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El polvorín

Los dilemas de la realidad de la vida que vivimos

6 Abril 2013 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

 

life1¿Por qué nos  tomamos la molestia de vivir?… La pregunta pueda que tenga algún valor para los poetas, gurúes, místicos, chamanes, teólogos y  algunos filósofos; pero no para gente con sentido práctico, ocupadas en resolver lo que se puede resolver. La mayoría se las arregla con articular alguna simple regla de oro como “vivir el momento”, “la vida es una ruleta”, “cosecha lo que siembras”, “como se vive se muere” ¿Para que mas?
| NIEVES y MIRO FUENZALIDA.*

 

¿Y…  sin embargo, por qué, a pesar de este  pragmatismo, la pregunta porfiadamente permanece y, en los momentos menos inesperados, surge en nuestra mente  sabiendo que quizás no haya respuesta y que la falta de respuesta  sea parte —precisamente— de la vida?

 

 Los  filósofos dicen que  los seres humanos solo planteamos problemas que podemos resolver. Si poseemos el aparato conceptual para plantear la pregunta, entonces tenemos también, al menos en principio, los medios para determinar una respuesta.
Las preguntas, en realidad, nunca se plantean en el vacío. Siempre surgen en contextos históricos que ofrecen un número limitado de direcciones en donde buscar una posible solución.

 

Durante gran parte de la historia humana la respuesta al sentido de la vida ha estado enmarcada por  textos  sagrados que revelan sus misterios —y porque Dios nos creo.

 

¿Y que nos dicen ellos?
Si nos referimos a la tradición que sigue los textos bíblicos judeo-cristianos, por ejemplo,  lo que el Génesis dice es que Dios creo al hombre  en el sexto día para dominar la Tierra y “crecer  y multiplicarse” (Génesis 1:28) ¿Esto seria todo?
Si seguimos leyendo, nos enteramos luego de que  Dios coloco al hombre y la mujer en el Jardín del Edén para cuidarlo. Según la interpretación contemporánea  eso significaría que el ser humano es el guardián del planeta.

 

Lo que no se nos dice es  ¿por qué  la naturaleza necesita un cuidador y de que manera esto podría darle un significado ultimo a nuestras vidas?
 

 

Con frecuencia el sacerdote dice que estamos aquí para “cumplir la voluntad de Dios”. Si así  fuera nuestras vidas tendrían un propósito para el ser que nos creo, pero no un propósito para nosotros mismos…
Pensemos: ¿qué es mejor, tener un papel predeterminado en el Universo o ser libres para crear nosotros mismos nuestro papel en él? Una mejor respuesta la encontramos en la palabra de Cristo, aunque no muy iluminadora: “He venido para que ellos puedan tener vida y puedan tenerla  plenamente” (Evangelio, Juan 10:10)

 

life2¿Quien no estaría de acuerdo con esto? Para saberlo no necesitamos a Dios. Si esta es la única vida que tenemos, dicen los ateístas, obviamente debemos vivirla al máximo ¿Quién diría lo contrario?

 

Una vida vivida plenamente, según los creyentes, es la que sigue las enseñanzas de los textos sagrados  ¿Cuál de ellas? ¿Todas o sólo algunas?
“Cuando un hombre injuria a su padre y a su madre debe ser condenado a muerte” (Levítico 20:9). A excepción de algunos fundamentalistas, la mayoría de los creyentes no va a seguir esta  norma. Sólo siguen las enseñanzas del texto sagrado si ellas promueven una mejor vida para todos.

 

b Las enseñanzas demasiado incómodas simplemente se ignoran. El problema con esta aproximación, para decir lo menos, es que cuando elegimos los textos sagrados de acuerdo a nuestras propias normas estos  dejan de tener autoridad.
Los creyentes mas críticos están de acuerdo en que vivir una vida plena o una vida en servicio de Dios no es un propósito suficiente o  adecuado para darle sentido a nuestras vidas. Para ellos la vida tiene que tener  otro  sentido y la existencia de Dios lo prueba, de lo contrario no nos hubiera creado.

 

Sólo que no sabemos cuál es. Es la fe  la que nos llama a confiar en Dios y sus propósitos. Solo Él sabe para qué nos creo. Es decir, los creyentes no tienen mejor idea de cual es el sentido último de la vida que los ateos.
 

 

La mayor parte de la humanidad todavía sostiene la creencia de que si la vida tiene algún significado o propósito es solo porque hay un Creador. Sin él, sostienen, nada tendría sentido. No habría propósito, valor o fin. Todo seria solo un accidente insignificante. Y este es, justamente, el camino que un grupo de filósofos, partiendo con Nietzsche, adoptaron.

 

Removieron el mundo súper natural y el ámbito teórico que liberaron no ha sido tan  sombrío como se había anunciado. O, a lo menos, no peor  que el anterior. Obviamente el descubrimiento de que no hay Dios —de que no hay fuera de nosotros una  fuente donde el propósito de la existencia y la moralidad  residen— creó, por supuesto, una crisis de significado en la vida humana.
SartreSegún Sartre esta crisis se debió a la creencia teológica de que tenemos una especie de  naturaleza esencial  que determina lo que somos. Cuando reconocemos  que la esencia o naturaleza  humana es una construcción histórica concluimos  que sin ellas  el único camino que queda es el nihilismo

 

¿Cierto? No necesariamente. Muy bien puede ocurrir que la fuente del significado se encuentre  en otra parte. De que haya significado, pero no uno predeterminado desde fuera. Y de que el propósito de nuestra  vida sea nuestra responsabilidad, cosa que no nos gusta mucho porque preferiríamos pasarle el bulto al destino, las circunstancias o al gran diseño.
 

 

Si poseemos el poder de determinar el propósito de nuestras vidas podemos decir con cierto optimismo que poseemos un mayor potencial para vivir plenamente comparado con un artefacto cuya esencia esta predeterminada por su creador.
Este poder es lo  que distingue a un “ser para si” de un “ser en si”. 

 

El ser para si puede tomar control de su existencia  y usar su pensamiento consciente para dirigirla, en tanto que el ser en si puede ser solo lo que es ¿Hay alguna razón para pensar que un propósito divino o natural seria superior a uno  elegido por la propia persona?

 

La descripción naturalista del Universo llega a una conclusión similar. El Universo no es el resultado de un diseño inteligente, sino de fuerzas naturales que no proporcionan ninguna respuesta de porque estamos aquí o de cual seria el significado de todo esto. Diez billones de años  después del “Big Bang” se forma el Sol y, luego, aparece la primera forma de vida unicelular seguida por la aparición de plantas y animales, entre ellos, 600.000 años atrás, el homo sapiens.
La historia es  corroborada por la evidencia de ciencias tan dispares como la cosmología, la física teorética, la astronomía, la biología y la bioquímica. 

 

Puede que haya un propósito en esta historia, pero nada de lo que sabemos lo sugiere y mucho menos que el ser humano tenga alguna relevancia en ella. Si consideramos que la selección natural tiene lugar al nivel del gene, más bien que al nivel del  organismo o la especie, significa que el individuo, incluyendo el ser humano, es una “maquina de supervivencia” construida de acuerdo a instrucciones codificadas  en el ADN para asegurar la sobre vivencia del gene y no la del organismo.

 

Desde la perspectiva de la biología la vida de un individuo no es de importancia primaria. Lo que importa es que los genes que transportan los seres vivos, incluyendo los  humanos, se transmitan y sobrevivan. Esto no significa que los  genes posean un propósito en el sentido de que ellos tengan algo así como un fin. Ellos simplemente sobreviven si tienen efectos positivos  en el organismo y el ambiente. Y esta sobre vivencia, que  pudiera  dar la ilusión de que ha sido diseñada  o dada de antemano,  es producto de la evolución orgánica.

 

La conclusión de esta historia  no es muy reconfortante. Estamos aquí para que nuestros genes se repliquen y la vida humana, igual que toda otra vida, no tiene propósito o fin heredado desde arriba.
KierkAsí, lo único que nos queda, después de todo, es vivir sin finalidad o inventar una.  

 

¿De donde venimos? ¿Adónde vamos? La vida, decía Kierkegaard, solo puede ser entendida desde su origen, pero debe ser vivida mirando el futuro. El conocimiento del origen no revela el significado de nuestra existencia porque no hay razón de por qué el pasado tenga que informarnos acerca del futuro. Pensar lo contrario seria caer en la “falacia genética”.

 

Si la historia natural muestra que la vida no tiene un propósito dado no significa que no pueda tenerlo ¿Nos basta, por ejemplo, con comer, beber, ganar dinero, comprar cosas, ver la televisión, tener orgasmos, reproducirnos y dormir?
Tal vez, especialmente los que nada tienen ¿Pero, no es el caso que en algún momento también  sentimos, como individuos, el deseo de que podríamos vivir  más allá de esto, de que nuestras acciones podrían estar   orientadas hacia un fin mas alto? ¿De que el propósito de nuestra vida estaría en lograr  un gol futuro?

 

Las circunstancias nos colocan, a veces, en una encrucijada que nos obliga a tomar una decisión, a elegir un  fin, a crear un proyecto. Es la consecución de estas metas la que, se dice, llena nuestras vidas y le da sentido. No sin razón este es un tema constante de  la literatura, el cine y la cultura popular.

 

La paradoja de todo esto es que si logramos el fin, si alcanzamos la meta de nuestros sueños, si cumplimos nuestra misión ¿qué pasa después? Cuando luego de una vida logramos cumplir nuestra ambición solemos decir “Ahora puedo morir en paz”.  Pero, como no nos morimos, a lo menos por ahora ¿qué  hacemos mientras tanto? ¿Inventar otro gol? ¿Crear una meta  inalcanzable, como en el Mito de Sísifo?

 

life3Si así lo hacemos, diría Kierkegaard, estaríamos  evitando confrontar  la falla fundamental de ligar el sentido de la  vida al logro de un objetivo. Para algunos, como nosotros que vivimos bastante felices sin una meta, sin atar la  vida  a un logro o propósito último, sin creer en un sentido trascendente, la vida  se nos aparece, mas bien,  como una cuestión de  estilo, como un estado de cosas deseables que nos gusta mantener y promover.

 

Descubrir que somos los autores de nuestra historia al inventar el sentido de la vida y usar nuestra capacidad para crear nuestros propios propósitos nos da una tremenda sensación de libertad, poder y responsabilidad. El problema es que esta capacidad  no esta libre de  riesgos.

 

Si hay alguna duda solo miremos el pasado. Lo que allí  vemos no es muy brillante. No por casualidad  la llamamos la etapa de la barbarie.  Y si damos vuelta la  mirada hacia  el  futuro empezamos a tener la sospecha de que éste, gracias a nuestro inmenso poder letal, se torna cada  más sombrío. Y no tendría  porque ser así.
 ——
* Educadores. Alguna vez exiliados políticos. Residen en Canadá.

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