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El polvorín

Moira Millán Fragilidad y fuerza de la mujer mapuche

8 Octubre 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

Moira Millán es mujer, indígena, madre de cuatro hijos y guerrera de la Nación Mapuche. El costo de esa lucha y de esa condición es muy alto. Moira es ejemplo de la fuerte persecución que viven los mapuches en Argentina, y de su resistencia.


Entrevista de Joana Moncau

Canto Mapuche por Moira Millán

Escucha (1′39”):

 

Descarga aquí.


En marzo de 2009 la comunidad de Moira fue víctima de una situación de terrorismo de Estado: en un único ataque hubo más de 30 casos de tortura, violaciones, desparecidos e incluso asesinados.

Como vocera, estuvo al frente de las denuncias de esos abusos y, desde entonces, sufre sistemáticas amenazas y persecución, todo parece indicar que por parte del gobierno de la provincia de Corcovado.

La gran amenaza que su comunidad representa es la resistencia a un proyecto de desarrollo que da prioridad a las transnacionales. En específico, al Aprovechamiento Hidroeléctrico de la Cuenca del Río Carrenleufú, que implicaría la construcción de seis represas en la zona de Corcovado, una de ellas a diez kilómetros de Pillán Mahuiza, comunidad que está amenazada de ser totalmente sumergida. La energía será mayoritariamente destinada a alimentar emprendimientos minerales en Chile.

En la siguiente entrevista Moira habla a Desinformémonos de su condición de mujer mapuche en resistencia: “No me siento víctima. Siento que es parte de lo costos que lamentablemente una tiene que asumir cuando toma consciencia de que hay una nación invadida militar, política, económicamente. Esta lucha continuará vigente hasta que consigamos nuestra liberad”.

El lugar de la mujer entre los mapuche

El mundo mapuche no era una cultura machista y patriarcal, como lamentablemente vemos hoy en las comunidades afectadas por la colonización.

Para poder entender el lugar que ocupa la mujer en la estructura social y política en el Wallmapu, hay que considerar, sobre todo, la estructura filosófica, espiritual y religiosa de nuestro pueblo. Porque en el idioma mapuche, cuando estamos frente al regual, el altar donde se hace la ofrenda a la tierra, una escucha que se nombran las fuerzas de la naturaleza en su condición de mujer, de hombre, de anciano, en su condición de joven. Entonces comprendemos que en cada momento la naturaleza lleva en sí la dualidad hombre-mujer. Esa fuerza es inherente a nuestra naturaleza, así seamos mujeres u hombres, tenemos la fuerza femenina y la fuerza masculina de la tierra.

En eso sentido el pueblo mapuche ha dado relevancia justamente a la existencia de esa fuerza, sin importar la condición sexual de la persona. No hay un rol inherente al hombre ni a la mujer. Los roles se desarrollaban a partir de la fuerza con la que venía una persona al mundo, a la vida. Siempre habían roles fundamentales para sostener el conocimiento del mundo mapuche.

En el mundo mapuche, durante la avanzada de la corona española en nuestro territorio, se desarrolló una dinámica militar muy particular y muy propia en la que tenían participación tanto hombres como mujeres. En el mundo mapuche no había ejército mixto. Eran ejércitos de puras mujeres y ejércitos de puros hombres, cada uno de ellos desarrollaba su propia estratégica de resistencia militar según sus características.

Pero claro que la cultura occidental no quiere reconocer los aspectos valiosos del mundo femenino mapuche, ni su contribución en el proceso de resistencia de ese pueblo. Desprecian constantemente a la mujer mapuche. La lógica patriarcal machista que colonizó nuestro territorio, nunca reconoció el valor ni la capacidad de las estrategias militares de los ejércitos femeninos.

De hecho, los historiadores de la época y los cronistas en general hablan mal de los pueblos mapuche, pero hacen algunas excepciones con los hombres. Encuentran atributos como “fuerte, robusto, buenos guerreros”. Pero son tremendas las barbaridades que dicen sobre nosotras, las mujeres mapuche. Éramos feas, salvajes, libertinas, no había un sólo atributo positivo en esas descripciones.

Guacolda, Janequeo y Fresia fueran alguna de las mujeres comandantas que supieron organizar la fuerza militar femenina de nuestro pueblo, resistir e incluso ganar batallas. Esas grandes estrategas militares desarrollaban justamente su capacidad física, su capacidad emocional, su percepción del mundo. Ellas escribieron una parte importante de la resistencia de la historia del pueblo mapuche, pero no son mencionadas en la historia oficial.

El retorno de las guerreras mapuche

Tuvimos problemas enormes en la recuperación de nuestra autoestima como mujeres mapuche y todavía vivimos el proceso de identificación de nuestra identidad.

Primero fueron los campos de concentración que establecieron los Estados Nación, tanto chileno como argentino. Particularmente en el argentino eran terribles y hay descripciones infames de cómo se manejaban con nosotras. En esos campos de concentración nuestras mujeres eran violadas, torturadas, embarazadas. Ahí tenían a sus hijos en condiciones inhumanas.

Una antepasada mía estuvo cautiva en esos campos de concentración y ahí tuvo a su bebé. Nosotras que somos madres sabemos el momento de debilidad que se vive antes el parto. En ese momento se encontraba cuando vino la orden para trasladarlos (lo que nosotros llamamos “deportaciones de la muerte”), se llevaban a miles, a cientos de nosotros caminando distancias de hasta dos mil kilómetros, de la Patagonia a Buenos Aires, por ejemplo. Engrillados, sin comer, sin agua, morían en una cantidad asombrosa. Esa mujer que llevaba su bebé recién nacido, retrasaba la columna, entonces vino un militar argentino y le pidió a su bebé. Ella se lo dio pensando que él lo llevaría en su caballo, pero el militar se lo tiró a los perros y el niño murió a mordiscones. Estoy hablando de algo que sucedió 150 años atrás.

Padecíamos mucho el maltrato del Estado y de una sociedad machista. Incluso era socialmente aceptable para la sociedad argentina que las mujeres mapuche que trabajaban como esclavas domesticas en casas, dejasen el trabajo con un hijo del patrón. Porque además de limpiar la casa, tenían que atender las necesidades sexuales del tipo, o sea, éramos violadas. Otras veces, la mujer iniciaba sexualmente al hijo mayor de su patrona. Por supuesto, para la sociedad eso estaba bien.

Entonces nosotras, mujeres mapuche, ¿cómo rompemos el espejo que nos impuso el colonizador donde se refleja el estigma de la pobreza, la fealdad y la incapacidad? ¿Cómo nos descubrimos? Ya empezamos a mirarnos a través de nuestras propias pupilas, de las pupilas de nuestras pares, que son nuestras mujeres. Hay que revalorizar la sabiduría que teníamos, el lugar que ocupábamos. Afortunadamente hay un despertar de las mujeres mapuche. Cada vez más son las hermanas que están en la lucha.

Tenemos el caso de la hermana mapuche Juana Calfunao que está presa desde 2006. También tenemos el caso de La Chela, quien condenada a 10 años de prisión estuvo en una huelga de hambre de más de 100 días, como forma para dignificar la presencia de la mujer mapuche en la lucha por la liberación de nuestro pueblo. Hay Machis (jefas espirituales) que están siendo perseguidas. Machis que están en la clandestinidad por luchar por la preservación de la tierra.

La mujer mapuche está despertando un nivel de compromiso importantísimo, ya no sólo en la participación doméstica. Sí, las mujeres somos las responsables de inculcar en nuestros hijos nuestra identidad y recordarles que alguna vez fuimos un pueblo libre, pues estos valores los van a acompañar por lo resto de sus vidas. Además, ahora las mujeres mapuches nos comprometemos a involucrarnos de manera activa en el proceso de búsqueda de liberación.

La mujer mapuche y la lucha en la Argentina de hoy

Es realmente muy difícil luchar en una Argentina europeísta y descolorida. En una sociedad sumamente racista, como la argentina, las mujeres indígenas que luchamos representamos algo depreciable.

Una vez un periodista me dijo que la sociedad argentina nunca me iba a perdonar por ser indígena, por ser pobre, por no haber estudiado en una universidad y por atreverme a cuestionar la historia, la estructura, la lógica y el modelo de sociedad de ese país.

Yo podría ser la sirvientita que le limpia la mierda, el baño, la casa y de pronto me paro y les digo que todo lo que han hecho, lo han hecho mal. Y encima, planteo que en mi pueblo existe la posibilidad de un nuevo mundo. Eso es algo que la sociedad argentina no me va a perdonar.

En Argentina ha costado mucho trabajo reconocer que hay pueblos originarios, siendo que hay 26 pueblos en naciones originarias. A Argentina, con su visión europeísta de sí misma, le cuesta muchísimo entender que se está desarrollando una lucha estructural desde la nación mapuche. No es una lucha por planes sociales, por becas, por ser parte del Estado o hacer parte del sistema. Es una lucha por cambiarlo todo. Y eso en el pueblo argentino genera temor. Cuando una dice “yo no soy argentina, no soy chilena, soy mapuche”, lo primero que les preocupa es el secesionismo, la independencia, la conformación de una nueva República mapuche.

Con esas discusiones si pierde justamente el eje de lo que nosotros estamos planteando. Que es la interpelación al modo de desarrollo. Incluso, más profundamente, a las estructuras que sostienen la lógica o el pensamiento de la cultura dominante, esa visión antropocéntrica, “hombre-céntrica”, individualista, materialista, economicista, patriarcal y racista.

Así que la mujer mapuche tiene un doble desafío por empezar: el de ir descolonizándose a sí misma, de ir valorándose y reencontrando su fuerza, y, por otro lado, descolonizar a nuestros hombres. Porque también el mundo mapuche está completamente atravesado por la colonización, por el patriarcado, por el machismo.

Madre en resistencia: fragilidad y fuerza

Los hijos son nuestras mayores fuerzas y nuestras mayores fragilidades en la lucha. Nuestro mayor compromiso es en dejar un mejor mundo para nuestros hijos. Sin embargo, como mujer mapuche que ha estado siempre en la lucha, las principales críticas y enfrentamientos que he tenido con el sistema han sido justamente con mi derecho a ser madre.

No sólo nos encontramos con la represión del Estado frente a nuestra demanda y nuestra lucha. El Estado aprovecha también nuestra condición de mujer y madre para reprimirnos. Busca estrategias de debilitamiento con mecanismos represivos muy sutiles, pero muy eficaces.

Por ejemplo, en plena lucha anti represa, sufrí el juico de tenencia de mis hijos más grandes. Sufrí, además, de una fuerza fascista que me dice que soy una madre que pone en riesgo la integridad física, psicológica e incluso jurídica de mis hijos. Eso, por estar viviendo en tierras recuperadas y por estar llevándolos a las acciones, como cortar una ruta, tomar un organismo. Adonde yo iba llevaba a mis hijos ¡por supuesto! ¿Qué iba hacer? Soy madre sola y mis hijos son parte de mi vida. Me los quitaron, perdí la tenencia de ellos. Apelamos, luchamos para recuperarlos y no tuvimos éxito. Fueron momentos de mucho dolor y desgaste.

Cuando una mujer tiene que asumir el compromiso de la lucha, como lo hacemos las mujeres mapuche, y al mismo tiempo eres madre, necesitamos revisar lo que es ser madre. Por ejemplo, una de las acusaciones que me hacían en el juico era sobre el tiempo que yo pasaba fuera de las comunidades lejos de mis hijos. El capitalismo no perdona que nosotras dejemos de pasar tiempo con nuestros hijos para poner este tiempo en la organización de la lucha contra el sistema. En cambio, ven con muy buenos ojos a la madre que pierde la plenitud de la maternidad porque trabajan 16 horas al día para que el capitalismo se siga enriqueciendo, disfrutando de la explotación del cuerpo, del tiempo, del espirito de esa mujer, que tiene que dejar a sus hijos para poder darles de comer y trabajar por nada.

En este proceso de descolonización lo que más me cuesta es tratar también de deshacerme de los roles impuestos por el patriarcado. Es como si lo peor que si puede pasar para una madre es dejar a sus niños. Ser madre no se limita a estar junto, compartir o educar a mis hijos, sino que es comprometerse a dejar un mejor mundo para ellos. Hay gente que cree que ser madre o padre es darle bienes materiales, una buena computadora, un televisor de pantalla plana. En verdad, ser buen padre, buena madre, implica comprometerse en que el planeta pueda ser un buen lugar para nuestras nietas, para las generaciones venideras.

La lucha para nosotras, las madres mapuche, es muy difícil. Porque es tratar de mostrar el amor que tenemos a nuestros hijos y, al mismo tiempo, que nuestros hijos interpreten que ese amor no es una exclusividad de ellos, es una exclusividad hacia la vida. Y a veces implica luchar para que no hagan una represa, luchar para que las mineras no avancen, luchar para que las forestales no depreden lo que nos queda de bosque. Entonces hay riesgo de caer en la cárcel, hay riesgo de que nos maten, hay riesgo de tener que irnos y dejarlos a ellos para poder llevar adelante la lucha.

Entonces es un nuevo modo de ejercer nuestro derecho a la maternidad, que implica también la posibilidad de construir el amor de la resistencia desde la trinchera, desde la lucha. Ojala algún día nuestros hijos digan: “Nuestras madres cuidaron no solamente de nosotros y nos hicieron buenas personas, también defendieron ese campo, ese bosque en el que nosotros hoy podemos desarrollar nuestras vidas”.

Una gran preocupación nuestra es que toda la sociedad pueda saber que hay un pueblo en el sur del Continente, una nación de 20 mil años de existencia, como es la Nación Mapuche, que está siendo perseguida, reprimida, judicializada, estigmatizada.

Hay una fuerte campaña, tanto de Chile como en Argentina, de que somos terroristas. Antes éramos los indios salvajes, hoy somos terroristas. Siempre encuentran alguna manera de justificar el aniquilamiento y la persecución de nuestro pueblo.

Ese pueblo y esta nación tienen una lucha que nos transciende, que es la lucha por el resguardo de la vida. Que cuando un mexicano, un canadiense, un brasileño, alguien de cualquier parte del mundo, escuche que hay un pueblo en lucha en el sur de la tierra, que sepa que es un pueblo que está luchando por un modo de habitar la tierra diferente. Ojalá que todos se solidaricen. Que no nos dejen solos. Que no permitan que el sistema y los Estados Nación, tanto chileno como argentino, nos aíslen. Que puedan luchar con nosotros. Que puedan ser multiplicadores de nuestras voces, de nuestro grito de ayuda y de nuestro grito de rebeldía. Que se preocupen en poder comprometerse, ya sea con campañas de boicot u otras formas.

Por ejemplo, estamos tratando de salir a boicotear la aviación Lan Chile, una de las principales empresas que tiene el presidente Sebastián Piñera. Él es un personaje siniestro que permanece implacable frente a la demanda y el sacrificio tremendos que están haciendo los compañeros en una huelga de hambre larguísima. Piñera no quiere ceder. No entiende que son derechos fundamentales que nuestro pueblo tiene y que son contundentes en sus reclamos. Sería muy bueno que se organizara una campana mundial en contra Lan Chile, pues hasta que sus intereses económicos sean tocados él no se va a sentar en una mesa de diálogo, no va querer escuchar la demanda de lo pueblo mapuche.

 

Tomado de Desinformémonos.

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Julia 11/22/2010 18:40



 


Moira Millan es Huerquén (vocera) de la Comunidad mapuche Pillán Mahuiza (Patagonia, Argentina), de la
cual es integrante, vive actualmente como exilada política en Buenos Aires. Y integrante, sobretodo, de la Walmapu, que comprende los mapuches de Argentina y Chile.



El polvorín 11/22/2010 20:25



Gracias por el dato Julia



osvaldo 10/11/2010 14:24



cual es tu comunidad Moira? no me queda claro si tenes problemas en chile o en argentina



El polvorín 10/11/2010 16:45



La nota esta tomada de una revista méxicana... (a la que ahora no puedo entrar). Pero encontre en indymedia Argentina una nota del año 2005. Es de Chubut http://argentina.indymedia.org/news/2005/10/335924.php