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El polvorín

LA INSURRECCIÓN QUE LLEGA.

22 Febrero 2011 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

Miedo y asco en MVD
La columna de Daniel Figares.


LA INSURRECCIÓN QUE LLEGA.

imagesSegún Wikipedia, Julien Coupat (Burdeos, 4 de junio de 1974) “es un activista político francés. Es el protagonista de una polémica investigación judicial. Fue acusado de una tentativa de sabotaje de líneas de tren en noviembre de 2008 x la Fiscalía Antiterrorista y pasó seis meses y medio en la cárcel acusado de terrorismo antes de ser puesto en libertad bajo fianza. (Coupat permaneció en prisión hasta el 28 de mayo de 2009, cuando fue puesto en libertad bajo fianza, con instrucciones de permanecer en la región de París y sin ningún contacto con los otros arrestados.) La policía francesa le atribuye el ensayo La insurrección que viene, publicado bajo la autoría de un "Comité Invisible".”

También dice correctamente Wikipedia, que Coupat “es hijo de un médico y de una alta ejecutiva de Sanofi-Aventis.” Que ”estudió Empresariales en la Escuela Superior de Ciencias Económicas y Comerciales (ESSEC), pasando después a hacer un doctorado en Ciencias Sociales en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (EHESS), sin llegar a doctorarse.”

En resumidas cuentas: que Coupat era un nene bien.

Pero atenti que también se consigna su cambio: “En 1999 cofundó una revista radical filosófica llamada Tiqqun, antes de establecer una comuna en 2005 en el pueblo de Tarnac, departamento de Corrèze (centro de Francia), donde él y sus amigos montaron una granja y una tienda de ultramarinos. Coupat y su novia, Yildune Lévy, llamaron la atención del FBI después de protestar frente a un centro de reclutamiento en Nueva York, que más tarde fue el blanco de un ataque con bomba, tras haber cruzado la frontera desde Canadá de forma ilegal. El FBI informó a sus homólogos franceses, los cuales comenzaron a investigar el grupo.”

La historia de este libro panfletario que da título a estas notas -dicho esto en el sentido no peyorativo, sino estrictamente en lo relativo al género en que se inscribe el texto que picotearemos-, forma parte, junto con la de su autor, en lo que x acá se conoció como “la rebelión de los barrios” franceses: una ola de ocupaciones, manifestaciones callejeras, quema de autos y enfrentamientos con la policía que arrancó a finales del 2005 en los suburbios de París y otras ciudades de Francia.

La definición de las editoriales que han publicado el texto en formato libro en Argentina es bien concisa: “La insurrección… un llamado al combate contra el orden de trabajo, consumo, entretenimiento y explotación.”

(Algunos de sus párrafos hacen recordar al siempre presente Guy Debord, naturalmente.)

“Bajo cualquier ángulo desde el que se observe, el presente no tiene salida. No es la menor de sus cualidades. A quienes quisieran permanecer en la esperanza a toda costa, les retira cualquier apoyo. Aquellos que pretenden impedir las soluciones son desmentidos al momento. Es una cosa sabida que todo no puede sino ir de mal en peor. “El futuro no tiene porvenir” es la sabiduría de una época en la que se ha llegado, bajo sus aires de extrema normalidad, al nivel de consciencia de los primeros punks.

La esfera de la representación política se cierra. De izquierda a derecha, es la misma nada que adopta las poses perrunas o los aires de virgen, las mismas cabezas de góndola que encadenan sus discursos tras los últimos hallazgos del servicio de comunicación.
Aquellos que todavía votan dan la impresión de no tener otra intención que la de hacer saltar las urnas a fuerza de votar como pura protesta. Se comienza a adivinar que es contra el voto mismo x lo que se continúa votando. Nada de lo que se presenta está, ni de lejos, a la altura de la situación. Incluso en su silencio, la propia población parece infinitamente más adulta que todos los títeres que se pelean x gobernarla. No importa que el chibani de Belleville sea más prudente en sus palabras que ninguno de los que se dicen nuestros dirigentes en sus declaraciones. La tapa de la marmita social se vuelve a cerrar con una triple vuelta mientras en su interior la presión no deja de aumentar. Salido de Argentina, el espectro de
¡Que se vayan todos! comienza a acosar seriamente las cabezas dirigentes.”

(…) “La conminación, x todas partes, a “ser alguien” mantiene el estado patológico que hace necesaria esta sociedad. La conminación a ser fuerte produce la debilidad x la que se mantiene, hasta el punto de que todo parece tomar un aspecto terapéutico, igual trabajar que amar. Todos los “¿qué tal?” que se intercambian a lo largo de un día suenan a otras tantas tomas de temperatura que, en una sociedad de pacientes, se administran unos a otros. La sociabilidad actual está hecha de mil pequeños nichos, de mil pequeños refugios donde se está caliente. Donde siempre se está mejor que en el gran frío de afuera. Donde todo es falso, pues no es más que un pretexto para calentarse. Donde nada puede surgir xque estar ahí es estar sordamente ocupados en tiritar todos juntos. Esta sociedad pronto no se soportará sino x la tendencia de todos sus átomos sociales hacia una ilusoria curación. Es una central que obtiene su potencial de una gigantesca retención de lágrimas siempre a punto de derramarse.

“I AM WHAT I AM”.”

Sobre su país escribe cosas que bien pueden ser dichas de Uruguay (y hasta de la mayoría de los países del mundo, dada la globalización del sistema imperante): “Francia no es la patria de los ansiolíticos, el paraíso de los antidepresivos, la Meca de la neurosis sin ser simultáneamente el campeón europeo de la productividad horaria. La enfermedad, la fatiga, la depresión pueden ser tomadas como los síntomas de lo que es necesario curar. Entonces trabajan para el mantenimiento del orden existente, para mi dócil adaptación a las normas débiles, para la modernización de mis apoyos. Ocultan, dentro de mí, la selección de las inclinaciones oportunas, conformes, productivas y aquellas en las que se necesite aceptar tranquilamente la pérdida. “Es preciso saber cambiar, tú sabes.”

También habla Coupat de “la ambivalente relación con el trabajo, al tiempo deshonrado en tanto nos convierte en extraños a lo que hacemos y adorado en tanto es una parte de nosotros la que se decide. El desastre, aquí, es previsible: reside en todo lo que ha necesitado destruir, en todos aquellos que ha necesitado desarraigar para que el trabajo acabe x aparecer como la única manera de existir. El horror del trabajo es menor en el propio trabajo que la destrucción metódica, desde hace siglos, de todo lo que no es trabajo: familiaridades de barrio, de oficio, de pueblo, de lucha, de parentesco; apego a los lugares, a los seres, a las estaciones, a las maneras de hacer y de hablar.

Ahí reside la actual paradoja: el trabajo ha triunfado sin duda sobre el resto de las maneras de existir, incluso en un tiempo en el que los trabajadores se han convertido en superfluos. Los aumentos de productividad, la deslocalización, la mecanización, la automatización, la numerización de la producción han progresado tanto que han reducido a casi nada la cantidad de trabajo vivo necesario para la realización de cualquier mercancía. Vivimos la paradoja de una sociedad de trabajadores sin trabajo donde la diversión, el consumo, las distracciones no hacen sino acentuar todavía la carencia de aquello de lo que nos deberían distraer.”

Coupet traza el panorama desde lejos: “Treinta años de paro masivo, de “crisis”, de crecimiento engañoso y todavía se nos quiere hacer creer en la economía. Treinta años subrayados, bien es cierto, x algunos entreactos ilusionantes: el entreacto 1981-83, ilusión x que un gobierno de izquierda pudiese traer la felicidad al pueblo; el entreacto de los años fric (1986-89), en el que todos nos íbamos a hacer ricos, hombres de negocios y corredores de bolsa; el entreacto Internet (1998-2001), donde todos encontraríamos un empleo virtual a fuerza de estar conectados, donde la Francia multicolor y una, multicultural y cultivada, ganaría todas las copas del mundo. Pero, en eso, se han gastado todas nuestras reservas de ilusión, se ha tocado fondo, estamos secos si no al descubierto.

A la fuerza se ha comprendido esto: no es la economía la que está en crisis, es la economía quien es la crisis; no es el trabajo lo que falta, es el trabajo lo que está de más; bien pensado, no es la crisis sino el crecimiento lo que nos deprime. Es preciso reconocerlo: la letanía de las cotizaciones bursátiles no nos es más cercana que una misa en latín. Felizmente para nosotros, somos una cierta cantidad los que hemos llegado a esta conclusión. No hablamos de todos los que viven de estafas diversas, de tráficos de cualquier género o están en el RMI desde hace diez años. De todos los que no alcanzan a identificarse más con su curro y se reservan para sus diversiones. De todos los colocados, todos los enchufados, los que hacen el mínimo, pero son un máximo. De todos a los que hiere esta extraña indiferencia masiva, que viene a acentuar más todavía el ejemplo de los jubilados y la cínica sobreexplotación de una mano de obra flexibilizada. No hablamos de ellos xque, de una u otra manera, debemos alcanzar una conclusión parecida.

Aquello de lo que hablamos es de todos los países, de continentes enteros que han perdido la fe económica tras haber visto pasar con pérdidas y fracasos los Boeing del FMI, x haber probado un poco del Banco Mundial. Nada, allí, de esta crisis de vocaciones que sufre indolentemente, en Occidente, la economía. Aquello de lo que se trata en Guinea, en Rusia, en Argentina, en Bolivia es de un duradero y violento descrédito de esta religión y de su clero. “¿Qué hacen mil economistas del FMI viviendo en el fondo del mar? - Un buen principio”, se bromea en el Banco Mundial. Un chiste ruso: “Dos economistas se encuentran. Uno pregunta al otro: “¿Sabes qué pasa?” y el otro responde: “Escucha, te lo voy a explicar.” “No, no, contesta el primero, explicarlo no es difícil, yo también soy economista. No, lo que te pregunto es: ¿es esto lo que comprendes?”. El propio clero finge entrar en disidencia y criticar el dogma. La última corriente un poco vital de la pretendida “ciencia económica” – corriente que se llama sin humor la “economía no autista” – se propone, en adelante, demostrar las usurpaciones, las jugarretas, los índices adulterados de una ciencia cuyo único papel tangible es agitar el ostensorio en torno a las elucubraciones dominantes, rodear de liturgia sus llamadas a la sumisión y, en fin, como siempre han hecho las religiones, proporcionar las explicaciones. Pues la desgracia general deja de ser soportable desde que se muestra como lo que es: sin causa ni razón.”

Julien Coupat piensa que estamos atravesando un proceso para encontrar un relevo de la economía. Cree que el capitalismo, que ha destruido en su beneficio todo lo que subsistía en las relaciones sociales, se lanza ahora a su reconstrucción sobre sus propios fundamentos.

“La sociabilidad metropolitana actual es la incubadora.”

 

DanielFigares


(Si quieren leer más de “La insurrección que llega”, pueden entrar en el sitio web bloom0101.org)

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