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El polvorín

La ruta del cebil: Religión y alucinógenos en los Andes del Sur.

21 Enero 2011 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

 

The seeds of cebil were used over 4500 years ago in the Puna region of NW Argentina. Its use appears to have had a particularly profound effect upon the culture of Tiahuanaco (literally “dwelling of the god”).

La ruta del cebil partía de un extenso repositorio de arte rupestre que se derrama por el oriente de la Sierra de Ancasti, en la provincia argentina de Catamarca, enclavado en lo más denso del bosque de cebil (un alucinógenos milenario de los Andes del Sur). Las caravanas de llamas cruzaban los valles del centro y oeste de Catamarca y La Rioja, ascendiendo luego a la altiplanicie para arribar a los oasis puneños de Atacama, y aún a la costa del océano Pacífico, incluso hasta la lejana Copiapó, con su preciada mercadería mágico-religiosa.

         

          

 

 

                                               

 

 

http://www.scielo.cl/fbpe/img/chungara/v30n1/fig04-1.jpg 

 

PSYCHOACTIVE SUBSTANCES IN THE ARCHAEOLOGY OF NORTHERN CHILE AND NW ARGENTINA A COMPARATIVE REVIEW OF THE EVIDENCE

 

Un análisis comparativo del uso de plantas sicoactivas en el norte de Chile, especialmente San Pedro de Atacama y Loa medio y sus tributarios (Caspana, Toconce, Lasa�a, Chiu-Chiu) en relación al noroeste argentino, se presenta como una posible herramienta de dignóstico de cambios de los patrones de interacción entre ambas regiones. Este trabajo es una revisión de las evidencias de ingestión de plantas sicoactivas en el norte de Chile y noroeste argentino con énfasis en la cronología, iconografía y modos de ingestión. Las diferencias iconográficas y estilísticas, así como la divergencia cronológica, sugieren cambios en los patrones de interacción entre el norte de Chile y el noroeste argentino.

A comparative analysis of the use of psychoactive plants in northern Chile, specifically San Pedro de Atacama and the Middle Loa and its tributaries (Caspana, Toconce, Lasa�a, Chiu-Chiu), with NW Argentina, asaproba-ble diagnostic tool of shifting patterns of interaction. This work presents a review of the evidence for the ingesti�n of psychoactive plants in northern Chile and NW Argentina with particular emphasis on chronology, iconography and modes of ingesti�n. The iconographic and stylistic differences, as well as the divergence in chronology, suggest shifts in patterns of interaction between northern Chile and NW Argentina.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  

 

 

 

SNUFF TRAY
wood & Turquoise
Huari Culture
500 – 800 A.D.

 

 

Religión y alucinógenos en el antiguo noroeste argentino 

 

Nota publicada en la Revista “Ciencia Hoy”. Vol. 4 N° 22. 

 

Durante el segundo viaje de Colón y según le fuera encomendado, Fray Ramón Pané, de la orden de San Jerónimo, dejó testimonio escrito de sus observaciones sobre las creencias religiosas de los habitantes autóctonos de la isla de Santo Domingo. En esta obra de 1498, primer libro redactado en el Nuevo Mundo en un idioma europeo, se hace la siguiente referencia al empleo de una planta de efectos alucinógenos, la cohoba, por parte de los indígenas del lugar: «Para purgarse toman cierto polvo, llamado cohoba, aspirándolo por la nariz, el cual les embriaga de tal modo que no saben lo que se hacen; y así dicen muchas cosas fuera de juicio, en las cuales afirman que hablan con los cemíes (ídolos)».

En la América indígena, el empleo de sustancias alucinógenas se presenta como una costumbre de profundo arraigo y antigüedad varias veces milenaria.

El continente americano es, por otra parte, el espacio geográfico donde se ha registrado la mayor diversidad de plantas que contienen principios psicoactivos. La utilización de más de ochenta vegetales capaces de producir efectos alucinógenos se relaciona con la farmacopea prehispánica, pero sobre todo, y de manera fundamental, con el mundo ideológico.

En efecto, las prácticas alucinatorias llevadas a cabo en las sociedades aborígenes americanas otorgan validez a las tradiciones, ratifican la cultura y vigorizan las creencias; a través de ellas, el mundo de los dioses se convierte en una realidad tangible.

Nuestras investigaciones se han centrado principalmente en el uso ritual de estos vegetales durante la época prehispánica en la región andina que coincide con el actual Noroeste argentino.

Desde épocas muy tempranas, los grupos indígenas de esa región participaban de una ideología común a todas las sociedades de los Andes del Sur. Esa ideología se estructuraba, fundamentalmente, en torno a un panteón celeste cuya deidad principal era el Sol, sobre todo en su aspecto matutino: el Punchao. En el pensamiento religioso de los Andes, el jaguar y la serpiente (a veces como saurio o pez) ocupaban un lugar de privilegio y tenían un papel protagónico, a la vez que estuvieron en estrecha relación con el culto solar.

En ese contexto -y al igual en otras regiones de América- hallamos que los vegetales alucinógenos fueron un elemento ceremonial de gran importancia, pues se constituyeron en el nexo privilegiado que vinculaba el mundo de los humanos con la esfera de los seres sagrados.

La isla Titicaca, en el lago del mismo nombre, era el centro de la geografía mítica de los Andes del Sur, pues se creía que había sido allí, sobre una gran roca, donde había brillado por primera vez el Sol.

Según un testimonio de comienzos del siglo XVII, la palabra aymará Titicaca quiere decir «peña donde anduvo el gato y dio gran resplandor (obsérvese muy particularmente la referencia a un felino)». Frente a la isla, en una península, estaba el adoratorio de Copacabana, un ídolo de piedra azul, mitad pez, mitad mujer, que los artistas indios representaron, durante la colonia, como la sirena de la mitología europea, pero que en épocas prehispánicas también podía aparecer como serpiente o lagarto. Observamos, entonces, que en el núcleo más denso del espacio sagrado de todos los Andes coinciden el Sol, el felino y la serpiente o saurio.

Cabe destacar aquí que, como consecuencia de su posición geográfica, el Noroeste fue un eje articulador de los intercambios de bienes materiales y simbólicos con las regiones vecinas situadas al occidente pues, además de abastecerlas de los vegetales psicotrópicos que crecían en sus bosques, difundió entre ellas el conocimiento y la experiencia -referidos al uso de las sustancias alucinógenas en el contexto religioso- que había acumulado a lo largo de su desarrollo histórico y en el contacto con las sociedades de las tierras bajas orientales.

A través de las evidencias arqueológicas es posible percibir cómo mediante la manipulación de las plantas alucinógenas, el Noroeste se constituyó en una formación histórico-social con personalidad propia. Esta, que tiñe profundamente el tejido social, se refleja en las más diversas manifestaciones a lo largo del desarrollo de la región.

Estudios de la naturaleza de los realizados por nosotros permiten abordar los vínculos entre áreas que difieren tanto en lo geográfico como desde el punto de vista cultural, pero cuyos procesos históricos se encuentran estrechamente ligados.

Es el caso de los contactos existentes entre las tierras altas del sistema montañoso andino y las llanuras del oriente, probablemente vinculadas por un complejo sistema de caravanas de llamas, que habría originado la que nos aventuramos a denominar «ruta del cebil».

Así cobra sentido la existencia de un extenso repositorio de arte rupestre enclavado en lo más denso del bosque de cebil (uno de los vegetales alucinógenos que aquí nos ocuparán), que se derrama por la ladera oriental de la Sierra de Ancasti, en la provincia argentina de Catamarca. Desde allí debieron partir las caravanas -una vez recolectadas las semillas alucinógenas- que recorrerían los valles del centro y oeste de las actuales Catamarca y La Rioja, ascendiendo luego a la altiplanicie para arribar a los oasis puneños de Atacama, y aún a la costa del océano Pacífico hasta la lejana Copiapó.

Pero no solamente se trajinaba con el cebil; también se trasladaban herramientas y objetos ceremoniales de bronce arsenical; adornos de oro y cobre; plumas, pájaros, pieles, plantas y maderas tropicales; piedras semipreciosas, conchas y caracoles; lanas, tejidos y tubérculos deshidratados; algas, pescados y mariscos secos. De esta manera, los circuitos cumplidos por caravanas en los Andes meridionales ponían en circulación una gama de productos, entre los que sobresalían los bienes suntuarios de alto valor simbólico, asociados a la consolidación de los señores locales.

Pero, por sobre todo, lo que importa destacar es que a la par de ir y venir de objetos palpables y concretos se trasladaban otros bienes invalorables: las ideas.

La información obtenida de las fuentes arqueológicas, etnográficas e históricas indica que tanto en el Noroeste argentino como en otras regiones próximas, los aborígenes consumían cebil, tabaco y coro, sustancias psicotrópicas derivadas de los géneros Anadenanthera, Nicotiana y Trichocline (véase «Plantas alucinógenas del Noroeste argentino»).

Todos estos vegetales fueron usados en contextos ceremoniales (aunque no exclusivamente en ellos) y sirvieron como vehículo para establecer contacto con lo sobrenatural. Paralelamente se los utilizó con propósitos terapéuticos.

El tabaco y el cebil presentan una distribución relativamente amplia y merecieron el interés de los cronistas europeos desde que se establecieron los primeros contactos. Por el contrario, la información sobre el coro es limitada, porque si bien hay tempranas menciones, se uso pasó casi inadvertido para los investigadores. 


Por José Antonio Pérez Gollán e Inés Gordillo
Museo Etnográfico Universidad de Buenos Aires. CONICET 
Nota publicada en la Revista “Ciencia Hoy”. Vol. 4 N° 22. 

.  .  .  .  .  .  .  .  .  . Secretaría de Ciencia y Técnica – UNL

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