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El polvorín

La guerra de las Galias es nuestra guerra

29 Octubre 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

Durante las últimas semanas, la atención de la izquierda militante ha estado pendiente de las movilizaciones francesas. En este tiempo he escuchado clamar: “! Así se hace¡", "!Mira Francia¡"
Pepe Gutiérrez-Álvarez | Para Kaos en la Red | 28-10-2010

Durante las últimas semanas, la atención de la izquierda militante ha estado pendiente de las movilizaciones francesas. En este tiempo he escuchado muchas veces el “! Así se hace¡”, incluso por jóvenes que luego me han confesado que el 29 no hicieron huelga. Los medios (des)informativos han subrayado sobre todo el “vandalismo” (o sea se ponían del lado de la policía de “Sarko”, el mismo que ha acababa de escribir una de las páginas más repugnantes de la historia francesa con la expulsión de los gitanos rumanos. Ahora repiten que la movilización está remitiendo….

Esta atención, no hay que decirlo, viene de lejos. Podríamos remontarnos a 1789, cuyo horizonte (Libertad, Igualdad, Fraternidad), sigue bastante vivo, y contra el cual se movilizaría toda nuestra derecha con la Iglesia al frente. Parece que nadie se acuerda de del “mein kampf” del franquismo contra la Ilustración, ni que los libros de Rousseau y de Voltaire ardieron en las piras, o fueron “pruebas” para mandar a alguien en la cuneta. Al padre de una entrañable amiga mía lo molieron a palos por esas lecturas, y lo dejaron inútil, y con casi ochenta años, ella todavía vive con ello.  El mayo del 68 llegó aquí media docena de años más tarde. Finalmente, en ese difícil camino por levantar el ánimo de la izquierda combativa han tenido mucho que ver las huelgas generales francesas, como el “No” a la constitución europea.  El NPA ha sido para algunos de nosotros una fuente de inspiración similar a la que fue en su tiempo la Ligue…

No hay la menor duda: lo que sucede era previsible. Cuando estalló la crisis, Sarkozy se llenó la boca de palabras como “refundación”, pero cuando comprobaron que (todavía) no había respuesta, se lanzaron con su “revolución”: una “revolución contrarrevolucionaria” contra el “intervencionismo”, o sea contra lo que queda del llamado “Estado del Bienestar”. Su dilema podía ser: el gran capital lo tiene casi todo, ¡pero lo quiere todo¡ El problema es si el capitalismo puede mandar en nuestros tiempos como mandaba antes de la II Guerra Mundial. Si pueden hacer que –como exige el jefe de patronal catalana-, que los derechos laborales quepan en una cuartilla.

Esta es una tentativa “consciente”, dotada de un programa, de una estrategia y de una táctica, y agrupa detrás de sí a todo el capitalismo  internacional con sus contradicciones y con sus redes de políticos, intelectuales y sindicalistas que no ven vida fuera del Dios Mercado.

Pero la clase obrera no viene del dolor y la miseria de los tiempos de “Germinal”,  ha demostrado que contra ella no se puede desmantelar las conquistas adquiridas, el capital social, los jóvenes (más preparados que antes, sobre todo si se centran en un proyecto alternativo), no van a querer vivir peor que sus padres, y por lo tanto, la sublevación de las clases populares vinculadas a los servicios públicos más sectores de las clases medias cada vez más proletarizadas han encontrado –como en los mejores tiempos- el arrojo y el entusiasmo de una parte creciente de la juventud, de los estudiantes. Su estado de implicación es hoy mucho mayor que el que existía en vísperas del 68, y las consecuencias de la gran derrota mora e ideológica que acompañó la caída del “comunismo”-ese momento en que la derecha consiguiera que el anticomunismo desplazara al anticapitalismo-, están remitiendo.

Lo de los gitanos respondía a una maniobra, en parte para ganar apoyos en los sentimientos reaccionarios de muchos trabajadores –aquellos que dejaron de votar al PCF para votar a Lepen, para pasar a continuación a las medidas avanzadas por la gran   patronal, que pedía, ya desde 2007, el retraso de la edad legal de las jubilaciones, así como la prolongación del plazo de cotizaciones y la evaluación restrictiva del trabajo trabajado. La derecha propuso un proyecto de ley que impone el retraso de la edad legal mínima de jubilación de los 60 a los 62 años, también la prolongación de las cotizaciones durante 41,5 años y el retraso de la edad para cobrar el total de la pensión de jubilación de 65 a 67 años para los que no llegaban al tiempo  de cotización exigido. Naturalmente, todas estas propuestas iban de la mano de otras tantas, y son prólogo a estas nuevas que se preparan. No se van a detener. Su ideal quedó  expresado en una lejana viñeta de El Forges, que describía una “mani” del primero de mayo en el que pancarta de delantera gritaba: “!No queremos contratos-detritus¡, ¡queremos contratos-basura¡” 

Cuando la patronal habla de negociar, y el gobierno de “dialogar”, se están refiriendo a esta lógica. Negociar derrotas, que no es otra cosa lo que se ha venido haciendo en loas últimas décadas, sobre todo por estos andurriales donde todavía nos mata las derrotas de la Transición. Todo va junto, la consigna gubernamental afecta al empleo de personal de mayor edad, de los jóvenes, de los derechos de los parados, de las prestaciones por maternidad, y asó. El gobierno británico ya ha anunciado que piensa suprimir las pensiones por enfermedad psíquica. Y como es sabido, el cinismo es tan o más infinito que el cosmo, ya que argumentan que gracias al trabajo podrán mejorar su estado de salud.

Las luchas francesas están pues siendo seguida desde aquí hasta los más atrasaos, aquellos que pensaban que tenían –en lo fundamental- la vida solventada, y a los que habían hecho creer que todo es una m…Que no había nada que hacer, y que por lo tanto, que cauda uno y una, cuidara su culo. O sea retrocedían a la época anterior al sindicalismo. Un sindicalismo que existe aunque sea muy estropeado, lo mismo que existe un sindicalismo alternativo con sus propios problemas…Francia, Grecia, Portugal, y sigue. Estaba guerra de las Galias es la nuestra, y de hecho, no ha hecho más que empezar. Un buen punto de partida sería que la gente se agrupara en plataformas locales para estudiar lo que pueden hacer juntos. Por ejemplo. 

 

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