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El polvorín

Los pataxó de Brasil, un pueblo que se niega a desaparecer / Os Pataxó, um povo que se nega a desaparecer

9 Diciembre 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

En la primera región colonizada por los portugueses

Los pataxó de Brasil, un pueblo que se niega a desaparecer

Arissana Braz Bonfim de Souza, mujer pataxó de 26 años, cuenta la lucha de un pueblo que actualmente está recobrando sus tradiciones y su lengua (arrebatada por los jesuítas), mientras continúan su lucha por la recuperación de más de 50 mil hectáreas.


Testimonio recogido por Joana Moncau en Brasil
Foto Antônio Cruz/Agência Brasil

En el extremo Sur de Bahía, en Brasil, se encuentra el lugar en el que probablemente se avistaron por primera vez las caravelas de los portugueses. De acuerdo con la historia oficial, en el horizonte del Monte Pascoal se dijeron las hipotéticas palabras de “tierra a la vista” en la boca de Pedro Alvares Cabral, el portugués que comandaba la expedición que dio inicio a la colonizacion de aquellas tierras, en el año 1500. Cientos de años después ese mismo lugar es uno de los principales focos de disputa por la tierra de los indígenas pataxó.

 

Arissana Braz Bonfim de Souza, pataxó de 26 años, cuenta aquí parte de la lucha de su pueblo por ese territorio. No es la hostoria que aprendió en la escuela, ni en los libros. Sino la que le transmitió su abuelo y que sigue marcada en los más viejos de su comunidad. Su relato no cuenta con la precisión de los historiadores, pero tiene los elementos de la memoria colectiva de un pueblo que lucha por su reconocimiento.

Graduada en Artes Plásticas con maestría en Estudios Étnicos en la Universidade Federal da Bahía (UFBA), actualmente vive en la ciudad de Salvador. Estudia por “puro gusto”, aunque deja claro que también encuentra en los estudios un instrumento para la lucha de su pueblo: “Quiero volver a vivir a mi aldea, pero quiero contribuir desde donde sea mejor para mi comunidad. Si es preciso que permanezca en la ciudad, ahí me quedaré”.

A continuación el relato de Arissana. La historia de los pataxó por los pataxó:

Antiguamente vivíamos en pequeños grupos circulando en un territorio que variaba entre Espíritu Santo, Río de Janeiro, Minas Gerais y Bahía. Acabamos confinados por el gobierno en un pequeño territorio, en la aldea de Barra Velha, que incide sobre el actual Parque Nacional de Monte Pascoal. Los antropólogos e historiadores dicen que esse asentamiento jesuíta data de 1860. La Aldea Madre, como quedó conocida entre nosotros, era donde vivían todos los pataxó. Según los historiadores fuimos fijados en una aldea para que no nos moviéramos y no retrasáramos el proceso de instalación de las plantaciones y de la agropecuaria.

Desde entonces hemos estado en este territorio. En 1943 el gobierno percibió que había una gran área verde en el extremo sur de Bahia y cuando investigó vió que había indios viviendo ahí, los pataxó. En ese año decidieron transformar el território pataxó en territorio forestal. La idea era demarcar para que no destruyeran la mata. ¡Pero si la única área verde de la región quedó preservada precisamente por que los pataxó estaban en ella!.

El gobierno pidió el apoyo de todos pataxó para demarcar la área. Ellos se preguntaban: “¿Para qué demarcar lo que ya es nuestro?”. La respuesta fue que quien no apoyase no desfrutaría del territorio, y mediante esa amenaza todos apoyaron. Despues de delimitar el território, el gobierno avisó que a partir de esa fecha nadie más podría cazar, pescar o sembrar en la área demarcada. En ese momento el pueblo quedó sin saber para dónde ir o qué hacer.

El gobierno sacó a nuestro pueblo de Barra Velha y delimitó para los pataxó un área cerca de la playa, arriba de un lodazal. Los más viejos decían: “¿Vamos a vivir en el lodazal? Pero si no somos sapos para vivir adentro del água!”. Todos quedaron ahí, apretaditos en ese espacio. Fue entoces que la pelea comenzó. Todos pensando lo que harían. Sin sembrar, la única alternativa era el manglar, que de por sí ya era una fuente de alimentación de los pataxó. Como no tenian qué plantar, no tenían cómo producir la harina de yuka, que es la comida principal de los pataxó. Habiendo la harina y el pez, el Pataxó tiene todo.

¿Qué podrían hacer para mantenerse? Por las noches, iban escondidos por la piaçaba (palla para hacer techo). De día siempre había muchos guardias que no les permitían salir a cambiar harina en la ciudad. En ese periodo la gente pasaba mucha hambre. Fue cuando alguien de la ciudad de Caraíva les dijo: “¡Ustedes tienen derechos! Hay quienes los ampara”. Esa persona les indicó que buscaran el Servicio de Protección al Indio (SPI – órgano indigenista del gobierno brasileño de esa época). Eso fue en 1949, imaginen cuánto tiempo de dificultad vivieran desde 1943. Ese señor que les dió esa sugerencia, tambien les dió un jumento para que lo cambiaran por una pasaje hasta la ciudad de Río de Janeiro. Cuentan los más viejos que llegaron hasta el SPI en Río de Janeiro y que ahí les dijeron que enviarían a alguien para resolver su problema.


Monte Pascoal

Monte Pascoal


Poco tiempo despues dos personas llegaron hasta la aldea. Los pataxó estaban seguros de que eran las personas enviadas por el SPI. Uno de ellos dijo ser ingeniero y el otro Teniente. Dijeron que arreglarían el problema de los pataxó y que harían la demarcación de sus tierras, pero que necesitarían de la participacion de todos. Los más viejos dicen que esos hombres llegaron con un discurso bellísimo y que todos quedaron felices por su visita.

El territorio que sería demarcado era muy grande, y entonces los pataxó dijeron que necesitaban de alimentación para recorrer toda la vereda y acampar. Cuando llegaron a la tienda más cercana esos dos hombres declararon robô, obligando a los pataxó a agarrar todo lo que había en la tienda. Despues pedieron a un indio, el Tururim, que todavía hoy sigue vivo, llevar al dueño de la tienda, el Teodomiro, hasta la aldea. Como el dueño de la tienda era amigo de los indios, el Tururim lo soltó en el camioo. Y probablemente fue Teodomiro quien hizo la denuncia del robô a la polícia. La confusión estaba armada.

En Porto Seguro y Prado, ciudades vecinas, se difundió la noticia de que los indígenas habían robado. Para deshacer el malentendido los indígenas pusieron todas las mercancías dentro de la iglesia de la aldea y dijeron: “De esas cosas no queremos nada”. Sin embargo, los dos hombres dijeron que todo estaba bajo sus órdenes. “Nosotros vamos a dividir eso”, ordenaron, y pidieron a los pataxó que se fueran preparando con sus arcos y flechas. Ciertamente ya sabían que habría un conflicto.

Y lo hubo. Un conflicto tan grande que quedó conocido como “El fuego de 1951″. La aldea quedaba entre una montaña y la playa. En aquella madrugada llegaron grupos de policías de dos ciudades, uno desde la playa y el otro por la montaña, pero no sabían de la existencia uno del otro. Entonces los policías de arriba disparaban y los de abajo contestaban con balazos, y cada uno de ellos pensaba que eran los indígenas que les estaban disparando. Los tiros no acertaban en los indígenas por la posición en la que estaban y algunos lograron huír por las matas. Cuando los policías se acercaron se dieron cuenta de que se estaban disparando entre ellos y entonces empezaron la ofensiva conjunta contra la comunidad.

Prendieron fuego en todas las casas y lo destruyeron todo. A toda la gente que encontraban, generalmente los más grandes y los niños, la ataban y llevaban para la villa. Los más grandes cuentan que eran atados como canguejos. Muchas mujeres fueran violadas, mujeres jóvenes. Destruyeron las plantaciones, saquearon la aldea. Torturaron a muchos hombres y mujeres: se subían en ellos como si fueran caballos. A los que agarraron los llevaron presos en la delegación de Prado. La orden del gobierno fue que agarraran a todos los índios donde quiera que se enontraran, en la ciudad, en la mata, ellos los detenían. Es muy trágico lo que ocurrió.

 

 

Los indígenas que lograron huír por la mata pasaron muchos días de hambre en la selva, que es muy densa, sólo hay frutos. Durante una semana los policías se quedaron de guardia en las haciendas para agarrar los indígenas que aparecieran para pedir alimento. Aparecieron dos indígenas con aquellos dos hombres y cuando los policías los agarraron, mataron a los cuatro. Parece que un índio huyó, pero no se sabe de cierto.

Después de eso la órden del gobierno fue que liberaran a los indígenas porque descubrieron que el robo fue una trampa. No sé cómo descubrieran que se trató de una trampa si los dos hombres murieron. Muchos antropólogos e historiadores que analizan los relatos y los documentos, considerando que el gobierno quería hacer el parque forestal, dicen que ese conflicto fue una estrategia para exterminar a los pataxó, que eran un obstáculo.

Después de que liberaron a los pataxó, nuestro pueblo se dispersó. La órden fue que los hacendados acogieran a los indígenas. Y, de hecho, como a los indígenas no les quedaba nada más y tenian miedo de regresar a aquél pedacito de tierra, muchos comenzaron a trabajar en las haciendas en condiciones casi de esclavos, sólo para poder comer. Vivieron esa agonía por casi 7 años. En ese periodo la mayor parte de las familias se fueran llenando de valentía para regresar a las antiguas tierras en el Parque Nacional Monte Pascoal. Regresaron casados con negros, blancos, hubo un gran mestizaje en ese periodo. Lo que hoy es el pataxó es resultado de esa diáspora, de ese conflicto.

Por fin, la tierra indígena de Barra Velha fue demarcada en 1991, un área de 8 mil 627 hectáreas, no muy grande. Pero todavía sigue como parque forestal. En el año 2000 los pataxó hicieron una recuperación y lucharon para que el parque fuera gestionado por ellos, aunque siguiera siendo parque forestal. Ese mismo año el gobierno decidió reestructurar el lugar y sacar a los no-indios. El territorio por el que seguimos peleando tiene más de 50 mil hectáreas. No es un territorio contínuo, es entrecortado por haciendas de gado, cacao, café, frutas y eucaliptos, además de hoteles de lujo y ciudades. Actualmente existen cerca de 24 aldeas pataxó en esa área. Las famílias viven dispersas, y en la medida que van creciendo forman nuevas aldeas. El territorio pataxó se divide actualmente en 4 municipios: Prado, Porto Seguro, Santa Cruz Cabrália e Itamaraju.

Como nuestro asentamiento era jesuita, cuando fuimos confinados en Barra Velha, nos prohibieron hablar nuestra lengua, praticar nuestra religión, no podíamos hacer nada relacionado con nuestra tradición. Hoy estamos en un proceso de recuperación de la lengua, que inició en 1983. En 1997 un grupo de investigadores pataxó se reunió y empezó a hacer un registro con los más viejos, a elaborar un diccionario, una gramática de los pataxó, a partir también de los registros de viajeros que estuvieron en nustras tierras. Ese diccionário ya cuenta con más de 5 mil palabras. Como siempre nos queda el debate de si esa era realmente nuestra lengua, decidimos nombrarla patxohã ( lengua de guerrero). Hoy todas las escuelas indígenas de la región enseñan esa lengua. Muchas cosas han avanzado.

Yo quiero regresar a vivir en la aldea. Pero quiero contribuir desde donde sea mejor para mi comunidad. Si es necesario que permanezca en la ciudad, allá quedaré. Siempre estaremos en momentos de guerra. Los conflictos no van parar. En verdad, tenemos que luchar para que se acabe la lucha. Pienso que apenas los modos de luchar han cambiado y los instrumentos de lucha ya son otros. El acceso a la universidad yo lo veo como un instrumento. Los pueblos tienen que unirse, sino se debilitarán. La reflexión y el intercambio de información entre grupos de diferentes países que están en lucha es muy importante.

 

Separador

Os Pataxó, um povo que se nega a desaparecer

Arissana Braz Bonfim de Souza, Pataxó de 26 anos, conta aqui parte da luta de seu povo por seu território. Não aquela que aprendeu na escola, nem nos livros. Mas a que lhe transmitiu seu avó e que segue marcada no povo mais velho de sua comunidade.

 

Depoimento recolhido por Joana Moncau
Foto Antônio Cruz/Agência Brasil

No extremo Sul da Bahia (Brasil) encontra-se o provável lugar de onde primeiro se avistaram as caravelas que traziam os portugueses, lá que os europeus foram descobertos por alguns povos indígenas. De acordo com a história oficial, foi o Monte Pascoal que levou as hipotéticas palavras de “terra à vista” à boca de Pedro Alvares Cabral, o português que comandava a expedição que deu início à colonização daquelas terras, em 1500. Centenas de anos mais tarde esse mesmo lugar viria a se tornar um dos principais focos de conflito de disputa pela terra entre os Pataxó.

Arissana Braz Bonfim de Souza, Pataxó de 26 anos, conta aqui parte da luta de seu povo por esse território. Não aquela que aprendeu na escola, nem nos livros. Mas a que lhe transmitiu seu avó e que segue marcada no povo mais velho de sua comunidade. Seu depoimento não traz impressa a precisão dos historiadores, mas os elementos da memória coletiva de um povo que luta por seu reconhecimento.

Graduada em Artes Plásticas e mestranda em Estudos Étnicos na Universidade Federal da Bahia (UFBA), atualmente vive na cidade de salvador. Estuda por “puro gosto”, como faz questão de ressaltar. Entretanto, deixa claro que também vê no estudo um instrumento na luta de seu povo e declara: “Quero voltar a viver na aldeia, mas quero contribuir de onde for melhor para minha comunidade. Se for preciso que eu permaneça na cidade, lá ficarei”.

Fiquem com sua narrativa, a história dos Pataxó pelos Pataxó:

Antigamente vivíamos em grupos pequenos circulando entre um território que variava do Espirito Santo, Rio de Janeiro, Minas Gerais e Bahia. Acabamos confinados pelo governo em um pequeno território, na aldeia de Barra Velha, que incide no atual Parque Nacional de Monte Pascoal. Os antropólogos e historiadores dizem que esse aldeamento jesuítico foi em 1860. A Aldeia Mãe, como ficou conhecida entre nós, era onde moravam todos os Pataxó. Segundo os historiadores fomos aldeados para ficarmos fixos e não atrapalhar o processo de instalação das plantações e da pecuária.

Desde então, a gente sempre esteve naquele território. Em 1943 o governo percebeu que tinha uma grande área verde no extremo sul da Bahia e quando investigou viu que tinham índios morando nessa área, os Pataxó. Nesse ano resolveram transformar o território Pataxó em território florestal. A ideia era demarcar para que não destruíssem a mata. Mas se a única área verde da região foi preservada justamente por que os Pataxós estavam lá?

O Governo pediu a ajuda de todos Pataxós para demarcar. E eles se perguntavam: “Para que demarcar o que é nosso?”. A resposta foi que quem não ajudasse não desfrutaria do território, diante da ameaça todos ajudaram. Depois de delimitar o território e de demarcá-lo, o governo avisou que a partir daquela data ninguém mais podia caçar, pescar ou fazer roça na área demarcada. Nesse momento o povo ficou sem saber para onde ir ou o que fazer.

O governo tirou nosso povo de Barra Velha e delimitou para os

Pataxó uma área perto da praia, em cima de um brejo. Os mais velhos falavam: “Vamos morar no brejo? Mas nós não somos sapos para morar dentro da água!”. Ficou todo mundo ali, apertadinho nesse espaço. Foi aí que começou a briga. Todos pensando o que fariam. Sem a roça, a única alternativa era o mangue, que já era uma fonte de alimentação dos Pataxó, mas concentrou só nele. Como não tinham o que plantar, não tinham como produzir a farinha, que é a comida principal dos Pataxó. Tendo a farinha e o peixe, o Pataxó tem tudo.

O que que eles faziam para se manter? À noite, iam escondido para pegar piaçaba (palha para fazer teto), porque de dia sempre tinham muitos guardas que não deixavam, e trocavam por farinha na cidade. Nesse período o pessoal passava muito fome. Foi quando alguém de Caraíva disse para eles: “Vocês têm direito! Tem alguém que ampara vocês”. Essa pessoa indicou para que procurassem o Serviço de Proteção ao Índio (SPI – órgão indigenistas do governo brasileiro da época). Isso foi em 1949, imagine quanto tempo de penúria viveram desde 1943. Esse senhor que deu a dica, também lhes deu um jegue para que trocassem por uma passagem até o Rio de Janeiro. O que os mais velhos contam é que chegaram a ir até o SPI no Rio de Janeiro e que lá lhes disseram que enviariam alguém para resolver o problema deles.

Um tempo depois que eles retornaram duas pessoas chegaram à aldeia. Para os Pataxó eram as pessoas enviadas pelo SPI. Um deles dizia que era engenheiro e o outro que era Tenente, disseram que resolveriam o problema deles e que fariam a demarcação de suas terras, mas que precisavam da participação de todos. Os mais velhos dizem que esses homens chegaram com todo um discurso que deixou a todos felizes de eles terem vindo.

Acontece que o território que seria demarcado era muito grande, então os Pataxó disseram que precisavam de alimentação para fazer a trilha e acampar. Chegando na venda mais próxima esses dois homens declararam assalto e obrigaram os Pataxó a pegar tudo o que tinha lá. E pediram a um índio, o seu Tururim, que ainda hoje está vivo, para levar o dono da venda, o seu Teodomiro, até a aldeia. Como o dono da venda era amigo dos índios, o Tururim soltou ele no caminho. E provavelmente foi seu Teodomiro quem denunciou o assalto para a polícia. A confusão estava armada.

Em Porto Seguro e Prado, cidades próximas, se espalhou a notícia de que os índios tinham roubado. Para desfazer o mal entendido os índios colocaram todas as mercadorias dentro da igreja e falaram: “Dessas coisas a gente não quer nada”. Entretanto, os dois homens disseram que todos estavam sobre suas ordens. “Nós vamos dividir isso”, ordenaram. Eles pediram que os Pataxó fossem se preparando com arco, flecha. Com certeza eles já sabiam que ia dar problema.

E deu. Um conflito tão grande que ficou conhecido pelos mais velhos como “O fogo de 1951″. A aldeia fica entre uma montanha e a praia. Na madrugada vieram grupos de policiais de duas cidades, um pela praia e outro por cima do morro, mas eles não sabiam da existência um do outro. Então os policiais de cima atiravam e os de baixo respondiam com tiro, e cada um deles pensava que eram os índios os que atiravam. Os tiros não pegavam nos índios pela posição que estavam e alguns conseguiram fugir para a mata. À medida que os policias foram se aproximando se deram conta de que estavam trocando tiros entre eles e então começaram as ofensivas conjuntas contra a comunidade. Ataram fogo em todas as casas, destruíram tudo. Todo mundo que eles encontravam, geralmente os mais velhos e as crianças, eles amarravam e levavam para a vila. Os mais velhos contam que eram amarrados como carangueijo. Violavam as mulheres, minha tia foi violada, muitas mulheres foram violadas, mulheres novas. Destruíram as roças, saquearam a aldeia. Fizeram muitas torturas com homens e mulheres: montavam neles como se fossem cavalos. Quem eles pegavam, levavam para serem presos na delegacia de Prado. A ordem do governo era para pegar todos os índios. Onde eles achassem índios, na cidade, no mato, onde quer que fosse, eles prendiam.

As lágrimas caem do rosto da jovem. Pausa a narrativa para recuperar o fôlego. É muito trágico. Eu fico imaginando, se eu que não vivi tudo isso fico assim, imagine quem viveu. E prossegue.

Os índios que conseguiram fugir pra o mato passaram vários dias de fome na floresta, que é muito densa, só tem frutos. Durante uma semana os policias ficaram de tocaia nas fazendas para pegar os índios que fossem aparecendo para pedir alimento. Foi isso que aconteceu. Apareceram dois índios com aqueles dois homens e na hora que os policiais os pegaram, mataram os quatro, parece que um índio fugiu, não se sabe direito.

Depois disso a ordem do governo foi que soltassem os índios porque descobriram que o assalto foi uma armação. Não sei como descobriram que foi uma armação se os dois homens morreram. Alguém contou? Muitos antropólogos e historiadores que analisam os relatos e os documentos, considerando que o governo queria fazer o parque florestal, dizem que esse conflito foi uma estratégia para exterminar os Pataxó que eram um empecilho.

Depois que soltaram os Pataxó, nosso povo ficou disperso. A ordem era que os fazendeiros acolhessem os índios. E, de fato, como os índios não tinham mais nada e tinham medo de voltar para aquele pedacinho de terra, muitos começaram a trabalhar nas fazendas em condições quase de escravos, só para poder comer. Viveram essa agonia por quase 7 anos. Nesse período a maioria das famílias foram tomando coragem de voltar para as antigas terras no Parque Nacional Monte Pascoal. Voltaram casados com negros, brancos, houve grande mestiçagem nesse período. O que o Pataxó é hoje é resultado dessa diáspora, desse conflito.

Por fim, a Terra Indígena de Barra Velha foi demarcada em 1991, uma área de 8.627 hectares, não muito grande. Mas ainda continuava como parque florestal. Em 2000 os Pataxó fizeram uma retomada e brigaram para que o parque fosse gerido pelos Pataxó, ainda que continuasse como parque florestal. Nesse mesmo ano o governo decidiu reestruturar o local e tirar os não-índios. O território não é contínuo, é picotado por fazendas de gado, cacau, café, seringueira, frutas e eucaliptos, além de hotéis de luxo e cidades. Hoje existem cerca de 24 aldeias Pataxó nessa área. As famílias moram espalhadas, à medida que vão crescendo formam novas aldeias. O território Pataxó é dividido em 4 municípios: Prado, Porto Seguro, Santa Cruz Cabrália e Itamaraju.

Como o aldeamento era jesuítico, quando fomos confinados em Barra Velha, fomos proibidos de falar nossa língua, praticar nossa religião, não podíamos fazer nada relacionado à nossa tradição. Hoje, estamos em um processo que a gente chama de retomada da língua, que começou em 1983. Em 1997, um grupo de pesquisadores Pataxó se reuniu e começou a fazer um registro com os mais velhos, a elaborar um dicionário, uma gramática dos Pataxó, a partir também dos registros de viajantes que estiveram em nossas terras. Esse dicionário já está com mais de 5 mil palavras. Como sempre fica aquele embate se essa realmente era nossa língua, denominamos a língua agora de Patxohã ( língua de guerreiro). Hoje todas as escolas indígenas da região têm essa língua como disciplina. Muitas coisas avançaram.

Eu quero voltar a viver na aldeia. Mas quero contribuir de onde for melhor para minha comunidade. Se for preciso que eu permaneça na cidade, lá ficarei. Lutas sempre virão. Sempre estaremos em momentos de guerra. Os conflitos não vão parar. Na verdade, temos que lutar para que acabe a luta. Acho que só as formas de lutar que serão diferentes e os instrumentos de luta serão outros. A escrita, o acesso à universidade atualmente eu vejo como instrumentos. Os povos têm que se unir, se não se enfraquecem. Os Pataxó têm que se unir. Essa reflexão e essa troca de informação entre grupos de outros países que estão em luta é muito importante.

 

Tomado de Desinformémonos

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