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El polvorín

La Flia Uruguaya.

24 Noviembre 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

Miedo y asco en MVD
La columna de Daniel Figares.

       



La Flia Uruguaya.

imagesAlgunos de los datos contenidos en el Nuevo informe del Observatorio de la Familia en Uruguay  realizado x la Universidad de Montevideo (El Centro de Investigaciones Aplicadas sobre Pobreza, Familia y Educación, presentó el informe 2010), son realmente muy sombríos.

Lo primero que uno lee en las páginas digitales de la Universidad es el colgado del informe: “En todas las poblaciones estudiadas se ve un mayor atraso educativo en los jóvenes que no viven con ambos padres biológicos.”

Y como intro, se lee lo que sigue:

“Como cada año, el Centro presentó su nuevo informe con el análisis de los datos 2009 del Instituto Nacional de Estadística (INE). El estudio busca mostrar el posible impacto que genera en la educación de los menores, el hecho de vivir con ambos padres biológicos o no.

“El trabajo lo realizó Juan Dalmás, con la coordinación del director del Centro, Alejandro Cid. Los resultados indican que en todas las subpoblaciones estudiadas (clasificadas según edad, sexo, religión, ingresos, educación, locación, pobreza) se ve un mayor atraso educativo en los jóvenes que no viven con ambos padres biológicos en el hogar. En resumen, el atraso se acerca al doble en la mayoría de los casos. Y el problema se agrava al tener en cuenta que hoy el 43% del total de los jóvenes no vive con ambos padres y este porcentaje ha venido aumentando en la última década.

“Además, el atraso en los niños es mayor que el de las niñas en todos los casos; esta diferencia se amplía en la edad de la adolescencia. En el caso de los adolescentes (de 13 a 18 años) la diferencia en el atraso de los que viven con ambos padres biológicos y los que no viven con ambos padres es notoriamente mayor que la diferencia en el atraso entre los niños en edad escolar (menores de 12 años). En otras palabras, a medida que los jóvenes crecen parecería profundizarse la diferencia en el rendimiento académico entre los que viven con ambos padres biológicos y quienes no viven con ambos padres.”

La prensa local se hizo eco de algunos de los datos.

La periodista Ana Laura Pérez divulga información sobre el tema en una nota publicada en el semanario de derechas “Búsqueda” hace un par de semanas atrás bajo el título inequívoco de “En 25 años, matrimonios bajaron a la mitad y divorcios se duplicaron; “no se puede seguir” en “políticas para familias de padres e hijos”.”

Según el Observatorio entre los años 1985 y 2000, la tasa de nupcialidad se redujo casi a la mitad, pasando de 22.000 matrimonios x año a 14.000. Simultáneamente, en la otra cara de la moneda, la tasa de divorcios se incrementó: la cantidad de parejas divorciadas pasó de 18,7% en 1985 a 33,7% en el 2002.

“La tendencia continuó consolidándose –publica Búsqueda- hasta superar en 2004 la cantidad de casamientos. Ese año se produjeron 13.123 matrimonios contra 14.300 divorcios. También hubo en estos años una reducción en el tiempo de duración del vínculo. En 1995, 13% de los casados ya habían disuelto su unión antes de cumplir siete años de vida en común, los unidos en 1975 tenían una tasa similar pero con casi el doble de tiempo juntos.”

Las consecuencias, aunque múltiples, ya pueden visualizarse: según los datos del Observatorio, en la actualidad, cerca del 40% de los menores de 18 años viven sólo con uno o ninguno de sus progenitores. Entre los años 2001 y 2009 el porcentaje de hijos menores de edad que viven con ambos padres disminuyó 5%. Y, también a su vez como producto de las uniones libres, ya se puede afirmar categóricamente que más de la mitad de los niños uruguayos nacen fuera del matrimonio.

Si a todo este oscuro panorama se le suma la tendencia histórica de nuestro país al descenso de la fecundidad y la natalidad –al punto que en el 2002 y 2003 se registraron x primera vez valores de nacimiento x debajo del reemplazo generacional-; o que desde 1985 hasta hoy hemos vivido un proceso de envejecimiento de nuestra población, más la emigración y la mala calidad de vida… podemos imaginarnos hasta una casi lenta extinción del Uruguay y los uruguayos…

Tiene razón la socióloga Wanda Cabella –citada x Pérez en Búsqueda- cuando dice que el hogar, pareja e hijos es “considerado aún hoy x los medios de comunicación e incluso x las políticas públicas como el modelo de familia que caracteriza a la sociedad uruguaya”, cuando en realidad representa “poco más de un tercio del total de los hogares.”

Basados en arquetipos inexactos, faltos de información total y veraz, a la espera todavía del Censo Nacional de Hogares (que debe hacerse cada diez años y no se realiza en el país desde el año 1996), con dificultades a la vista para desarrollar algún tipo de estrategia o política pública de carácter social –y hasta con un notorio y connotado desinterés al respecto-, la Familia, como la vetusta formación que conocíamos de padre-madre y dos hijos x hogar, parece naufragar arrasada x el tsunami del neoliberalismo feroz que impone un modelo de vida global que va reduciendo hasta llegar al individuo solo…

Fue Rousseau, el filósofo, quién ya apuntó sabiamente sobre la organización colectiva de la vida -lo que se llama el ‘cuerpo político’-, en su ya célebre clásico “El Contrato Social”, publicado en 1762, una obra sobre filosofía política que trata principalmente sobre la libertad e igualdad de los hombres bajo un Estado instituido x medio de un contrato social; libro que, como bien se sabe, fue uno de los incitadores ideológicos de la Revolución francesa.

Lo que dice Rousseau no es grato, pero si verdadero: “EL CUERPO POLÍTICO, AL IGUAL QUE EL CUERPO HUMANO, EMPIEZA A MORIR DESDE EL NACIMIENTO, Y ENCIERRA EN SÍ MISMO LAS CAUSAS DE SU DESTRUCCIÓN.”

Que los hechos lo desmientan si es que pueden.


DanielFigares

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