorbachov) y estuvo de acuerdo en que había que publicarlo, antes de viajar a Yugoslavia". El resultado se vio casi como una invitación al golpe de Estado en los sectores liberales, angustiados hasta que Pravdarespondió el 5 de abril.

Nina Andreieva, descalza, juguetea con sus pies, mientras lee las críticas a Gorbachov que figuran en su correspondencia. "Aquí lo comparan con Dubcek, aquí piden que le procesen por liquidar el socialismo, aquí subrayan que vivió con Mlynar, un amigo de Dubcek, un contrarrevolucionario..., aquí dicen que hay que quitarle la máscara de comunista y mostrar su cara de burgués, aquí mandan unos versos".

A punto de despedirnos, saca una revista de rock. Subraya que está  impresa en Estonia. En ella hay una foto del solista del conjunto DDT, Yura Shefshuk, con los genitales aparentemente fuera de la bragueta desabrochada. "Habráse visto", dice, señalando el objeto de su indignación. El discurso da un brusco giro. "Lo más sagrado entre un hombre y una mujer es el amor", dice. "En la sociedad del futuro el amor entre hombres y mujeres tendrá una gran importancia. Será un profundo sentimiento. El amor depende del interior del hombre y de la mujer, de su nivel de inteligencia. Sólo las profundas naturalezas son capaces de amar íntegramente. Estamos en contra de las relaciones prematrimoniales. Hay que enseñar a los jóvenes que la proximidad no es sólo física, que debe ir acompañada de sacrificio. En Rusia siempre hubo una gran moralidad. Entre los campesinos se valoraba la familia y la capacidad de renuncia de las mujeres dispuestas a todo por el ser que aman. El amor no es objeto de comercio ni de contrato, como intentan inculcarnos ahora". Como en economía, Nina Andreieva está por el perfeccionamiento del plan.
“La izquierda política en Rusia”
Según un artículo escrito por José María Laso Prieto, titulado, “La izquierda política en Rusia”.
Los partidos políticos de izquierda que han emergido en Rusia en los últimos años. Casi todos ellos datan de 1991, año en que la política de la perestroika hizo crisis dando lugar no sólo a la desintegración de la URSS sino también a la prohibición y disolución del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS). Prácticamente hasta una fase muy avanzada de la “perestroika” el PCUS fue la única fuerza política legal en la URSS.
Por ello, casi todos los dirigentes actuales de los partidos políticos rusos proceden del PCUS. Por haber sido el único partido político que actuaba en la Unión Soviética, todos los ciudadanos con vocación política militaban en él. De ello se derivó un cierto pluralismo político en el seno del mismo que operaba en forma de corrientes tácticas. Así, ya en la década del 70, e1 prestigioso histo­riador Roy A. Medvedev, en su libro "La democracia socialista”, distinguía en el seno del PCUS las siguientes corrientes:
1) La neostalinista.
 2) La bolchevique moderada, entendiendo como tal a la que pretendía conservar moderadamente las formas que entonces revestía el régimen soviético.
 
3) Los Demócratas del Partido. A juicio de Medvedev, se trataba de una corriente de izquierda que tenía su fundamento en el marxismo leninismo.
A su vez, el mismo historiador describe otras corrientes políticas existentes en 1970 fuera del Partido pero que se salen de nuestro tema. El intento de golpe de Estado realizado el  19 de Agosto de 1991 por el denominado “Comité de Emergencia”, posibilitó a Yeltsin la prohibición del PCUS en el territorio de la República Federal Rusa y la casi inmediata disolución del mismo en todo el territorio de la URSS con la única excepción de Armenia, donde no se acató su decisión. La mayor parte de los militantes honestos del PCUS, que nada tenían que ver con la actuación del “Comité de Emergencia”, se vieron tan sorprendidos por la disolución decretada por Gorbachov que no reaccionaron de inmediato Sin embargo, poco después comenzaron a nuclearse siete organizaciones políticas comunistas. Producto de la fusión de cuatro de ellas fue la constitución del Par­tido Comunista de la Federación Rusa que preside Guennadi Ziuganov, registrado oficialmente en Marzo de 1993.
Entre sus objetivos básicos figura la defensa de los intereses de la clase obrera, de los campesinos, de los intelectuales y, en general, de todos los trabajadores. En su programa electoral para las elecciones del 12 de Diciembre de 1993, figuraba: restaurar la legalidad rota por el asalto al Parlamento y constituir un Gobierno de concordia nacional. Asimismo promulgar una nueva Constitución elaborada libre y democráticamente. En contra del intento traumático de instaurar en Rusia un capitalismo salvaje, promover reformas económicas y políticas democráticas en interés de la gran mayoría del pueblo y bajo el control directo de ese mismo pueblo. En las elecciones de Diciembre obtuvo el 13.25% de los sufragios emitidos y ello le proporcionó casi una cuarta parte de los escaños de la Duma, Cámara baja del Parlmento. En el plano de las alianzas, el PCFR está dispuesto a colaborar con todos los partidos que defiendan los intereses de los trabajadores y de los pueblos de Rusia.
El PCFR ha establecido relaciones con toda una serie de partidos extranjeros, incluyendo al Partido Comunista de España y a Izquierda Unida. En el plano interno, fruto de la política unitaria del PCFR ha sido el denominado "Acuerdo para Rusia", en el que figuran también el. Partido Agrario, el Partido Rusia Libre, y diversas personalidades independientes como el ex presidente del Tribunal Constitucional Valeri Zorkin, y Alexandr Tsipkó, vicepresidente de la Fundación Gorbachov. Por el número de militantes, el Partido Comunista de la Federación Rusa está considerado como el más importante del país. Las estimaciones sobre sus afiliados oscilan entre  el millón y el millón y medio.
En el seno de la izquierda política rusa  figura también el Partido Agrario de Rusia. Su base social procede de los campesinos koljosianos y fue registrado oficialmente en Abril de 1993. Su presidente es Mijail Lapshin, y otros dirigentes destacados Alexandr Davydov y Alexandr Zaveriuja. Entre sus objetivos, figuraban en el documento constitutivo: Defender los derechos y libertades políticas, económicas, culturales y cívicas de los campesinos, así como de los otros habitantes de las zonas rurales. Su finalidad fundamental es aumentar el bienestar de los trabajadores rurales y consolidar la sociedad para conseguir el renacimiento del campo ruso.
En el programa electoral de las elecciones de Diciembre de 1993, propugnaba también: 1) Mejorar el abastecimiento de alimentos­ para todos los sectores de la población. 2) Crear empleo en el campo y la ciudad. 3) Promulgar una ley de la tierra que regule claramente las relaciones agrarias adoptando como base el principio: tierra prioritariamente para los que la cultivan. 4) Transición hacia un mercado controlado socialmente por la función reguladora del Estado.
El Partido Agrario de Rusia tiene como aliado prioritario al Partido Comunista de la Federación Rusa. Sus resultados electorales en los comicios del 12 de Diciembre fueron muy satisfactorios, ya Que con el 9,59% de los sufragios obtuvo una buena representación parlamentaria.
Asimismo, se puede clasificar entre las fuerzas políticas de izquierda al Movimiento Político Mujeres de Rusia, tanto por el hecho de que sus dirigentes y su base electoral proceden de las organizaciones femeninas del PCUS, como por su posición feminista. Como tal organización política fue fundada en Octubre de 1993. Entre sus objetivos, figuran en su acta fundacional: 1) Hacer más activa la participación de las mujeres en la vida social y política de Rusia. 2) Aumentar la representación de las mujeres en los organismos representativos del poder a todos los niveles.
En su programa electoral para las elecciones del 12 de Diciembre, destaca: 1) la creación de una economía de mercado controlada socialmente. 2) Desarrollar prioritariamente los sectores de la economía que satisfagan las necesidades de la familia, los niños, etc. 3) Eliminar todas las formas de discriminación de la mujer y promocionar los derechos de los niños en la sociedad. Sus principales dirigentes son Alevtiria Fedúlova, Ekaterina Lájovay y Natalia Gúndarova.
En las elecciones de Diciembre superó el 5% de los sufragios y obtuvo representación parlamentaria. En las votaciones en la Duma o Parlamento tienden a votar conjuntamente con el Partido Comunista y el Partido Agrario. Algunos analistas políticos consideran que tanto el Partido Agrario como el de Mujeres de Rusia son, por su especificidad sectorial, más movimientos que auténticos partidos políticos.
Una fuerza de izquierda muy interesante está constituida por el Partido Socialista de los Trabajadores (PST), surgido en Septiembre de 1991 como reacción de una parte de la militancia de base del PCUS contra la ilegal disolución de su partido. Se convocó entonces una Conferencia constituyente a la que asistieron 325 delegados de grupos de iniciativa para la constitución de un partido de izquierda en Rusia. Su primer Congreso se produjo en Noviembre de 1991 y se definió por el firme mantenimiento de los ideales del socialismo y el comunismo, así como por los principios y el método marxistas. La presidenta del PST es la economista Luzmila Bartazarova, y cuenta con organizaciones regionales en todas las repúblicas, territorios y regiones autónomas de la Federación Rusa. No obstante su denominación, el PST sólo cuenta en sus filas con un 10% de obreros y un 5% de campesinos. Su núcleo fundamental de militancia está constituido por científicos e intelectuales. Por ello, el nivel cultural e ideológico de la militancia es muy alto. Ante las dificultades que tuvieron para presentar sus candidaturas decidieron no presentarse a las elecciones de 1993.
Empero disponen de algunos diputados a la Duma. Inicialmente independientes, colaboran con el grupo parlamentario del Partido Comunista. Su dirigente, Guennadi Ziuganov, asistió al IV Congreso del PST, celebrado el 26 de Febrero de 1994, y participó activamente en los debates del mismo. Tanto Ziuga­nov como Bartazarova valoraron la estrecha colaboración entre ambos partidos de izquierda y, no obstante las diferencias tácticas y organizativas que todavía les separan, son partidarios de la unidad entre dichas organizaciones. Los delegados extranjeros que asistimos al IV Congreso del PST quedamos muy favorablemente impresionados por el nivel teórico de sus debates, su entusiasmo, su cordialidad y sus sentimien­tos solidarios e internacionalistas.
Además del PST, existe en Rusia el denominado Partido Comunista de los Trabajadores, que dirige Viktor Anpílov junto con el Movimiento Rusia Obrera. No se han difundido datos sobre su implantación militancia, programas, ect., salvo los que proporcionan la personalidad e ideas de su dirigente. Anpílov, antes de dedicarse activamente a la política, fue locutor de Radio Moscú y corresponsal en Nicaragua. Por haber defendido al Parlamento, ha permanecido en prisión hasta la reciente amnistía. Un corresponsal extranjero le describe así: “Revolucionario na­to y orador brillante ha consagrado su vida a tratar de impedir que su patria avance hacia el capitalismo; su objetivo es defender lo que aún queda del sistema socialista y reinstaurar la dictadura del proletariado". Anpílov matiza tal concepto, señalando que se refiere “a su significado científico", ya que es partidario de un auténtico control y poder popular.
También existe un denominado “Partido del Trabajo de Rusia”, que propugna un sistema de producción cooperativista, y que tuvo representación en el Congreso del PST. Y, asimismo, el “Partido Comunista Ruso”, que dirige Nina Andreieva, y está considerado como stalinista.

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