Thursday 29 april 2010
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Por Dr. Hernán Jaureguiber
Bernardo Alberte (h)
Cuantos años de bronca e impotencia contenida por tantísimos hombres y mujeres de nuestro pueblo que sufrieron en carne propia la saña asesina del orejudo (mas criminal que la del
recordado Santos Godino) y los efectos perdurables de su política económica destinada a arrasar todo cuanto de soberanía política, independencia económica y justicia social se había concretado
para nuestro país.
Desde entonces, casi talmúdicamente, perseguimos justicia contra este esbirro y sus cómplices
prebendarios del sistema económico por él pergeñado.
Fue tan inmenso el autoprivilegio que se concedió, que fue uno de los pocos símbolos que se mantuvo impune durante tres
décadas largas.
Joe, el orejudo, el nieto del exterminador patagónico, el hijo de puta inigualable, el amigo de Grondona, el numen de la
Sociedad Rural, la de Miguens y Biolcatti, siempre zafó.
Quien no recuerda la frustración de su procesamiento en la década del ochenta, gracias a las garantías procesales –en
las que él siempre se cagó- cuando un allanamiento mal realizado nulificó las copiosas pruebas colectadas en su contra. Después, como en el tango de Manzi, el silencio oficial y el
indulto.
Tuvieron que pasar tres décadas, para que el grito de miles de mártires de su accionar criminal y millones de víctimas
de su política económica, pudieran alcanzar un largo sueño de justicia.
Ahora este sueño, es su pesadilla.
El octogenario abogado de holdings extranjeros, el patricio del neocolonialismo, ha perdido su carta fundamental en la
que basaba su impunidad: el indulto Menemista.
Con el final de su oprobiosa vigencia, queda allanado el camino de la justicia.
Ahora, dispondrá de ese enorme sistema de garantías legales acuñado en occidente desde 1789, al que
tanto desdeñó para sus víctimas y que consagran su condición de inocente hasta que se demuestre lo contrario, y lo que es igual de importante, en pié de igualdad con los otros
mortales.
Esta protección al individuo, tan distinta a la impunidad que gozaba, le dará ocasión de mostrar sus conocimientos
jurídicos, esos que otrora utilizó solamente para idear subterfugios legales que cubrían sus negociados, sus trampas, sus entregas de todo lo nacional.
Ahora recordará las pocas o muchas lecturas de Juan B. Alberdi, que seguramente habrá estudiado en su lejano pasado de
estudiante de abogacía.
Cómo el comulgante diario y devoto de la santa curia que tanto lo respaldó, podrá nutrirse de los conceptos de justicia
también predicados por el evangelio que solo utilizó, hasta ahora, para santificar sus aberraciones.
Ahora, bajo la mirada atenta y expectante de toda esta sociedad contemporánea que no olvidó, seguramente será requerido
por los jueces para responder a los cargos criminales que se le formulan.
Para quienes no tenemos dudas sobre la veracidad de los mismos, nos queda la satisfacción de haber
bregado todos los días de estos largos años para que este momento se hiciera realidad.
Un último mensaje. Joe: no tengas miedo. Nadie te va a torturar, ni arrojarte vivo al mar. Tampoco te
sacarán tus hijos, ni nietos. Mucho menos te tocaran tu patrimonio como vos hiciste con tus supliciados. Solamente te van a juzgar. Y si todo lo que sostienen sobre vos es cierto, irás en cana y
procuraremos, como lo sostienen tus amigos tan adeptos a las consignas de seguridad tronantes en estos días, no entrarás por una puerta y saldrás por la otra. Dada la magnitud
e imprescriptibilidad de tus crímenes, pasarás los años que la naturaleza te brinde, en el único lugar posible para esos delitos de lesa humanidad, es decir la carcel.
Tampoco estarás solo. Seguramente te harán compañía, Videla, Etchecolatz, Bussi, Menéndez y tantos otros y teniendo en
cuenta tu afinidad con ellos, hasta te sentirás a gusto.
Para matar el tiempo (lo único que podrán matar de aquí en mas) pueden organizar un torneo de truco, y mentirse entre
Uds. Eso si, al pueblo Argentino, ya no le mentís mas.
Buenos Aires, 28 de abril de 2010.-
Dr. Hernán Jaureguiber
Bernardo Alberte (h)
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