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El polvorín

Las tablas cubanas gozan de buena salud

22 Junio 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

Cultura y Educación
El teatro debe ser una escuela de virtud
Las tablas cubanas gozan de buena salud
Irene Borges es una de las directoras de teatro más jóvenes y talentosas de Cuba. En esta entrevista con APM se refiere al origen de su vocación, a sus definiciones estéticas y a su mirada política.

Irena Borges, nueva expresión del teatro de la isla
Foto: APM
Por Santiago Masetti | Desde La Habana
18|06|2010
 
Con sólo 31 años, Irene Borges, del Espacio Teatral Aldaba, dirigió puestas como “Los justos”, de Albert Camus, e ”Inocencia”, de la alemana Dea Loher. “¿Quién llegó primero?” y “Enredos o historias de chicos enamorados” son las obras infantiles que eligió para trabajar en sus comienzos. Escribió y puso en escena “Por los caminos del mundo”, también para niños, y el texto para jóvenes y adultos “De París, un caballero”. “Aprendiz de bruja”, de Alejo Carpentier, fue uno de sus primeros trabajos para los escenarios habaneros; en estos días prepara el estreno de “Antígona”, del escritor cubano Reinaldo Montero.

¿Cómo ves al teatro cubano en la actualidad?

Uno de los principales objetivos del Estado cubano ha sido siempre apoyar y subvencionar la cultura, y por supuesto al teatro. Eso realmente es maravilloso porque no sólo te de la posibilidad de dedicarte a crear y a pensar, sino que también te genera seguridad laboral. Creo que el teatro cubano sigue gozando de buena salud; tenemos grupos que mantienen una calidad desde hace muchos años, como lo son el “Buen Día”, que ha dado directores como Carlos Celdrán y Nilda Castillo, quienes se mantienen investigando y produciendo. Por otra parte, el público llena las salas teatrales y a todos los festivales nacionales e internacionales concurre gran cantidad de espectadores.

Teatro y sociedad, relación interesante…

Siempre he seguido una frase de Racine: “el teatro debe ser una escuela de virtud”, donde el espectador se transforme para bien, donde pueda encontrar respuestas a sus problemas y en donde se siente unos minutos para llevar mejor su vida. Es justamente por eso que no quiero dejar mi trabajo para niños. Creo que el teatro es una muy buena herramienta en la formación de hombres y mujeres, para construir una mejor sociedad.

En tus puestas, ¿utilizas recursos artísticos por fuera de lo específicamente teatral?

Sí. Pienso que una obra de teatro es la suma de todas las manifestaciones artísticas; es completa. Trato de poner una peculiar atención en la visualidad del espectáculo y en la música, que es tan necesaria como el texto. Evidentemente, tiene que haber un equilibrio entre todas las manifestaciones.

¿Cómo nació tu vocación?

Tal vez por los juegos de la infancia. Con mis padres representaba personajes y armaba retablos para títeres. Luego visité talleres; ese fue mi primer encuentro con las tablas. En mi adolescencia me costó avanzar hasta que comencé en la Escuela Nacional de Arte (ENA), donde pensaba, en un principio, realizarme como actriz. Creo que eso le sucede a todos los que terminan dirigiendo; allí descubrí mi vocación: dirigir.

¿Qué tratas de decir con tus obras?

Siempre me ha motivado encontrar respuestas sobre la existencia misma. El hombre ante sus fragilidades, deberes; ante su tiempo, ante sus circunstancias. Intento que el espectador pueda encontrarse consigo mismo, que descubra las respuestas a sus conflictos.

¿Con cuál de todos tus trabajos te sentiste más a gusto?

Con todos. Hay procesos artísticos más sufridos y trabajosos que otros, en donde uno se pierde por momentos; pero hay otros que son claros; disfrutas, te divertís; y al terminar, una se siente completamente satisfecha. Las obras son como hijos, un milagro.

¿Dónde te sentís más cómoda, en el teatro para niños o trabajando para adultos?

Son experiencias muy diferentes. El público es muy distinto. Pero el teatro para niños me da muchas posibilidades de volar, de estallar, y es tan emocionante ver cómo los niños disfrutan de los espectáculos. El público infantil está lleno de bellas sorpresas. Es vital para mí mostrarles el mundo nuestro y armarlos a través del la experiencia de la representación. El trabajo con niños, después de una puesta para adultos, es un equilibrio entre los demonios y los ángeles.

¿Qué es lo que más te llama la atención del teatro latinoamericano?

Creo que el teatro que se hace en América Latina es muy bueno, sobre todo porque es un teatro que, generalmente, se realiza sin recursos y los actores y directores tienen que trabajar en otras actividades para poder desplegar su vocación. Desde ese punto de vista, es un teatro que se hace con mucha pasión, amor y dedicación. Me gusta mucho el grupo colombiano La Candelaria, por su calidad de dirección, por sus actores y por la constancia con la que vienen trabajando. También me llamó mucho la atención lo que significó Teatro Abierto, en Argentina, ya que desde el mismísimo drama denunciaron los atropellos de una de las dictaduras más violentas y sanguinarias de la historia de América Latina.

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