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El polvorín

Los franceses destaparon la olla; Racismo, negocios y crisis de identidad en el millonario fútbol europeo.

28 Junio 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

La barra de APM en Sudáfrica 2010 (I)

Los franceses destaparon la olla
Racismo, negocios y crisis de identidad en el millonario fútbol europeo. La crisis los puso nerviosos y los del gallito en la camiseta dejaron que la infección supure. Eso fue todo.

La crisis los puso nerviosos y los del gallito en la camiseta dejaron que la infección supure
Foto: AFP
Por Víctor Ego Ducrot | Desde la Redacción de APM
24|06|2010
Si lo acontecido en el campamento galo durante la primera fase de la Copa Sudáfrica 2010 hubiese ocurrido en una de las delegaciones latinoamericanas o africanas, los colegas de la prensa europea se hubiesen regocijado una vez más con la cantinela del subdesarrollo y de la falta de buenas maneras por parte de los salvajes del Tercer Mundo, o como quieran llamar al enorme gajo del mundo-balón en el que sufrimos de dependencia.

Pero no. Sucedió entre franceses.
Aparentemente fue un desaguisado entre jugadores, cuerpo técnico y dirigentes; si hasta un empleado administrativo de la selección perdidosa y eyectada de la competencia llorisqueó ante las cámaras de TV porque sentía que “la Francia”, como dicen ellos orgullosos, salía de los juegos en medio de la humillación. Sólo apariencias.

Y no fue ninguna de las mentes calenturientas del periodismo sudaca la que se encargó de poner en claro los hechos. Fue la cadena deportiva de TV ESPN la que, en una edición de su programa “Hablemos de Fútbol” dejó constancia de que la bronca gala obedeció, fundamentalmente,
al constante clima discriminatorio que existe entre jugadores franceses de “pura cepa” y “esos negros que se instalan en nuestro país para obtener ciudadanía de primera, y salvarse del hambre”. Parece que los negros se hartaron y casi le muelen las costillas a uno de los portavoces de la blancura metropolitana.

Sobre ese clima de tensiones es que sucedió todo lo que sucedió, entre otras cosas el flete de Anelka antes de tiempo,
después de haberle dicho a un director técnico que ya nadie respetaba, “va te faire enculer, sale fils de pute” (¡qué boquita!), según publicaron en su momento los periódicos deportivos de toda Francia.

Parece que la crisis europea, que lleva a los gobiernos a revolverse en el charco fondomonetarista y a los bancos a seguir ganando fortunas, mientras el desempleo crece como lo hongos en una tarde de lluvia; parece que
esa crisis tiene alarmados a los dirigentes y hombres de negocios de la UEFA, la del fútbol millonario. A don Blatter, capomafia de la FIFA, y a Platiní, su mano derecha en el Viejo y rumboso Mundo, se los puede ver cuchicheando con creciente frecuencia porque, dicen, ”si esto sigue así, morirá la gallina de los huevos de oro”.

Es que los mandamás de la corporación futbolera saben que deberán ser más cuidadosos a la hora de esconder los beneficios financieros del negocio, los que, y según estimaciones más que discretas,
en más de un 70 por ciento circulan por los paraísos fiscales, porque son derivaciones de operaciones “en negro”.

Pero hablemos de “fulbo”, como suelen decirle al fútbol en las calles de mi barrio. Las selecciones europeas, más allá de que las tradicionales suelen funcionar como relojes suizos en momentos clasificatorios,
se parecen cada vez más a sus ligas nacionales, en las que los mejores talentos son importados de América Latina y África, con o sin nacionalización de jugadores. Entonces, cuando van al Mundial se las tienen que arreglar con los domésticos; algunos son muy buenos – el equipo español así lo demuestra-, pero ninguno llega a los niveles que ofrecen, por ejemplo, argentinos, uruguayos y brasileños.

Así es como vemos a jugadores “alemanes”, “franceses” e “ingleses” que provienen ellos directamente, o sus familias, de los más recónditos rincones del planeta empobrecido y de histórico sometimiento a las metrópolis. Y vemos también como mientras en Alemania, por ejemplo, maltratan a los turcos en forma sistemática, algunos se salvan por ser de pie fino para tratar a la pelota; o a “suizos” que de suizos sólo les queda el nombre oficial del equipo.


Pero las mentalidades (y los negocios) metropolitanos insisten, y en este caso desde otro ángulo:
¿quiénes fueron los de la idea de que entrenadores alemanes, serbios o suecos, sólo por citar algunos casos, se hagan cargo de equipos africanos? Difícil imaginar el grado de empatía que puedan lograr los adustos y disciplinados europeos con futbolistas de cultura rítmica y por suerte desobediente.

Quizá sea esa, la presencia de tanto rubio grandote y cultor de mandatos, la causa de que la tan ansiada y proclamada irrupción del fútbol africano se haga esperar, y más de la cuenta.


Estamos viendo un Mundial raro, con crisis de identidades. Ojalá –y es probable que así suceda – sigan avanzando (y sí hasta la final mejor)
los últimos cultores del fútbol como expresión popular, con gambetas y desparpajo, y no quienes pretenden que un juego quede reducido a operaciones geométricas a cargo de tecnócratas. Más allá de mi parcialidad argentina, por suerte Maradona volvió a los mundiales.
Tomado de APM

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