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El polvorín

Lidia Vieyra, sobreviviente de la ESMA, aportó numerosos elementos contra los imputados

19 Septiembre 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

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La testigo Lidia Vieyra declaró hoy en el juicio que se sigue contra una veintena de militares por los crímenes cometidos en la ESMA, entre quienes se cuenta el ex capitán Adolfo Miguel Donda, tío y apropiador de Victoria y su hermana. La actual diputada de Proyecto Sur Victoria Donda lloró al escuchar de boca de una sobreviviente de la ESMA, a quien llama "tía", detalles de su nacimiento en cautiverio cuando su madre, hoy desaparecida, dio a luz en ese campo de concentración de la Armada.

La testigo Lidia Vieyra declaró hoy en el juicio que se sigue contra una veintena de militares por los crímenes cometidos en la ESMA, entre quienes se cuenta el ex capitán Adolfo Miguel Donda, tío y apropiador de Victoria y su hermana.

El hermano de Donda, José, al igual que su cuñada, Maria Hilda Pérez, que militaban en la organización Montoneros, fueron secuestrados y están desaparecidos luego de sendos "traslados".

Vieyra es pariente de la mujer del represor Emilio Eduardo Massera, con quien comparte el mismo apellido.

Sobre ese vínculo fue interrogada desde el mismo momento en que pisó la ESMA, tras su secuestro, el 11 de marzo de 1977, por una patota encabezada por el ex oficial del Ejército Julio Coronel, alias "Maco", otro de los acusados en el juicio.

También identificó a Alberto González, un ex integrante de la Policía Federal a quien llamaban "Federico" por su pertenencia a esa fuerza, y que actuaba en el Grupo de Tareas GT.3.3.2.

"¿Así que vos sos sobrina de Massera?", fue lo primero que le preguntaron y que hoy recordó con lujo de detalles al declarar en el juicio que lleva adelante el Tribunal Oral Federal 5 (TOF 5) ya que, según sostuvo, "estuve treinta y tres años, seis meses y cuatro días esperando para verles la cara y hoy no están aquí".

Respecto de Massera aseguró haberlo visto en la ESMA con su uniforme de gala blanco en la navidad de 1977, y de haber mantenido un conversación con la dirigente montonera Norma Arrostito, con quien varios testigos dijeron haber compartido cautiverio, pese a que públicamente se la daba por muerta en un enfrentamiento ocurrido en 1973.

Según supo tiempo después la testigo, su caso llegó a oídos del ex integrante de la Junta militar, quien de manera categórica deslizó "que le hicieran lo que le hacen a todos".

Durante su permanencia en el sector que se conocía como Capucha, Vieyra compartió el cautiverio con Hilda Pérez de Donda, quien se encontraba embarazada y que "estando a punto de parir la hacían orinar en un balde, con los grilletes puestos".

"En esas circunstancias -relató- me pide que la ayude en el nacimiento de su hija", parto que fue atendido en lo que varios sobrevivientes denominan como "la maternidad de la ESMA", por el médico naval José Luis Magnacco, acusado por violaciones a los derechos humanos, entre ellas el robo de bebés.

Ante una consulta en ese sentido formulada por la Fiscalía, la testigo recordó que su padre era médico civil del hospital naval y Magnacco era su jefe y por esa razón lo había conocido.

Pese a que no puede recordar la fecha precisa del alumbramiento, Vieyra relató que tras el nacimiento de la niña a quien su madre llamó Victoria, que pesó tres kilos y medio "y era muy chillona", Hilda Pérez y ella se preocuparon por el destino de la criatura y si habría una manera de identificarla luego, en el caso que madre e hija fueran separadas.

Ante la mirada emocionada de Victoria Donda, que quebró en llanto, la mujer reiteró, como en anteriores declaraciones, que le hicieron un pequeño orificio en la oreja, le pasaron "un hilo azul y después vino (el fallecido prefecto Héctor) Febres y se la llevó".

Vieyra e Hilda se juramentaron reunirse todos los 31 de diciembre debajo de un puente para no abandonar la búsqueda de Victoria y hasta apostaban quién de las dos la hallaba primero, pero la madre de la niña fue trasladada en uno de los llamados vuelos de la muerte, decisión de la que también formó parte su cuñado, que había sido testigo de casamiento.

La testigo reconoció a otro de los acusados, Ricardo Miguel Cavallo, como uno de los oficiales "operativos" de la ESMA, a quien señaló como "este señor que está ahí sentadito, lo más campante escribiendo con su computadora y es un asesino".


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