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El polvorín

La quiebra de la moralidad occidental / The Collapse of Western Morality

10 Octubre 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

 

 

Traducido por S. Seguí

http://blocsvells.gracianet.org/get/66/occidente.jpg
Sí, lo sé. Muchos lectores van a apresurarse a informarme: Occidente nunca tuvo moral. Sin embargo las cosas han empeorado.

Con la esperanza de que se me permita exponer mis argumentos, me gustaría recordar que Estados Unidos lanzó bombas nucleares sobre dos ciudades japonesas; que Gran Bretaña y EE.UU. incineraron Tokio a base de bombas incendiarias; que Gran Bretaña y EE.UU. bombardearon Dresde y buen número de otras ciudades alemanas por el mismo método, empleando más fuerza destructiva, según algunos historiadores, contra la población civil alemana que contra los ejércitos nazis; que el presidente Grant y sus criminales de nuestra Guerra Civil, los generales Sherman y Sheridan, cometieron el genocidio de los indios de las llanuras; que Estados Unidos permite hoy día que Israel lleve a cabo sus políticas genocidas contra los palestinos que un funcionario israelí ha comparado a las políticas homónimas estadounidenses del siglo XIX contra los indígenas norteamericanos; que en pleno siglo XXI, EE.UU. ha invadido Iraq y Afganistán con pretextos banales, asesinando a un número incontable de civiles; y que el primer ministro británico Tony Blair prestó el ejército británico a sus amos estadounidenses, al igual que otros países de la OTAN, todos los cuales están cometiendo crímenes de guerra tipificados en Nuremberg en tierras en las que no tienen intereses nacionales pero por los reciben un estipendio estadounidense.

No pretendo que estos pocos ejemplos sean exhaustivos. Sé que la lista es mucho más larga. Sin embargo, a pesar de la extensa lista de horrores, la degradación moral está alcanzando nuevos mínimos. Ahora Estados Unidos tortura rutinariamente a los prisioneros, a pesar de la estricta ilegalidad de estos actos tanto con arreglo a las propias leyes del país como al derecho internacional, y una encuesta reciente muestra que el porcentaje de estadounidenses que aprueban la tortura va en aumento. De hecho es bastante alto, aunque esté todavía un poco por debajo de la mayoría.

Y ahora tenemos lo que parece una nueva experiencia emocionante: los soldados estadounidenses utilizan la cobertura de la guerra para asesinar civiles. Recientemente fueron arrestados soldados estadounidenses por el asesinato de civiles afganos por pura diversión y por hacer ostentación de trofeos como dedos y cabezas.

Esta revelación tuvo lugar poco después de que el soldado Bradley Manning, presuntamente, filtrase un vídeo del ejército de EE.UU. que mostraba a soldados de este país desde helicópteros y sus controladores a miles de kilómetros de distancia divirtiéndose en asesinar a miembros de la prensa y civiles afganos. Manning tiene sobre sí la maldición de una conciencia moral que tanto su gobierno como su ejercito han perdido, y ha sido arrestado por obedecer la ley e informar al pueblo estadounidense de la comisión de un crimen de guerra.

El diputado estadounidense por el estado de Michigan Mike Rogers –republicano, por supuesto–, que forma parte del Subcomité de Terrorismo de la Cámara de Representantes, ha pedido la ejecución de Manning. Según Rogers, ha cometido un acto de traición a la patria al reportar un crimen de guerra estadounidense.

En otras palabras, obedecer la ley constituye una “traición a los Estados Unidos”.

El diputado Rogers dijo que las guerras de Estados Unidos están siendo socavadas por “una cultura de la revelación” y que sólo podría ponerse fin a este “problema grave y creciente” mediante la ejecución de Manning.

Si Rogers representa realmente a Michigan, entonces Michigan es un estado del que podríamos prescindir.

El gobierno de Estados Unidos, una fuente de arrogancia imperial, considera que no hay acto que cometa, por vil que sea, que pueda constituir un crimen de guerra. Un millón de iraquíes muertos, un país en ruinas y cuatro millones de desplazados están justificados, ya que la “amenazada” superpotencia que es EE.UU.tuvo que protegerse de las inexistentes armas de destrucción masiva que el propio gobierno sabía a ciencia cierta que no estaban en Iraq, y que ni siquiera habrían sido una amenaza si hubieran estado allí.

Cuando otros países intentan hacer cumplir las leyes internacionales que los propios estadounidenses dictaron con el fin de ejecutar a los alemanes derrotados en la Segunda Guerra Mundial, el gobierno de Estados Unidos se pone en funcionamiento y bloquea el intento. Hace un año, el 8 de octubre, el Senado español, obedeciendo a su amo estadounidense, limitaba en España la ley de jurisdicción universal a fin de sabotear una acusación legítima de crímenes de guerra contra George W. Bush, Barack H. Obama, Tony Blair y Gordon Brown.

Occidente incluye a Israel y sus historias de horror que duran ya 60 largos años. Por otra parte, si usted menciona alguna de estas historias le van a colocar la etiqueta de antisemita. Yo sólo las menciono para demostrar que no soy ni antiestadounidense, ni antibritánico ni anti-OTAN, sino que simplemente estoy en contra de los crímenes de guerra. Fue el distinguido juez Richard Goldstone, judío y sionista, quien elaboró el informe de la ONU que establece que Israel cometió crímenes de guerra cuando atacó a la población civil y la infraestructura civil de Gaza. Por sus esfuerzos, Israel calificó al sionista Goldstone como “un judio que se desprecia a sí mismo”, y el Congreso de EE.UU., siguiendo instrucciónes del lobby israelí, votó a favor de ignorar el Informe Goldstone presentado a la ONU.

Como el funcionario israelí dijo, sólo estamos haciendo a los palestinos lo que los estadounidenses hicieron a los indios americanos.

El ejército israelí utiliza a mujeres soldado que se sientan delante de pantallas de vídeo y disparan sus ametralladoras por control remoto desde las torres de control, y con ello asesinan a palestinos que vienen a trabajar sus campos a 1.500 metros del perímetro que encierra el gueto de Gaza. No hay noticias de que estas mujeres israelíes reciban ninguna reprimenda por matar a tiros a niños pequeños y a ancianos que sólo vienen a cuidar de sus campos.

Si los delitos se limitaran a la guerra y el robo de tierras tal vez se podría decir que estamos ante un caso de desviación patriotera de una moralidad tradicional que por otra parte sigue en vigor.

Por desgracia, la quiebra de la moralidad está demasiado extendida. Algunos equipos deportivos mantienen ahora una actitud de ganar a toda costa que incluyen intenciones deliberadas para perjudicar a los jugadores estrella de los equipos rivales. Para evitar todas estas controversias, vamos a ver el caso de las carreras de Fórmula Uno en las que velocidades de 300 kilómetros por hora son habituales.

Antes de 1988, hace 22 años, las muertes se debían a errores del conductor, fallos mecánicos del coche o diseño deficiente de los circuitos, todo lo cual implicaba riesgos de seguridad. El campeón del mundo Jackie Stewart hizo mucho por mejorar la seguridad de las pistas, tanto para los conductores como para los espectadores. Pero en 1988 todo cambió. Un piloto de élite, Ayrton Senna, empujó a otro, Alain Prost, contra un muro mientras rodaban a 190 kilómetros por hora. Según AutoWeek (30.8.2010), nunca se había visto nada parecido. “Los funcionarios no castigaron la acción de Senna aquel día en Portugal, con lo que dieron inicio a un cambio significativo en las carreras”. Lo que el gran Stirling Moss calificó de “conducción sucia” se convirtió en la norma.

Nigel Roebuck, en un artículo publicado en AutoWeek, señala que el campeón del mundo de 1996 Damon Hill manifestó que la táctica de Senna de ganar a cualquier precio “fue la responsable de un cambio fundamental en la ética del deporte.” Los pilotos comenzaron a usar “tácticas terroristas en la pista.” Damon Hill afirmó: “Tuve que abandonar enseguida las actitudes que había aprendido al frecuentar las carreras con mi padre [el doble campeón del mundo Graham Hill] y con gente como él al darme cuenta de que nadie ponía coto a los individuos capaces de intentar matarte con tal de poder ganar”.

Cuando se le preguntó sobre la ética de las modernas carreras de Fórmula Uno, el estadounidense campeón del mundo Phil Hill manifestó: “En mi época, hacer ese tipo de cosas era impensable. En primer lugar, considerábamos ciertas tácticas inaceptables".

En el clima moral occidental imperante, estampar a otro buen piloto contra un muro a 300 kilómetros por hora es sólo parte de la victoria. Michael Schumacher, nacido en enero de 1969, ha sido siete veces campeón del mundo, un récord sin igual. El 1 de agosto en el Gran Premio de Hungría, AutoWeek informa de que Schumacher intentó empujar a su ex compañero de Ferrari Rubens Barrichello contra la pared a una velocidad 300 kilómetros por hora.

Frente a este intento de asesinato, Schumacher dijo: “Esto es la Fórmula Uno. Todo el mundo sabe que yo no hago regalos”. Tampoco los hace el gobierno de Estados Unidos, ni los de otros Estados o regiones, ni el gobierno del Reino Unido, ni el de la Unión Europea.

La deformación de una policía que muchos estadounidenses, en su ignorante existencia de ingenuos creyentes en el Estado de derecho, cree que está de su lado, ha adquirido nuevas dimensiones con la militarización de la fuerza pública para luchar contra los “terroristas” y “extremistas internos”.

La policía ha actuado impunemente desde que los conservadores consiguieron neutralizar las juntas municipales de control policial. Niños de sólo seis años han sido esposados y llevados detenidos por infracciones escolares que pueden o no haber ocurrido. También han detenido a madres que conducían un coche lleno de niños

 


 

Cualquier persona que consulte en la red videos sobre la brutalidad policial en Estados Unidos tendrá acceso a decenas de miles de ejemplos, después de que se introdujeron leyes que hacen que la filmación de la brutalidad policial sea constitutiva de delito grave. Hace un año o dos, una búsqueda de este tipo daba como resultado cientos de miles de videos.

En uno de los más recientes abusos policiales, que se producen a miles cada día, un hombre de 84 años de edad acabó con el cuello roto porque se oponía a que la grúa se llevara su coche en plena noche. El matón uniformado de policía arrojó al anciano contra la pared y le rompió el cuello. El departamento de policía de Orlando, estado de Florida, asegura que el anciano era una amenaza para el bien armado matón, mucho más joven que él, porque le había mostrado el puño apretado.

Los estadounidenses serán los primeros en ir directamente al infierno pensando que son la sal de la tierra. Los estadounidenses incluso han ideado un título para sí mismos que compite con el de los israelíes: la designación de “pueblo elegido de Dios”, los estadounidenses se llaman a sí mismos “los imprescindibles”.

 

Tomado de Rebelión

Fuente: http://www.counterpunch.org/roberts09242010.html

Foto El Polvorín

 


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The Indispensable People?

The Collapse of Western Morality

By PAUL CRAIG ROBERTS

Yes, I know, as many readers will be quick to inform me, the West never had any morality. Nevertheless things have gotten worse.

In hopes that I will be permitted to make a point, permit me to acknowledge that the US dropped nuclear bombs on two Japanese cities, fire-bombed Tokyo, that Great Britain and the US fire-bombed Dresden and a number of other German cities, expending more destructive force, according to some historians, against the civilian German population than against the German armies, that President Grant and his Civil War war criminals, Generals Sherman and Sheridan, committed genocide against the Plains Indians, that the US today enables Israel’s genocidal policies against the Palestinians, policies that one Israeli official has compared to 19th century US genocidal policies against the American Indians, that the US in the new 21st century invaded Iraq and Afghanistan on contrived pretenses, murdering countless numbers of civilians, and that British prime minister Tony Blair lent the British army to his American masters, as did other NATO countries, all of whom find themselves committing war crimes under the Nuremberg standard in lands in which they have no national interests, but for which they receive an American pay check.

I don’t mean these few examples to be exhaustive. I know the list goes on and on. Still, despite the long list of horrors, moral degradation is reaching new lows. The US now routinely tortures prisoners, despite its strict illegality under US and international law, and a recent poll shows that the percentage of Americans who approve of torture is rising. Indeed, it is quite high, though still just below a majority.

And we have what appears to be a new thrill: American soldiers using the cover of war to murder civilians. Recently American troops were arrested for murdering Afghan civilians for fun and collecting trophies such as fingers and skulls.

This revelation came on the heels of Pfc. Bradley Manning’s alleged leak of a US Army video of US soldiers in helicopters and their controllers thousands of miles away having fun with joy sticks murdering members of the press and Afghan civilians. Manning is cursed with a moral conscience that has been discarded by his government and his military, and Manning has been arrested for obeying the law and reporting a war crime to the American people.

US Rep. Mike Rogers, a Republican, of course, from Michigan, who is on the House Subcommittee on Terrorism, has called for Manning’s execution. According to US Rep. Rogers it is an act of treason to report an American war crime.

In other words, to obey the law constitutes “treason to America.”

US Rep. Rogers said that America’s wars are being undermined by “a culture of disclosure” and that this “serious and growing problem” could only be stopped by the execution of Manning.

If Rep. Rogers is representative of Michigan, then Michigan is a state that we don’t need.

The US government, a font of imperial hubris, does not believe that any act it commits, no matter how vile, can possibly be a war crime. One million dead Iraqis, a ruined country, and four million displaced Iraqis are all justified, because the “threatened” US Superpower had to protect itself from nonexistent weapons of mass destruction that the US government knew for a fact were not in Iraq and could not have been a threat to the US if they were in Iraq.

When other countries attempt to enforce the international laws that the Americans established in order to execute Germans defeated in World War II, the US government goes to work and blocks the attempt. A year ago on October 8, the Spanish Senate, obeying its American master, limited Spain’s laws of universal jurisdiction in order to sink a legitimate war crimes case brought against George W. Bush, Barack H. Obama, Tony Blair,and Gordon Brown.

The West includes Israel, and there the horror stories are 60 years long. Moreover, if you mention any of them you are declared to be an anti-semite. I only mention them in order to prove that I am not anti-American, anti-British, and anti-NATO, but am simply against war crimes. It was the distinguished Zionist Jewish Judge, Goldstone, who produced the UN report indicating that Israel committed war crimes when it attacked the civilian population and civilian infrastructure of Gaza. For his efforts, Israel declared the Zionist Goldstone to be “a self-hating Jew,” and the US Congress, on instruction from the Israel Lobby, voted to disregard the Goldstone Report to the UN.

As the Israeli official said, we are only doing to the Palestinians what the Americans did to the American Indians.

The Israeli army uses female soldiers to sit before video screens and to fire by remote control machine guns from towers to murder Palestinians who come to tend their fields within 1500 meters of the inclosed perimeter of Ghetto Gaza. There is no indication that these Israeli women are bothered by gunning down young children and old people who come to tend to their fields.

If the crimes were limited to war and the theft of lands, perhaps we could say it is a case of jingoism sidetracking traditional morality, otherwise still in effect.

Alas, the collapse of morality is too widespread. Some sports teams now have a win-at-all-cost attitude that involves plans to injure the star players of the opposing teams. To avoid all these controversies, let’s go to Formula One racing where 200 mph speeds are routine.

Prior to 1988, 22 years ago, track deaths were due to driver error, car failure, and poorly designed tracks compromised with safety hazards. World Champion Jackie Stewart did much to improve the safety of tracks, both for drivers and spectators. But in 1988 everything changed. Top driver Ayrton Senna nudged another top driver Alain Prost toward a pit wall at 190 mph. According to AutoWeek (August 30, 2010), nothing like this had been seen before. “Officials did not punish Senna’s move that day in Portugal, and so a significant shift in racing began.” What the great racing driver Stirling Moss called “dirty driving” became the norm.

Nigel Roebuck in AutoWeek reports that in 1996 World Champion Damon Hill said that Senna’s win-at-all-cost tactic “was responsible for fundamental change in the ethics of the sport.” Drivers began using “terrorist tactics on the track.” Damon Hill said that “the views that I’d gleaned from being around my dad [twice world champion Graham Hill] and people like him, I soon had to abandon,” because you realized that no penalty was forthcoming against the guy who tried to kill you in order that he could win.

When asked about the ethics of modern Formula One racing, American World Champion Phil Hill said: “Doing that sort of stuff in my day was just unthinkable. For one thing, we believed certain tactics were unacceptable.”

In today’s Western moral climate, driving another talented driver into the wall at 200 mph is just part of winning. Michael Schumacher, born in January 1969, is a seven times World Champion, an unequaled record. On August 1 at the Hungarian Grand Prix, AutoWeek Reports that Schumacher tried to drive his former Ferrari teammate, Rubens Barrichello, into the wall at 200 mph speeds.

Confronted with his attempted act of murder, Schumacher said: “This is Formula One. Everyone knows I don’t give presents.”

Neither does the US government, nor state and local governments, nor the UK government, nor the EU.

The deformation of the police, which many Americans, in their untutored existence as naive believers in “law and order,” still think are “on their side,” has taken on new dimensions with the police militarized to fight “terrorists” and “domestic extremists.”

The police have been off the leash since the civilian police boards were nixed by the conservatives. Kids as young as 6 years old have been handcuffed and carted off to jail for school infractions that may or may not have occurred. So have moms with a car full of children

 

 


 

 

Anyone who googles videos of US police gratuitous brutality will call up tens of thousands of examples, and this is after laws that make filming police brutality a felony. A year or two ago such a search would call up hundreds of thousands of videos.

In one of the most recent of the numerous daily acts of gratuitous police abuse of citizens, an 84-year-old man had his neck broken because he objected to a night time towing of his car. The goon cop body-slammed the 84-year old and broke his neck. The Orlando, Florida, police department says that the old man was a “threat” to the well-armed much younger police goon, because the old man clenched his fist.

Americans will be the first people sent straight to Hell while thinking that they are the salt of the earth. The Americans have even devised a title for themselves to rival that of the Israelis’ self-designation as “God’s Chosen People.” The Americans call themselves “the indispensable people.”

 


Paul Craig Roberts was an editor of the Wall Street Journal and an Assistant Secretary of the U.S. Treasury.  His latest book, HOW THE ECONOMY WAS LOST, has just been published by CounterPunch/AK Press. He can be reached at: PaulCraigRoberts@yahoo.com

 

Fuente: http://www.counterpunch.org/roberts09242010.html

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