Overblog
Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog
El polvorín

MONEY

19 Abril 2012 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica


Nombre-copia-6.jpgAnibal Teran Castroman.

 

 

Releyendo la traducción de una de las más populares canciones del  legendario cuarteto The Beatles, se hace muy claro que de aquel discurso que sonaba en su momento tan desfachatado y rebeldón, no quedan más que tenues recuerdos. ¡Qué lindo era escuchar en la década del sesenta un alegato como el de “Money”, que ponía en ridículo al dinero y su poder! Decían aquellas estrofas:

“Las mejores cosas de la vida son gratis.
Pero las puedes dejar para los pájaros y las abejas.
Ahora dame dinero, eso es lo que quiero.
Eso es lo que quiero, sí. Eso es lo que quiero.

Es cierto que el dinero no lo consigue todo.
Pero lo que no consigue el dinero,  no me es útil.
Así que dame dinero, eso es lo que quiero.
Eso es lo que quiero. Si, eso es lo que quiero.

Tu amor me resulta emocionante.
Pero tu amor no paga mis facturas.
Ahora dame dinero, eso es lo que quiero.
Eso es lo que quiero, sí. Eso es lo que quiero”

Aún me agrada leer éstas palabras, representativas de la postura de una generación que parecía dispuesta a cambiar el rumbo de la historia. Los que vivimos aquella época, asistimos al fenómeno social que tuvo, entre otros protagonistas, a este estupendo grupo de músicos. Nos contagiamos de la ilusión que alimentaban, vimos cómo se sacudían las vetustas estructuras del sistema y todo parecía augurar nuevos tiempos.

Después lamentablemente, igual que otros, The Beatles se transformó en un producto comercial. Y Paul Mc Cartney no es más que eso. Vino a vendernos su último show, a llevarse todo el dinero que pudiera entrar en sus bolsillos y el de su numeroso séquito.

No fui al recital. Ni siquiera consideré la posibilidad de ir. Apoyar lo que hoy ofrece este ex Beatles, siento que sería una especie de traición. Y no podría traicionar los hermosos ideales de aquella maravillosa década de los sesenta del siglo pasado; es más: estoy convencido de que debemos recuperarlos.

Viendo los Canales de Montevideo, todos saturados de “mcCartneysmo”, me sorprendió un informe  en el que se veía a varias mujeres llorando de emoción. Se abrazaban y decían cosas como: “es un regalo de la vida”, “nunca pensé vivir esto”, “no lo puedo creer” y frases por el estilo. ¿Qué conmocionaba tanto a estas personas que no podían casi hablar por el estado de shock  en que se encontraban?  Según explicó el reportero, su alteración se debía a que Paul las saludó por la ventanilla del auto al entrar al estadio. Estaban estremecidas porque lo habían visto y habían sido vistas por él. Las miró un segundo y les levantó la mano. Suficiente para quedar embelesadas, para sentirse privilegiadas.

Este solo ejemplo de cómo algo muy simple puede hacer feliz a alguien, da cuenta de cómo funcionan las emociones y lo importante que son para los humanos. Por eso tenía sentido aquel texto de “Money” que se burlaba del dinero. Porque las cosas más importantes de la vida, como un gesto de afecto, una sonrisa atenta, no se pueden comprar.

Sin embargo, la realidad es que Paul Mc Cartney no vino a regalar sonrisas y afecto. Eso se hizo evidente en el gran negocio que fue su visita. Sin escrúpulos se vendió el producto Mc Cartney en todas las formas posibles e imaginables. No solo entradas para el show, la prueba de sonido, la proximidad con el ídolo, sus discos, sino camisetas, vasos, llaveros, banderas, bufandas, gorros, lentes, … hasta un embutido fue bautizado “salchipaul”. El rockero que criticaba al sistema, fue absorbido por él y se transformó en mercadería.        

A la luz de todo esto, el texto de “Money” hoy ya no es una protesta, es un himno al consumismo que hay que leer literalmente. Este veterano que nos visitó ya no representa la resistencia, es parte del ataque consumista.

Al menos así lo veo yo, que soy apenas uno más del inmenso grupo de centenares de miles de uruguayos que no compramos esta visita.

                                                                                                           Aníbal Terán Castromán

Compartir este post

Comentar este post