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El polvorín

La vuelta a casa de Cecilio Gallego

14 Febrero 2011 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

MEMORIA HISTÓRICA | LA LUCHA CONTRA LA IMPUNIDAD DEL FRANQUISMO

La vuelta a casa de Cecilio Gallego

Apresado por franquistas en 1938, fue castigado a trabajos forzados en Roncal (Navarra) donde murió ejecutado tras intentar escapar en 1939. 70 años después, es enterrado en su pueblo natal.

- "Gracias a los recuerdos podemos combatir"


Jara Calvo y Fernando Mandiola / Iruñea
Viernes 11 de febrero de 2011.  Número 143

“Nosotros venimos de raza de izquierdas”. Los dos hermanos varones de Cecilio Gallego, Juan y Alfonso, que así se expresaron, guardan un gran parecido físico entre sí. El día antes a esta conversación, muy emocionados, abrieron el arcón de madera, obra del escultor Joseba Burusko, en el que Memoriaren Bideak –colectivo dedicado a investigar y difundir la realidad de los trabajos forzados durante la Guerra Civil y el Franquismo– trasladó los restos de Cecilio hasta el lugar donde ellos también nacieron. A petición de su familia, fueron exhumados en octubre de 2009 por la Sociedad de ciencias Aranzadi, con la colaboración del Ayuntamiento de Roncal y Memoriaren Bideak. No hubo dudas sobre su identidad, como constaba en los registros parroquiales y en los testimonios del valle navarro que Memoriaren Bideak cotejó. Gallego fue uno de los 2.354 prisioneros condenados a trabajos forzados durante los años 1939 y 1941 en la carretera que une las localidades de Igal con Vidángoz y en el tramo de pista que va hacia el Roncal en el Pirineo de Navarra. Cuando intentó escapar el 23 de octubre de 1939, fue ejecutado de un tiro en la cabeza, con apenas 25 años.

Cuando Gallego intentó escapar, el 23 de octubre de 1939, fue ejecutado de un tiro en la cabeza, con apenas 25 años

Miembros de Memoriaren Bideak, Aranzadi y Eguzki Bideoak (que realizó un documental que ahora se estrena, 827 kilómetros sin retorno) viajaron hasta Don Benito en febrero del año pasado para participar en un acto de homenaje en el que entregaron los restos de Gallego a sus familiares. Un largo camino de ida en el que Cecilio era para todos la impresión desvaída de un hombre corriente que tuvo la mala fortuna de que la guerra hubiese estallado mientras él cumplía el servicio militar. Al final del viaje, sin embargo, esa imagen desenfocada y equivocada dejó paso, gracias al relato de sus familiares, a otro retazo de historia desconocido hasta entonces, poderoso, en el que un convencido y aguerrido militante de las Juventudes Socialistas Unificadas, un joven navajero en continua escaramuza con los falangistas, fue a parar a uno de los sumarísimos batallones de trabajo esclavo que en esos momentos el Franquismo impulsó para castigar a los desafectos a su régimen. Más de 100.000 personas en todo el Estado fueron destinadas a esos batallones, para según el reglamento de estos, “contribuir directa o indirectamente a la reparación de los daños y destrozos perpetrados por las hordas marxistas”.

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EXHUMACIONES. Saber dónde están enterrados los represaliados es uno de los objetivos de las asociaciones contra la impunidad. JARA CALVO

Más de 70 años después...

El acto de homenaje en su memoria se celebró en el frío e institucional salón de actos de un pabellón alejado del pueblo, después de que el Ayuntamiento de Don Benito (PP) denegase la céntrica Casa de Cultura para el acto. Una actitud que para Memoriaren Bideak “denota una total falta de sensibilidad hacia el dolor y sufrimiento de las víctimas de la Guerra Civil y la dictadura franquista, especialmente en un caso en el que la familia ha pasado más de 70 años sin tener la posibilidad de mostrar su duelo públicamente en su localidad natal”. Fue un acto sencillo y emotivo donde intervinieron, además de los colectivos navarros, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Extremadura y familiares de Cecilio. Se recitaron diversos poemas y la violonchelista Carmen Benito de Tena interpretó varias piezas musicales. Además, se proyectaron imágenes de la exhumación del Roncal y la historiadora Edurne Beaumont hizo un detallado relato de las condiciones en las que vivieron Cecilio Gallego y miles de prisioneros más. Un escenario cotidiano de hambre, abusos y violencia, pero también de apoyo mutuo, dignidad e incluso un cierto humor.

Más de 100.000 personas en todo el Estado fueron destinadas a los batallones de trabajo esclavo del Franquismo

Conocer su propia historia

Un escenario también dolorosamente familiar para su hermano Alfonso, que, tras alistarse como voluntario en las milicias comunistas al principio de la Guerra, fue hecho prisionero y estuvo realizando trabajos forzados en el Pirineo catalán en otro batallón de trabajadores. Las agresiones, las enfermedades y las condiciones de vida le dejaron una profunda sordera como secuela, y también le hicieron valorar, a pesar de los riesgos, la posibilidad de fugarse, ya que pensaba que terminaría muriendo con el régimen del batallón: “Las castañas que nos daban... Eso no sale de un Gobierno, eso sale de ellos, del que tiene corazón para hacer estas cosas. Yo me quería haber ido también, me decían los compañeros: ‘Mira que si te cogen...’. Total, allí nos íbamos a morir de hambre y a palos”. Es por eso, que no pueda más que entender la decisión de escapar de su hermano Cecilio, aunque terminara costándole la vida.

Al hermano de Cecilio, las agresiones, las enfermedades y las condiciones de vida le provocaron sordera

Durante estos años, sus familiares han querido conocer el final de Cecilio y el lugar donde fue enterrado su cuerpo tras la ejecución. Según su hermano Juan, "por conseguirlo, porque, si no, me hubiera muerto y a lo mejor allí nadie hubiera levantado la losa". Una gruesa capa de tierra, sin embargo, que consiguió finalmente ser alzada para recuperar la historia de una persona y familia que sufrió esa poco conocida realidad de los trabajos forzados en el franquismo. Ahora bien, esa historia familiar es ya parte, tras todo este proceso colectivo, de nuestra memoria política.

2.354 TRABAJADORES ESCLAVOS EN LAS CARRETERAS NAVARRAS

La carretera en la que trabajaba Cecilio Gallego enlazó las localidades de Roncal, Vidángoz e Igal, en Navarra, y en ella trabajaron 2.354 prisioneros, englobados en los Batallones de Trabajadores 106 y 127 y los Batallones Disciplinarios de Soldados Trabajadores 6 y 38, entre los años 1939 y 1941. Trece de los prisioneros que han podido ser identificados también eran extremeños, como Cecilio. El resto procedía de diversas provincias, entre las que destacan Asturies, Bizkaia, Granada y Jaén. Si bien seguramente habrá más personas asesinadas de las que no existe más documentación, de momento son dos los prisioneros extremeños que fueron asesinados mientras construían carreteras de montaña en el Pirineo Navarro, Cecilio Gallego y Manuel Antolín Holguín.

 

Tomado de Diagonal Web

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