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El polvorín

MENSAJE DE LA 36

14 Mayo 2011 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

13 de mayo de 2011

 36

 

MENSAJE DE LA 36

 

¡ALGUIEN  CREIBLE TIENE QUE DESMENTIR ESTA INFAMIA!
“Aún no se ha terminado de conocer cuales fueron las negociaciones en el Batallón Florida entre los dirigentes  tupamaros y militares. Cuando aparece un libro,  donde se denuncia que tupamaros y  militares torturaban juntos”  
     “Publicado por Julio Manuel Patiño Brunen su blog este jueves 12”       
¡UY, ES MUY DURO... TUPAMAROS Y MILITARES HABRIAN TORTURADO JUNTOS SEGUN LIBRO!

En la década de 1970, miembros del MLN Tupamaros actuaron en allanamientos y operaciones conjuntamente con fuerzas militares, y luego, en los cuarteles, participaron en actos de tortura junto a los oficiales en perjuicio de empresarios a los que acusaban de haber incurrido en ilícitos económicos. En algunas ocasiones, los tupamaros torturaban directamente, haciéndoles el submarino a otros detenidos, y otras veces colaboraban con la tortura psicológica, fingiendo gritos en los calabozos cercanos para que estos empresarios declararan ante los militares que los interrogaban.
Este nuevo capítulo de la connivencia que llegó a existir y que en otros planos existe hoy, entre tupamaros y militares aparece contenida en un libro del periodista Leonardo Haberkorn, que se presentó este miércoles y que lleva por título “Tupas y milicos”.
El libro se basa en los testimonios del coronel Luis Agosto,  del profesor de historia y ex tupamaro, Armando Miraldi, y del contador Carlos Koncke, quien inició la carrera militar pero terminó militando en el MLN.
Todos ellos tienen en común haber pasado, en distintas circunstancias, por el cuartel de La Paloma, en la zona del Cerro de Montevideo, en 1972, año en que tuvo lugar la llamada tregua: conversaciones entre militares y tupamaros que estaban presos, quienes, a cambio de que pararan las torturas, colaboraban con la oficialidad en la investigación de ilícitos económicos.
“La inquietud de trabajar juntos vino de los tupas, que nos decían: ustedes nos cagan a patadas a nosotros, pero a los que causaron todo este despelote, no recuerda el coronel Agosto. Ahí empezamos a investigar los ilícitos económicos. No sé quién lo decidió. Yo era un simple capitán y eso vino de arriba. Hubo una orden superior para que empezáramos a trabajar en esos temas. No fue una cuestión mía pero no me pareció mal, al contrario”.
De aquel momento en que tupamaros circulaban con libertad por La Paloma y compartían la comida con los oficiales, Mónica, una ex guerrillera que dio testimonio para la publicación, cuenta:  “El clima era totalmente peruanista. Eran cuadros del Ejército que compartían esa visión de cambiar el Uruguay. Tenía claro que para que esos planes se hicieran realidad tenía que haber un golpe de Estado. Algo así como milicos y tupas unidos y adelante. Era la toma del poder unidos con los enemigos. Nunca pensé que fuera a ser un proceso pacífico, no se podía pensar que eso fuera a ocurrir por un proceso electoral”.
En ese clima los oficiales comenzaron a dejar participar a tupamaros en acciones militares. “Sin que mediara la orden de un juez, los oficiales de La Paloma realizaban allanamientos en diferentes empresas o estudios contables y expropiaban libros o documentos para investigar si existían delitos económicos que merecieran ser perseguidos. El Ejército y el MLN, juntos, actuaban así por encima del Poder Judicial y del sistema institucional en su conjunto”, dice el autor del libro. Y Koncke lo avala: “Yo iba vestido de civil. Recuerdo que entrábamos a los lugares bien al estilo militar: duros, atropellando, y todo el mundo en el molde. Fui a dos o tres lados así”.

En un momento de la tregua “el cuartel empezó a llenarse de una nueva tanda de presos, pero esta vez no eran tupamaros, ni sindicalistas, ni izquierdistas de ningún tipo. Eran empresarios y profesionales detenidos en función de los documentos comerciales y financieros incautados, sospechosos de corrupción, acusados de defraudar impuestos, señalados como los responsables de vaciar el país con la mirada cómplice de los políticos venales. Ellos se llevaban la riqueza del país y eran la causa de la subversión. Por su culpa los tupamaros de habían alzado en armas. Los oficiales de La Paloma y de otras unidades habían decidido que era hora de que pagaran sus culpas: la subversión debía ser eliminada desde su propia raíz”.

Pero las cosas empezaron a ir más lejos, y los tupamaros presos aceptaron teatralizar la tortura cada vez que caía por el cuartel un empresario, alguien a quien tanto militares como guerrilleros veían como enemigos. Cuenta Agosto“Los tupas se prestaban para estar en celdas cercanas y gritar en esos momentos. Desde la pieza de al lado a la que usábamos para interrogar a los ilícitos, los tupas gritaban: ‘No, no me mates, no me mates’, y los tipos se asustaban y declaraban sin que les hiciéramos nada. Los tupas gritaban y los tipos se cagaban y pedían para confesar”.

El coronel retirado relata que algunos de los presos del MLN ya habían colaborado en los interrogatorios, incluso antes de la tregua. “Había uno, prefiero no decir el apellido, que interrogaba: un tupamaro que interrogaba a tupas. Y yo lo dejé interrogar porque quería que agarrara confianza, sabía que él estaba ocultando algo. Hasta que un día por sorpresa lo fui a interrogar a él. “Que te pasa Juan, que te pasa”, me dijo. Pero yo ya había averiguado que él era el que había estado debajo de la iglesia cuando mataron a Acosta y Lara. Fue el que avisó del momento de disparar, porque los de arriba no veían cuando aparecía Acosta. Ese tupamaro metió a muchos tupas adentro. Eso lo puedo mencionar perfectamente”.
Koncke relata luego lo que le pasó a León Buka, “un simple contador como hay miles. Lo detuvieron porque lo denunció un tupa de veintipocos años, un estúpido, un débil mental que lo hizo solo para estar bien con los milicos. ¿De qué lo acusaban?, de nada. ¡En aquel momento no existía el blanqueo de capitales, porque no había impuesto a la renta! Pero los milicos no entendían nada de nada. Lo torturaron de manera brutal. Yo sentía necesidad de consolarlo, de acercarme y decirle: ‘Mire que esto va  a pasar’, pero no lo puede hacer”.

“La indignación de Koncke aumenta cuando recuerda que al menos uno de los tupamaros presos colaboró en los interrogatorios y en la tortura a los detenidos por supuestos ilícitos económicos. Él mismo recibió una oferta para sumarse a esa experiencia, pero se negó a participar”, señala el autor.

Koncke afirma: “A mí los militares me quisieron llevar a interrogar, pero yo les dije que de ninguna manera, que eso era cosa de ellos. Pero sí recuerdo a un tupa que sí aceptó interrogar a los ilícitos y fue. Yo lo vi. ¡Lo vi yo mismo! Era un tipo muy especial, un verdadero rico tipo. Y cuando volvía se ufanaba: ¡Yo le metía la cabeza en el tacho, sí! Estaba orgulloso de lo que había hecho”.

El autor vuelve a tomar el relato: “En una correspondencia a la que pude acceder para esta investigación, otro integrante del MLN preso en La Paloma revivió así aquellos momentos: Al contador Buka, colorado y de Jorge Batlle, lo masacraron en sesiones públicas y privadas, con el apoyo técnico en la tortura de dos compañeros. Y ese fue el caso más llamativo pero hubo otros menos ruidosos aunque no menos vergonzantes, todos relacionados con los ilícitos económicos”.

Haberkorn cita la publicación Ecos revolucionarios, de Rodrigo Véscovi, en la que Pedro Montero, tupamaro preso en batallón de artillería 2, cuenta: “Después se torturó a toda la gente de Jorge Batlle y participamos nosotros en la tortura. Recuerdo que dentro del batallón de artillería 2 viví la tortura de civiles de derecha y a eso me opuse. Lo que no puede ser es que hubiese compañeros nuestros haciendo, digamos, de soporte asistencial a los torturadores y preguntando. Y eso para mí, que me disculpen, no lo paso ni lo dejo pasar, lo denuncio. Era infame”. Haberkorn le pregunta por este oscuro episodio a Henry Engler, quien respondió: “Es espantoso, espantoso. Inadmisible. El MLN siempre descartó la tortura. Eso fue una deformación”.
“Si uno está luchando en el campo, donde es posible reunirse todos los días y reflexionar sobre lo que está haciendo, puede ser que esto pase”.
“Uno se va endureciendo, pero la ternura le cuesta mantenerla. Uno se pone más duro, es casi inevitable. De la misma manera que el que comienza a torturar empieza a ir un pasito más, un pasito más, montones de barreras que tenemos desde el nacimiento, o por la educación que recibimos, se van rompiendo”.
El ex presidente de la República por el Partido Colorado, Julio María Sanguinetti, se refirió este viernes al contenido del libro “Milicos y Tupas”, del periodista Leonardo Haberkorn, donde se da cuenta que en la década de 1970, miembros del MLN-Tupamaros actuaron en allanamientos y operaciones conjuntamente con fuerzas militares. Agrega que en los cuarteles, los tupamaros participaron en actos de tortura junto a los oficiales en perjuicio de empresarios a los que acusaban de haber incurrido en ilícitos económicos.
“Yo creo que era bastante notorio y conocido; lo que no había era una investigación con evidencias”, afirmó Sanguinetti en declaraciones al programa Tiempo Presente, de radio Oriental.
“En aquel momento bajo el rótulo de ilícitos económicos se produjo una coincidencia. Había unos famosos capitanes que eran los titulares de esta represión en lo cual coincidían con una serie de tupamaros que tenían presos ellos mismos y allí fueron presos muchos empresarios”, recordó el ex mandatario. Y agregó: “Muchos en condiciones adversas, torturaron también y en eso estaban sumados los tupamaros, eso es lo que se sabía”.
El libro se basa en los testimonios del coronel Luis Agosto,  del profesor de historia y ex tupamaro Armando Miraldi, y del contador Carlos Koncke, quien inició la carrera militar pero terminó militando en el MLN. Todos ellos tienen en común haber pasado, en distintas circunstancias, por el cuartel de La Paloma, en la zona del Cerro de Montevideo en 1972, año en que tuvo lugar la llamada tregua: conversaciones entre militares y tupamaros que estaban presos, quienes, a cambio de que pararan las torturas, colaboraban con la oficialidad en la investigación de ilícitos económicos.
El senador Eleuterio Fernández Huidobro dijo que “es un disparate” hablar de connivencia entre militares y tupamaros. “Que yo sepa, que yo conozca -y yo fui dirigente del MLN- jamás me enteré ni nadie me dijo que algún compañero” haya ayudado a militares a torturar, prosiguió. “No era línea de la organización, es un tamaño disparate”, afirmó Fernández Huidobro. Agregó: “Tampoco tuve noticias de que nadie se hizo el vivo. Es la primera vez que oigo una cosa de esas en mi vida. Tampoco que alguien, un loco suelto, haya hecho alguna cosa en nuestro nombre”.
Sanguinetti reflexionó: “Los extremismos nos van llevando a eso, los monopolistas de la verdad que siempre son los que arrastran a las sociedades en nombre de una convicción absoluta y sin matices a estas tragedias, que luego dura mucho tiempo superar”.
El Semanario Búsqueda publica en su edición de este jueves que los “Tenientes de Artigas” se consideran en “alerta”. Y acusan al Movimiento 26 de Marzo de estar preparando atentados contre miembros de esa logia y de sus familiares.
Los integrantes de la logia militar “Tenientes de Artigas” se encuentran en estado de “alerta” debido a versiones que circulan entre ellos acerca de presuntos planes de grupos de ultraizquierda para alentar en su contra en caso de que el Parlamento no anule la “ley de caducidad”.
Fuentes militares en actividad y en retiro informaron a Búsqueda que durante las últimas horas comenzó a circular la versión entre los miembros de esa logia.
En un mensaje de correo electrónico que fue distribuido entre varios integrantes del grupo, que reúne a oficiales retirados y activos principalmente del Ejército pero también de la Armada y de la Fuerza Aérea, y al cual accedió Búsqueda se indicaba:
“De fuente confiable una agencia propia fue advertida que de rechazarse la ley eliminatoria de la caducidad, integrantes del Movimiento 26 de Marzo estarían preparando atentados contra miembros de los Tenientes de Artigas o sus familiares”.
“Consideran que son los responsables de arruinar el proyecto de anulación de la ley de caducidad y sus ataques tendrían como objetivo venganza y amedramiento ante futuras situaciones en las que tenga incidencia política en decisiones del gobierno sobre temas militares”.

Consultado por Búsqueda ayer miércoles 11, el coronel retirado Carlos Silva, referente de la logia, señaló que todo surgió “a partir de una conversación entre un grupo de personas, circunstancialmente escuchada por algún camarada”.
De manera paralela otra fuente aseguró que un integrante de la logia escuchó una conversación de manera casual sin que mediara operación de espionaje alguna. “Estamos en un nivel de alerta amarillo, digamos”, comento esa fuente.
Tenientes de Artigas tuvo un papel protagónico en el golpe de Estado que inició la última dictadura; luego, particularmente durante la década de los 1990, sus integrantes mantuvieron contactos y encontraron varios puntos de acuerdo con miembros de su otrora enemigo el Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros MLN-T, para garantizar su convivencia pacífica.

El primero en salir a desmentir las graves denuncias puestas de manifiesto en este libro, “Tupas y milicos” ha sido Eleuterio Fernández Huidobro, el gran amigo y camarada de los “Tenientes de Artigas”. Que los militares y la policía torturaban a sus detenidos no hay duda, lo nuevo en cambio es que algunos tupamaros hubieran terminado como dice la publicación de una manera más civilizada y aggiornada a los tiempos que corren perdiendo la ternura. Claro que tanto el escritor y periodista como los entrevistados tupamaros y militares tendrán que presentar pruebas contundentes al respecto, ya que las acusaciones son de una magnitud hasta ahora impensables.

Omo impensable es lo que declara el propio Huidobro, quien dice desconocer que se llevaran a cabo torturas conjuntas entre tupamaros y militares, y en algo se puede coincidir con el jefe guerrillero pese a las dificultades en creerle, y es en cuanto a la imposibilidad de que pasara algo en aquella época, entre militares y tupas que escapara a su conocimiento. Un hombre que entraba y salía a los cuarteles, que se entrevistaba con dirigentes de la organización que todavía estaban en libertad, que daba clases de política a los oficiales dentro de los cuarteles, que escribía tesis sobre la composición de las Fuerzas Armadas y que demostró su amistad y lealtad a aquellos capitanes y tenientes con quienes se siguió reuniendo hasta el día de hoy.

¿Entonces debemos preguntarnos cual es la razón que recién ahora salga a luz esta otra versión de las conversaciones y el tema de los ilícitos entre tupamaros y militares?
¿Posiblemente se querrá incidir en el tema de las violaciones a los derechos humanos, y la ley de caducidad, cuando está en su punto más contradictorio dentro del Frente Amplio?
¿Pero si se llegara a confirmar que ha sido cierto, lamentablemente verdadero?
¿Con que autoridad el Frente Amplio en el Gobierno, con un jefe tupamaro en el Gobierno como Mujica, con la fuerza mayoritaria en el Parlamento, con un ministro tupamaro de Defensa como Rosadilla, y otro ministro tupamaro del interior como Bonomi.
¿Con que fuerza moral, puede condenar la tortura y las desapariciones, cuando se pone en duda su participación en estas aberraciones?   
¿Si Sendic no aceptó la rendición incondicional propuesta en esas negociaciones?
¿Qué fue lo que pasó más tarde, pero al poco tiempo, en estas otras negociaciones respecto a los ilícitos económicos?
¿Si Huidobro no se enteró de lo que pasaba quienes se enteraron entonces?  
¿Y por que entonces estos secretos han sido tan bien guardados hasta ahora?
¿Y por que la casualidad que sea Huidobro el más ferviente defensor de los militares de las negociaciones, de los “Tenientes de Artigas”, hoy pobrecitos tan asustados, estos niños de pecho y en alerta amarilla ante la eminencia del “fin de la ley de caducidad” y sobre todo de los nuevos atentados del Movimiento 26 de Marzo.  

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