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El polvorín

MAR PARA BOLIVIA‏

25 Abril 2012 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

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EL TRATADO DE 1904
Alegato De :   Ing. Jorge Edgar Zambrana Jiménez  -          Ingeniero Civil y Analista de Historia
   A:    los pueblos chileno y boliviano
Fecha : 24 de abril de 2012 
En este ensayo vamos a refutar los cinco argumentos chilenos sobre el Tratado de 1904, firmado por Bolivia con Chile trás la Guerra del Pacífico. Esos argumentos han sido publicados por La Razón de La Paz, Bolivia, en fecha 8 de abril de 2012, con la firma de Cristian Garay, magister de la Universidad de Chile, Doctor en Historia.
Argumento chileno 1 .-  El tratado de 1904 fue firmado 20 años después del cese de hostilidades, tiempo transcurrido que garantizó que Chile no imponga sus condiciones a Bolivia.
Refutación boliviana .-  Los veinte años de tregua le dieron a Chile la enorme ventaja de estudiar con minuciosidad la geografía más adentro de los límites fijados por el Pacto de Tregua, y apoderarse de más territorios añadiendo a su despojo más riquezas, las cuales por sí solas les valía firmar el tratado impuesto, sin contar la milyunochesca riqueza del litoral. Todas las condiciones y pretensiones chilenas fueron aceptadas por una oligarquía boliviana representada por unos cuantos parlamentarios coimados, y sin ningún aval del pueblo boliviano.
 
Argumento chileno 2 .-  Bolivia presentó y consiguió imponer las bases del tratado, a Chile.
Refutación boliviana .-   El tratado fue arrancado con violencia contra Bolivia sometida a presiones y amenazas, lo cual anula e invalida el tratado. El ministro chileno Koenig descaradamente dijo que Chile se apoderaba del litoral boliviano por la ley de la fuerza y de la codicia, que, según él, eran la ley suprema de las naciones. Cualquier especialista en derecho internacional puede descalificar este tratado que careció de libre consentimiento y fue firmado bajo intimidación dolosa. El experto mundial en derecho internacional público, Dr. Julio Diena, indica que un tratado no tiene valor obligatorio cuando pone en peligro la existencia de uno de los firmantes, y mucho menos cuando no el pueblo sino los gobernantes son los que traman el tratado.
 
Argumento chileno 3 .-  Las negociaciones  se llevaron a cabo en La Paz, lo cual valida el tratado.
Refutación boliviana .-  Las negociaciones fueron hechas por individuos bolivianos que tenían negocios en común con el Estado chileno, y eran industriales y políticos sin escrúpulos y cegados por la obsesión partidista, además de que eran personajes improvisados y sin ninguna capacidad ni conocimiento en derecho internacional.     Si el tratado se hubiese sometido a un plebiscito, es seguro que el 100% del pueblo boliviano hubiera votado en contra. Este tratado, además de despojar a Bolivia de ingentes riquezas que han hecho la prosperidad de Chile, ha enclaustrado a Bolivia impidiéndole ingresar al comercio marítimo mundial. El derecho internacional no consagra la expoliación y depredación. Este nefasto tratado fue llevado a cabo por un pequeño grupo de bandidos que no eran los verdaderos representantes de las naciones bolivianas.
 
Argumento chileno 4 .-  El fin del tratado era implementar una red ferroviaria urgente e indispensable para el progreso de Bolivia.
Refutación boliviana .-  Chile dió, a cambio del despojo del litoral, dos millones de libras esterlinas, de las cuales 300.000 en efectivo y el resto subdividido en dos partes : una para la construcción de la sección boliviana del FF.CC. Arica-La Paz, y otra para hacer inversiones ferrocarrileras.  Realmente la irrisoria compensación constituye una burla a la inteligencia de cualquier persona interesada en construir un ferrocarril, y ha sido una vergüenza que se hubiese aceptado dicha limosna con la cual no se podía construir ni un metro de rieles.
 
Argumento chileno 5 .-  Los firmantes bolivianos del tratado fueron premiados por el pueblo boliviano al encumbrarlos como mandatarios del país. Además, no hubo amedrentamiento militar chileno y, en esa época era políticamente correcto que “la victoria dé derechos” .
Refutación boliviana .-  Desde la presidencia de Melgarejo, todos los tratados boliviano-chilenos se generaron en el palacio de La Moneda, con la ayuda diligente de los gestores bolivianos. Uno de esos personajes fue Aniceto Arce, quien chilenizó la bolivianísima empresa Huanchaca, la principal proveedora de plata en su época. Otro fue Félix Avelino Aramayo, el hombre más influyente en Bolivia y gestor del tratado. El negociador del tratado, Alberto Gutiérrez,   no era partidario de un puerto para Bolivia, tal como él mismo declara en su libro La Guerra de 1879. Tanto Arce como Aramayo, ansiaban desesperadamente que sus cargamentos de plata y bismuto salgan de Bolivia sin el estorbo de la ocupación chilena, siendo para ellos urgente el pacto de tregua que les permitiese exportar. Esos personajes ejercían tuición paternalista sobre Bolivia y sobre sus autoridades. Manejaban los asuntos de la Cancillería en una forma enteramente favorable a Chile. El año 1895, Aramayo   dijo : Por el tratado de paz, Bolivia cede su litoral. Esto solo tiene importancia moral, ya que Chile tiene derecho a su conquista.          Ya sabemos el inmenso valor de lo que hemos perdido en riqueza, además de que el enclaustramiento nos aleja del mundo exterior. Chile posee nuestro litoral por el derecho de ser el más fuerte militarmente y no tiene la intención de devolverlo. Firmemos o no el tratado, no altera en nada su usurpación y los efectos sobre la vida de Bolivia.”                                                                        No hay duda de que el ilustrado criterio del lector se da cuenta que dichos personajes eran más chilenos que Koenig  !!!!!   . 
Después de la guerra civil entre los “conquistadores españoles”, el Pacificador La Gasca estableció el límite definitivo entre Nueva Estremadura (hoy Chile), territorio descubierto y abandonado por Almagro en 1537 al no encontrar riqueza, y Nueva Toledo (hoy Bolivia), en el paralelo 25°28’ donde desemboca el río Santa Clara, después llamado Salado. El límite entre Bolivia y Chile hasta 1866 estuvo siempre perfectamente bien definido, y cuando surgieron disputas, éstas fueron promovidas por la mala fe de Chile y su mañuda exhibición de mapas erróneos y no oficiales. Después, el límite fue modificado con los tratados de 1866 y 1874, siendo establecido definitivamente en el paralelo 24°, al obsequiar sin motivo la oligarquía boliviana a la de Chile 1°28’ de territorio.
Por ello mismo, la tesis de algunos periodistas e historiadores bolivianos desorientados de que Chile al invadir Bolivia no estaba haciendo maldad sino que estaba cuidando sus propios intereses, cae sin fundamento, lo mismo que los cuentos mentirosos pinochetistas que se enseña a los escolares chilenos, de que Chile “en 1879 invadió para reivindicar su territorio” y de que “Bolivia nunca tuvo mar”. Recordemos que el gobierno de Santiago urdió y maquinó desde 1837 diversas formas de apropiarse de nuestro litoral; primero invadiendo en dos oportunidades territorio de la Confederación Perú-Boliviana; después dictando una ley absurda de propiedad de las guaneras bolivianas; luego detentando nuestras riquezas por la fuerza entre 1842 y 1866; después sonsacando un tratado nefasto a Melgarejo; posteriormente solicitando en 1872 la compra de Mejillones y Caracoles; enseguida posesionándose de él con agresión militar en 1879; ocupándolo por la fuerza mediante el Pacto de Tregua de 1884; y finalmente imponiendo con coacción brutal en 1904 su dominio y una nueva frontera.
Cuando se comenzó a explotar el guano en Mejillones en 1842 y, a la par, se inició el avance chileno sobre nuestras costas, Bolivia carecía de buques que pudieran cuidar su litoral y lo hiciesen respetar         no permitiendo que otro país extraiga arbitrariamente un solo gramo de riqueza nuestra.
Desde 1825 hasta 1879, los gobiernos bolivianos cometieron el grave error de no crear una flota mercante y una escuadra naval.               Los gobiernos chilenos adoptaron precisamente la política contraria, a la inglesa, de ser los amos del Pacífico. Por otro lado, en el período indicado, la migración de bolivianos hacia nuestro Litoral fue casi nula, lo cual favoreció el avasallamiento por la peonada chilena cuando se descubrió el guano y el salitre.
En 1864 sube al poder el desdichado Mariano Melgarejo, brazo armado de la oligarquía, masacrador de los campesinos bolivianos, quien ejecutó la maldita política agraria de transformar comunidades campesinas en haciendas terratenientes y convertir campesinos libres en pongos explotados, destruyendo la ancestral ley agraria del Incario. Los chilenos, en una campaña desvergonzada, comenzaron a adular al déspota, vanidoso, ignorante e irresponsable dictador colmándolo de honores, halagos, títulos y ditirambos para finalmente nombrarlo General del Ejército Chileno y proponerle que “Bolivia consintiera en desprenderse de todo derecho desde la Quebrada del Salado, 25°28’, hasta el Río Loa, 21°28’, con la promesa de que Chile apoyaría a Bolivia para la ocupación armada del litoral peruano hasta Arica, en compensación del que Bolivia cedería a Chile, en razón de que la única salida natural que Bolivia tenía al Pacífico era Arica”.
La embajada chilena se prestó porfiadamente a ejecutar todos los actos de servilismo y abyección imaginables para conquistar la voluntad del brutal mandatario. Explotaron su vanidad con alabanzas, comparándolo con Bolívar y Napoleón; excitaron sus vicios bebiendo con él licores en francachelas interminables, regalándole joyas para él y su amante; incluso utilizaron el celestinaje vergonzoso hasta convertir al ríspido tirano en su fiel y discrecional compinche. Finalmente le sonsacaron en 1866 la firma con Chile de un nefasto tratado en que se fija el paralelo 24°, desde el mar hasta la cumbre de la Cordillera Occidental de Los Andes, como límite entre los dos países, desconociendo los derechos y títulos inmemoriales e incuestionables de Bolivia. Además de regalar a Chile un grado y medio geográfico de territorio, acordaron también que la riqueza de guano y minerales de Mejillones, en el paralelo 23°, en legítimo territorio boliviano, sea repartida por igual entre Chile y Bolivia.
La desvergüenza llegó a tal extremo que el embajador mapochino en La Paz, Aniceto Vergara Albano, fue nombrado ministro de hacienda de Bolivia, obteniendo para su secretario, Carlos Walker Martínez, el cargo de edecán de Melgarejo a quien convirtieron en un títere. Cuando terminó su misión de embajador de Chile, el mismo personaje fue acreditado por Melgarejo como Embajador Plenipotenciario de Bolivia en Santiago, y el gobierno chileno, prestándose a la comedia, aceptó a ese personaje con tal carácter y siguió tratando con él las cuestiones con Bolivia.
Melgarejo concedió por decreto la nacionalidad boliviana a todos los naturales sudamericanos que ingresen al territorio de Bolivia;          en consecuencia, pasaban a ser automáticamente bolivianos todos los chilenos que se habían afincado en nuestro litoral. La oligarquía se apresuró a felicitar al tirano, desvariando al respecto: “El bravo guerrero de Los Andes acaba de decretar la Doctrina Melgarejo, es decir, Bolivia para los americanos del sud, así como el gran James Monroe decretó que América para los americanos”. La influencia chilena se acrecentó al extremo de lograr que Melgarejo instituya mediante decreto como día civico de Bolivia el 18 de Septiembre de cada año, aniversario de la independencia de Chile.
Bajo la inspiración del canciller boliviano Mariano Baptista, en 1874 Bolivia firma con Chile otro siniestro tratado, reemplazando el de 1866, en el que se aumenta la vil mutilación anterior, insertando con astucia y felonía manifiesta una cláusula de que por el lapso de 25 años no se incrementarán los impuestos bolivianos a las empresas chilenas en el territorio entre los paralelos 23° y 24°. No se elimina la medianería de la explotación del guano de Mejillones, sino tan sólo la de los minerales, y se mantiene el paralelo 24° como límite entre los dos países, hasta el divortia aquarum de la Cordillera Occidental de Los Andes, en flagrante traición a la patria y confirmando de ese modo el regalo sin ningún motivo a Chile de 40.778 Km² de territorio, o sea 186 Km. de costa incluido el puerto de Taltal, en la Bahía de Nuestra Señora del Paposo, ubicado 4 minutos geográficos más arriba del río Salado, infligiendo un daño grave a la nación. Este tratado fue la mecha para la bomba de 1879.
La simpatía del quinta columnista Baptista hacia Chile se nota cuando él manifestaba públicamente: “Busquemos el interés bien entendido de Chile, liguémoslo a nosotros, deparémosle tal situación que se halle cómodo en medio de nosotros y ame a nuestra vida porque así le conviene. Démosle facilidades, libertades, porvenir a sus especulaciones, franquicias a sus capitales y seguridades a su industria”. Defendía punto por punto el tratado, repitiendo una, dos y tres veces: “que el Departamento del Litoral no era boliviano propiamente dicho; que no daba agua, pan ni carne; que estaba separado, lejos de la verdadera Bolivia por influjo de la misma naturaleza; que no era factible gobernarlo; que Bolivia se hallaba en la imposibilidad de utilizar el desierto, y que era nula en el mar su fuerza”. Esta declaración mostraba a todas luces su chilenofilia y lo que él entendía por el dejar hacer y dejar pasar. La clase dominante gobernaba sin conocimientos ni siquiera rudimentarios y sin ningún patriotismo, con un entreguismo que enajenaba la geografía marítima y enormes riquezas de su propio país. La firma de los tratados de 1866 y 1874 fueron un grave error de la oligarquía boliviana; no hay, en la historia de la diplomacia mundial, otro ejemplo tan absurdo de pacto de comunidad de recursos naturales. Esos convenios fueron fuente permanente de rencillas, desconfianzas, reclamaciones y comprometieron la dignidad y soberanía de los bolivianos, agriando las relaciones entre los dos países.
En febrero de 1878 el presidente Hilarión Daza decretó un gravamen de 10 centavos de peso sobre quintal de salitre exportado, a la Compañía Chilena de Salitres y Ferrocarril Antofagasta que adeudaba fondos al Estado. El indicado pago era la condición para renovarle la concesión prácticamente gratuita que le había otorgado dolosamente el gobierno de Melgarejo y que la compañía continuaba prepotentemente ejerciendo mediante la explotación y exportación ilegal de salitre, ya que los actos del tirano derrocado habían sido declarados nulos por el nuevo Congreso boliviano. El establecimiento de este impuesto suscitó una reclamación del Gobierno de Chile, que sostenía la supuesta violación del tratado de 1874 antes mencionado. Por su parte, el Gobierno de Bolivia hizo saber que estaba llano a acogerse al recurso arbitral previsto en el Tratado Complementario al de 1874, que consignaba modificaciones de los Art. 3º y 10º e incorporaba una cláusula de arbitraje.
Como respuesta a la decisión boliviana, el gobierno de Chile utilizó ello como pretexto para la agresión e invasión de todo el Litoral boliviano, desde el paralelo geográfico 24º hasta la desembocadura del río Loa, irrumpiendo en nuestro suelo con un Ejército pertrechado con financiamiento de Inglaterra, portando los mejores fusiles, ametralladoras y cañones de la época, en buques blindados, los más perfectos de su clase, nunca construidos hasta entonces, salidos de los astilleros ingleses para la marina chilena.
Ante la indefensión y el abandono gubernamental de nuestras costas, se produjo el ataque de agresión y usurpación del Departamento del Litoral. Fue en realidad una guerra inglesa contra Bolivia y Perú con Chile como instrumento. El país del Mapocho, solo, jamás nos hubiera invadido si no hubiera sido por el respaldo del capital inglés. Fue un asalto arreglado con fines de saqueo y pillaje, donde Inglaterra toma una mitad y Chile la otra mitad, en nombre de los mismos intereses por los cuales Inglaterra se apropió de la India. Por otro lado, los ingleses no hubieran ido tan lejos como lo hicieron sino hubiera sido porque los EEUU se tiraron para atrás, ya que podrían haber impedido la agresión chilena sin disparar un solo tiro. La historia está responsabilizando a los norteamericanos por ello.
El 23 de marzo de 1879 Eduardo Abaroa murió en acto de sublime inmolación. Su sacrificio heroico en el Puente del Topáter, significó moralmente cerrarle el paso al invasor que hollaba el suelo patrio. Por eso, porque obró encarnando la conciencia cívica de la nacionalidad herida, su memoria vive en el alma de nuestro pueblo como símbolo excelso de la defensa de Bolivia.
Con un plan lento, encubierto y tranquilamente preconcebido desde 40 años antes, se consumó sorpresivamente el crimen sobre Bolivia y contra el derecho internacional público de las naciones. Bolivia ni un buque tenía y se hallaba sin armas y sin recursos de guerra, y en aquel trance de honda y amarga crisis, armada sólo de dignidad y altivez y sin tener material militar y desposeída de los equipos y bastimentos indispensables para una campaña militar, fue al encuentro de su secular y pérfido agresor.
Una inclemente sequía en los años 1877-78, y que continuó hasta fines de 1881, había plagado el país boliviano de desabastecimiento, tifus, viruela, disentería, fiebre amarilla, mortandad, y la Nación se encontraba en total estado de bancarrota, hambruna, desorden y todavía afectada por las consecuencias del terrible terremoto de 9/mayo/1877 que destrozó los puertos del Departamento del Litoral. Cada día eran recogidos muchos cadáveres, muertos por el hambre, la falta de agua y la peste.
Terminada la confrontación, y según el Pacto de Tregua de 1884, el Departamento del Litoral de Bolivia pasó a ser “territorio ocupado temporalmente” por la guerra. ¿A santo de qué, después en 1904, se convirtieron en territorios bajo “dominio absoluto y perpetuo” de Chile? Dolosamente se ha sustituido la “ocupación” con el “dominio”. Además, se ha alterado la frontera cercenando territorio de los Departamentos de Potosí, Oruro y La Paz, incluyendo la parte alta del río Lauca que posteriormente ha sido abusivamente disminuido en su caudal desviando su curso superior hacia Arica mediante un túnel. Luego, el Ejército chileno ha resuelto, por su cuenta, quedarse con nuestro Litoral, y pretende pasar de dominador a “propietario”, despojándonos bajo el ejercicio de la fuerza bruta. Sudamérica no podrá constituirse en un espacio geográfico de relaciones ejemplares de desarrollo y estabilidad, mientras la razón no se imponga a la fuerza. Con el Tratado de 1904 Chile ha usurpado los territorios arrebatados, a sabiendas, por el derecho internacional, de que ningún Estado puede imponer a otro la renuncia a perpetuidad de su territorio y soberanía.
Los gobiernos bolivianos sucesivos siguen sin entender que es urgente el proceso de desarrollo industrial del país para pisar fuerte, acortar las distancias, hablar de igual a igual y recuperar nuestra costa marítima. En lugar de ello se la pasan rogando al agresor que les conceda una pequeña limosna del botín usurpado. Es indignante. Cuando el presidente José Manuel Pando empezó con dichos ruegos para obtener que Chile nos compense por la pérdida del Litoral entregándonos el Puerto de Arica, el embajador de Chile en La Paz, Abraham Koenig, el 13 de agosto de 1900 nos dio su célebre brulote sin parangón en los anales diplomáticos de América, manifestando: “El antiguo Litoral boliviano es y será para siempre de Chile, quien lo ha ocupado y se ha apoderado del mismo con el mismo título con que Alemania se anexó las provincias francesas de Alsacia y Lorena, con el mismo título con que los EEUU han tomado Puerto Rico. Nuestros “derechos” nacen de la fuerza y la victoria, la ley suprema de las naciones. El Litoral es rico y vale muchos millones; eso ya lo sabíamos; lo guardamos porque vale; que si no valiera no habría interés en su conservación. Chile no debe nada, ni está obligado a nada, mucho menos a ceder un puerto”.
En esas fechas, cuando Francia e Italia protestaron contra el atropello expansionista chileno y amenazaron con intervenir en el conflicto, Alemania se pronunció por intermedio de su canciller Otto Príncipe de Bismarck diciéndoles prepotentemente: “Dejen a Chile que aproveche el fruto de su victoria”, y envió una misión a asesorar a Chile en una nueva reorganización de sus fuerzas armadas. Cada vez que llega un nuevo cónsul chileno a presentar cartas credenciales a La Paz, la ingenua prensa boliviana le pregunta: “¿Qué piensa del pedido boliviano de una salida?”; y el nuevo escupitajo no se hace esperar: “¡Bolivia puede tener todas las aspiraciones que quiera, pero no tiene ningún derecho al mar!”.
Los barones de la minería boliviana querían solucionar a como dé lugar la intervención de nuestros puertos por Chile, ya que necesitaban exportar en una época de grandes demandas de estaño. Esa fue la principal razón de la aceptación del gobierno de Ismael Montes a la exigencia chilena de cesión del Departamento del Litoral. Luego de la guerra, Chile entró en el período de más auge de sus primeros 60 años de vida; superó su crisis económica en la que no había dinero ni para los salarios de los empleados del sector público, convirtiéndose en un país exportador con el guano, salitre, plata, oro, bórax, azufre, zinc, plomo, calizas, cuarzo, molibdeno y el yodo ajenos, y aún en el actual Siglo XXI el cobre que usurpó constituye su “sueldo”, su “gallina de los huevos de oro”.
El endeble gobierno de Montes no pudo dar mayor muestra de irracionalidad e incapacidad que el siguiente mensaje entreguista y traidor a su propia Patria, publicado en “El Comercio” de La Paz, Bolivia, el 8 de enero de 1905:  “ Debido a que la prolongación de la tregua aniquilaba lentamente al país en vez de vigorizar sus expectativas, y ante la imposibilidad de mantener por más tiempo un estado financiero y administrativo que esterilizaba todos los esfuerzos progresistas de la Nación, el Tratado de 1904 es la libertad comercial, la autonomía aduanera, el desenvolvimiento de la industria nacional, el desarrollo de nuevas fuentes de trabajo... y, lo que es muy digno de considerarse, es la salida fácil y rápida al mar ”.
Ese fue el saludo de la oligarquía al tratado, en contra de la soberanía e independencia de la Nación.
Bolivia nació a la vida de Estado independiente “con el atributo del mar”, con cuatro puertos útiles, y no es concebible que el irracional estatus impuesto por la agresión y el predominio de la fuerza bruta militar perpetúe el encierro de todo un pueblo que siente la desventaja de no poder desarrollarse libremente como las demás naciones americanas, a tono con los requerimientos de la vida del Siglo XXI. Se trata, por cierto, en su cualidad, de la pérdida territorial más indiscutible como pérdida, la más grave de modo terminante para el destino de Bolivia, que nos ha condenado a un porvenir dependiente del tutelaje portuario chileno desterrándonos detrás de la cordillera para convertirnos en país minusválido, cohibido, aislado y atrasado bajo la carga del agresivo y perverso Tratado de 1904, firmado bajo coacción y que nos obliga a ser un país tributario.
El Congreso Internacional reunido en París en 1856 ha concertado el Nuevo Derecho Internacional que no reconoce la “conquista” para enseñorearse mediante la fuerza militar de territorios ajenos. Chile ha pisoteado este principio al ocupar militarmente el Departamento del Litoral boliviano.
El Pacto Americano celebrado en Washington en abril de 1890 ha establecido que “la teoría de la conquista será repudiada por el Derecho Internacional Americano y no se reconoce y se considera nula toda cesión de territorio hecha bajo amenaza de guerra o en presencia de fuerza armada. La Nación que hubiere hecho tales cesiones, tendrá derecho a exigir su devolución”.
Chile está impidiendo, por medio de arbitraria ocupación militar del Litoral de Bolivia, el cumplimiento de este pacto.
La Octava Conferencia Internacional Americana efectuada en Lima el 22 de diciembre de 1938 ha resuelto que: “Se reitera como principio fundamental del Derecho Público de América, que no tendrán validez ni producirán efectos jurídicos la ocupación y/o la adquisición de territorios ni ninguna otra modificación o arreglo territorial o de fronteras mediante la conquista por la fuerza, o que no sean obtenidas por medios pacíficos. No se reconoce situaciones derivadas de los hechos antes mencionados, compromiso que constituye un deber que no puede ser eludido unilateral ni colectivamente”.
Las normas consagradas por la OEA en abril de 1948 rezan: “La victoria no da derechos. El territorio de un Estado es inviolable; no puede ser objeto de ocupación militar ni de otras medidas de fuerza tomadas por otro Estado, directa o indirectamente, cualquiera que fuere el motivo, aun de manera temporal. No se reconoce las adquisiciones territoriales o las ventajas especiales que se obtenga por la fuerza o por cualquier otro medio de coacción”.
La intransigencia y prepotencia chilenas han llegado al extremo de increpar a la comunidad americana de que no se entrometa en los asuntos de la reivindicación marítima de Bolivia.
La Convención de Viena acordada en 1968 declara nulo todo tratado cuya celebración se haya obtenido por la amenaza, la coacción o el uso de la fuerza.
Las Resoluciones 2131, 2160, 2625, 2734, 2799, 2936, 2949, 3175, 3176 (I,7) y 3314 de la ONU de los años 1965, 1966, 1970, 1971, 1972 y 1973 afirman y reafirman categóricamente que la usurpación de territorios por la fuerza es nula, inadmisible e ilegítima, por lo cual los territorios ocupados deben ser obligatoriamente devueltos .
No podemos seguir subordinados a la política chilena, con el argumento de que es un país con mayor poder económico y militar. ¿Cuál es la razón, por cierto, por la cual Bolivia todavía no acaba de darse cuenta de esta situación? Parece que el boliviano es un pueblo que está lejos de sí mismo. Lo que llama la atención, en efecto, es la indiferencia, el desgano y perplejidad con que nuestro país, sus congresales y sus gobiernos ven un hecho tan decisivo no sólo para su ser inmediato sino también para su futuro. ¿ Qué se puede esperar observando la chilenofilia de algunos políticos, escritores, y aun de catedráticos y alumnos de la Facultad de Historia de La Paz, que faltan al respeto a nuestro héroe epónimo Eduardo Avaroa calificándolo de “comerciante que defendió sus propios intereses” y cuya memoria, dicen, fue fabricada recién el Siglo XX para obligar a los escolares a homenajearlo ? .  ¿ Qué se puede esperar de “analistas políticos” que se expresan públicamente en los medios de comunicación diciendo que nos contradecimos cuando declaramos que el agua es un derecho humano y al mismo tiempo exigimos que Chile nos pague por el agua del Silala ?.  O sea, según ellos, Chile tiene el derecho humano de seguir robándonos impunemente !! .      ¿ Qué se puede esperar cuando diplomáticos bolivianos, como el ex-cónsul en Chile Dn Jorge Siles Salinas, declaran públicamente en el Internet que Bolivia nunca más va a reclamar sus territorios marítimos usurpados y que solamente aspira a un corredor (inservible) al norte de Arica, el cual, según él, es la única solución al vergonzoso problema pendiente del enclaustramiento que nos ha impuesto Chile ? .
Bolivia debe conservar su dignidad fundada en no renunciar a sus derechos ineludibles, en sostener nuestra integridad moral, nuestro orgullo patrimonial, hasta recuperar nuestro mar, manteniendo el verdadero compromiso de honor, sin prestarse para coro de la hipocresía mapochina. El 23 de marzo del 2007 se produjo un acto hipócrita del gobierno y del ejército chileno, invitando al gobierno boliviano a un acto de conmemoración de la muerte de nuestro héroe Eduardo Abaroa. El Ministro de Defensa de Bolivia asistió ingenuamente y no pronunció en dicha oportunidad ni un reclamo sobre la injusticia de nuestra prisión.
Nosotros no necesitamos ningún “homenaje” de nuestro carcelero; lo que exigimos es la devolución de nuestros puertos para solucionar el enclaustramiento. No puede existir gran amistad, confianza mutua, acercamiento, diálogo franco, transparencia ni integración donde impera la injusticia del dominio colonial y la fuerza bruta. Dicha agenda sólo da lugar a negociaciones interminables bajo la espada de Damocles del “dominio perpetuo” que anuncia nuevas aviesas agresiones. Es ya urgente que la Cancillería boliviana presente denuncia ante el Tribunal Internacional de Justicia para resolver pacífica y legalmente este problema pendiente con Chile.
A Bolivia se le ha cercenado el territorio que constituía una verdadera válvula de su vida, pues hemos quedado completamente aislados del mar y con un carácter de tributarios de las naciones limítrofes; nos han quitado nuestra independencia, que es un derecho inalienable e imprescriptible y que se lo debe considerar fuera del alcance de las transacciones humanas. El tratado de 1904 ha incurrido en una violación flagrante de ese derecho primordial.   La comunidad internacional reprueba y anula todo tratado que afecta directamente a la independencia de los pueblos. El indicado Alto Tribunal debe revisar y reparar la enorme injusticia que se ha cometido contra Bolivia y debe obligar a Chile a rectificar sus errores y atropellos, de acuerdo con la justicia y la equidad humanas.
En los años 1975-76 los propósitos expansionistas del viejo usurpador, prepotente y arrogante, llegan a contar nuevamente con el apoyo de círculos oficiales, políticos, empresariales y militares de Bolivia, y el gobierno de Hugo Bánzer mostrando su carácter chilenófilo llega al extremo de intentar aceptar un tratado entreguista con Chile, regalando territorio vital y estratégico del altiplano a título de trueque, mutilando nuevamente las provincias Carangas de Oruro y Sud Lípez de Potosí, canjeando las lagunas Colorada y Verde, más la zona de la captación de los ojos de agua Silala usurpada por Chile desde 1906 sin pagar ni un centavo, autorizando el aprovechamiento de lo que queda de las aguas del río Lauca desviado por Chile en 1962 en una nueva agresión a Bolivia, ofreciendo el tendido de un poliducto para abastecer de gas a las industrias mineras del norte actual de Chile y a las industrias petroquímicas y de refinería a instalarse en puertos chilenos, a cambio de un corredor miserable sin puerto al norte de Arica, más el antojito chileno de que se deje testimonio solemne de que dicho callejón represente la “solución definitiva” a la situación de enclaustramiento de Bolivia.
Con ese fin se organizó una ceremonia de abrazo con el demente dictador chileno Augusto Pinochet, parafraseando públicamente, para colmo de la vergüenza e inconsecuencia, que “la fuerza y la victoria dan derechos y que Chile no debe nada”. Es decir, el Presidente de Bolivia estaba vergonzosamente “aceptando” ante el Presidente de Chile que el usurpador de nuestro litoral tiene el “derecho” inmoral de la fuerza bruta para invadir nuestra Patria e imponer sus apetitos.
 
El territorio es la primera y más sagrada de las prioridades nacionalistas. Su enajenación es cosa tan grave que sale de la vida común y ordinaria de un pueblo. Tal acto está fuera de las facultades de un Gobierno y aún del Congreso Nacional. La naturaleza del pensamiento democrático le impide aceptar que nuestro país se subordine a otro por causa de invasión y piratería por fuerza militar, repudiadas por la razón y la comunidad universal. Cualquier agresión “victoriosa” no constituye fuente de legítimo derecho y sólo es un brutal desprecio de los valores morales y del derecho internacional que no reconoce la conquista, mediante fuerza bruta, de territorios ajenos. Los chilenos se hacen la ilusión de que han enterrado el derecho boliviano y de que sobre el mismo han colocado la misma lápida que han puesto sobre nuestros puertos y el río Lauca, cacareando a los cuatro vientos que “es un asunto zanjado para siempre y que no deben nada, ni están obligados a nada, mucho menos a devolver un puerto, y que la aspiración boliviana es un asunto exclusivamente bilateral que debe estudiarse para ver las respectivas compensaciones”.
El “dominio” que Chile nos ha impuesto Tratado de 1904 no está respaldado por alguna ley sino por la fuerza bruta de un Ejército permanentemente armado mediante dinero que es producto de la depredación de nuestras minas de cobre Chuquicamata y La Escondida, y que impide a Bolivia hacer valer en forma práctica su justo derecho de propiedad. La invasión filibustera, el actual dominio de nuestro Litoral por la fuerza militar y la violencia con la que nos obligó con coacción a firmar un tratado injusto, son inadmisibles e ilegítimos. La Cancillería chilena dice que son “derechos de victoria”... ¿Llama derechos al cohecho anglo-chileno?, ¿llama victoria al asalto premeditado y agresión a un país indefenso?
En 1929 Chile y Perú firmaron el Tratado de Amistad y Límites en el cual especifican que los gobiernos de Perú y Chile no podrán, sin previo acuerdo entre ellos, ceder a una tercera potencia la totalidad o parte de los territorios que quedan bajo sus respectivas soberanías. De esta manera el país del que fuimos aliados durante la guerra, se ha confabulado con el agresor para encerrarnos detrás de Los Andes, quedando ellos como centinelas de nuestra prisión, con el compromiso de que ninguno puede abrir la salida sin el consentimiento del otro.
Bolivia, la «Hija predilecta» de Bolívar, no puede vivir eternamente mutilada, clausurada y encadenada con el dogal mediante el que se la ha reducido con implacable injusticia bajo los tratados de 1904 y 1929, vulnerando la geografía y la historia. Es un problema con características coloniales, existiendo agresión y usurpación territorial por la fuerza, explotación intensiva de recursos y riquezas ajenas y una continua ocupación y dominio ilegales que ya duran 130 años.
La Nación boliviana proclama su reintegración marítima como atributo esencial de soberanía, desarrollo y progreso. Los esquemas y fronteras trazados el Siglo XIX a punta de bayonetas y cañones, hay que hacerlos de nuevo en función de un mundo moderno y dinámico. El enclaustramiento al que Bolivia ha sido sometida amerita pronta reparación.
Recuperar el mar será reencontrar el destino marítimo de nuestro Estado y salvarlo de caer en el engaño de un “corredor” inservible sin puerto propio ni soberano. Nuestra propiedad marítima debe sernos reintegrada sin compensaciones territoriales a Chile, dando cumplimiento a las normas y acuerdos del derecho internacional y a todos los principios proclamados en todas las conferencias interamericanas. La novena disposición transitoria de la nueva Constitución Política del Estado ordena denunciar el Tratado de 1904 que está contradiciendo el derecho imprescriptible del Estado boliviano al ejercicio pleno de la soberanía sobre su Litoral. Ese tratado carece de toda legitimidad, ya que en vez de solucionar los problemas emergentes de la usurpación chilena de nuestro litoral, los ha violentado y agravado encerrando a Bolivia, y por ello el enclaustramiento subsiste como una injusticia internacional.
No se puede hablar de una Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) si no se exige la justicia evidente para Bolivia y no se deja de ignorar la atroz iniquidad de haber enclaustrado a un pueblo hermano y entronizado en América la política corrupta a la que sólo apelan los pueblos destituidos de justicia y que invocan a su favor la conquista, la fuerza bruta, la invasión y la usurpación. El deber y el honor imponen a las naciones la necesidad de protestar en nombre de la civilización y hasta del género humano, contra un país que conculca los sanos principios de derecho y equidad. Guardar silencio, observar delicada neutralidad, es hacerse cómplice del atentado despojador, copartícipe de tamaña inmoralidad y alevosía.
Los gobiernos chilenos argumentan de que si Chile devolviera el Litoral usurpado, entonces en ese caso se tendría también que alterar muchas fronteras alrededor del mundo, y ponen como ejemplo el caso de la guerra de USA contra México en 1847, en la que los aztecas fueron despojados del vasto territorio de Texas, California, Arizona, Nevada, Utah, Colorado, Wyoming y Nuevo México. Sin embargo, los mexicanos: «No han sido enclaustrados». Los bolivianos reclamamos porque la agresión chilena ha dejado a Bolivia privada de comunicación directa y soberana con el mar; es decir, desposeída de un elemento esencial para su propia conservación y autonomía. En contraposición, los ingresos obtenidos por Chile explotando el Litoral boliviano desde el momento de su invasión y agresión fratricida en 1879 hasta hoy, alcanzan a la fabulosa cantidad equivalente a cuatro billones de dólares a precios del año 2011; es decir, 4 elevado a la 12 potencia. Ello equivale a 29 veces lo que se llevó España del cerro rico de Potosí en 300 años de coloniaje.  Además, sólo la reserva de cobre y molibdeno que tienen para de aquí a cien años equivale a unos dos billones de dólares a precios del año 2011.   Solamente el cobre les reditúa un ingreso anual de 19 mil millones de dólares. En cambio, el encierro de Bolivia acarrea una fuga de divisas cada año hacia Chile de 400 millones de dólares por gastos del “libre tránsito” tributario.
Chile, culpable de nuestra clausura geográfica, tiene la llave del grillete de la prisión que detiene nuestro progreso. Basta de eufemismos y de frases almibaradas de la cortesía protocolar. Que América y el mundo sepan que Bolivia ya no está dispuesta a seguir soportando en silencio esta situación humillante. No podemos continuar siendo, como Nación, un ave sin alas.
Como hemos expuesto, los mandatarios bolivianos, gestores unos del tratado de 1904, firmantes otros del mismo, y sus defensores los más recientes en el siglo XX, llegaron al poder unos elegidos por una minoría clasista y racista, otros mediante golpes de estado. Hasta el año 1952, la gran mayoría del pueblo boliviano, como ser analfabetos, mujeres, campesinos, población urbana sin renta mínima, etc., no tenía derecho al voto. Por lo tanto, no fue el pueblo boliviano quien encumbró a los indicados bandidos al poder.
Mediante presión militar, se obligó a firmar el nefasto y ominoso tratado de 1904, el mismo que adolece de múltiples deficiencias, como ser :                      1) El tratado fue firmado bajo presión, violencia militar e intimidación.            2) Fue firmado en ausencia de autorización del pueblo de Bolivia; ese tratado es un contrasentido gravísimo que ha sido llevado a cabo por un grupo de políticos que no eran los verdaderos representantes del estado plurinacional de Bolivia. Es un tratado agresivo que estrangula con formas sutiles de coacción a un Estado débil para hacerle firmar concesiones a favor de Chile; por lo tanto es nulo, porque considerarlo inamovible sería consagrar la expoliación y la depredación como norma de derecho internacional, y eso no puede ser.   3) Este tratado fue rechazado por la Cámara de Senadores de Bolivia del año 1904, con el voto de seis departamentos contra dos que lo aprobaron; por tanto, ese documento tiene vicio de nulidad, siendo inicuo, vergonzoso, deshonroso, lesivo y oneroso para Bolivia, ya que mata la soberanía nacional, y ha establecido el protectorado, tutelaje y colonialismo chilenos;  todo por el voto inconsciente de 42 imbéciles chilenófilos contra 30 honorables que combatieron el triste pacto que ha mutilado de muerte a Bolivia.   4) Existe anexión de territorios sin justo título ( basta consultar el libro  "El tratado de 1904 : la gran estafa" de Rodolfo Becerra de la Roca y la tesis de ingreso a la Academia Boliviana de la Historia, “El tratado de 1904 con Chile”, de Manuel Frontaura Argandoña).    5) El Tratado es injusto porque ha sido impuesto después de una invasión militar de conquista, ávida de expansiones territoriales, y afecta vitalmente al pueblo boliviano al haberlo enclaustrado geográficamente, atropellando sus derechos obligándolo a vivir sin su ancestral acceso soberano al mar, perjudicando de ese modo su progreso.  6) Chile incumple las cláusulas de libre tránsito al fijar unilateralmente las tarifas del mismo.  Hasta la fecha, Chile no ha pagado un solo centavo de indemnización por las propiedades salitreras de ciudadanos bolivianos en el litoral usurpado. Chile no permite a Bolivia crear agencias aduaneras en Mejillones y Tocopilla. Las mercaderías en tránsito a Bolivia sufren constantes robos, pérdidas, perjuicios, y toda clase de obstáculos y violaciones en los puertos de Arica y Antofagasta. Para los gobiernos de Chile, los términos de libre tránsito irrestricto establecidos en el tratado de 1904 están sujetos a la interpretación arbitraria dictada por sus conveniencias.
Por tanto, como asevera el Dr. Rodolfo Becerra de La Roca,   « Bolivia debe demandar ante los organismos internacionales la nulidad y revisión del tratado de 1904, reclamando la devolución de los puertos, litoral, espacio marítimo e islas no cedidos y que han sido arbitraria y escandalosamente ocupados militarmente desde el paralelo 23 hasta el río Loa, a partir de la invasión del 14 de febrero de 1879 hasta la imposición militar de la firma del tratado de 20 de octubre de 1904; asimismo, demandar por la injusta e ilegal usurpación del territorio entre los paralelos 24 al 23 de latitud meridional, del 4 de abril de 1879 a la fecha, a título de “reivindicación chilena”, como si este suelo Bolivia le hubiera despojado a Chile. La reivindicación compete al propietario del suelo, y Chile nunca tuvo este título. Del mismo modo, la administración chilena del litoral ocupado está sujeta a rendición de cuentas que nunca se hizo para la negociación del tratado de 1904. Según el Pacto de Tregua de 1883 Chile se facultó a sí mismo el gobierno del territorio ocupado, y ello no le eximía de rendir cuentas, representando esta ocupación de fuerza ingentes cantidades de dinero que se engulló Chile, sin dar cuenta a su verdadero propietario y sin haberse considerado ésto para ningún efecto en el mentado Tratado de Paz y Amistad de 20 de octubre de 1904.   Por otro lado, al haberse dejado sin efecto el tratado de 1866, por efecto del Art. VII del de 1874 y dejado sin efecto a su vez éste por la sola voluntad omnímoda de Chile, mediante la ley chilena de 3 de abril de 1879, aquél cobró vigencia automática en su integridad y mantiene que el límite entre ambos Estados es el Paralelo meridional del grado 24; asimismo subsiste la famosa medianería sobre los depósitos de guano de Mejillones y otros que se descubriere en el territorio comprendido entre los grados 23 y 25, como también los derechos de exportación sobre minerales extraídos en el mismo territorio. Emergente del acto nulo de la rescisión chilena elucubrada al margen de toda juridicidad, Bolivia tiene a su haber un cuantioso crédito contra Chile, resultante de las cantidades que le corresponden de la medianería de explotación de guano y de los derechos de exportación de minerales, extraídos del espacio entre los paralelos 23 al 25, con importes megamillonarios. Todo el fraude, latrocinio y tanta truculencia, en esta infausta usurpación, deben ser denunciados tanto dentro como fuera de Bolivia para que sean conocidos en todas sus aristas, de modo que sea evaluada por el tribunal internacional tanta rapiña y se declare incólume el derecho de reivindicación de Bolivia ».
Jorge Edgar Zambrana Jiménez
                                                                 
                                                                       ANEXO
                             DECLARACIONES  del  Director Ejecutivo de DIREMAR ,  
                                                     Lic. Juan Lanchipa Ponce
De acuerdo a las investigaciones realizadas por la Dirección Estratégica de Reivindicación Marítima de Bolivia (DIREMAR), el Tratado de 1904, que suscribieron Chile y Bolivia, tuvo una presión política y económica comercial que obligó al país a apresurar la firma del documento y no como lo asegura el historiador chileno, Christian Garay, que sí hubo consenso.
"Según nuestras investigaciones, basada en documentación primaria, se establece que el Tratado de 1904 fue impuesto a Bolivia luego de 20 años de manipulación, traición y asfixia comercial y que fue promovido por la oligarquía chilena en complicidad con ciertos políticos bolivianos de la época, que buscaron sus intereses por encima de nuestro país", aseguró Juan Lanchipa Ponce, Director Ejecutivo de DIREMAR.
La respuesta de la autoridad boliviana no se hizo esperar, luego que el historiador chileno, Christian Garay, publicara en un medio de comunicación que el Tratado suscrito entre ambas naciones el año 1904, se habría efectuado con el más amplio consentimiento boliviano y sin que mediara ninguna presión. "Nadie puede imaginarse, conscientemente, que un país atente en su contra y provoque su desgracia", fue la respuesta contundente e inmediata de Lanchipa.
Según la autoridad, el documento del Tratado habría sido redactado en Chile; para refrendar esta afirmación cita a Francisco Antonio Encina, autor del libro "Las relaciones entre Chile y Bolivia, 1841-1963", quien relata: “al hacerse cargo de la Cancillería Emilio Bello Codesido, encontró cuatro borradores de tratados: uno de Paz, Amistad y Comercio; otro de Construcción de Ferrocarril; un tercero de Liquidación de Créditos; y un cuarto, de Intercambio Comercial, que su antecesor no había alcanzado a firmar por desacuerdo de detalles. Salvadas las pequeñas divergencias, los refundió en un solo tratado, que firmó como Ministro dimisionario el 20 de octubre de 1904”.
Además -explica Lanchipa- los portavoces del Gobierno chileno, reiteran hasta el cansancio que el Tratado de 1904 fue suscrito 20 años luego del cese de las hostilidades, pero evitan hablar de lo que sucedió en este ínterin, cuando Bolivia manifestó que no se resignaría a una carencia absoluta de un punto de comunicación con el Pacífico, solicitud que fue respondida por diferentes autoridades de ese país. Por ejemplo, el Embajador chileno en Bolivia Abraham König, mediante una nota diplomática de fecha 13 de agosto de 1900, señaló que de insistir en su salida al mar: “Bolivia se presentaría en actitud hostil y no tranquila y pacífica, por el hecho sólo de sustentar tan temeraria pretensión”. Posteriormente, explicó lo que ocurriría si Bolivia tuviera puerto nuevamente: “En tiempo de guerra las fuerzas de Chile se apoderarían del único puerto boliviano con la misma facilidad con que ocuparon todos los puertos del litoral de Bolivia en 1879.
Ante esto, dijo la autoridad de DIREMAR, no podemos hablar de un Tratado consensuado y pacífico como nos quiere expresar el historiador Garay "que muestra una vil actitud mentirosa y desleal con la historia y que tiende a generar responsabilidades en los bolivianos y excluir a la oligarquía chilena, quienes elaboraron el injusto Tratado de 1904", dijo.
Distintos gobiernos buscaron, mediante la negociación directa, resolver el tema marítimo del país; sin embargo por la mala fe de los gobiernos chilenos no tuvo efectividad. El 2006 Bolivia y Chile establecieron una agenda de 13 puntos donde se incluye en el punto seis el tema marítimo, que no generó ningún resultado a la fecha.
Ante esas evasivas, "el Presidente Morales, de manera pública y en un contexto respetuoso y fraternal, pidió al Presidente de Chile (Sebastián Piñera) que entregue una propuesta concreta antes del 23 de marzo de 2011. En cambio, categóricamente Chile indicó que trabaja por resultados y no por fechas, demostrando con ello su mala fe para alcanzar resultados concretos", recordó Lanchipa.
Ante este escenario, Bolivia anunció recurrir ante Tribunales Internacionales, para resolver los 133 años de enclaustramiento. "Esto condice con el uso de un mecanismo de solución pacífica de controversias que consagra la Carta de las Naciones Unidas, que guarda estricta correspondencia con la Resolución 37/10 de la Asamblea de la ONU de 1982", explicó la autoridad de DIREMAR.
A consecuencia de esta problemática, "la integración regional no será posible en la medida en que ésta herida abierta no se cierre y, en consecuencia, continúe afectando al interés permanente y hemisférico expresado en la Resolución 426 de 1979", sostuvo Lanchipa.
Usurpación del Litoral boliviano
Bolivia fue agredida y despojada de su territorio y Litoral el 14 de febrero de 1879 de manera artera. "Los intereses de la oligarquía chilena eran demasiados fuertes y ansiaban apoderarse de las inmensas riquezas bolivianas de guano, salitre, plata, yodo, oro, bórax, azufre, zinc, plomo, calizas, cuarzo, por entonces, y que luego dieron al descubrimiento de Chuquicamata, cuya explotación le permite ser el primer productor mundial de cobre y molibdeno".
"En la historia se evidencia que como resultado de un plan preparado y meditado se produce la invasión chilena el año 1879.  Chile se anexó el Litoral por Ley de 12 de julio de 1888, anexión que Bolivia se vió obligada a reconocer por la fuerza en el Tratado de 20 de octubre de 1904. Este conflicto bélico produjo el encierro marítimo de Bolivia" .
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nicolas 07/24/2014 15:18


El mar y la soberanía son de Chile y punto... me da verguenza que personas que viven del estado en Chile apoyen al Evo... deverían de ser encuestadas y cuando requieran de alguna ayuda los manden
a pedir a Bolivia.

juan C. fontecilla 06/29/2014 15:17


Me parece que para entender lo que ocurrio antes de la guerra del Pacifico hay que analizar los puntos siguientes:


- Cuando los espanoles se fueron de America dejaron fronteras que no correspondian a limites naturales, lo que resulto en paises, como Bolivia, donde la capital y la mayoria de la poblacion vivia
en el altiplano, a mas de 3000 de altura, y donde al este habia selva y llanos y al oeste desierto y mar.


- El descampado de Atacama con una frontera casi ignorada por todos hasta que la revolucion industrial europa y norteamericana se transformo en una fuente de nitrato (guano y salitre) que, del
dia a la manana, atrajo gente.


Porque, entonces, los bolivianos no bajaron de la sierra a trabajar el nitrato y los chilenos si dejaron sus tierras fertiles para venir al desierto? Porque, primero, el altiplanico desconfiaba,
y con razon, de las pestes que circulaban abajo y, segundo, el viaje desde el altiplano tomaba practicamente un mes a lomo de mula (no habia caminos sino huellas). Los chilenos, en cambio, podian
venir facilmente por mar hasta Antofagasta (y habia crisis economica en Chile en esa epoca). Lo mismo ocurrio con la prospeccion del salitre y los capitales que tambien eran chilenos (y en parte
britanicos), como la compania de Santos Ossa .


Por esta razon habia en Antofagasta y regiones aledanas muchos mas chilenos que bolivianos. Asi, los componentes geograficos, culturales y economicos favorecieron la ocupacion chilena. Esto era
tambien verdad en Tarapaca.


Las fronteras naturales son muy seguido determinantes sino por que, por ejemplo, Alsacia y Lorena son francesas y no alemanas? por el rio Rin. Las fronteras entre Italia y Francia y entre esta
ultima y Espana son tambien barreras geograficas; Chile debio ceder una gran parte de la Patagonia a Argentina porque no tenia acceso facil a esta, mientras que para los argentinos era una region
accesible por la pampa, etc.


Dudo que el "enclaustramiento" de Bolivia, que resulto de la guerra del Pacifico, haya cambiado significativamente el destino de ese pais. Para gente nacida en la sierra, como la gran mayoria de
los bolivianos, el mar es un concepto no una realidad historica y las barreras geograficas siguen siendo formidables. Aun hoy en dia, Bolivia tiene riquezas enormes, como el litio,  que no
son explotadas correctamente. Porque imaginar que habria sido distinto en Atacama?