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El polvorín

La felonía

4 Agosto 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica


Archivo:Jose Vicente Rangel.png
Texto: JOSÉ VICENTE RANGEL

-I- Aquellos que atacan a Venezuela desde Colombia —la macolla uribista, los voceros de la oligarquía y la ultraderecha del vecino país, los mandos castrenses influidos por un anacrónico expansionismo cocinado en los institutos militares, y, por supuesto, los intereses que están detrás de narcos y paramilitares— venían planificando la provocación de que fue víctima el país el pasado jueves 22 de julio, fecha que quedará inscrita en la historia como una felonía. Álvaro Uribe desesperaba por consumar la agresión antes de concluir su mandato.

 ¿Qué motivaba su premura? que llegó a la conclusión de que Juan Manuel Santos —electo con votos uribistas y, ¡oh sorpresa!, con un caudal importante de votos propios que le dan autonomía— tenía una visión distinta a la suya sobre las relaciones con vecinos como Ecuador y Venezuela. Santos, desde que fue electo, comenzó a enviar señales de diálogo en vez de confrontación. La lógica de ésa nueva política, impuesta por las circunstancias en las que accede a la Casa de Nariño, con un cuadro social y político complejo; difícil situación internacional, enfrentamiento del Ejecutivo con el Poder Judicial, grave deterioro de los derechos humanos, le impone un reajuste. No una ruptura con su antecesor, sino una revisión para enmendar rumbos donde haya que hacerlo. -II- Claro está que un hombre como Uribe, con una concepción blindada del mando y el criterio de que el poder hay que ejercerlo con sentido de continuidad para que sea efectivo, tenía que reaccionar, y en consecuencia dispuso la elaboración de un plan. Lo hizo con su conocida audacia para producir golpes efectistas; su proverbial desprecio por la normativa legal; su arrebatada manera de imponer sus puntos de vista y su falta de escrúpulos para ejecutar lo que planifica. Luego de tantear a Santos —se conoció por las filtraciones en la cúpula del poder—, de explorar sus designios y arribar a la conclusión de que después del 7 de agosto su política frente a Chávez —convertido en obsesión diabólica para él— cambiaría de signo, o tendría un tratamiento diferente, menos pugnaz y más fluido, ordenó a sus incondicionales ejecutar, contra reloj, el montaje que tenía preparado. Un sofisticado paquete confeccionado en detalle, con recursos propios y apoyo de organismos de seguridad e inteligencia norteamericanos —¿por eso la insólita presencia del embajador Brownfield en el despacho del ministro de Defensa el día del anuncio?—, destinado, fundamentalmente, a producir efectos mediáticos.

 El formato, copia del que utilizó el Gobierno de Bush para atacar a Irak, consistente en su fase inicial en una brutal ofensiva publicitaria destinada a intoxicar a la opinión internacional y a convencer a otros gobiernos de que Sadan Hussein contaba con “armas de destrucción masiva”, preparó las condiciones para el despiadado ataque. La estrategia tuvo éxito. Lo que fue un montaje a base de mentiras —como se demostró posteriormente cuando Irak fue arrasado—, sirvió para justificar una de las aventuras más inmorales y sanguinarias de los Estados Unidos contra una nación en condiciones de inferioridad para defenderse. -III- En la sesión de la OEA del pasado del 22 de julio, el embajador colombiano Luis Alfonso Hoyos —un auténtico caballo en la huerta— empleó un lenguaje descomedido, insultante, revelador, además, del propósito personal de reivindicarse por haber sido despojado de su investidura parlamentaria por la Corte Constitucional debido a manejos dolosos de dineros públicos.

La actitud de Hoyos —y su discurso— es equiparable a la provocación que montó el presidente colombiano Virgilio Barco (1987) cuando colocó en el Golfo de Venezuela la corbeta Caldas, acto que estuvo a punto de provocar la guerra entre las dos naciones. El embajador Hoyos y la corbeta Caldas son la misma cara de la voluntad provocadora de la oligarquía colombiana, capaz de cualquier aventura en el momento menos pensado. Nada de lo dicho por Hoyos es confiable. Carece de sustento y constituye una vulgar repetición de anteriores denuncias que, a la hora de ser verificadas por autoridades venezolanos, resultaron falsas. Ya los organismos de inteligencia del país las trabajan y los primeros resultados confirman la falsedad de las fotografías y las coordenadas. Un ejemplo: la foto en la que aparece el dirigente político dominicano Narciso Isa Conde, corresponde a una reunión que éste mantuvo con la Farc en territorio colombiano en el 2006.

 Estamos en presencia de una modalidad política del Estado uribista: la emboscada. Que consiste en actuar al margen de la ley y en contra del Estado de derecho invocando, al mismo tiempo, su defensa. Es el aporte de la oligarquía colombiana y dirigentes mafiosos a la doctrina política. Producto de la trenza formada por narcos, paramilitares y liderazgos que conviven carnalmente con la delincuencia. O sea, lo que hoy constituye el Estado forajido forjado mediante la relación con el delito, que alcanza su máxima expresión durante los ocho años de Gobierno de Álvaro Uribe. Que genera una política que al interior del país consuma masacres disfrazadas con el eufemismo de “falsos positivos”; “chuzadas”, es decir, intervenciones telefónicas de los miembros del Poder Judicial, parlamentarios y líderes de la oposición—; estímulo de la violencia contra los sectores populares que obliga a éstos a desplazarse a Venezuela, Ecuador, Panamá y otras naciones; gasto militar desproporcionado y abandono de la inversión social. Y de una política hacia el exterior que proyecta intolerancia, que se traduce en acciones como el ataque armado a Ecuador y la infiltración del territorio venezolano con paramilitares, agentes del DAS, y la consumación de incontables crímenes y provocaciones.

 Lo del circo montado en el inefable escenario de la OEA, es la proyección en el campo de la diplomacia de esa política que por igual afecta a colombianos y a venezolanos. -IV- Queda pendiente el futuro de Uribe. ¿Qué ocurrirá con él? Obvio que se resistirá a jugar un papel discreto y no tardará en desatar su protagonismo. Pero son muchas sus cuentas pendientes con la justicia colombiana e internacional: A) Con la justicia colombiana porque tiene que responder por incontables atropellos, “falsos positivos”, “chuzadas”, relación con narcos, paramilitares y otros delitos. Un ex jefe del DAS, Ramiro Bejarano, acaba de declarar que la crisis con Venezuela la provocó Uribe, a pocos días de dejar la presidencia, para ocultar las denuncias en su contra. B) Con la justicia internacional porque si alguien tiene méritos para ser procesado ante la Corte Penal por delitos de lesa humanidad es él. Por eso que la amenaza del Fiscal General de Colombia, Guillermo Mendoza —quien parece ignorar que los Estados no pueden ser juzgados en esa instancia—, luce premonitoria: sobre Uribe se abaten los fantasmas de las masacres consumadas por orden suya en Colombia, en Ecuador, y la estela de crímenes cometidos en Venezuela por los paramilitares que ingresan a territorio nacional en función de un plan elaborado por el alto mando militar presidido por él. No es poca cosa. Por menos algunos ex mandatarios han sido procesados. Su futuro es incierto y no es lo mismo estar en el ejercicio del poder a no estarlo.

Ex vicepresidente de la República Bolivariana de Venezuela

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