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El polvorín

Nazis en Chile: Un fantasma que vive en las calles

15 Febrero 2011 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

Señalados como odiosos e intolerantes, el espectro de grupos de inspiración nacionalsocialista abarca hoy elementos diversos y contradictorios en el país. Unos se afirman en los movimientos nacionalistas históricos, otros en la Alemania nazi o en el esoterismo; unos se muestran violentos, otros son más pacíficos y aspiran a ser partidos políticos y gobierno algún día.

El 5 de septiembre de 1938, 63 jóvenes del Movimiento Nacional Socialista de Chile (MNS) ocuparon los edificios del Seguro Obrero y la sede central de la Universidad de Chile. Quieren que el Ejército apoye su golpe, derrocando el gobierno de Arturo Alessandri.

Pero esto no ocurre: El general de Carabineros, Jorge Arriagada, siguiendo las órdenes del Presidente, reúne a los rendidos en el Seguro y los ejecuta. Sobreviven sólo cuatro.


La historia del MNS había comenzado seis años antes, en el caótico período tras la caída de Carlos Ibáñez. Encabezado por Jorge González Von Marées (en la foto), desarrolló un análisis apegado a la realidad nacional, rechazando, por ejemplo, el racismo hitleriano, “equivalente al determinismo materialista del comunismo respecto a las clases”.

Se definía antiliberal, antiparlamentario, antimarxista, antioligárquico. Pretendía llevar una revolución moral y una “colaboración de los grupos sociales, en oposición a la nefasta lucha de clases marxista”. Para ellos, marxismo y liberalismo son materialistas, y “niegan los valores esenciales de la civilización occidental: Religión, familia, patria y propiedad”. Tendía al autoritarismo presidencial, al corporativismo, pero sin eliminar los partidos políticos.

LA HERENCIA DEL MNS EN EL CHILE DE HOY

A pesar de que la historia del nacionalismo y germanofilia en Chile viene desde el siglo XIX, el MSN es el grupo que más presencia tuvo en la política real, incluso logra cupos parlamentarios. Hoy el espectro de posiciones y estrategias de estos grupos es diverso y contradictorio. En Chile, el Movimiento Revolucionario Nacional Sindicalista (MRNS), fundado en 1949 como expresión del catolicismo político e influenciado por los españoles Primo de Rivera y Ledesma Ramos, plantea un orden fundamentado en el accionar de los cuerpos sociales, que deben cumplir las funciones que la Nación les exige. Se consideran la “síntesis” de varios pensamientos, ni a la derecha ni a la izquierda –característica esencial del nacionalismo- y el sindicato es considerado “la organización básica en lo económico”.

En una vereda más cercana al MNS y lejana al MRNS están el Frente Orden Nacional (FON) y Patria Nueva Sociedad (PNS), grupos políticos, legales y públicos, que valoran la herencia de los movimientos nacionales del siglo XX: Es evidente su interés por la Alemania nazi y otros regímenes y grupos de tendencia similar, utilizan uniformes, símbolos y saludos particulares. Entre estos grupos hay diferencias que los distancian.

FON surge en 2008 y hoy tienen una orgánica, sedes en regiones, dos revistas, una escuela de formación, y 60 militantes que se reúnen cada semana. Validan la vía parlamentaria, pero no creen que la democracia sea la mejor forma de gobierno. “Resaltamos el orden que trasciende al hombre, que está en la naturaleza. Nuestra idea de orden es el pueblo en la cima del poder”, explica el militante Aaron Garrido. Se declaran antianarquistas y antimarxistas ya que éstos niegan las jerarquías naturales del ser humano y la nación (dividiéndola en clases), la familia, la religión, y son filosofías materialistas, mientras ellos idealistas: “Concebimos el espíritu como lo principal” y no los procesos materiales y económicos.

En FON rechazan la que consideran “una sociedad afeminada”, mientras afirman que no se consideran machistas ni homofóbicos; se consideran racistas, pero no discriminatorios; valoran el nacionalismo de la junta militar de 1973, pero rechazan el influjo neoliberal de los Chicago Boys impuesto por la dictadura.


LA NACIONALIDAD Y EL SOCIALISMO

Alexis López (en la foto) convoca en 2000 al Primer Encuentro Internacional de Nacionalidad y Socialismo, que pasó a la historia como “Congreso Nazi”. En 1999 fundó PNS, “una alternativa de preservación y cambio de las ideas de los movimientos nacionales del siglo XX”.

Hoy son 7 militantes (alguna vez fueron 28), pero calcula entre 5 y 7 mil simpatizantes. Desarrollan escuelas de formación virtuales, por donde han pasado 680 alumnos en 5 años y planean convertirse en partido político apenas reúnan las firmas necesarias. PNS es socialista nacional, aclara. “El socialismo no es una teoría económica o modelo político, sino el altruismo inmanente de la vida (…) una comprensión de la sociedad como ente orgánico”. Prefiere hablar de nacionalidad a nacionalismo. Y agrega que “la nación es un hecho biológico-cultural. La idea de que “no hay razas inferiores ni superiores” y su distancia de la derecha política apartó a muchos militantes, confiesa López, presidente del movimiento.

Periódicamente, ambos grupos, son acusados de incitar al odio racial y a la violencia, lo que ellos niegan tajantemente. El caso más conocido es el de López, que en septiembre pasado fue acusado por Gabriel Zaliasnik, presidente de la Comunidad Judía de Chile, de estar directamente relacionado con las amenazas y atentados que sufrió él y su colectividad (incluso el propio ministro Hinzpeter) por ese entonces. La acusación le valió un recurso de protección en su contra, interpuesto por López.

En este sentido, el 2006 un grupo de parlamentarios y organizaciones judías y de homosexuales, presentaron un recurso de inconstitucionalidad en contra del movimiento. Sin embargo, en junio de 2010, el Tribunal Constitucional falló a favor de PNS, señalando que es un movimiento público, político y legal y que no hay pruebas que lo relacionen con actos de violencia.

Sin embargo, a comienzos de octubre (2010) Radio Bío Bío informaba “en exclusiva” de una investigación del Ministerio Público que habría “detectado y desbaratado un supuesto plan de atentado a la comunidad judía nacional”, vinculando nuevamente a PNS y a activistas islámicos. Hasta el momento no ha habido avances.

El historiador libertario Óscar Ortiz, quien ha colaborado con el PNS, señala que no hay que “caricaturizar” el tema. “Para la izquierda son fascistas, para la derecha extremistas. La historia de Chile está ligada al nacionalismo”, explica quien fuera secretario de Clotario Blest, y lo acompañó al cementerio cada 5 de septiembre a recordar a los asesinados del Seguro. “Yo no comparto muchas cosas con ellos: Su verticalidad, la militarización, la vía electoral, son estadistas, pero como libertario soy consecuente. Hay que juzgarlos por sus conductas y no por sus ideas”, explica el historiador, al que su cercanía con PNS le ha valido muchas críticas de sus camaradas.

Al respecto, el sociólogo Tomás Moulian explica que las ideologías políticas son “instrumentalizaciones de concepciones filosóficas vulgarizadas” que reducen los alcances de éstas.

El director de la Escuela de Sociología de la Universidad de Arte y Ciencias Sociales (Arcis), Pablo Cottet, distingue entre estos grupos con consistencia política y las pandillas violentas, pero señala que en el actual contexto de hegemonía neoliberal globalizada “no hay condiciones entre las corrientes globofóbicas para establecer alianzas con un ideario socialnacionalista. Si se oponen al “neoliberalismo”, lo tendrán que hacer aislados”, afirma.

Cottet y Moulián concuerdan en que estos grupos no deben ser prohibidos, mientras no impulsen o realicen acciones ilegales o inciten al odio racial o de minorías. Asimismo, coinciden en que no tienen viabilidad política en la sociedad chilena, “porque siempre serán relacionados con el nazismo y el fascismo”, según Moulian.

“La globalización ha arrinconado la identidad nacional y hay que pensar desde la resistencia. A Chile le haría bien tener en el Congreso otras visiones, no sólo neoliberales”, afirma Ortiz, por su parte.

VIOLENCIA TRIBAL

Pero hay visiones distintas y de otro tono, que suelen enfrentarse en las calles, en sitios web y en la oscuridad del anonimato.

Recordado es el asesinato del punk de 18 años, Tomás Vilches, en el Persa Bío Bío, el 16 abril de 2006, a manos del skinhead (o bonehead) Héctor Herrera Soto, acompañado, entre otros, de Esteban “Tito Van Damme” González. La investigación reveló su relación con algunos uniformados activos.

El joven F.Z., de 21 años, se declara nacionalsocialista separatista blanco, “cuyo objetivo es la conservación de los últimos elementos de la raza aria en Sudamérica”. “Somos euro descendientes y reivindicamos a Europa como nuestra madre patria”, afirma.  

Luis Rex, editor del blog Hitlerismus 88, considera al Führer como “el personaje más importante del siglo XX (…) resucitó los valores auténticos del hombre ario, expulsando todo rastro de invención judía”.

Su cosmovisión nacionalsocialista está relacionada con el “valor, la voluntad y la lealtad” y no es esencialmente política, sino espiritual. Considera PNS y FON, “organizaciones exclusivamente políticas”, necesarias para “conformar nuevas fuerzas que se enfrenten a la pestilente politiquería”.

Respecto a las skinheads –que incluso han golpeado a Alexis López por “traidor”- expresa que “nunca han sido nacionalsocialistas, son pandillas de jóvenes sin identidad, que buscan calmar sus traumas sociales en el nazismo”.

J.G.B es R.A.S.H, es decir, un skin “rojo” que combate a los skin neonazis. “Yo creo que los pelaos y los políticos están relacionados, unos son las tropas de asalto y otros los intelectuales; siempre ha sido así, desde Hitler (…) Nosotros los rechazamos porque estamos con las minorías. Yo soy punk, me visto y pienso así, no creo en la autoridad ni en los países (…) Los nazis hablan de la escoria social, odian a los negros, son machistas, homofóbicos… por eso soy su enemigo”, aclara mostrando alguna herida de guerra.

FZ, por su parte, avala la violencia: “Si uno de los nuestros es atacado, como siempre pasa, cuenta con todo nuestro apoyo para defenderse con la mayor rigurosidad posible”.

HOMOSEXUALES, JUDÍOS, INMIGRANTES

Para Rolando Jiménez, presidente del Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh), grupos como PNS y FON “intentan blanquear la violencia que emana de las prácticas neonazis”.

“La homosexualidad es una enfermedad –señala Luis Rex- así lo comprobó el profesor Robert Spitzer, (…) Nadie nace homosexual, padecieron algún trauma como la violación y asumieron esas desviaciones. No debe haber ningún derecho que permita la divulgación decadente del homosexualismo”, sentencia. Algo similiar opina Alexis López, quien afirma que la discusión sobre el matrimonio homosexual no nace de los chilenos, sino “de una agenda internacional impulsada por cierta organización”, por ejemplo.

La homosexualidad “subordina la reproducción a un capricho personal, no busca preservar la nación ni es altruista, el Estado no puede promover este tipo de familia”, explica Garrido, de FON.

El presidente la Agrupación de Inmigrantes Peruanos en Chile, Raúl Paiba, afirma que le preocupa que estos grupos se conviertan en partidos políticos. Sin embargo, indica que hay menos denuncias de ataques violentos, ya que con el apoyo de organizaciones nacionales han difundido lo que significa ser inmigrante, y “anular las acusaciones de que quitamos trabajo o traemos tuberculosis”.

La apreciación de Garrido es que en FON (en la foto) defienden la continuidad histórica-biológica del pueblo y nación chilena, que se ve “dañada por el ingreso de población extranjera”. Luis Rex avala esa postura, dado que afima que “inmigrantes extraños y de color nada tienen que ver con Chile, país de eurodescendientes”.

Daniel Farcas, vicepresidente de la Comunidad Judía de Chile, denuncia un constante asedio a colegios, sinagogas, y otras instituciones israelitas. Sobre FON y PNS afirma en que “no muestran su verdadera identidad, entregan información incompleta, distorsionada; sabemos que son peligrosos”.

Los acusados aclaran que los judíos no son su problema. Pero concuerdan en que sí lo es el “sionismo imperialista” –irradiado desde Estados Unidos y representado en todas las cúpulas políticas, económicas y mediáticas globales- que busca influir en beneficio de Israel en todo el mundo y masacra al pueblo palestino; “eso se rechaza y combate”, aclara López.

Para Farcas las críticas son absurdas. “Hay que ver cómo Israel es tratado en la ONU y cómo informan los medios”.

Respecto al conflicto con Palestina, Marcelo Isaacson, director ejecutivo de la Comunidad, afirma que son críticos “con cualquier atropello a los derechos humanos”, aunque en la práctica ninguna comunidad judía del mundo haya condenado explícitamente la violencia del Estado de Israel con la población palestina y que recientemente la comunidad en Chile haya manifestado su “inquietud frente a un, eventualmente imprudente y precipitado”, reconocimiento de un Estado palestino por parte de nuestro país.

 

Por Cristóbal Cornejo G.

El Ciudadano

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