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El polvorín

La vuelta de la Generala

7 Julio 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

Manuela Sáenz fue castigada al olvido por historiadores de turno, fue sentenciada al castigo que impone la sociedad burguesa a las hijas ilegítimas de los señores españoles con las mujeres del pueblo.
Raúl Bracho | Para Kaos en la Red |

Relegada de los libros de historia patria, hoy resurge Manuela Sáenz desde la tierra ecuatoriana y retorna hecha tierra para reposar al lado de Simón, aquel amor de su vida en los años de la primera independencia de nuestra Suramérica. Manuelita, como la llamamos en Venezuela fue pionera de las luchas feministas, guerrera de las mejores batallas y amante de nuestro eterno libertador Simón Bolívar.

Manuela Sáenz fue castigada al olvido por los historiadores de turno, fue sentenciada al castigo que impone la sociedad burguesa a las hijas ilegítimas de los señores españoles con las mujeres del pueblo. Dicen que su madre murió cuando la estaba pariendo, la criolla María Joaquina de Aispuru . Lo cierto es que la mujer legítima de Simón Sáenz Vergara, su padre, la condeno a ser llamada la ilegítima por lo que desde que nació Manuelita se las vio de forma ruda con la vida y transitar por este mundo fue una lucha constante no solo por demostrar su poderío interno sino más allá, por luchar por todas y todos los seres castigados de nuestras tierras.

Hoy Manuela, hecha tierra nuestra regresa del olvido y desde Paita viene sobre las manos de las nuevas mujeres del continente que la llevan al lado de su gran amor y compañero Simón Bolívar. Hoy Manuela Sáenz recibe de su patria Ecuador y de Venezuela el grado de generala, en una lluvia de pétalos en su pequeña cajita de madera paseó por la Caracas de su amor, Bolívar. Camino del Panteón Nacional de nuestro país para acostarse al lado de nuestro libertador con quien de día vigilará el camino del pueblo que se libera y quizá en las noches se acerque al sarcófago donde está Bolívar y podrá besarlo de nuevo.

Será un grato trabajo narrar algunas de las cosas que se cuentan de su vida, En alguna ocasión, consultada sobre el rompimiento con su marido, Manuelita expresó que no podía amar a un hombre que reía sin reír, que respiraba pero no vivía y que le generaba las más agrias repulsiones. Este comportamiento "indecente" para una mujer de la época marcó un antecedente de autodeterminismo en la mujer en una época donde eran reprimidas por una sociedad que las anulaba completamente; en este acto esta quizás una de las características más interesantes de este personaje histórico.

 

Luego cuenta ella misma cuando vio por primera vez a Bolívar:

“Cuando se acercaba al paso de nuestro balcón, tome la corona de rosas y ramitas de laureles y la arrojé para que cayera al frente del caballo de S.E.; pero con tal suerte que fue a parar con toda la fuerza de la caída, a la casaca, justo en el pecho de S.  E. Me ruboricé de la vergüenza, pues el Libertador alzó su mirada y me descubrió aún con los brazos estirados en tal acto; pero S.  E. se sonrió y me hizo un saludo con el sombrero pavonado que traía a la mano.” 

En un encuentro posterior, en el baile de bienvenida al Libertador, él le manifiesta: «Señora: si mis soldados tuvieran su puntería, ya habríamos ganado la guerra a España». Manuela y Simón Bolívar se convirtieron en amantes y compañeros de lucha durante ocho años, hasta la muerte de éste en 1830.

Entre chismes de la historia no escrita se dice que Manuela siempre alertó a Bolívar sobre Santander, el jefe militar de Colombia de quien hoy se sospecha que lo envenenara, lo cierto parece ser que en una oportunidad Manuela para demostrar su odio hacia el enemigo de Bolívar mando a hacer un muñeco de trapos que representaba a Santander y lo colocó en el corral de la casa de Bolívar que quedaba enfrente de la casa de gobierno y al cual ejecutó en un fusilamiento, a lo cuál se dice que el mismo Bolívar le grito: ¡mi Manuela, mi loca, mi loca!  Tan cierto como otra oportunidad en la que esta digna revolucionaria le salvara la vida a nuestro libertador:

el 25 de septiembre de 1828, Bolívar fue objeto de una intentona de asesinato, frustrado gracias a la valiente intervención de Manuelita. Los enemigos de Bolívar habían conjurado para darle muerte aquella noche de septiembre. Al entrar al palacio de San Carlos (hoy día sede de la Cancillería de Colombia), frente al Teatro Colon, Manuela se da cuenta del atentado, y se interpone a los rebeldes, con el fin de que Bolívar tuviera tiempo de escapar por la ventana. En esta casa se colocó una placa con las siguientes palabras:

"SISTE PARUMPER SPECTATOR GRADUM / SI VACAS MIRATORUS VIAM SALUTIS

QUA SESE LIBERAVIT / PATER SALVATORE PATRIAE / SIMON BOLIVAR / IN NEFANDA NOCTE SEPTEMBRINA

AN MDCCCXXVIII"

"DETENTE, ESPECTADOR, UN MOMENTO / Y MIRA EL LUGAR POR DONDE SE SALVÓ / EL PADRE Y

LIBERTADOR DE LA PATRIA / SIMÓN BOLÍVAR / EN LA NEFANDA NOCHE SEPTEMBRINA

1828"

Por estas acciones, Bolívar mismo la llamó la "Libertadora del Libertador".

Pero más allá de estas historias de amores, Manuela Sáenz fue mucho más que la mujer de Bolívar, o su amante como la difaman los historiadores burgueses, Manuela Sáenz combatió en la Batalla de Pichincha a su regreso del Perú y recibió el grado de Teniente de Húsares del Ejército Libertador. Posteriormente combatió en la Batalla de Ayacucho, bajo las órdenes del mariscal Antonio José de Sucre, quien le sugirió a Bolívar su ascenso a coronela, rango que le fue concedido. El 22 de mayo de 2007.

Hoy Manuela regresa del destierro de la historia, nuestro pueblo la trajo a que nos acompañe en la marcha por la que continuamos sus mismas luchas. Para que lo sepa el mundo, para que lo sepan todos, esta con nosotros la generala Manuela Sáenz, guerrillera, combatiente y amorosa camarada.

brachoraul@gmail.com

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maria sabina 07/07/2010 19:30



       La Insepulta de Paita


En Paita preguntamos
por ella, la Difunta:
tocar, tocar la tierra
de la bella Enterrada.






No sabían.
Las balaustradas viejas,
los balcones celestes,
una vieja ciudad de enredaderas
con un perfume audaz
como una cesta
de mangos invencibles,
de piñas,
de chirimoyas profundas


Las moscas
del mercado
zumban
sobre el abandonado desaliño,
entre las cercenadas
cabezas de pescado,
y las indias sentadas
vendiendo
los inciertos despojos
con majestad bravía,
-soberanas de un reino
de cobre subterráneo-,
y el día era nublado,
el día era cansado,
el día era un perdido
caminante, en un largo
camino confundido
y polvoriento.

Detuve al niño, al hombre,
al anciano,
y no sabían dónde
falleció Manuelita,
ni cuál era su casa,
ni dónde estaba ahora
el polvo de sus huesos.







Arriba iban los cerros amarillos,
secos como camellos,
en un viaje en que nada se movía,
en un viaje de muertos,
porque es el agua
el movimiento,
el manantial transcurre                     el río crece y canta,
y allí los montes duros
continuaron el tiempo:
era la edad, el viaje inmóvil
de los cerros pelados,
y yo les pregunté por Manuelita,
pero ellos no sabían,
no sabían el nombre de las flores.





Al mar le preguntamos,
al viejo océano.
El mar peruano
abrió en la espuma viejos ojos incas
y habló la desdentada boca de la turquesa.



Pablo
Neruda