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El polvorín

Manipulación de la prensa: informaciones cuidadosamente seleccionadas

14 Abril 2012 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica


Oigo en la emisora Berlin-Brandenburg (RBB) que en Siria se han manifestado miles de opositores al gobierno. La noticia aparece publicada también en todos los periódicos. En el pequeño diario cooperativo junge Welt, una de las pocas publicaciones del país no dependientes de las grandes corporaciones, leo que en Siria se han manifestado cientos de miles personas, en sintonía con el gobierno, en contra de las injerencias extranjeras. | ECKART SPOO.*

 

Ambas noticias me parecen ser ciertas: dos verdades que no tienen por qué ser incompatibles, sino que pueden complementarse.

 

Si se toma en conjunto toda la información disponible —también lo que puede encontrarse oculto en algún lugar de internet—, quizás al final se obtenga la verdad al completo. Pero ¿quién puede tomarse el tiempo necesario para buscar por todas partes?

 

Cuando el diario regional que ostenta el monopolio de la información en la zona, que toma sus informaciones nacionales e internacionales de una de las grandes empresas mediáticas, difunde las mismas informaciones que la emisora regional de radio, cuando así pues los medios parecen confirmarse recíprocamente —y casi siempre coinciden, hasta en las palabras que eligen—, difícilmente podemos poner en duda esas informaciones.

Creemos entonces estar bien informados, y como no leemos, oímos ni sospechamos otra cosa, nos damos por satisfechos con una verdad a medias que es una falsedad completa. ¿Cómo podemos escrutar la escenificación del acontecer mundial que se nos ofrece cada día? ¿Cómo reconocer los intereses ocultos entre bambalinas?

 

Toda escenificación necesita de buenos y malos. En una pieza propagandística muy representada en la actualidad, el presidente sirio Assad es el malo, o, como lo llama el Bild, ”el loco”. El mismo apelativo que el diario de mayor tirada en Alemania ya adjudicó con anterioridad a Milosevic, Sadam o Gadafi. El calificativo de “carnicero” se ha demostrado particularmente eficaz. Y es que los malos matan a sus propios pueblos, a los cuales debemos por tanto proteger de ellos, y con urgencia.

 

Al lado de nuestros buenos amigos de Wáshington, Londres y París —legitimados por nuestro altamente desarrollado sentido de la responsabilidad— hemos de ayudar a los pueblos y liberarlos de la violencia mala de sus presidentes, sirviéndonos para ello de nuestra altamente desarrollada violencia buena.

 

Evidentemente, la prohibición de injerencia en los asuntos internos de otros Estados, recogida en el derecho internacional, no vale para nosotros, que siempre estamos de parte de los buenos. Llevados por la propaganda con que los medios dominantes inundan nuestros sentidos, sufrimos con las víctimas de la violencia mala; de las víctimas de la violencia buena nada sabemos. De lo que no encaja en la escena debemos saber lo menos posible.

 

De manera que los medios de propaganda seleccionan cuidadosamente la información para evitarnos pensamientos molestos, quizás alarmantes. Muy lejos de nosotros considerar siquiera que los supuestos canallas, locos o carniceros quizá no actúen de manera tan irracional y brutal como nos los presentan, sino que movilicen a sus fuerzas de seguridad para defender la soberanía y autodeterminación de sus pueblos, como compete a todo jefe de Estado.

 

De los buenos, a quienes deberíamos prestar asistencia militar mejor hoy que mañana, no sabemos en realidad casi nada, pero estamos convencidos de que son demócratas y que no aspiran más que a una democracia como las nuestras. A fin de que no perdamos esta buena fe, los medios dominantes nos ahorran informaciones, por ejemplo, acerca del referéndum en el que a finales de febrero los sirios votaron mayoritariamente a favor de una nueva Constitución propuesta por el presidente Assad. La Casa Blanca había despreciado ya por adelantado el plebiscito tachándolo de “ridículo”, un escarnio de la “revolución siria”.

 

Que en virtud de la nueva Constitución Assad vaya a permitir al pueblo elegir, que prosiga de ese modo la vía de las reformas pacíficas, no se ajusta a las intenciones de los amigos de la revolución en la Casa Blanca y en las redacciones de los medios corporativos, de ahí que lo mencionen lo menos posible. A lo mejor podría hacer que los alemanes nos preguntáramos por qué ni en la República federal de 1949 ni en la ampliada de 1990 nunca se nos ha dado la oportunidad de votar la Constitución.

 

Que los instigadores estadounidenses de revoluciones utilicen ahora en Siria, como antes en Libia, Irak, Afganistán y con anterioridad en Yugoslavia, grupos fanáticos musulmanes que practican el terrorismo, sobrepasa la capacidad de comprensión de la opinión pública; por esa razón se lo callan nuestros íntegros medios patrios.

 

Tras años de presentar el “islamismo” como una amenaza global, difícilmente podrían explicar a sus lectores que Assad cuenta con un fuerte apoyo entre los cristianos sirios y que los coches-bomba de los “revolucionarios” explotan precisamente en zonas residenciales cristianas. Lo callan como antes hicieron con las iglesias cristianas de Kosovo arrasadas por “kosovares”.

 

El informe de la misión de observadores de la Liga Árabe podría proporcionarnos alguna aclaración. Expertos civiles y militares procedentes de trece países árabes, desplegados en todas las provincias sirias bajo la dirección de un general sudanés, mediaron entre los grupos armados y el gobierno sirio, enviando informes diarios al centro de mando. El informe resultante contiene también una clara crítica a los medios. Pero ¿qué medios alemanes, a excepción del junge Welt, se han hecho eco de la información recogida?

 

¿Y cuántos medios han enviado corresponsales a Siria? ¡Que levanten la mano! No puedo decirlo con certeza, pero de algo estoy seguro, no pueden ser muchos, ya que esto entraría en contradicción con los dos imperativos fundamentales de los consorcios mediáticos: la propaganda y la exigencia de ahorrar costos; han de proporcionar a los propietarios de los medios el máximo beneficio posible, por lo cual deben gastar la menor cantidad posible en investigación periodística.

 

El ex político de la CDU y director del grupo mediático Burda, Jürgen Todenhöfer, que ya se ocupó de las guerras de Afganistán, Irak y Libia, haciendo observaciones muy diferentes de las que estamos acostumbrados a oír, el 19 de febrero censuró en el dominical del Frankfurter Allgemeine Zeitung la “gigantesca campaña mediática contra la Siria de Assad. (…) La mitad de las informaciones que tuve ocasión de contrastar durante mi estancia de cuatro semanas en Siria era falsas”. Me temo que si se hicieran más comprobaciones el balance sería aún peor.

 

Quien observe con atención, analice la situación y establezca comparaciones, tras las informaciones falsas y las omisiones poco a poco irá reconociendo un claro interés: la pretensión de las viejas potencias coloniales de llevar de nuevo a otros Estados, en especial a aquellos ricos en recursos naturales, a una situación de dependencia colonial. No sería compatible con esta aspiración que los medios que marcan la pauta informativa utilizaran el mismo rasero con los buenos y los malos —que no ceden voluntariamente sus riquezas—.

 

Por ejemplo, Israel e Irán. En torno a la carrera atómica de Israel hace tiempo que reina el silencio. El científico nuclear Mordechai Vanunu, que rompió el silencio, fue condenado a veinte años de prisión y continúa bajo arresto. Entretanto se da por descontado que Israel puede construir bombas atómicas (posee más de doscientas), mientras Alemania le proporciona submarinos dotados de plataformas de lanzamiento para misiles nucleares.

 

Algunas reaccionarias monarquías árabes pueden ser de ayuda para consolidar las relaciones de explotación y dominio en Oriente Próximo. En este sentido goza de gran estima sobre todo Arabia Saudí. Que allí a los (pequeños) ladrones se les corte la mano y el adulterio esté penado con la muerte puede mencionarse alguna vez, pero siempre con el debido respeto a nuestros socios. Este régimen de terror dio prueba de sus aptitudes el pasado año, cuando las protestas sociales pusieron en peligro a la monarquía del vecino Baréin. Rihad envió tropas que, bien armadas y adiestradas, sofocaron el levantamiento democrático.

 

Alemania proporciona a este régimen cientos de tanques de combate. Y nadie impide a Arabia Saudí construir plantas nucleares: actualmente hay planes en marcha para levantar 16 bloques. ¿Qué periódico o emisora menciona estos hechos a propósito del programa nuclear iraní?
Pero en marzo de 2012 sucedió algo extraordinario: el segundo canal de la televisión alemana (ZDF) permitió al presidente Ahmadineyad tomar la palabra.

 

Le entrevistó Claus Kleber. Otros medios expresaron su indignación; por ejemplo, Cicero, del grupo suizo Ringier. A Milosevic, Sadam y Gadafi, nuestros buenos medios les habían tapado la boca muchos años antes de su muerte. A aquel que debe ser aniquilado se le niega toda posibilidad de explicar sus puntos de vista e intenciones, no sea que parezca posible una solución negociada del conflicto.

 

La ZDF se reservó explícitamente el derecho a editar la entrevista. Kleber se esforzó también tratando de provocar a Ahmadineyad. Pero Cicero comprobó con estupor que Ahmadineyad se mostraba —o podría haberse mostrado— creíble y convincente. Naturalmente, la ZDF compartía esa preocupación y la entrevista se emitió después de la medianoche.

 

Acerca de otro presidente elegido por amplia mayoría, escribía uno de estos días el Frankfurter Rundschau bajo el rótulo “El bárbaro sin piedad”: “Un presidente que cree que la muerte de seres humanos se puede castigar con la muerte de otros seres humanos se hace igual a los asesinos”. La invectiva iba dirigida contra el “dictador” (así calificado desde el principio hasta el final del artículo) bielorruso Alexander Lukaschenko, a quien el diario del grupo Du-Mont reprochaba que no hubiera indultado a dos terroristas condenados a muerte (responsables del atentado de la estación de Minsk, en el que murieron quince personas y muchas resultaron heridas).

 

¿Llamaría este diario “bárbaro” al presidente de EE.UU. que, por ejemplo, hizo acribillar a Osama bin Laden en su vivienda, de noche, junto a su familia, sin juicio ni por descontado condena previa, y que es responsable de que cada vez más personas mueran en países lejanos debido a los ataques nocturnos de los drones?

 

Los muertos —como el asesino francés al que treinta policías de élite supuestamente no consiguieron sacar vivo de su vivienda— no podrán declarar en ningún proceso judicial. Y el soldado estadounidense Bradley Manning, que por medio de WikiLeaks trató de sacar a la luz los crímenes de guerra cometidos por los estadounidenses en Irak, puede permanecer el resto de su vida en prisión.
——
* Periodista alemán.
En www.tlaxcala-int.org —se cita como fuente a
Sopos.org, donde se puede leere el artículo en alemán.
El autor agradece a Sozialistische Positionen.
Traducido por  Javier Fernández Retenaga.

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