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El polvorín

La mayor hidroeléctrica del mundo niega su deuda con los guaranís/A maior hidrelétrica do mundo insiste em negar dívida com indígenas

9 Diciembre 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

 

La mayor hidroeléctrica del mundo niega su deuda con los guaranís

Se estima que casi 100 comunidades guaranís sufren el impacto de la instalación de la usina, y la inmensa mayoría de ellas hasta hoy no ha recibido la compensación adecuada por los territorios tradicionales que perdieron: más de 80 mil hectáreas, sólo del lado brasileño.


Bianca Pyl
Traducción: Waldo Lao Sánchez Fuentes
Fotos: Spensy Pimentel

Territorio guaraní, Brasil. La mayor hidroeléctrica del mundo en términos de generación de energía, Itaipu, localizada en el río Paraná, entre Brasil y Paraguay, cumplirá 30 años de funcionamiento en el 2012. A pesar de la inmensa riqueza que la usina ya generó en estas tres décadas, la empresa que la administra ha sido incapaz, hasta hoy, de saldar la deuda que contrajo con la remoción de decenas de comunidades indígenas guaranís para la formación de su lago.

El nombre de Itaipu viene de la lengua guaraní y significa “piedra que canta”. Fue construida en pleno territorio indígena, en un lugar donde los cronistas e historiadores registran la presencia de grupos guaranís desde hace siglos. Se estima que casi 100 comunidades guaranís – hablantes de dos dialectos nhandeva (conocidos como Avá-Guarani) y mbya – sufren el impacto de la instalación de la usina, y la inmensa mayoría de ellas hasta hoy no ha recibido la compensación adecuada por los territorios tradicionales que perdieron: más de 80 mil hectáreas, sólo del lado brasileño, según cálculos de los estudiosos.

 

Encontro Internacional Guarani no Tekoha Añete

José (nombre ficticio), 52 años, era un joven cuando el área donde vivía, Oco’y Jacutinga, fue afectada por el lago formado por Itaipu, obligado a mudar radicalmente un estilo de vida que, hoy, sobrevive sólo en su memoria: “La gente tenía lugar suficiente para cazar, río para pescar, espacio para nuestra cultura”. Después de que surgió Itaipu, todo cambió. En 1982, José fue a vivir a la recién creada aldea avá-guarani do Oco’y, al lado del lago de Itaipu, en San Miguel de Iguazu (PR). Pocos años después, con la rápida superpoblación de aquellas 251 hectáreas, participó del movimiento que presionó por la constitución de una nueva aldea guaraní.

En 1997, surgió el Tekoha Añetete, tierra indígena localizada en Diamante D’Oeste (PR). Eran mil 744 hectáreas compradas por Itaipu. Aún así, era poca tierra. Tanto que 11 años después él partió con 17 familias aliadas para fundar una nueva aldea, la Vy’a Renda Poty, ocupación de 109 hectáreas no regularizadas, próximas a Santa Helena (PR).

De acuerdo con informaciones de los indígenas recogidas por la antropóloga Malu Brant en la región de Itaipu, del lado brasileño existían al menos 32 aldeas guaranís. Todas desaparecieron entre 1940 y 1982, periodo entre la creación del Parque Nacional de Iguazú (1939) y la inundación para la formación del lago Itaipu (1982).

Por lo menos nueve aldeas fueron inundadas por la usina, de acuerdo con el levantamiento de la antropóloga, que inicio su investigación en la región por solicitud de la Justicia Federal de Foz de Iguazú. La declaración de doña María (nombre ficticio) repasa todo ese drama. Ella cuenta que nació en1924, en la misma área donde vivía José antes de la inundación, Oco’y Jacutinga. En los años 40, María presenció una masacre. “Yo y mi familia asistimos escondidos. ¡Yo vi, mataron todo! Abrían las barrigas con un machete y los aventaban después a las cataratas (de Iguazú)”, relató a Malu.

 

Itaipu Binacional

Itaipu Binacional

Vista Aérea da Itaipu Binacional . Foto- Divulgação/ Itaipu. Foz do Iguaçu. 27/06/2003. Foz do Iguaçu.

En esa época, destaca la antropóloga, los guaranís de la región del Parque Nacional de Iguazú fueron expulsados por el antiguo Instituto Brasileño de Desarrollo de la Floresta (IBDF). De la nueva localidad, en la misma región, la familia de María fue expulsa en 1962 – también por el IBDF – y siguió para formar otra aldea, junto a Foz do Iguazú, de donde fueron nuevamente retirados, esa vez por el Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria (Incra), según recuerda (Malu explica que fue para promover el asentamiento de colonos retirados del área del parque). En 1981, María volvería al área donde nació que, finalmente, fue inundada por Itaipu. Acabó yendo a vivir al Oco’y, donde tuvieron que reunirse decenas de familias.

Encontro Internacional Guarani no Tekoha Añete

La tierra de Oco’y tiene 7 kilómetros de ancho por 240 metros de largo y los primeros 100 metros a partir de las bordas internas del lago son propiedad de Itaipu, sólo los 140 metros restantes son destinados a la población indígena. La aldea es constituida por cuatro lotes donados a cuatro familias indígenas. Eso cuando, según las declaraciones, había más de 70 familias en Oco’y Jacutinga, área próxima de ahí que fue inundada.

Ahí, además de todo, los guaranís disputan espacio con los colonos. Los agro tóxicos usados por los agricultores entorno de la aldea contaminan el agua del lago, muchas veces utilizada por los indígenas. Además de eso, Oco’y es la única localidad del estado de Paraná con incidencia de malaria. El control de la enfermedad es hecho por medio de la aplicación de un producto tóxico que provoca más contaminación. La comunidad sobrevive con canastas básicas donadas por Itaipu.


Encontro Internacional Guarani no Tekoha Añete

Añetete, un lugar que no alcanza

La superpoblación en Oco’y, uno de los únicos espacios disponibles en la región para refugio de los indios después de que se formó el lago de la usina, generó un movimiento por nuevas demarcaciones de tierra en pocos años, como se vio en la historia de José. Pero la creación de Añetete, en 1997, no resolvió el problema de tierras.

Además de eso, ahí el acceso de los indígenas a las habitaciones, desde la entrada, la permanencia, la salida de familias y la propia administración interna de exploración de la tierra, es controlado por representantes de Itaipu, según la antropóloga. Los guaranís trabajan en las plantaciones comunitarias y reciben como pago canastas básicas. “Eso mantiene una relación de dependencia con la usina”, denuncia.

En la página de Itaipu en Internet, una frase choca con los relatos de los indígenas: “Itaipu actúa para que los indios alcancen la independencia económica”. Según declaraciones recogidas por la antropóloga, Itaipu también estipula el número máximo de cinco nuevas familias por año que pueden venir a vivir a Añetete. “Eso no ocurre en cualquier otro aldea guaraní en Brasil, se trata de una intervención incorrecta, arbitraria”.

 

Encontro Internacional Guarani no Tekoha Añete

Después de nuevas presiones de los guaranís, en 2004 Itaipu adquirió un área con 509 hectáreas, la actual aldea de Itamara, también en Diamante D’Oeste (PR), donde fueron a vivir 40 familias. La aldea Vy’a Renda Poty, donde vive José, está localizada en el área que pertenece al Instituto Agronómico de Paraná (Iapar). El local se ubica próximo a la antigua aldea de los Dos Hermanos, una de las que hoy se encuentran sumergidas por las aguas de Itaipu. “Estas recuperaciones de tierra demuestran la urgente necesidad de ampliación territorial. Es una deuda histórica que el Estado brasileño continúa negándose a reconocer”, relata Paulo PortoBorges, de la Operación Amazonia Nativa (Opan), que acompaña a los guaranís en el oeste de Paraná desde el año 2000.

José afirma que Itaipu no presta ninguna asistencia en Vy’a Renda Poty. “Siendo culpa de ellos la pérdida de nuestro territorio. La empresa dice que si volvemos a la aldea Añetete recibiremos una canasta básica, sólo que no hay espacio allá. Ellos tiraron nuestras tierras y ahora necesitamos de ellos hasta para alimentarnos, no queremos eso.”

Para Malu Brant, la Funai fue omisa en todo el periodo histórico. Actualmente hay tres aéreas en fase de identificación antropológica en la región. “Es necesario el reconocimiento de las tierras que ellos perdieron por cuenta de esos megaproyectos y la identificación de las áreas de acuerdo con lo que ellos tenían”, analiza.

Encontro Internacional Guarani no Tekoha Añete

Del lado paraguayo, el problema con Itaipu también se arrastra hasta hoy. Mario Rivarola, de la Organización Nacional de los Aborígenes Independientes (Onai), relata que fueron 60 las comunidades desalojadas por Itaipu en los años setentas. “Hacían promesas, decían que reasentarían e indemnizarían a la población. Todo quedó en teoría. Los que no aceptaban salir eran llevados por la policía y los militares”, dice. “Lo que más duele es que nos obligaron a salir, pero algunas áreas no fueron inundadas y hoy están ocupadas por hacendados.”

Nhande reko

Los guaranís de Paraná integran una extensa red social que comienza en el norte de Argentina y termina en las aldeas de Espírito Santo. Dislocándose a través de fronteras que no fueron establecidas por ellos, reivindican a los gobiernos de los países para que reconoscan su condición transnacional.

En febrero de este año, ocurrió en Tekoha Añetete el Primer Encuentro de los Pueblos guaranís de América del Sur, organizado por el Ministerio de Cultura de Brasil en conjunto con el gobierno paraguayo e Itaipu. El reconocimiento, por el Mercosur, de esa ciudadanía guaraní que traspasa las fronteras fue una de las principales reivindicaciones formuladas durante el evento. Convenientemente para las instituciones envueltas, el documento final del evento no hace mención a la cuestión de la tierra.

Pero es precisamente ese trazo cultural guaraní, su gigantesca red social, que Itaipu utiliza para justificar la superpoblación en las aldeas, conforme el texto en el site de la empresa en Internet: “Las migraciones hacen parte de la cultura avá-guarani. Esos indios acostumbran migrar frecuentemente, pero siempre retornan a las localidades de origen. (…) Eso contribuyó al retorno de aquellas familias que durante los años 60s y 70s habían migrado para Paraguay. El retorno resultó en superpoblaciones en la reserva do Oco’y”. Sólo falto explicar que la migración para el Paraguay fue resultado del rompimiento realizado por el propio gobierno brasileño.

En entrevista Jair Kotz, superintendente de la Gestión Ambiental de Itaipu, afirma que “Itaipu considera que la comunidad, representada por la Funai, es como el acompañamiento de varias otras entidades, fue re-asentada por el Incra en un área del tamaño adecuado, mayor de lo que hasta entonces ocupaba. Posteriormente, Itaipu, siempre de forma consensual con todos los involucrados, adquirió un área todavía mayor para la comunidad indígena, área escogida por ella, sumando a aquella que ya era destinada originalmente”. Como se vio en las declaraciones aquí citadas, la “forma consensual” con que Itaipu negoció las compensaciones territoriales no se puede entender de esta manera.

 

Separador

 

Itaipu

A maior hidrelétrica do mundo insiste em negar dívida com indígenas

Estima-se que cerca de 100 comunidades guaranis sofrem impacto com a instalação da usina, e até hoje a imensa maioria delas não recebeu a compensação adequada pelos territórios tradicionais que perderam: mais de 80 mil hectares, apenas do lado brasileiro

Bianca Pyl
Fotos

 

 

Território Guarani, Brasil. A maior hidrelétrica do mundo em termos de geração de energia, Itaipu, localizada no rio Paraná, entre o Brasil e o Paraguai, completa, em 2012, 30 anos de funcionamento. Apesar da imensa riqueza que a usina já gerou nessas três décadas, a empresa que a administra foi incapaz, até hoje, de saldar a dívida que gerou com a remoção de dezenas de comunidades indígenas guarani para a formação de seu lago.

Itaipu, tem um nome em lingua guarani, “pedra que canta”, e foi construída em pleno território indígena, em lugar onde, há séculos, os cronistas e historiadores registram a presença de grupos guarani. Estima-se que quase 100 comunidades guarani – falantes dos dialetos nhandeva (conhecidos como Avá-Guarani) e mbya – sofreram o impacto da instalação da usina, e a imensa maioria delas até hoje não recebeu compensação adequada pelos territórios tradicionais que perderam: mais de 80 mil hectares, só do lado brasileiro, segundo cálculos de estudiosos.

José (nome fictício), 52, era só um jovem quando a área onde morava, Oco’y Jacutinga, foi atingida pelo lago formado por Itaipu, sendo obrigado a mudar radicalmente um estilo de vida que, hoje, só sobrevive em suas memórias: “A gente tinha mato suficiente para caçar, rio para pescar, espaço para nossa cultura”. Depois que surgiu Itaipu, tudo mudou. Em 1982, ele foi morar na recém-criada aldeia avá-guarani do Oco’y, na beira do lago de Itaipu, em São Miguel do Iguaçu (PR). Poucos anos depois, com a rápida superlotação daqueles 251 hectares, participou do movimento que pressionou pela constituição de nova aldeia guarani.

Em 1997, surgiu o Tekoha Añetete, terra indígena localizada em Diamante D’Oeste (PR). Eram 1.744 hectares comprados por Itaipu. Ainda assim, era pouca terra. Tanto que, 11 anos depois, ele partiu com 17 famílias aliadas para fundar nova aldeia, a Vy’a Renda Poty, ocupação de 109 hectares não regularizada, próxima a Santa Helena (PR).

De acordo com informações dos indígenas, colhidas pela antropóloga Malu Brant, na região de Itaipu, do lado brasileiro, existiam ao menos 32 aldeias guarani. Elas desapareceram entre 1940 e 1982, período entre a criação do Parque Nacional do Iguaçu (1939) e o alagamento para formação do lago Itaipu (1982).

Pelo menos nove aldeias foram alagadas pela usina, de acordo com o levantamento da antropóloga, que iniciou pesquisa na região por solicitação da Justiça Federal de Foz do Iguaçu. O depoimento de dona Maria (nome fictício) repassa todo esse drama. Ela conta ter nascido em 1924, na mesma área onde morava seu Pedro antes da inundação, Oco’y Jacutinga. Nos anos 40, Narcisa presenciou um massacre. “Eu e minha família assistimos escondidos. Eu vi, eu vi, mataram tudo! Abriam a barriga com facão e jogavam depois nas Cataratas (do Iguaçu)”, contou ela a Malu.

Nessa época, destaca a antropóloga, os Guarani da região do Parque Nacional do Iguaçu foram expulsos pelo antigo Instituto Brasileiro de Desenvolvimento

Florestal (IBDF). De nova localidade, na mesma região, a família de Maria foi expulsa em 1962 – também pelo IBDF – e seguiu para formar outra aldeia, junto a Foz do Iguaçu, de onde foram novamente afastados, dessa vez pelo Instituto Nacional de Colonização e Reforma Agrária (Incra), segundo lembra (Malu explica que foi para promover o assentamento de colonos retirados da área do parque). Em 1981, Maria voltou à área onde nascera, que, por fim, foi alagada por Itaipu. Acabou indo morar no Oco’y, onde tiveram de se espremer dezenas de famílias.

A terra de Oco’y tem 7 km de comprimento por 240 metros de largura e os primeiros 100 metros a partir das bordas internas do lago são de usufruto de Itaipu, só os 140 metros restantes são destinados à população indígena. A aldeia é constituída de quatro lotes doados a quatro famílias indígenas. Isso quando, segundo os depoimentos, havia mais de 70 famílias em Oco’y Jacutinga, área próxima dali que foi alagada.

Ali, além de tudo, os Guarani disputam espaço com colonos. Os agrotóxicos usados pelos agricultores no entorno da aldeia poluem a água do lago, muitas vezes utilizada pelos indígenas. Além disso, Oco’y é o único local do estado do Paraná com incidência de malária. O controle da doença é feito por meio de borrifamento de um produto tóxico, que provoca mais contaminação. A comunidade sobrevive com cestas básicas doadas por Itaipu.

Añetete

A superpopulação em Oco’y, um dos únicos espaços disponíveis na região para refúgio dos índios depois que foi formado o lago da usina, gerou movimentos por novas demarcações de terra em poucos anos, como se viu na história de José. Mesmo a criação de Añetete, em 1997, não resolveu a questão de terras.

Além disso, ali, o acesso dos indígenas às habitações, desde a entrada, permanência, saída de famílias e a própria condução interna da exploração da terra, tudo é controlado por representantes de Itaipu, segundo a antropóloga. Os Guarani trabalham nas plantações comunitárias e recebem como pagamento cestas básicas. “Isso mantém uma relação de dependência com a usina”, denuncia.

Na página da Itaipu na internet, uma frase destoa do que é relatado pelos indígenas: “Itaipu age para que os índios alcancem a independência econômica”. Segundo depoimentos colhidos pela antropóloga, Itaipu também estipula o número máximo de cinco novas famílias por ano que podem vir morar no Añetete. “Isso não ocorre em qualquer outro aldeamento guarani no Brasil, tratando-se de intervenção incorreta, arbitrária”.

Após novas pressões dos Guarani, em 2004, Itaipu adquiriu uma área com 509,5 hectares, a atual aldeia de Itamarã, também em Diamante D’Oeste (PR), onde foram morar 40 famílias. A aldeia Vy’a Renda Poty, onde vive José, está localizada em área pertencente ao Instituto Agronômico do Paraná (Iapar). O local fica próximo à antiga aldeia de Dois Irmãos, uma das que hoje se encontram submersas pelas águas da Itaipu. “Essas retomadas de terra demonstram a urgente necessidade de ampliação territorial. É uma dívida histórica que o Estado brasileiro continua se negando a reconhecer”, relata Paulo Porto Borges, da Operação Amazônia Nativa (Opan), que acompanha os Guarani no oeste do Paraná desde 2000.

José afirma que Itaipu não presta nenhuma assistência em Vy’a Renda Poty. “Mesmo sendo culpa deles a nossa perda de território. A empresa diz que, se voltarmos para a aldeia Añetete, vamos receber cesta básica, só que não tem espaço lá. Eles tiraram nossas terras e agora precisamos deles até para se alimentar, não queremos isso.”

Para Malu Brant, a Funai foi omissa em todo o período histórico. Atualmente há três áreas em fase de identificação antropológica na região. “É necessário haver o reconhecimento das terras que eles perderam por conta desses megaprojetos e a identificação de áreas de acordo com o que eles tinham”, analisa.

Do lado paraguaio, o problema com Itaipu se arrasta até hoje também. Mario Rivarola, da Organização Nacional dos Aborígenes Independentes (Onai), relata que foram 60 as comunidades desalojadas por Itaipu nos anos de 1970. “Faziam promessas, diziam que iam reassentar e indenizar. Tudo ficou na teoria. Os que não aceitavam sair eram levados por policiais e militares”, diz. “O que mais dói é que obrigaram-nos a sair, mas algumas áreas não foram alagadas. Hoje estão ocupadas por fazendas.”

Nhande reko

Os Guarani do Paraná integram uma extensa rede social, que começa no norte da Argentina e só termina nas aldeias do Espírito Santo. Deslocando-se através de fronteiras que não foram estabelecidas por eles, esses indígenas reivindicam dos governos dos países que hoje os abrigam o reconhecimento dessa condição transnacional.

Em fevereiro deste ano, aconteceu no Tekoha Añetete o 1º Encontro dos Povos Guarani da América do Sul, organizado pelo Ministério da Cultura do Brasil em parceria com o governo paraguaio e Itaipu. O reconhecimento, pelo Mercosul, dessa cidadania guarani que ultrapassa as fronteiras foi uma das principais reivindicações formuladas durante o evento. Convenientemente para as instituições envolvidas, o documento final do evento não fez menção à questão da terra.

Mas é justamente esse traço cultural guarani, sua gigantesca rede social, que Itaipu utiliza para justificar a superlotação nas aldeias, conforme texto no site da empresa na internet: “As migrações fazem parte da cultura avá-guarani. Esses índios costumam migrar frequentemente, mas sempre retornam aos locais de origem. (…) Isso contribuiu para o retorno daquelas famílias que, durante os anos 60 e 70, haviam migrado para o Paraguai. O retorno resultou em superpopulação na reserva do Oco’y”. Só faltou explicar que a migração para o Paraguai foi resultado de esbulho realizado pelo próprio governo brasileiro.

Procurado pela reportagem, Jair Kotz, superintendente de Gestão Ambiental de Itaipu, afirmou: “Itaipu considera que a comunidade, representada pela Funai e com o acompanhamento de várias outras entidades, foi reassentada, pelo Incra, em área de tamanho adequado, muito maior do que a até então ocupada. Posteriormente, a Itaipu, sempre de forma consensual com todos os envolvidos, adquiriu área ainda maior para a comunidade indígena, área escolhida por ela, somando-a àquela que já fora destinada originalmente”. Como se viu nos depoimentos aqui citados, a tal “forma consensual” com que Itaipu negociou as compensações territoriais não foi tão abrangente assim.

 

Tomado de Desinformémonos

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