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El polvorín

Mónica Baltodano El aborto, una cuestión legal y legítima

15 Octubre 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

Mónica Baltodano, exguerrillera sandinista, dirigente del Movimiento por el Rescate del Sandinismo y actual diputada en la Asamblea Nacional de Nicaragua, habla en entrevista de la complejidad de la penalización del aborto en su país.


Amaranta Cornejo Hernández

Por lo que luchamos…

La interrupción del embarazo, el aborto en general, no debe de ser visto como un método anticonceptivo, lo fundamental es privilegiar la educación sexual, por ejemplo en los adolescentes. Nicaragua es el país que tiene el más alto índice de embarazos en adolescentes en toda América latina. Dentro de esos embarazos hablamos de niñas menores de doce años, embarazos que vienen de relaciones no consentidas por la niñas.

La penalización en Nicaragua

En el año 2006, tres semanas antes de las elecciones presidenciales, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) promovió la reforma del Código penal que penalizaba la interrupción del embarazo por razones de carácter médico. La argumentación de la jefa de campaña, esposa de Daniel (Candidato presidencial del FSLN) fue: no al aborto, sí a la vida. El FSLN respalda la posición de la iglesia católica y de la iglesia en general contra el aborto en cualquier de sus formas porque es un atentado contra la ley y contra la vida.

Ante los cuestionamientos surgidos al interior del mismo FSLN, la jefa de campaña en ese momento argumentó que como estaba en debate el nuevo Código penal que iba a sustituir al de cien años atrás, entonces en ese momento se iba restituir el derecho al aborto por razones médicas. O sea que en el 2006 se penalizaba porque necesitaban conseguir votos, pero que en el 2008 ellos iban a buscar que se restituyese la despenalización. Lo cual no sucedió, porque ya estando Daniel Ortega en el poder, se fortaleció el pacto y las alianzas con la jerarquía católica. Hasta la fecha, el aborto bajo cualquier causal es ilegal y conlleva condenas de dos a tres años de cárcel.

¿Ilegalización o criminalización en referencia al aborto?

La ilegalización establece en el Código penal que todo tipo de aborto es un crímen punible, perseguible que da cadenas de dos a tres años a los médicos o a las mujeres. Esto conlleva un proceso de criminalización. O sea, quien lo practica es visto como delincuente, y criminalizado porque son acusados prácticamente de matar. Son procesos que al inicio van de la mano porque implican una conducta de la sociedad y de los órganos judiciales, incluso de grupos dentro de la sociedad que convierten al aborto en un crimen penable, perseguible. Incluso se organizan como grupos de presión dentro de los hospitales, para investigar y hacer acciones de espionaje y denunciar.

El aborto es no sólo una cuestión legal sino también legítima

La defensa del derecho al aborto tiene que ver no sólo con la legalidad. Tiene que ver con derechos esenciales de la mujer a disponer de su propio cuerpo, y de decidir si quiere o no ser madre. La decisión de la maternidad es un derecho legítimo que no debería estar sometido siquiera a procesos de carácter legal. Estamos hablando de un derecho humano, para el cual está el acceso a la adecuada información sobre el propio cuerpo de cada mujer, el acceso a anticonceptivos. En Nicaragua la demanda de anticonceptivos sólo está cubierta en un 43%. Entonces no es sólo una cuestión de legalidad sino de un derecho humano que nosotras las mujeres debemos hacer valer con nuestra lucha.

La penalización del aborto implica un sesgo discriminatorio por sexo y clase

Hay un sesgo, evidentemente por sexo por ser las mujeres quienes nos embarazamos. Hay también un sesgo por clase social porque las menos informadas son las mujeres de menos recursos: tienen menos acceso a la educación, tienen menos acceso a los métodos anticonceptivos, y por supuesto, tienen menos posibilidad de acceder al servicio de interrupción del embarazo clandestinos y en condiciones de peligro.

Las mujeres de clase media o alta tienen clínicas de cierto nivel, donde pagando se practican el aborto en condiciones clandestinas pero más seguras. Incluso hay muchas mujeres que salen a practicarlo, si es terapéutico en otros países centroamericanos, como Costa Rica. Yo señalé cómo dirigentes del FSLN, que tienen relaciones de amistad con Cuba, van a practicarse, o llevan a sus hijas allá. Esto es una doble moral de gente que está en contra del aborto pero al mismo tiempo lo practican en sus familias.

Por tanto, la penalización es totalmente discriminatoria hacia las mujeres, y dentro de las mujeres, hacia las que tienen menos acceso a los anticonceptivos, al aborto en condiciones de seguridad. O sea que está dirigido a criminalizar a las mujeres pobres.

El analfabetismo en nuestras zonas rurales es muy alto. Las mujeres no conocen la posibilidad de decidir con ayuda de los métodos anticonceptivos cuántos hijos van a tener, eso coloca a las mujeres en una posición de total desventaja. Ahí el derecho a decidir cuánto hijos va a tener está totalmente negado.

El tema del aborto durante la Revolución sandinista

En el tema no avanzamos para nada durante la revolución sandinista. Fue un debate muy duro en el cual prevaleció la defensa de los intereses de la revolución por encima de los intereses de género. Por esta razón comenzaron a surgir algunos grupos feministas que se distanciaron de la conducción partidista del FSLN.

Nosotras queríamos que en la Constitución de 1987 quedara establecido, o por lo menos fuera ampliado el derecho al aborto de cómo fue establecido en el código penal desde 1870, y después recogido en la constitución liberal de 1893. Ese derecho permaneció idéntico durante la Revolución sandinista, la cual debería haber expresado avances. Lo que sí, es que merced a la organización de las mujeres sí hubo una gran tolerancia social y existieron organizaciones de mujeres que crearon espacios para una mayor tolerancia en la práctica del aborto. Había más hechos en la práctica que en la legislación, y eso fue un error porque pudimos haber despenalizado totalmente el aborto.

Esa es una de las críticas que hacemos y que nos preguntamos, ¿es que la revolución en la que participamos, luchamos y tomamos las armas consiguió cambios fundamentales que nos diferencien donde no hubo revolución? Yo tengo la tesis de que son muy pocos. Y esas son las críticas que tenemos que hacer a la izquierda tradicional, a los movimientos de izquierda. Esas izquierdas tienen unos grandes déficits y las mujeres debemos de cuestionarlos.

La reacción de las mujeres ante la penalización del aborto
Hay una enorme confusión. La iglesia y los grupos fundamentalista de laicos que giran alrededor de las iglesias han hecho un gran trabajo, y han ocupado mucho espacio en los medios para no hacer ninguna diferenciación respecto a ninguna causal de aborto. Todos los abortos los ponen en el mismo saco, es decir que todos los abortos son innecesarios y criminales.

Hay un desconocimiento de masas de qué es un aborto y qué es un aborto terapéutico. La FLACSO realizó un estudio donde resultó que la mayor parte de las y los nicaragüenses rechazan el aborto. Pero 40 % de las mujeres nicaragüenses se han practicado al menos un aborto en su vida. Eso quiere decir que la mujer llega a un aborto aún en contra de su propia creencia o creyendo que está cometiendo un pecado y se culpabiliza. Así, el aborto tiene unas consecuencias brutales en términos psicológicos.

Por otra parte, desde los movimientos de mujeres hemos tenido severas dificultades para que nuestras banderas sean asumidas masivamente. Hemos tenido límites para hacer vínculos con las organizaciones populares que tengan una mayor base social. Sin embargo, desde la penalización del aborto se han hecho campañas, por ejemplo, a través de los casos la gente puede comprender la diferencia entre tipos de aborto. Eso ha permitido ir sensibilizando a la opinión popular acerca de este drama, que muchos conocen porque lo viven en su familia pero que por la cosa del pecado, según la religión, no lo pueden asumir.

El rol de los hombres y el sistema patriarcal  en la ilegalización del aborto
Estamos hablando de una cultura patriarcal, en la cual los hombres, muchas veces, le impiden a la mujer el uso de anticonceptivos. Las mujeres usan la inyección de los tres o seis meses, aunque para algunas de ellas implique ciertos riesgos a su salud. Lo hacen porque así los maridos no pueden prohibirles que tomen la pastilla anticonceptiva.

Aunque somos las mujeres las que salimos embarazadas, los hombres son la otra parte en un proceso de embarazo, a través de la relación sexual. Pero ellos no toman ninguna responsabilidad. Incluso hay una creciente irresponsabilidad paterna. Muchas mujeres se sienten desesperadas cuando resultan con un embarazo no deseado precisamente porque el hombre no asume ningún tipo de responsabilidad ni material ni de apoyo moral ni de apoyo sicológico a la mujer.Entonces, todo el tema de la responsabilidad está enfocado hacia la mujer.

Otro ejemplo es la pastilla del día después. Hay mujeres víctimas de violación que no tiene acceso a la pastilla de un día después. Entonces una mujer no tiene derecho a un aborto seguro, entonces utilizan el aborto inseguro que es de alto riesgo, y que ahora en Nicaragua es prácticamente negado porque hay un enorme temor a ser penado, castigado judicialmente.

El sentir personal

La penalización del aborto me parece de las injusticias más grandes que existe en Nicaragua y mantengo una actitud permanente de rechazo, de coraje, de rabia que es la que me mueve a comprometerme en la lucha por la despenalización del aborto terapéutico y del aborto en general. También rechazo la doble moral, y condeno a las hipocresías de las jerarquías religiosas que observan impasibles las matanzas que realiza el ejército de Estados Unidos. Así que a los crímenes de los seres humanos no los condenan no hacen nada. Y las mujeres que estamos por el aborto nos tratan de criminales. Entonces, el sentimiento de indignación y de rabia me lleva al compromiso por esta lucha.

 

Tomado de Desinformémonos

 

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