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El polvorín

Los Caciques de Gibraltar y la Ley del Silencio

11 Noviembre 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

 

Trabajadores del Ayuntamiento de La Línea coran la carretera de acceso a Gibraltar
  
Campo de Gibraltar 
En el Campo de Gibraltar está entronizado el más puro caciquismo empresarial y político: industrias cuyos directores, gerentes y mandamaces acaban convirtiendose en una especie de “reyezuelos” con poder de decisión sobre las condiciones de empleo, trabajo y vida de casi todos aquellos que quieren trabajo dentro de la legalidad.
  
  
  
Denunciamos los frecuentes atentados ecológicos que sufre el medio ambiente y nuestra salud en El Estrecho, las situaciones de sobreexplotación y precariedad que padece buena parte de nuestras clases trabajadoras, el despotismo, el “enchufismo” y los escandalosos ingresos de nuestra clase política, la situación infrahumana en la que sobrevive la mayor parte de la población inmigrante, la “fosa común” de Gibraltar ...
  
      
  
Cargos políticos e institucionales que actúan como auténticos “virreyes” al servicio de los intereses de sus amos, mientras mercadean con las “prebendas” que les concede el cargo. Maximización de beneficios minimizando la calidad de vida de quienes habitan alrededor de sus grandes emporios industriales y la ley del silencio, son impuestos por los Caciques de Gibraltar

La ley del silencio en el Campo de Gibraltar


Que el Campo de Gibraltar es una comarca aquejada de problemas estructurales que ha ido arrastrando históricamente, no es algo que a estas alturas vaya a sorprender a nadie. Que soporta la contradicción de albergar el primer polo industrial de Andalucía y el primer puerto del Estado español y, al mismo tiempo, una tasa de paro y unos índices de pobreza que se sitúan también entre los más altos de ambos territorios, es también algo que, aunque pueda sorprender a quienes no conozcan nuestra realidad, forma parte de la vida cotidiana de quienes vivimos y trabajamos en esta comarca. Que sufrimos con más asiduidad que en otras zonas ataques medioambientales y a la salud fruto de políticas empresariales que maximizan la obtención de beneficios minimizando la calidad de vida de quienes habitan alrededor de sus grandes emporios industriales, también es sabido.
Lo que quizás no sea tan público y notorio, más allá de los límites del Campo de Gibraltar, es la proliferación del más puro caciquismo empresarial y político que esta situación ha ido generando. Caciquismo que, como siempre, acaba imponiendo su ley: la ley del silencio.
Empresas industriales cuyos directores, gerentes, y otros cargos rectores se acaban convirtiendo en una especie de “reyezuelos” con poder de decisión sobre las condiciones de empleo, trabajo y vida de casi todo aquel o aquella que quiere ejercer su derecho al trabajo dentro de la legalidad. Cargos políticos e institucionales que actúan como auténticos “virreyes” al servicio de los intereses de sus amos, mientras mercadean con las “prebendas” que les concede el cargo. Trabajadores/as de plantilla, con sus comités de empresa al frente, temerosos de perder sus condiciones de trabajo y que, en muchos casos, acaban por aceptar como suyos los intereses y la mentalidad de la empresa. Precarios/as y parados/as a la caza de de un contrato temporal en una subcontrata y que, por lo tanto, se cuidan muy mucho de “señalarse” en ninguna movida reivindicativa que pueda molestar a quienes tienen la facultad de elegir quién va a trabajar y quién no. Medios de comunicación mercantilizados, muy reacios a publicar noticias perjudiciales para quienes, con su publicidad, sostienen en buena medida sus cuentas de resultados...
Sin embargo, y a pesar de todo lo anterior, ha habido también voces que han sabido levantarse valientemente contra este estado de cosas. Personas, grupos y organizaciones que (asumiendo en muchas ocasiones riesgos de índole hasta personal) han sido capaces de denunciar las situaciones de explotación, dominación e indefensión en que se encuentran ellos y quienes les rodean y de levantar el dedo para señalar a los culpables. Pero, por desgracia, el poder se ha ido imponiendo siempre. La pesada mano de los poderosos y de los instrumentos de su dominio se ha dejado caer sobre estas voces discordantes, consiguiendo acallarlas en unos casos o, al menos, amortiguarlas y eliminarlas de los grandes circuitos de comunicación social en otros muchos.
El último “invento” en este sentido se llama “Iniciativa para la proyección de la imagen positiva del Campo de Gibraltar”. Se trata de una especie de plataforma que agrupa a la Federación de Empresarios del Campo de Gibraltar, a la Asociación de Grandes Industrias, a la Cámara de Comercio, Industria y Navegación, a la Autoridad Portuaria Bahía de Algeciras, a los principales medios de comunicación de la comarca, a la Asociación de la Prensa del Campo de Gibraltar, pero también a las dos centrales sindicales mayoritarias del Campo de Gibraltar (¿qué hacen ahí?) y al Vicerrectorado del Campus Bahía de Algeciras de la UCA (¿recuerdan de qué iba aquello de Bolonia?).
El objetivo declarado de este grupo de presión es velar para que la imagen que, por diversos medios, se transmita de la comarca sea siempre positiva y evitar, dentro de lo posible, aquellas manifestaciones, actuaciones o situaciones que puedan dar una mala imagen del Campo de Gibraltar. El motivo de tan sana preocupación no deja lugar a dudas: que es malo para el negocio. O lo que es lo mismo, que airear los problemas que sufren los ciudadanos/as campogibraltareños no es bueno, porque ahuyenta el turismo, puede contribuir a alejar inversiones, hace que las inversiones actuales de capital no den todos los beneficios que debieran dar y frena el desarrollo económico, o sea, las ganancias de los que mandan. Y todo, porque una pandilla de “indeseables” se dedican a denunciar los frecuentes atentados ecológicos que sufre nuestro medio ambiente y nuestra salud, las situaciones de sobreexplotación y precariedad que padece buena parte de nuestras clases trabajadoras, el despotismo, el “enchufismo” y los escandalosos ingresos de nuestra clase política, la situación infrahumana en la que sobrevive la mayor parte de la población inmigrante, la “fosa común” del Estrecho... En fin, la realidad cotidiana que parece no percibirse desde los altos sillones de quienes han dado a luz a tan bienintencionada plataforma.
En dos años de andadura de esta “Iniciativa” no ha habido protesta, reivindicación o denuncia ante los medios de comunicación que no haya corrido peligro de dormir el “sueño de los justos” o haya sido debidamente “contrastada” con una extensa versión oficial tendente a minimizarla o a ridiculizarla. Quizá el hito más conocido sea su posible participación en la censura, aplazamiento y posterior emisión, con modificaciones, del programa “Algo huele mal” de la serie REPOR de TVE donde se abordaba la realidad medioambiental y sanitaria del Campo de Gibraltar, o en la censura (ésta definitiva) de un espacio sobre el aniversario de la explosión de dos buques en el pantalán de las refinerías en el año 1.985, que se iba a emitir dentro de los informativos de esta misma cadena.
Sin embargo, no resulta extraño (conociendo, aunque sólo sea un poco como suele funcionar el entramado económico-político-administrativo por estas tierras) que las administraciones andaluzas y provinciales no hayan albergado la más mínima duda a la hora de premiar tan beneficiosa y desinteresada labor con una distinción otorgada con motivo del Día de Andalucía.
Así que ya lo saben, hagan el favor de no dar mala imagen y limítense a cumplir la ley: la ley del silencio.
 Julio.domingo 7 de noviembre de 2010 cadizanticapitalista.blogspot.com/
 
 
 

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