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El polvorín

MANIFESTACIONES EN SIRIA E ISRAEL.NO TRATAR DE ENTENDER EL MUNDO EN QUE VIVIMOS ES DE NECIOS.REPRIMIR A LOS PUEBLOS ES DE ASESINOS.

3 Agosto 2011 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

 

3183487278_def986878b.jpgEn todas partes el mismo pretexto.En SIRIA ,enemigo "mortal" de Israel,existe una sistemática purga /asesinatos) de su pueblo y ni siquiera se respeta la tradición. Pretextan que las manifestaciobnes de Sirios que buscan reformas y comer son promovidas por fuerzas externas que desean el final de Siria.Una dictadura.

En Israel, en la ciudad de Tel Aviv, manifestaron ciento cincuenta mil personas pero no fueron reprimidas, se utilizó mediaticamente la muletilla coercitiva y amenazante :”estas manifestaciones pueden haber sido tramadas o inspiradas por gobiernos del exterior....” o “es un grupo que está tratando de emular la primavera árabe para derrocar a un gobierno democráticamente elegido en Israel”. O:.."  ¿quien financia estos movimientos?”.

Basta reparar en lo masivo de la manifestación,el porcentaje sobre los habitantes de la Urbe e indagar sobre las causas, que son más profundas de lo que aparece mencionado en los medios de comunicación, para concluir como los acontecimientos no intentan ser comprendidos por los gobiernos que ni siquiera poseen imaginación para mentir y sí achacar a presuntas y desconocidas fuerzas del mal situadas en el exterior,vaya a saberse dónde, las movilizaciones multitudinarias.Mentiras del pasado ante protestas masivas,que en Siria tratan de ser ahogadas en sangre y en Israel con falsas acusaciones. No tratar de entender el mundo en que se vive es de necios.Reprimir a los pueblos es de asesinos.

Copiamos enseguida dos textos para guiarnos sobre el problema en Israel y Siria.Besos.Cristinas D y R.

1.Israel:

Busca Israel su propio "New Deal" para salvarse del colapso social

 

Jerusalén • Israel busca un "New Deal" para salvarse del colapso económico y social que puede representar la progresiva erosión de la clase media, tras años de economía neoliberal que sólo ha ampliado las diferencias entre ricos y pobres a niveles alarmantes, según expertos.

Como si de la Gran Depresión de principios de los años 30 en Estados Unidos se tratara, expertos israelíes consideraron que el desplome de las clases medias requiere una revisión a fondo del modelo de mercado en el país, para que se corrijan las aberraciones de las últimas dos décadas.

"El desplome social comenzó hace tiempo, y empezó en la falta de planificación. No todo la culpa la tiene el mercado, hay un gobierno detrás y hay mucha negligencia desde hace décadas", afirmó Dan Ben David, catedrático de Investigaciones Sociales en la Universidad de Tel Aviv.

Según el experto, lo que la sociedad exige a través de las multitudinarias manifestaciones de las últimas dos semanas "no es un New Deal (Nuevo trato)" como hace 80 años en Estados Unidos, es decir una fuerte política intervencionista por parte del gobierno.

Lo que la sociedad demanda, añadió, es que el gobierno se preocupe por el ciudadano cambiando sus prioridades", una suerte de nuevo "contrato social".

Médicos, psicólogos, madres trabajadoras con hijos, y miles de jóvenes con carrera universitaria, se echaron a las calles de Israel a raíz de una pronunciada subida en los últimos tres años en el precio de la vivienda y en los costos de la vida, a la par que sus salarios se quedaban estancados.

Algunos expertos ven en las protestas de las últimas dos semanas una tímida réplica de lo que fueron los movimientos populares de los países árabes a principios de año (Primavera árabe) y del 15M de los indignados en España, pero aún es pronto para saber si su alcance será igual.

El denominador común del movimiento de protesta es que, a diferencia de manifestaciones anteriores de las capas menos pudientes de la población, en este caso todos pertenecen a las clases medias, es decir, aquellas que sustentan las arcas públicas del estado, y que se ven "erosionadas" por las políticas de los últimos gobiernos.

Un estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) presentado a Israel el año pasado ya alertaba severamente de este fenómeno.

Consideró la OCDE que Israel debía resolver urgentemente las diferencias entre ricos y pobres y corregir su política fiscal para que el peso se repartiera mejor.

En Israel un 10 por ciento de la población sustenta dos tercios de las arcas públicas, mientras que el resto no lo hace porque no llega a los ingresos mínimos per cápita o sencillamente no trabaja.

En este último grupo destacan los ultraortodoxos y la minoría árabe, que ateniéndose a razones religiosas y culturales no participan en el mercado laboral y por tanto no aportan a la productividad.

El gran número de hijos que traen al mundo estos dos grupos, que superan juntos el millón y medio de habitantes, supone además una pesada carga para las arcas públicas.

"Hay una situación en la que gente no trabaja, tiene ocho hijos en casa y el Estado paga y alienta este modo de vida. Ha llegado el momento en que la mayoría debe tomar las riendas y presionar para que haya un cambio", propuso Ben David.

Al gasto social del Estado se le suma un importante presupuesto en defensa que supera el 20 por ciento del gasto anual del gobierno, y que convierte la tasa impositiva directa e indirecta en Israel en una de las más altas del mundo.

A cambio, el israelí trabajador se ve desalentado por los altos costos de la vida y una política de contención salarial que beneficia a los grandes imperios económicos.

Sver Plotsker, comentarista del diario Yediot Aharonot, explicó en un reciente artículo que la todopoderosa economía israelí, que casi no ha sufrido las consecuencias de la crisis mundial y renta a ritmo de casi 29 mil dólares per cápita, ha triplicado los beneficios de los grandes grupos inversores y sus directivos en los últimos cinco años.

A la par, los empleados han visto subir sus sueldos menos de un veinte por ciento.

"Cuando un alumno tiene problemas todos debemos de ayudarlo, pero cuando toda la clase tiene problemas es porque hay algo en el maestro que no funciona", afirmó por su parte Rahel Azaria, una de las líderes del movimiento de protesta, en un programa de televisión.

Lo anterior lo señaló al referirse al gobierno del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu y al sistema económico neoliberal que comenzó a instaurarse en Israel en la primera mitad de los 90.

Fue entonces cuando Israel se fue apartando progresivamente de la ideología socialista en la que había nacido en 1948, para apegarse a un sistema de libre mercado y competencia feroz que trajo desarrollo pero disparó las diferencias sociales.

Ben David no cree sin embargo que haya tanta competencia libre en el mercado, y pone como ejemplo el monopolio que el Estado ejerce en las tierras públicas y los millones que se lleva cada año de su venta.

"El Estado es el propietario de la mayoría de las tierras y el Estado debe dejar de hacer millones de eso y actuar de otra manera", sugiere como solución a los altos precios de la vivienda, en los que el suelo pueden llegar a representar más de un 50 por ciento del total.

A raíz de las quejas de la población, que con sus débiles sueldos no puede pagar más el alquiler (más de mil 500 dólares por apartamentos de unos 100 metros en ciudades o barrios secundarios), Netanyahu anunció un plan de reforma para la construcción de viviendas accesibles.

Pero este plan fue rechazado por unos manifestantes que piden una cura de raíz.

"El gobierno prefiere invertir sus recursos en los asentamientos en territorio palestino", se quejó el famoso escritor local Meir Shalev en una reciente visita a las tiendas de campaña instaladas por los jóvenes en una céntrica avenida de Tel Aviv.

Yoram Kaniuk, otro conocido escritor, resaltó que "los jóvenes de Israel han salido a una rebelión", "el sistema médico se desploma, la educación está fatal, no hay ayuda mutua. Esta protesta debe derrocar a Netanyahu. Es una revuelta de la clase media".

Las protestas han llegado a tal punto que muchos ministros han criticado a Netanyahu por la falta de acción y se han sumado a los manifestantes en una muestra de solidaridad que hace peligrar la estabilidad del gobierno.

La fisura es tan severa que incluso el Foro de Inversores y Empresarios, que reúne a las principales familias potentadas del país, se ha solidarizado con ella por carta.

Lo han hecho temiendo convertirse en el blanco de ataques, y a sabiendas de que el nuevo contrato social israelí deberá lidiar con el problema de la "concentración empresarial", es decir, que unas cuarenta familias tengan en sus manos el 80 por ciento de la actividad mercantil e inversora.

Para Ben David, la receta está en un "modelo más igualitario" en la distribución del peso fiscal y de las ayudas gubernamentales, aunque para ello toda la mentalidad del país deberá someterse a examen porque, como resalta el comentarista Yaron London, "en sus fundamentos Israel es un país que induce a la desigualdad en todo".

2.SIRIA.

SIRIA | Ofensiva del gobierno para aplastar a la disidencia

Hama: la ciudad rebelde que obsesiona a Asad

Al enviar tanques para aplastar a los manifestantes en la ciudad de Hama, donde aún está latente el recuerdo de la masacre de 20.000 personas en 1982, el asediado presidente sirio, Bashar Asad, eligió un camino sin retorno.

Estados Unidos, la Unión Europea y Turquía han advertido a los Asad que no repitan esa matanza, con la cual el padre del actual presidente, Hafez el Asad, aplastó una revuelta islamista.

Pero el Gobierno está dando un doble mensaje a su creciente legión de críticos en el exterior y a su propio pueblo: que no cederá ante los reclamos de cambio que han florecido en todo el mundo árabe y que está dispuesto a derramar sangre con el fin de quedarse en el poder.

Tras embarcarse en una campaña militar para reprimir las protestas democráticas, los Asad parecen decididos a elevar el costo de la revuelta, justo cuando el mes sagrado musulmán de Ramadán, que comenzó el lunes, ofrece a la oposición una plataforma para extender su levantamiento de cinco meses.

"El ataque en Hama es una señal de pérdida de control. Cruzaron la barrera. Quieren demostrar que pueden subir el nivel de represión a todo el país", dijo Bassma Kodmani, jefe de la Iniciativa de Reforma Arabe, basada en París.

"Lo que está claro es que el Gobierno está preparado para usar la fuerza sin límites. Pero esto no es resolver el problema. Al contrario, es hacer más robusta la rebelión", dijo el analista de Oriente Medio Rami Khouri, basado en Beirut.

Símbolo de inspiración

Bashar, quien heredó el poder de su padre en el 2000, cree claramente que el ejercicio de la fuerza extinguirá las demandas de libertad. Pero a pesar de las matanzas, arrestos, desapariciones y el uso sistemático de la tortura, las protestas se han expandido de ciudad en ciudad.

Avaaz, un movimiento global que monitorea Siria debido a que el Gobierno ha prohibido a la prensa extranjera, dijo que desde el 15 de marzo murieron 1.634 personas. También estimó que 2.918 desaparecieron, 26.000 fueron detenidas -muchas de ellas golpeadas y torturadas- y 12.617 siguen en custodia.

"Tras cuatro meses de represión brutal, el régimen no se ha dado cuenta de que no hay solución militar al movimiento de protesta y que la única solución es sancionar reformas", dijo Nadim Houri, de Human Rights Watch en Beirut.

El ataque con tanques en Hama el domingo, en el que murieron 84 personas, es claramente un intento de recuperar el control de la ciudad antes de Ramadán y de evitar protestas durante el mes sagrado. "Quieren impedir que Hama se convierta en un símbolo y una inspiración para otras ciudades", afirmó Houri.

Una ofensiva 'burda'

Pero, según los analistas, las autoridades no podrían haber sido más burdas al elegir el inicio de Ramadán, un día sagrado en el calendario musulmán, y Hama, un bastión de la revuelta que tiene un lugar significativo en la historia siria, para lanzar su ofensiva.

"No se puede decir tanques y Hama y no evocar los recuerdos de la masacre", dijo Nadim Houri. "El Ramadán está lleno de simbolismo y la gente se sentirá más agraviada por el régimen y habrá represalias", agregó.

Los analistas creen que en el Ramadán se expandirán los llamados para que otras ciudades se levanten, incluyendo Damasco y Aleppo, la segunda ciudad del país y de mayoría suní, donde las manifestaciones hasta ahora han sido modestas. Los expertos prevén que muchos sirios atenderán esa convocatoria.

 

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