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El polvorín

La separación entre lengua y dialecto es eminentemente política / Preconceito que cala, língua que discrimina

6 Diciembre 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

Marcos Bagno: El combate al prejuicio lingüístico

Marcos Bagno, se refiere a la ideologia de exclusión social y de dominación política a través de la lengua. “Podemos amar y cultivar nuestras lenguas, pero sin olvidarnos del precio altísimo que mucha gente pagó para que ellas se implantasen como idiomas nacionales y lenguas patrias”.


Entrevista de Joana Moncau
Foto Ileana Maya - Casa do Brasil

 

El prejuicio lingüístico es un prejuicio social, apunta el escritor y lingüista Marcos Bagno, brasileño originario de Minas Gerais y autor de más de 30 libros, entre obras literarias y de divulgación científica. Profesor de la Universidad de Brasilia, actualmente es reconocido sobretodo por su militancia contra la discriminación social a través del lenguaje. En Brasil es una referencia en la lucha por la democratización del lenguaje y sus ideas han ejercido importante influencia en los cursos de Letras y Pedagogía.

El combate al prejuicio lingüístico, señala, pasa principalmente por las prácticas escolares: es necesario que los maestros tomen consciencia y no sean ellos mismos los mantenedores del prejuicio linguístico y de la discriminación. Prejuicio más antiguo que el cristianismo, para Bagno, la lengua es instrumentalizada por los poderes oficiales como un mecanismo de control social. Dialecto y lengua, habla correcta e incorrecta, en la entrevista concedida a Desinformémonos, el lingüista desarrolla esos conceptos y muestra la ideología de exclusión y de dominación política por la lengua, tan impregnada en las sociedades occidentales.

 

“La lengua es un dialecto con ejército y marina”, Max Weinreich

El control social es un hecho oficial cuando un Estado elige una lengua o una determinada variedad lingüística para que se convierta en la lengua oficial. Evidentemente cualquier proceso de selección implica un proceso de exclusión. Cuando existen en un país varias lenguas habladas y una de ellas se torna oficial, las demás lenguas pasan a ser objeto de represión.

Es muy antigua la tradición de distinguir la lengua asociada al símbolo de poder, de los dialectos. El uso del término dialecto siempre fue cargado de prejuicio racial o cultural. En ese sentido, dialecto es asociado a una manera errada, fea o mala de hablar una lengua. También es una manera de distinguir la lengua de los pueblos civilizados, blancos, de las formas primitivas de hablar de los pueblos salvajes. Esa forma de clasificación es tan poderosa que se metió en el inconsciente de la mayoría de la gente, incluso de las que declaran hacer un trabajo políticamente correcto.

La separación entre lengua y dialecto es eminentemente política y escapa a los criterios que los lingüistas intentan establecer para delimitar dicha separación. La elección de un dialecto, o de una lengua, para ocupar el cargo de lengua oficial, condena en el mismo gesto político a todas las demás variedades de lengua de un mismo territorio a la terrible oscuridad del no ser. La referencia de lo que viene desde arriba, del poder, de las clases dominantes, crea a los hablantes de las variedades de lengua sin prestigio social y cultural, un complejo de inferioridad, una bajo autoestima lingüística, la cual los sociolingüistas catalanes denominan como auto-odio.

Platicar de una lengua es siempre moverse en el terreno pantanoso de las creencias, supersticiones, ideología y representaciones. La lengua es un objeto creado, con reglas, institucionalizado para garantizar la unidad política de un Estado sobre el mote tradicional: “un país, un pueblo, una lengua”. Durante muchos siglos, para conseguir la deseada unidad nacional, muchas lenguas fueron (y son) enmudecidas, muchas poblaciones fueron (y son) masacradas, pueblos enteros fueron callados y exterminados. En el continente americano tenemos una historia tristísima de colonización construida sobre millares de cadáveres de indígenas que ya estaban aquí cuando los europeos invadieron sus tierras ancestrales, y de los africanos esclavizados que fueran traídos aquí contra su voluntad.

No podemos olvidar que aquello a lo que llamamos “lengua española”, “lengua portuguesa”, o “lengua inglesa”, tiene una larga historia, no es algo que nació naturalmente. Podemos amar y cultivar nuestras lenguas, pero sin olvidarnos del precio altísimo que mucha gente pagó para que ellas se implantasen como idiomas nacionales y lenguas patrias.

 

Breve historia lingüística de América Latina

La historia lingüística de América Latina fue y sigue siendo marcada por mucha violencia en contra de las poblaciones no blancas, en todos los sentidos, de las masacres propiamente dichas, pasando por la esclavización y llegando a los días de hoy con la exclusión social y el racismo.

En el caso específico de las lenguas, las potencias coloniales (Portugal y España) se empeñaron sistemáticamente en imponer sus lenguas. Las situaciones varían de país en país. En Argentina, por ejemplo, después de la independencia, el gobierno trazó un plan explícito de exterminio de los indígenas, la llamada “Conquista del Desierto”, pagando en efectivo a la gente que llevaran los cueros cabelludos como prueba del asesinato. Con eso, la población indígena da Argentina, principalmente del centro para el sur, desapareció casi completamente y con ella sus lenguas.

En Perú y en Bolivia, la lengua quechua, que era una especie de idioma internacional del imperio inca, está muy impregnada hasta hoy, habiendo comunidades más aisladas cuyos hablantes no saben hablar español.

En Brasil, el trabajo de imposición del portugués estuvo muy bien hecho, de tal manera que es la lengua homogénea de la población. Aquí el exterminio de los indígenas hizo desaparecer centenares de lenguas. Hoy sobreviven cerca de 180, pero habladas por muy poca gente, algunas ya en vías de extinción. Durante parte considerable del periodo colonial, la lengua más usada en Brasil fue la llamada “lengua general”, basada en el tupi antiguo, que los jesuitas utilizaron para catequizar a los indígenas. Con la expulsión de los jesuitas en el siglo XVIII y la prohibición de la enseñanza en cualquier lengua que no fuera el portugués, la lengua general desapareció. Es una lástima que no tengamos una riqueza lingüística como en México, que posee más de 50 lenguas distintas, y donde el náhuatl, por ejemplo, es hablado por casi un millón de personas. Aun así, esas minorías lingüísticas en Brasil están cada vez más reconociendo sus derechos y luchando por ellos.

En cuanto a las lenguas africanas en Brasil, no pudieron sobrevivir porque los portugueses tuvieron cuidado en separar a las familias de esclavos en distintos lotes, así como a los hablantes de una misma lengua, de modo que fueran obligados a aprender el portugués para comunicarse entre ellos y con los blancos. Aún así, las lenguas africanas, sobretodo las del grupo banto, influirían de manera fuerte en la formación del portugués brasileño, haciendo de él lo que es hoy, una lengua muy diferente del portugués europeo.

En Paraguay, como no hubo expulsión de los jesuitas, la lengua general empleada por ellos, el abanheenga (guarani), permanece hasta hoy como elemento importante de la vida de los paraguayos, que son bilingües en su mayoría: español y guarani.

 

¿Hablar errado? ¿Según quién?

Existe una ideología lingüística que no es oficial, pero que a lo largo del tiempo se instaura en la sociedad. En cualquier tipo de comunidad humana siempre existe un grupo que detenta el poder y que considera que su modo de hablar es el más interesante, el más bonito, aquél que debe ser preservado y hasta impuesto a los demás.

En las sociedades occidentales las lenguas oficiales siempre fueran objetos de inversión político. Las lenguas son codificadas por las gramáticas, por los diccionarios, son objetos de pedagogías, son enseñadas. Claro que esa lengua normatizada nunca corresponde a las formas corrientes de las lenguas, siempre hay una distancia muy grande entre lo que las personas realmente hablan a diario, en su vida íntima y comunitaria,, y la lengua oficializada y padronizada.

Sin embargo, esto es muy contradictorio, porque los maestros tradicionales de lengua dicen que tenemos que imitar a los clásicos, pero al mismo tiempo tenemos prohibido hacer lo que los grandes autores hacen, que es la licencia poética. Como solemos aprender en las escuelas, la licencia es permitida sólo para aquél que en teoría conoce tan bien la lengua que puede darse al lujo de no respetar las normas. ¡Tontería! Lo que diferencia la clasificación de licencia poética y del error gramatical es, básicamente, la clase social. A una persona por su propio origen social se le concede el derecho de hablar como quiera, y otra, también por su origen social, no tiene ese derecho.

Es a partir de la confrontación entre la manera de hablar de las personas y de esa lengua codificada, que surgen los conflictos lingüísticos. La persona, al comparar su modo de hablar con aquello que aprende en la escuela o con lo que es codificado, ve la distancia que existe entre esas dos entidades y piensa que su modo de hablar es feo, errático. Cualquier tipo de imposición lingüística acaba generando un efecto contrario que es la auto-regulación lingüística o la promoción de un prejuicio lingüístico por parte de las capas sociales dominantes.

 

Lucha contra el prejuicio lingüístico

Acabar con el prejuicio lingüístico es algo difícil. Es necesario que hagamos siempre la distinción entre prejuicio y discriminación. Lo que tenemos que combatir es la discriminación, es decir, cuando ese prejuicio deja de ser apenas una actitud o un modo de pensar de las personas y se transforma en prácticas sociales.

Primero, es necesario reconocer la existencia del prejuicio lingüístico, conocer los modos en que se manifiesta concretamente con actitudes y prácticas sociales, denunciar eso y crear modos de combatirlo

Precisamente debido a que el prejuicio lingüístico en las sociedades occidentales se deriva en gran parte de las prácticas escolares, en mi opinión, el mecanismo para empezar a deshacer el prejuicio lingüístico y la discriminación lingüística, está también en la práctica escolar. Es muy importante que la escuela, en sociedades letradas como la nuestra, permita al alumno ese proceso de acceso a las letras a partir de prácticas pedagógicas democratizadoras, en las que las variaciones lingüísticas sean reconocidas como práctica de la cultura nacional, que no sean ridiculizadas. Evidentemente que eso tiene un funcionamiento político muy importante, no sólo en la escuela, sino en toda la sociedad.

Por eso en Brasil, yo y un conjunto de otros lingüistas y educadores, estamos siempre atacando el prejuicio lingüístico y proponiendo prácticas pedagógicas democratizadoras. Que el niño, al llegar a la escuela hablando una variedad regional menos próxima del padrón, no sea discriminado. Nuestro trabajo actualmente se centra en la escuela, en los materiales didácticos y en la formación de los maestros de portugués, para que no sean ellos mismos mantenedores del prejuicio lingüístico y de la discriminación.

Además de esto, es importante considerar que en menos de medio siglo la proporción mundial entre la población urbana y rural, quedó muy desigual, con una población mundial mucho más urbanizada. La urbanización implica el contacto con formas lingüísticas de mayor prestigio, en la televisión, la escuela, la lectura, etcétera. Esto implica también una especie de nivelamiento lingüístico, aunque las variedades lingüísticas se mantengan, cuanto más personas sepan leer y escribir y tengan ascenso social, es más probable que haya un nivelamiento lingüístico mayor.

En el caso específico de Brasil, en los últimos 8 años casi 30 millones de personas salieron de la línea de pobreza y con eso van a cambiar también su manera de hablar. Otro dato muy importante es que la gran mayoría de las personas que se forman como maestros (de portugués, principalmente), vienen de esas capas sociales. Por lo tanto, el maestro que está yendo a la clase ya es hablante de esas variedades lingüísticas que antiguamente eran estigmatizadas. Esto provocará un gran movimiento de valorización de esas variedades menos prestigiadas. Estamos, por lo tanto, asistiendo a un momento muy importante de la historia sociolingüística de Brasil.

 

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Língua é política

Preconceito que cala, língua que discrimina

Marcos Bagno, escritor e linguista brasileiro deixa à mostra a ideologia de exclusão social e de dominação política pela língua, típica das sociedades ocidentais. “Podemos amar e cultivar nossas línguas, mas sem esquecer o preço altíssimo que muita gente pagou para que elas se implantassem como idiomas nacionais e línguas pátrias”.

 

O preconceito linguístico é um preconceito social. Para isso aponta a afiada análise do escritor e linguista Marcos Bagno, brasileiro de Minas Gerais. Autor de mais de 30 livros, entre obras literárias e de divulgação científica, e professor da Universidade de Brasília, atualmente é reconhecido sobretudo por sua militância contra a discriminação social por meio da linguagem. No Brasil, tornou-se referência na luta pela democratização da linguagem e suas ideias têm exercido importante influência nos cursos de Letras e Pedagogia.

A importância de atingir esse meio, segundo ele, é que o combate ao preconceito linguístico passa principalmente pelas práticas escolares: é preciso que os professores se conscientizem e não sejam eles mesmos perpetuadores do preconceito linguístico e da discriminação. Preconceito mais antigo que o cristianismo, para Bagno, a língua desde longa data é instrumentalizada pelos poderes oficiais como um mecanismo de controle social. Dialeto e língua, fala correta e incorreta: na entrevista concedida a Desinformémonos, ele desnaturaliza esses conceitos e deixa à mostra a ideologia de exclusão e de dominação política pela língua, tão impregnada nas sociedades ocidentais.


“A língua é um dialeto com exército e marinha”, Max Weinreich

O controle social é feito oficialmente quando um Estado escolhe uma língua ou uma determinada variedade linguística para se tornar a língua oficial. Evidentemente qualquer processo de seleção implica um processo de exclusão. Quando, em um país, existem várias línguas faladas, e uma delas se torna oficial, as demais línguas passam a ser objeto de repressão.

É muito antiga a tradição de distinguir a língua associada ao símbolo de poder dos dialetos. O uso do termo dialeto sempre foi carregado de preconceito racial ou cultural. Nesse emprego, dialeto é associado a uma maneira errada, feia ou má de se falar uma língua. Também é uma maneira de distinguir a língua dos povos civilizados, brancos, das formas supostamente primitivas de falar dos povos selvagens. Essa forma de classificação é tão poderosa que se erradicou no inconsciente da maioria das pessoas, inclusive as que declaram fazer um trabalho politicamente correto.

De fato, a separação entre língua e dialeto é eminentemente política e escapa aos critérios que os linguistas tentam estabelecer para delimitar dita separação. A eleição de um dialeto, ou de uma língua, para ocupar o cargo de língua oficial, renega, no mesmo gesto político, todas as outras variedades de língua de um mesmo território à terrível escuridão do não-ser. A referência do que vem de cima, do poder, das classes dominantes, cria aos falantes das variedades de língua sem prestígio social e cultural um complexo de inferioridade, uma baixo auto-estima linguística, a qual os sociolinguistas catalães chamam de “auto-ódio”.

Falar de uma língua é sempre mover-se no terreno pantanoso das crenças, superstições, ideologia e representações. A Língua é um objeto criado, normatizado, institucionalizado para garantir a unidade política de um Estado sob o mote tradicional: “um país, um povo, uma língua”. Durante muitos séculos, para conseguir a desejada unidade nacional, muitas línguas foram e são emudecidas, muitas populações foram e são massacradas, povos inteiros foram calados e exterminados. No continente americano, temos uma história tristíssima de colonização construída sobre milhares de cadáveres de indígenas que já estavam aqui quando os europeus invadiram suas terras ancestrais e dos africanos escravizados que foram trazidos para cá contra sua vontade.

Não podemos esquecer que o que chamamos de “língua espanhola”, “língua portuguesa”, ou “língua inglesa” tem um rico histórico, não é algo que nasceu naturalmente. Podemos amar e cultivar essas línguas, mas sem esquecer o preço altíssimo que muita gente pagou para que elas se implantassem como idiomas nacionais e línguas pátrias.


Breve histórico linguístico da América Latina
A história linguística da América Latina foi e é marcada por muita violência contra as populações não-brancas, em todos os sentidos, dos massacres propriamente ditos, passando pela escravização e chegando aos dias de hoje com a exclusão social e o racismo.

No caso específico das línguas, as potências coloniais (Portugal e Espanha) se empenharam sistematicamente em impor suas línguas. As situações variam de país a país. Na Argentina, por exemplo, depois da independência, o governo traçou um plano explícito de extermínio dos indígenas, a chamada “Conquista do Deserto”, pagando em dinheiro às pessoas que levassem escalpos como prova do assassinato. Com isso, a população indígena da Argentina, principalmente do centro para o sul, desapareceu quase completamente, e com ela suas línguas.

No Peru e na Bolívia, a língua quéchua, que era uma espécie de idioma internacional do império inca, é muito empregada até hoje, havendo mesmo comunidades mais isoladas cujos falantes não sabem falar espanhol.

No Brasil, o trabalho de imposição do português foi muito bem feito, de maneira que é a língua homogênea da população. O extermínio dos índios fez desaparecer centenas de línguas: hoje sobrevivem cerca de 180, mas faladas por muito pouca gente, algumas já em vias de extinção. Durante boa parte do período colonial, a língua mais usada no Brasil foi a chamada “língua geral”, baseada no tupi antigo, que os jesuítas empregaram para catequizar os índios. Com a expulsão dos jesuítas no século XVIII e a proibição do ensino em qualquer língua que não fosse o português, a língua geral desapareceu. É uma pena que não tenhamos uma riqueza linguística como no México, que possui mais de 50 línguas diferentes, sendo que o nahua é falado por cerca de 1 milhão de pessoas. Ainda assim, essas minorias linguísticas no Brasil estão cada vez mais reconhecendo seus direitos e lutando por eles.

Quanto às línguas africanas no Brasil, elas não puderam sobreviver porque os portugueses tomavam cuidado para separar as famílias em lotes diferentes bem como os falantes de uma mesma língua, de modo que fossem obrigados a aprender o português para se comunicar entre si e com os brancos. Mesmo assim, as línguas africanas, sobretudo as do grupo banto, influíram fortemente na formação do português brasileiro, fazendo com que ele se tornasse o que é hoje, uma língua bem diferente do português europeu.

No Paraguai, como não houve expulsão dos jesuítas, a língua geral empregada por eles, o abanheenga (guarani), permanece até hoje como elemento importante da vida dos paraguaios, que são bilíngues em sua maioria: espanhol e guarani.


Falar errado? Para quem?

Também existe uma ideologia linguística que não é oficializada, mas que ao longo do tempo se instaura na sociedade. Em qualquer tipo de comunidade humana sempre existe um grupo que detém o poder e que considera que seu modo de falar é o mais interessante, o mais bonito, é aquele que deve ser preservado e até imposto aos demais.

Nas sociedades ocidentais as línguas oficiais sempre foram objetos de investimento político. As línguas são codificadas pelas gramáticas, pelos dicionários, elas são objetos de pedagogias, são ensinadas. Claro que essa língua que é normatizada nunca corresponde às formas usuais da língua, sempre há uma distância muito grande entre o que as pessoas realmente falam no seu dia-a-dia, na sua vida íntima e comunitária, e a língua oficializada e padronizada.

A questão da língua é a única que une todo o espectro linguístico, ou seja, a pessoa da mais extrema esquerda e da mais extrema direita geralmente concordam, por exemplo, diante da afirmação de que os brasileiros falam português muito mal. É uma ideologia muito antiga, eu digo que é uma religião mais antiga que o cristianismo, porque surgiu entre os gramáticos gregos 300 anos antes de Cristo e se impregnou na nossa cultura ocidental de maneira muito forte.

Entretanto, ao mesmo tempo em que as classes dominantes diziam que era preciso impor o padrão para todo o mundo, elas não permitiam às classes dominadas o acesso a ele. Havia essa contradição, que na verdade não é uma contradição, mas uma estratégia político-ideológica: “Você tem que se comportar assim, mas não vou te ensinar como”. Isso, para as classes dominantes terem, além de outros instrumentos de controle social, também o controle da língua. É o que Pierre Bourdieu chama de a ‘língua legítima’: as classes dominadas reconhecem a língua legitima, mas não a conhecem. Ou seja, elas sabem que existe um modo de falar que é considerado bonito, importante, mas elas não têm acesso a ele.

O preconceito linguístico nas sociedades ocidentais é derivado principalmente das práticas escolares. A escola sempre foi muito autoritária, muitas vezes as pessoas tinham que esquecer a língua que já sabiam e aprender um modelo de língua. Qualquer manifestação fora desse modelo era considerada erro, e a pessoa era reprimida, censurada, ridicularizada.

Outro grande perpetuador da discriminação linguística são os meio de comunicação. Infelizmente, pois eles poderiam ser instrumentos maravilhosos para a democratização das relações linguísticas da sociedade. No Brasil, por serem estreitamente vinculados às classes dominantes e às oligarquias, assumiram o papel de defensores dessa língua portuguesa que supostamente estaria ameaçada. Não interessa se 190 milhões de brasileiros usam uma determinada forma linguística, eles estão todos errados e o que apregoam como certo é aquela forma que está consolidada há séculos. Isso ficou muito evidente durante todas as campanhas presidenciais de que Lula participou. Uma das principais acusações que seus adversários faziam era essa: como um operário sem curso superior, que não sabe falar, vai saber dirigir o país? Mesmo depois de eleito, não cessaram as acusações de que falava errado. A mídia se portava como a preservadora de um padrão linguístico ameaçado inclusive pelo presidente da República.

Nessas sociedades e nessas culturas muito centradas na escrita, o padrão sempre se inspira na escrita literária. Falar como os grandes escritores escreveram é o objetivo místico que as culturas letradas propõem. Como ninguém fala como os grandes escritores escrevem, a população inteira em teoria fala errado, porque esse ideal é praticamente inalcançável.

Entretanto, isso é muito contraditório, porque os ensinos tradicionais de língua dizem que temos que imitar os clássicos, mas ao mesmo tempo somos proibidos de fazer o que os grandes autores fazem, que é a licença poética. Como aprendemos nas escolas, ela é permitida àquele que em teoria sabe tão bem a língua que pode se dar ao luxo de desrespeitar as normas. A diferença entre a licença poética e o erro gramatical é, basicamente, de classe social. Uma pessoa pela sua própria origem social se dá ao direito e tem esse direito reconhecido de falar como quiser, outra, também por sua origem social não tem esse direito.

Cria-se um padrão linguístico muito irreal, muito distante da realidade vivida da língua. É a partir desse confronto entre a maneira de falar das pessoas e essa língua codificada, que surgem esses conflitos linguísticos. A pessoa, ao comparar seu modo de falar com aquilo que aprende na escola ou com o que é codificado, vê a distância que existe entre essas duas entidades e passa a achar que seu modo de falar é feio, é errado.

Qualquer tipo de imposição linguística acaba gerando um efeito contrário que é a auto-rejeição linguística ou a promoção de um preconceito linguístico por parte das camadas sociais dominantes.


Luta contra o preconceito linguístico

Acabar com o preconceito linguístico é uma coisa difícil. É preciso sempre que façamos a distinção entre preconceito e discriminação. O que nós temos que combater é a discriminação, ou seja, quando esse preconceito deixa de ser apenas uma atitude ou um modo de pensar das pessoas e se transforma em práticas sociais.

Primeiro é preciso reconhecer a existência do preconceito linguístico, conhecer os modos como ele se manifesta concretamente como atitudes e práticas sociais, denunciar isso e criar modos de combatê-lo.

Justamente pelo fato de o preconceito linguístico nas sociedades ocidentais ser derivado das práticas escolares, na minha opinião, o grande mecanismo para começar a desfazer o preconceito linguístico, a discriminação linguística, está também na pratica escolar. É muito importante que a escola, em sociedades letradas como a nossa, permita ao aluno esse processo do acesso ao letramento a partir de práticas pedagógicas democratizadoras, em que as variações linguísticas sejam reconhecidas como prática da cultura nacional, que não sejam ridicularizadas. E é claro que isso tem um funcionamento político muito importante, não só na escola, mas em toda a sociedade.

Por isso que no Brasil, eu e um conjunto de outros linguistas e educadores estamos sempre atacando muito o preconceito linguístico e propondo práticas pedagógicas democratizadoras. Que a criança, ao chegar na escola falando uma variedade regional menos próxima do padrão, não seja discriminada. Nosso trabalho atualmente se centra muito na escola, nos materiais didáticos e na formação dos professores de português, para que não sejam eles mesmos perpetuadores do preconceito linguístico e da discriminação.

Além disso, vale considerar que, em menos de meio século, a proporção mundial entre a população urbana e a rural ficou muito desigual, com a população mundial muito mais urbanizada. A urbanização implica o contato com formas linguísticas de maior prestigio, na televisão, na escola, na leitura etc. Isso vai implicar também uma espécie de nivelamento linguístico. Embora as variedades linguísticas se mantenham, quanto mais pessoas souberem ler e escrever e tiverem ascensão social, é mais provável que haja um nivelamento linguístico maior.

No caso específico do Brasil, nos últimos oito anos, quase 30 milhões de pessoas saíram da linha da pobreza e com isso vão impor também sua maneira de falar. Outro dado muito importante é que a grande maioria das pessoas que se formam professores (de português, principalmente) vem dessas camadas sociais. Portanto, o professor que está indo para sala de aula já é falante dessas variedades linguísticas que antigamente eram estigmatizadas. Isso vai provocar um grande movimento de valorização dessas variedades menos prestigiadas. Estamos assistindo a um momento muito importante da história sociolinguística do Brasil.

 

Tomado de Desinformémonos

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