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El polvorín

Los defensores de Frida

11 Septiembre 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

¿Obras maestras o falsificaciones?

Los defensores de Frida


01-09-2010 /  Un catálogo con supuestas obras de la mexicana reaviva la polémica sobre la autoría de trabajos de artistas muertos. Y quiénes deciden si son auténticos o no.

Por Jennie Yabroff

Adecir de un especialista, frida kahlo es la artista más famosa del mundo; y no sólo por su género, su nacionalidad o la muy conocida discapacidad física (amén de ser bisexual, comunista y haberse relacionado con León Trotsky, entre otros personajes). De allí que uno de sus pocos conocidos paisajes se subastará en Christie’s por más de un millón de dólares —10 veces el precio estimado— y en Berlín se formen filas de dos horas para admirar una retrospectiva de su obra. Incluso Google señaló la fecha de su centésimo aniversario (aunque nadie tomó en cuenta que la pintora mentía sobre su edad). “Tener algo de Kahlo —sentencia Salomon Grimberg, autor del catálogo monográfico de la artista— es como poseer un pedacito de la Santa Cruz”.

Por consiguiente, una colección de sus pertenencias (además de pinturas, cartas, diarios con gráficas ilustraciones sexuales, bocetos, recetas, vestidos y demás parafernalia, incluida una caja de colibríes disecados), conservadas en unos cuantos baúles de una tienda de antigüedades mexicanas, seguramente provocaría gran interés entre los estudiosos y expertos de Frida. Sin embargo, cuando The New York Times anunció la inminente publicación en EE. UU. de “Finding Frida Kahlo” (2009), el mundo del arte volvió su enardecida atención hacia la ecléctica colección catalogada en el libro. Una docena de expertos firmó una carta denunciando el desconocido archivo y la sociedad que controla los derechos de autoría de Kahlo presentó una demanda judicial exigiendo que el Estado mexicano investigara el origen de las obras e impidiera la circulación del volumen. Según un pequeño grupo de vendedores, eruditos y expertos que se erigieron en guardianes del legado de Kahlo, el archivo es una falsificación, y acusa a la pareja propietaria de ser  víctimas o hasta perpetradores de uno de los fraudes artísticos más grandes de la historia.

Carlos y Leticia Noyola no tienen el aspecto de falsificadores de arte. Viven en San Miguel de Allende, pequeña ciudad del estado de Guanajuato, en el interior de México, donde administran un negocio de antigüedades establecido en una fábrica transformada en un centro comercial techado donde exhiben numerosas obras de arte. Su espacioso aunque desordenado establecimiento, “La Buhardilla”, ofrece desde estatuas religiosas y diminutas veladoras hasta armarios decorados que cubren casi toda la pared, y sólo recientemente tomaron la decisión de vender su colección, la cual pretendían donar a un museo. Pero según el matrimonio, los expertos tratan de desacreditar su archivo debido a que la crudeza de su contenido amenaza la imagen popular que caracteriza la vida y obra de Kahlo. Los Noyola afirman que ya es tiempo de que un reducido círculo de comerciantes y supuestos eruditos dejen de controlar el legado de la artista. “Los expertos sólo conocen la Frida pública”, asegura Carlos Noyola. “Y la causa de la controversia es que nosotros tenemos a la verdadera Frida, la Frida personal e íntima, mientras que ellos resguardan a la Frida ideal creada por el mercado de Nueva York”. Algunos estudiosos sostienen que, tratándose de posibles falsificaciones, toda obra es “inocente hasta demostrar lo contrario”, y los Noyola no tienen forma de demostrar que su archivo es auténtico.

Hacen falta tres cosas para autentificar una obra de arte: procedencia (la documentación sobre el camino que siguió la obra desde las manos del artista a las del nuevo dueño), certificación (opinión de los expertos) y ciencia, con pruebas que se debe practicar una vez que los dos factores precedentes apuntan a la probabilidad de que la obra en cuestión sea auténtica. En el caso de estos Kahlo, la procedencia es bastante dudosa, pues los Noyola dicen haber adquirido el archivo de un abogado que, a su vez, lo compró a un tallador que trabajaba para el marido de la pintora, Diego Rivera. Los Noyola tienen el certificado de origen del tallador firmado por Kahlo, en el cual le ofrece el archivo a cambio de “trabajos realizados”, pero los expertos insisten en que no hay documentos independientes que vinculen al individuo con la Kahlo y por ende, la carta también debe ser falsa.

La crítica más vehemente es Mary Ann Martin, comerciante que fundó el Departamento Latinoamericano de Arte en Sotheby’s y fue dueña y vendió gran cantidad de cuadros de la pintora. Martin, junto con numerosos expertos, los Noyola y los editores de “Finding Frida Kahlo”, asistieron en marzo a un simposio organizado por la Feria de Artes de Dallas para ventilar la controversia y la negociante estadounidense tuvo ocasión de ver, personalmente y por primera vez, una de las obras impugnadas, donde Frida aparece retratada sosteniendo en sus manos las piernas cercenadas (imagen autobiográfica típica surgida de la poliomielitis adquirida en la niñez y que condujo a la amputación de su pierna derecha poco antes de su muerte). En opinión de Martin, esa pintura era “aun peor de lo que parecía en las fotos” publicadas en el libro. A continuación, James Oles, profesor de Historia del Arte en Wellesley y autor de libros de arte mexicano, se puso a hablar de las obras en una mezcla de inglés y español, diciendo a los Noyola: “Opino, simplemente, que los engañaron”, y, tras un superficial vistazo del cuadro, concluyó: “No me cabe la menor duda de que es una falsificación”. Al oír eso, Leticia Noyola mencionó a Oles las pruebas científicas que habían datado los materiales de la pintura a la época de Kahlo, y el erudito restalló: “Me importa un comino”.

*La nota completa, en la edición impresa de Newsweek.

Tomado de ElArgentino.com

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