Overblog
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog
El polvorín

Los militares de la dictadura están como perro con dos colas, con las declaraciones del Presidente de la República José Mujica.‏

19 Marzo 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

MENSAJE DE LA 36
 
 
LAS GUERRAS CUESTAN DINERO… PRESTADO
“La nuestra salió más de cuatro mil millones de dólares”
 
 
El canciller uruguayo Luis Almagro dijo no tener los elementos necesarios y suficientes como para realizar una condena a Cuba por la muerte del gusano cubano Orlando Zapata Tamayo. Almagro indicó que hay que ver cómo ha reaccionado la región respecto a este tema. “Hasta ahora nadie ha condenado. Empujar a Uruguay a una condena es un poco precipitarnos”, apuntó.  
 
Luego de una reunión con la bancada del Frente Amplio que tuvo lugar ayer en el Parlamento, Almagro sostuvo que "Uruguay es muy respetuoso y promotor de los derechos humanos" y que el caso de Cuba, como el de cualquier otro país en el que se violen los derechos humanos, "debe ser revisado sobre una base ética muy firme". No obstante, el secretario de Estado subrayó que Uruguay es también "respetuoso de no intervenir en los asuntos internos de otros Estados". Y aclaró: "Para hacer una declaración que condene a un país, tenemos que tener mucha más información de la que disponemos, que surge de agencias de prensa internacionales. Hay mucha información y es contradictoria". En la búsqueda de un conocimiento "más directo" y con el fin de continuar el proceso de recolección de información, Almagro se reunirá con funcionarios de la Embajada de Cuba. Pero también tendrá en cuenta los datos que aportan organismos especializados en la materia.
 
Los militares de la dictadura están como perro con dos colas, con las declaraciones del Presidente de la República José Mujica.
Este jueves aparece publicada una carta en Búsqueda del Coronel Orosmán Pereyra Prieto, Cédula de Identidad 1.045.957-4, la cual transcribimos íntegramente.
“Militares y Tupamaros
Señor Director:
Opinión sobre la carta de un militar a la Sra. Senadora Lucía Topolansky.
Montevideo 18 de enero de 2010.
Señora Senadora Lucía Topolansky.
Después de transcurridos muchos años, y apelando a una mente muy imaginativa, no se me hubiera ocurrido estar viviendo estas actuales circunstancias y escribiendo esta carta para Usted. Circunstancias que encuentro que son en lo personal, no esperadas pero posibles como los hechos lo demuestran y para nuestra nación, por suerte, un triunfo de la democracia, el republicanismo, el respeto mutuo y la tolerancia. Nacido en el seno de una familia de la clase media batllista, desarrollado intelectualmente en los bancos democráticos de la Escuela Pública y el Liceo Público, un día me vi enfrentado como oficial del Ejercito, prestando servicio en el batallón “Florida” de Infantería Nro. 1 a una lucha fratricida no deseada por quienes allí cumplíamos servicios. Donde los acontecimientos comenzaron para nosotros, una fatídico 18 de mayo de 1972. Un torbellino de hechos y sucesos, nos fue empujando a unos (nosotros), y a otros (ustedes), a situaciones que nadie imaginaba. Recuerdo muy bien dos anécdotas, y estas quiero tomarlas con la simple intención, de que usted pueda calibrar solamente, la autenticidad de quien redacta.
La primera su detención en el Jardín de Infantes del Liceo Francés que se encontraba en Avenida Italia, portando una granada de mano en su cartera y un revolver 38 cañón corto en su cintura y la segunda, la de nuestro futuro Presidente, en la parada de ómnibus de la Avenida de las Instrucciones, donde concurrió al encuentro en bicicleta y con una subametralladora Uzi colgada al hombro.
El traslado al Batallón Florida al igual que el suyo, fue en la camioneta Indio lograda en la captura de la Cárcel del Pueblo, y el percance que sufrimos en Boulevar Batlle y Ordoñez y Canstatt, al pinchar una de las ruedas traseras de la misma (esto último parece de película, solo lo sabemos quienes fuimos participantes de uno y otro lado). Más tarde, entablado el diálogo en otros términos dentro del viejo Batallón “Florida” del Buceo, nos encontró trabajando en común, como el Quijote de la propaganda usada en la última elección, contra los ilícitos económicos (molinos de viento de aquellos tiempos).
El tiempo ha pasado y las heridas en la sociedad iniciada con una guerrilla utópica y una dictadura militar de igual naturaleza, están en tiempo de cerrarse. Esta carta que es personal, sin representación de ningún grupo, encierra el deseo de quien redacta, que la tarea que han encarado Usted y José Mujica, tenga el mayor de los éxitos.
Estoy seguro que así lo sienten todos los ex integrantes del viejo Batallón Florida. Nuestro país nuestra nación es más grande que nosotros mismos, y es el momento que nuestro pueblo encuentre el rumbo del progreso y el bienestar material, cultural y moral que necesita. No admite nuestro país seguir desangrándose en exilios ni en una sociedad culturalmente paupérrima, ni de niños en semáforos, ni destruida por el flagelo de la droga. Han dado ustedes señal de tomar el camino cierto de la democracia, para lograr los cambios sociales necesarios, para el desarrollo en paz de la sociedad y para ello nunca es tarde. De ahí mis palabras del principio de esta carta ya que fue necesario que se derramara sangre de hermanos para llegar a esto, que tenemos hoy día. Democracia. Precio muy caro que pagó nuestra sociedad para que no nos les vaya bien en el nuevo gobierno. Tienen en sus manos la esperanza de un pueblo; de quienes los votaron y de quienes no los votamos. Y es grandeza de quienes no lo hicimos desearles el mayor de los éxitos en la empresa, porque todos los que vivimos sobre esta bendita tierra de la Banda Oriental, tenemos un destino común y hoy él, está en sus manos, por decisión de quien tiene el derecho de hacerlo nuestro pueblo.
La saludo con la mayor consideración, respeto y el deseo reitero, de éxito en la empresa.
Coronel Orosmán Pereira Prieto.”
 
Hoy aparece publicado en el diario español El Mundo, que Irak es el conflicto más caro desde la II Guerra Mundial.
Ya lo decía en 2008 el Premio Nobel de Economía norteamericano Joseph E. Striglitz: la guerra de Irak se ha convertido en el conflicto estadounidense más caro desde la II Guerra Mundial. "Las previsiones anteriores al conflicto proyectaron costes de 50.000 millones de dólares, pero América ya se ha gastado casi tres billones de dólares, y seguimos debiendo facturas por valor de centenares de miles de millones, incluyendo los asombrosos costes que implica cuidar de los veteranos heridos y suministrarles ayudas por minusvalía y cuidados médicos".
 
La cita forma parte de su libro, 'La Guerra de los Tres Mil Millones de Dólares', y resulta un crudo retrato económico del conflicto que, junto a más de ocho años de guerra en Afganistán, desangra la economía norteamericana, ya en crisis.
"El coste de las operaciones directas de EEUU in incluir los costes a largo término como el cuidado de los veteranos heridos, ya excede lo pagado en los 12 años de la Guerra de Vietnam y es más del doble de lo gastado en la Guerra de Corea". Teniendo en cuenta que las cifras son de 2008, habría que sumar varios centenares o miles de millones de dólares. "En la II Guerra Mundial, con virtualmente las Fuerzas Armadas al completo desempeñándose en la lucha contra alemanes y japoneses, el coste por soldado [en dólares actuales] fue de más de 100.000 dólares. En contraste, la guerra de Irak está costando más de 400.000 dólares por soldado".
 
La estancia en las bases norteamericanas confirma el disparate económico de un solo vistazo. Verdaderas ciudades donde todas las tiendas provisionales y los barracones donde reside la tropa casetas prefabricadas compartidas por dos soldados cada una, con camas y colchones, disponen de aire acondicionado, zonas de entretenimiento con decenas de monitores de plasma a los que cada soldado puede acceder de forma individual tras elegir la película que desea ver, cines, decenas de terminales de Internet y de teléfonos abiertos a los uniformados por periodos limitados de tiempo, instalaciones deportivas y gimnasios por doquier.
 
Todo ello cuidado por un ejército de trabajadores, en su mayoría asiáticos, encargados de levantar y desmontar las instalaciones, mantener la limpieza de las bases, vaciar los depósitos de las letrinas, adecentar baños y duchas donde el agua caliente jamás falta- y cocinar, servir y limpiar en las inmensas cantinas, donde los domingos se sirve mariscos y langosta y cada día se puede elegir entre decenas de menús diferentes, desde comida sana hasta el tradicional fast food norteamericano pasando por comida italiana o mexicana, que cada día puede ser coronada con una amplia selección de postres y helados Baskin, Robbins.
 
Contratistas, mercenarios...
Esos trabajadores son denominados contratistas como también lo son los mercenarios que han participado en misiones de combate en territorio iraquí, y suponen una buena parte de la sangría económica de este conflicto. "Un estudio de 2006 del Comando Central del Departamento de Defensa muestra que Estados Unidos está empleando más de 100.000 contratistas privados, un número que representa un incremento de diez veces respecto al uso de contratistas en la I Guerra del Golfo 1991. Dada nuestra incapacidad para incrementar el número de soldados en el Ejército, EEUU no pueden operar sin ellos".
 
El escándalo de los sueldos de los contratistas, especialmente los captados en países del tercer mundo, como peruanos o ugandeses, actualmente a cargo de la protección del perímetro de las bases, es muy inferior, es una enorme carga para las cuentas norteamericanas. Es uno de los tres factores que Stiglitz cita para explicar cómo las cifras se han disparado: el aumento del uso de los contratistas, junto al encarecimiento del entrenamiento, los sueldos y gratificaciones y el mantenimiento de cada uniformado y los gastos derivados del entrenamiento de las nuevas fuerzas de Seguridad iraquíes. Eso, sin contar con los gastos médicos derivados de los heridos en combate.
 
Sobre los contratistas, el autor destaca cómo "la invasión de Irak abrió nuevas oportunidades para las empresas privadas de Seguridad. Sólo el Departamento de Estado gastó más de 4.000 millones de dólares en contratar guardias de Seguridad privados en 2007, 1.000 millones más que hace tres años. Blackwater la más tristemente conocida por sus escándalos económicos y sobre todo humanos, con muchas vidas iraquíes abatidas por sus mercenarios, obtuvo su asidero con un contrato no vinculante de 27 millones de dólares por proteger al administrador Paul Bremer , la autoridad de la ocupación en Bagdad. El contrato fue expandido a 100 millones de dólares un año después. En 2007, la misma empresa retenía un contrato por valor de 1.200 millones de dólares".
 
Sueldos desorbitados
La presencia de contratistas, ex militares y civiles, en las bases es una constante que confirman las cifras del economista. Sus sueldos son desorbitados en comparación con los recibidos por los uniformados norteamericanos: mientras los primeros pueden ganar 1.222 dólares diarios, en lo que hace 445.000 dólares anuales, según Stiglitz, un sargento del Ejército recibe entre 140 y 190 dólares al día, no más de 70.000 dólares al año.
A todo eso, habría que añadir los gastos en equipamiento y munición no sólo en combate: antes de cada patrulla, todos los soldados implicados en una misión calibran sus armas y el armamento de sus vehículos blindados, y también los gastos de reconstrucción, una obligación adquirida por los ocupantes que, de haberse aplicado desde un inicio, habría mermado la capacidad de la resistencia iraquí, alimentada por las altas tasas de desempleo.
 
¿Y la corrupción?
La corrupción, en este punto, explica por qué no se han reparado las infraestructuras, y en especial el suministro de agua potable y electricidad, siete años después de Irak. "Un ejemplo flagrante es la suerte de la ingente suma de 18.400 millones de dólares en fondos de reconstrucción para la rehabilitación de colegios, hospitales, instalaciones eléctricas y carreteras que el Congreso aprobó en el verano de 2003. El resultado fue que, un año después, sólo mil millones habían sido gastados y, como veremos, la mayoría del dinero se redirigió más tarde a actividades militares o no se gastó". O, como me dijo un teniente norteamericano en Tikrit, "se quedó en los bolsillos de alguien".
 
Las guerras cuestan dinero, si señor y a pesar de que la guerra nuestra fue corta, indudablemente tuvo su costo en millones de dólares. La dictadura tomó las riendas del país con algo menos de setecientos millones de dólares y lo dejó con casi cinco mil millones de deuda externa. ¿En qué se gastaron más de cuatro mil millones de dólares de aquella época? ¿Quién los gastó? ¿Dónde está el Tikrit uruguayo?
 
Ahora el señor Mujica es Presidente, quiere cerrar todas las heridas del pasado, lo apoyan sus viejos amigos del Batallón Florida, los mismos “Quijotes” que luchaban contra los ilícitos económicos, “molinos de viento” de aquella época, como aparecen ahora los carteles de Fernández Huidobro en su campaña electoral.
 
Salvo que ahora algunas cosas han vuelto a cambiar, el Quijote se ha vuelto Sancho al parecer y un poco más materialista, ha logrado el milagro de que las personas trabajen hasta cuarenta horas diarias, y afinan tanto el lápiz que se les fue la mano en más de cuatro millones de pesos nada menos que en el pobre Hospital Maciel.  
 
Aquellos “molinos de viento” de una deuda de más de cuatro mil millones de dólares se podría destapar más de un tarro. Ya que no se puede poner presos a los militares de la dictadura por las violaciones a los derechos humanos, hagamos como la justicia yanqui en tiempos de Al Capone, llevémoslos a los juzgados por haber llevado la deuda externa de seiscientos a casi cinco mil millones de dólares.
 
Una deuda ilícita contraída por una “dictadura utópica” durante la cual se aumentaron los sueldos varias veces, hicieron lo que quisieron en materia económica, cerraron empresas del Estado, y favorecieron la instalación en el país del neoliberalismo económico. Comenzaron con la pesca, los llamado “polos de desarrollo” arrocero, construcción, boya petrolera, el norte con empresas agrícolas, todas al fracaso, y hasta hoy tienen  que ser solventadas por el estado uruguayo, ocasionando millonarias pérdidas. Negocios con el Reverendo Moon que se instaló por esos años en al país después de haber sido corrido de los Estados Unidos, lavaderos de dinero en hotelerías, periódicos, y venta de armas y uniformes para el Ejército.
 
Toda guerra es gasto y corrupción.
Porqué en lugar de hablar de las anécdotas de aquella guerra nuestra, no se habla precisamente de las cosas importantes, por ejemplo de esta que estamos recordando.
¿NO HABRÁ ALGÚN QUIJOTE QUE PUEDA DECIRNOS A DÓNDE FUERON A PARAR MÁS DE 4 MIL MILLONES DE DÓLARES?  
 

LOGO RADIO

Compartir este post
Repost0
Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase:
Comentar este post