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El polvorín

Los Caracoles, la expresión más alta de organización de nueva ruralidad comunitaria en América Latina

29 Agosto 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

 

 

  25/agosto

La estructura zapatista de Los Caracoles y las Juntas de Buen Gobierno, en Chiapas, es la expresión más alta de grado de organización social, política, cultural y económica de la nueva ruralidad comunitaria que se está dando en México y en América Latina, expuso a La Jornada de Oriente el profesor investigador Mario Fuente, de la Universidad de la Sierra Juárez de Oaxaca (Unsij), quien ayer participó con una magistral ponencia en el III Seminario Internacional “Experiencia y formulaciones en la construcción de desarrollos alternativos”.

 

Los Caracoles son las regiones organizativas de las comunidades autónomas zapatistas. Fueron creados en 2003 para reemplazar la anterior forma de organización, los Aguascalientes, tras un periodo de extensa discusión sobre la necesidad de cambiar la relación entre las comunidades, de las comunidades con el EZLN (Ejército Zapatista de Liberación Nacional) y de las comunidades con el mundo exterior.

En el acto que organiza la Facultad de Economía de la Universidad Autónoma de Puebla (UAP), el doctor en Ciencias Ambientales expresó que “esta nueva forma de organización autónoma no está sujeta a la producción de tipo familiar, sino comunitario, un nuevo ethos comunitario”. Cuando se le pregunta su opinión de la Ciudad Rural Sustentable “Nuevo Juan de Grijalba”, que creó en Chiapas el gobierno de Juan Sabines, responde que no conoce de su formación ni estructura. “Desconozco la estructura y su funcionamiento.

El punto de referencia que tenemos de Chiapas es la forma de organización comunitaria que fundaron los zapatistas con Los Caracoles, la cual se rige con la misma filosofía, de democracia participativa, de las comunidades de la sierra oaxaqueña”.

En contraparte, Japhy Wilson, de la Universidad de Manchester, Inglaterra, sostiene que la iniciativa de la primera ciudad rural en el mundo, que se instala en Chiapas, es parte del Proyecto Mesoamérica (antes Plan Puebla–Panamá) y sus fines son eminentemente económicos: “una eficiente organización territorial basada en la propiedad privada, mano de obra barata, plantaciones agroindustriales, extracción de recursos naturales y promoción del gran turismo”.

Economía y Medio Ambiente

Con la conferencia “La nueva ruralidad comunitaria y alternativas de desarrollo en la Sierra Juárez de Oaxaca”, Fuente dejó el claro que el concepto de nueva ruralidad “hace referencia a otras formas de organización de las comunidades, de sus procesos de producción, pero también cómo realizan su distribución”. “Y donde tratamos de hacer énfasis –destacó el economista–, es en reconocer cómo la asociación comunitaria sigue representando un papel muy importante en la generación de recursos”. Señaló que el criterio fundamental en la forma de desarrollo de la comunidad no precisamente tiene que ver con la cuestión económica, sino también con el manejo adecuado y diferente del ambiente.

“Cuando se cambia esta idea de la propiedad privada, a la vez se transforma la relación con la naturaleza”. Sin embargo, el punto central dentro de la ponencia, que duró casi dos horas, fue la importancia que tienen las comunidades en la ascendencia de la cultura Mesoamericana, que ha sido poco analizada.

“La formación de estas comunidades que ahora existen en la Sierra Juárez de Oaxaca deriva desde Mesoamérica, pero fueron reconfiguradas durante la Colonia. Son parte de un sincretismo: la herencia de la propiedad comunitaria, que se da con el calpulli, con la permanencia de la identidad de la lengua y el conocimiento que se tiene del entorno”. Ese tipo de organización, comparó, es muy similar a otras que se dan en diversas regiones de México, como es el caso de Chiapas. Aún en Oaxaca, aseguró, este tipo de organización es muy heterogénea, pues no se muestra la misma forma de estructura de un pueblo a otro. “Existen matices en la participación de la Asamblea y en cómo ven la cosmovisión de la naturaleza, entre otros puntos”. No obstante, Mario Fuente citó, entre las similitudes, que la mayor parte de las comunidades tienen dos tipos de asamblea: la Agraria y la Ciudadana, supervisados por un Comité de Vigilancia.

Y como divergencias: la participación de las mujeres y los varones; es decir, en algunas estructuras es más importante y decisiva la opinión de las féminas; mientras que en otras son totalmente excluidas del círculo de la toma de decisiones.

Por otro lado, destacó el concepto de la formación políticocultural de las comunidades, que hace referencia de cómo, desde su nivel de organización y fortaleza, han podido relacionarse con el Estado de manera diferente. Unas subordinándose a las reglas del Estado, algunas en resistencia y otras con mayor autonomía. En ese sentido, destacó el caso de Uzachi, en Oaxaca.

Una comunidad forestal conformada por zapotecas y chinantecas, quienes a fines de la década de los años 80 deciden no obedecer la imposición del gobierno en turno, que les pedía su integración a otro organismo filial.

Más tarde, Uzachi lograría lo que pocos organismos han hecho: la certificación de sus productos forestales, a través de un “sello” que garantice en el mercado su origen sostenible, una forma de valorizar el esfuerzo de los productores por mejorar el manejo forestal.

 

Autor:Radio Disidente

Tomado de Eurozapatista

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simon rodriguez 08/30/2010 20:09



"SE NOS PUEDE OBLIGAR
A OCULTAR EL ROSTRO PERO NO NUESTRA CONCEPCIÓN COMUNITARIA DEL MUNDO"


 





otravancouver.resist.ca/.../zapatistas?lang=es


Desde la insurrección de enero de 1994 los distintos gobiernos federales han querido asociar al EZLN con el narcotráfico. Nunca han podido demostrarlo, pero de cuando en cuando lo intentan.


Elementos del Ejército federal, de la Procuraduría General de la República y de la policía estatal y municipal, con el rostro pintado, incursionaron en parte del territorio zapatista con el
pretexto de buscar plantíos de mariguana. Centenares de pobladores de comunidades como las de Hermenegildo Galeana y San Alejandro los rechazan con machetes, palos, hondas y resorteras.


Los poblados zapatistas prohíben la siembra, el tráfico y el consumo de drogas. Ni siquiera se permite beber o vender alcohol en ellos. No es un hecho nuevo. Desde el inicio del levantamiento
armado la comandancia rebelde hizo pública esta disposición. La medida sigue en vigor con las autoridades civiles que se hacen cargo de los municipios autónomos y las juntas de buen gobierno. No
sucede lo mismo con las comunidades priístas, donde se cultivan enervantes en contubernio con la fuerza pública.