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El polvorín

No al acaparamiento del planeta. Tierra, agua, aire

4 Mayo 2012 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

03/05/12

 

Mucho se habla de las crisis del planeta: climática, energética, alimentaria, de pérdida de biodiversidad, financiera y más. Pero a esta altura bien sabemos que no se trata de fenómenos naturales ni aleatorios. Son manifestaciones del actual sistema capitalista y su dinámica de permanente expansión, al cual dichas crisis le son funcionales ya que le permiten renovarse y reciclarse. Las burbujas que estallan permiten nuevos negocios y las inversiones se acrecientan al amplificar viejos mercados y crear nuevos. La “economía verde”, que viene con su propuesta de nuevos mercados para inversiones en nuevos productos, exige más tierra, más agua, más aire, más minerales.

 El acaparamiento del planeta: tierra, agua, aire

Mucho se habla de las crisis del planeta: climática, energética, alimentaria, de pérdida de biodiversidad, financiera y más. Sin duda que se trata de situaciones dramáticas cuyas mayores repercusiones recaen sobre las espaldas de los sectores más vulnerables y desposeídos.

Pero a esta altura bien sabemos que no se trata de fenómenos naturales ni aleatorios. Son manifestaciones del actual sistema capitalista y su dinámica de permanente expansión, al cual dichas crisis le son funcionales ya que le permiten renovarse y reciclarse. Las burbujas que estallan permiten nuevos negocios y las inversiones se acrecientan al amplificar viejos mercados y crear nuevos.

La debacle de los mercados financieros en 2008 significó grandes pérdidas para los especuladores cuya necesidad de recuperarse los llevó a crear nuevos mercados y nuevos productos. El planeta se ha convertido, así, en el escenario de una nueva escalada del capital financiero.

La “economía verde”, que viene con su propuesta de nuevos mercados para inversiones en nuevos productos, exige más tierra, más agua, más aire, más minerales.

El avance sobre la tierra

Si bien la apropiación y concentración de tierra no es un fenómeno nuevo, la crisis financiera y previamente, en 2007, el aumento abrupto de los precios de los alimentos provocado por la especulación en los productos básicos (commodities), han dado lugar a una nueva escalada.

En poco tiempo millones de hectáreas cambiaron de manos, así como cambió el uso de la tierra. De las comunidades rurales pasó a inversionistas extranjeros –e incluso locales–, generalmente para la producción industrial y comercial de alimentos, o para la extracción de madera, el comercio de carbono y la minería, entre otros proyectos.

La organización GRAIN –que ha estado siguiendo el proceso y maneja el sitio http://farmlandgrab.org que funciona como base de datos– identifica que “se están firmando contratos, ya roturan los suelos, la tierra está siendo cercada para mantener la gente fuera y las poblaciones locales están siendo expulsadas de sus territorios con devastadoras consecuencias”.(1)

A su vez, según un reciente informe de la organización GAIA,(2) las inversiones en las industrias extractivas han experimentado una aceleración en los últimos 3 años, y no sólo en metales, minerales, petróleo y gas sino en sus derivados financieros asociados, es decir, en el mercado financiero asociado. En los últimos 10 años la producción de hierro aumentó un 180%, la de cobalto 165%, la de litio 125% y la de carbón 44%.

También hay quienes compran enormes extensiones de tierra para establecer cotos de caza o para turismo, e incluso conservacionistas que desean conservarlas prístinas.

Cualquiera sea el caso, lo que tienen en común todos ellos es el requisito de que la tierra esté sin gente – a lo sumo con los trabajadores traídos por los nuevos dueños de la tierra.(3) Pero prácticamente no hay un lugar en el planeta que esté desocupado, principalmente las tierras fértiles, y por eso los acaparamientos terminan expulsando gente, comunidades, pueblos enteros, desarticulando sus entramados sociales y hasta su propia identidad, y generalmente de manera violenta. Perderán también, las próximas generaciones.

El proceso de acaparamiento de tierras ha sido tan escandaloso que hasta los propios organismos que propician el agronegocio, o lo ven con buenos ojos, lo reconocen: un informe de 2010 del Banco Mundial registra que tan sólo en 2009 se arrendaron o vendieron 47 millones de hectáreas.(4) Incluso la FAO, si bien tratando la cuestión con guantes de seda, admite la existencia de transacciones de tierras “de una escala sin precedentes.”(5)

Por su parte, OXFAM informa que desde 2001 se vendieron o arrendaron 227 millones de hectáreas de tierra en los países del Sur, en su mayor parte en los últimos dos años y a inversionistas internacionales.(6)

Diversos informes coinciden que es en África donde se han realizado más adquisiciones, seguramente porque allí los inversores encuentran excelentes condiciones: grandes extensiones de tierra, precios baratos, Estados débiles y permisivos que facilitan las transacciones.

Pero no exclusivamente. La avanzada sobre las tierras llega también a Asia, América Latina y Europa Oriental. Y no sólo en forma de compraventa o arrendamiento. En India, la “Misión Nacional por una India Ecológica” (GIM en inglés), que forma parte del Plan de Acción Nacional sobre el Cambio Climático (NAPCC) del gobierno, proyecta plantar 5 millones de hectáreas con árboles para la captura de carbono con el fin de asociarse a programas de compensación de carbono como REDD+ o el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL), programas que convierten en mercancía la capacidad de reciclaje del carbono. Los planes implicarían incursionar en tierras dedicadas a otros usos, como por ejemplo las tierras “marginales”. Sin embargo, las tierras que la GIM define como tierras agrícolas marginales o abandonadas se dedican a múltiples usos, como el pastoreo, o forman parte de los ciclos de cultivo itinerante; si se cubren de árboles, las comunidades que dependen de ellas perderán sus medios de vida, según ha denunciado la organización india Kalpavriksh (ver Boletín No 172 del WRM).

 Adueñándose del aire

En el caso del sistema de comercio del carbono –que abre la puerta a la privatización y mercantilización de los últimos bosques que van quedando– el acaparamiento se extiende, además, al aire, considerado un “servicio ambiental”, una mercancía que puede canjearse por contaminación. El mercado de compensación de carbono ha introducido lo que se denomina “financierización” de la naturaleza, en que las principales fuentes de inversión provienen de los mercados de capital (fondos de inversión, bancos, comerciantes de energía y otros especuladores).(7) Quienes contaminan pero tienen dinero para comprar bonos de carbono de alguna manera se adueñan del aire, porque esos permisos de emisión legitiman su uso personal e irresponsable de un bien común como es la atmósfera. De continuar la tendencia actual, hasta es posible que presenciemos la creación de un mercado formal del aire, con alcances insospechados.

Agua privada

El acaparamiento de tierras, por otro lado, está íntimamente relacionado con el acaparamiento de agua, cuya intensificación la organización Transnational Institute (TNI) ubica también a partir de la crisis financiera de 2008.(8) En ambos procesos el agua es controlada por intereses poderosos que hacen un uso masivo para su propio negocio en que el lucro es el principal objetivo, en desmedro de las comunidades locales cuya supervivencia se basa en el uso común del agua y sus ecosistemas asociados.

Esto está ocurriendo en un contexto en que, según datos de la organización TNI, casi 3.000 millones de personas viven en zonas en que la demanda de agua está por debajo del agua disponible, y en que 700 millones de personas en 43 países viven por debajo del “umbral de presión hídrica” de 1.700 mts3 por persona por año.

El agua, de bien común de acceso público pasa a considerarse una materia prima más, de carácter privado. Su acaparamiento presenta distintas formas, desde el mar que le es arrebatado a los pescadores tradicionales por las explotaciones petroleras offshore, la pesca industrial o las granjas camaroneras, hasta las mega represas, el uso y contaminación de agua en la minería -a la que la nueva tecnología de la “fractura hidráulica” agrega mayor alcance (9)- o la producción industrial a gran escala de monocultivos tanto alimenticios como no alimenticios, que requieren un uso intensivo de agua – por encima de diez veces más que los sistemas agrícolas biodiversos.

Entre los monocultivos existe una creciente tendencia al establecimiento de plantaciones de árboles destinadas a energía de biomasa, las que a su vez tienen la ductilidad de poder destinarse a otros mercados – madera, celulosa o créditos de carbono – según la conveniencia de los precios. Además, crecen las plantaciones de biomasa, por ejemplo en la región árida del Nordeste de Brasil, para abastecer las usinas que generan energía a partir de madera, algo que está siendo fomentada principalmente en Europa como energía “renovable”. Numerosos testimonios avalan las situaciones dramáticas que estas plantaciones provocan en las comunidades locales y en los ecosistemas, por la ocupación del territorio y el uso excluyente de las fuentes de agua. La situación se agrava cuando no hay derechos sobre la tierra seguros y legalmente reconocidos, y aún peor para las mujeres, que suelen sufrir una especial discriminación en el reconocimiento de sus derechos a la tierra.

No hay acaparamiento responsable

En este nuevo colonialismo que se ha internacionalizado, los efectos están a la vista y surge una divisoria de aguas a la hora de identificar la salida. Tanto en el acaparamiento de la tierra, como del agua, como del aire, lo que subyace es el modelo económico extractivista, industrial, a gran escala, especulativo y consumista del capitalismo con su más descarnado rostro neoliberal.

Las soluciones que se sigan moviendo en esos parámetros no serán soluciones en absoluto. ¿Acaso es posible un despojo “responsable”, una contaminación “responsable”, una pérdida “responsable” de la identidad y la dignidad como pueblo?

No obstante, hay propuestas en esa línea que – al igual que los “sellos verdes” de la certificación, las mesas redondas de producción sostenible, las iniciativas “transparentes” de terminan legitimando y dándole una pátina de “responsabilidad” a una situación que es intrínsecamente “irresponsable”. Es el caso de los siete “Principios de Inversión Agrícola Responsable que Respeten los Derechos, los Medios de Sustento y los Recursos” (conocidos por las siglas IAR), promovidos por el Banco Mundial, y a partir de 2010 en forma conjunta con el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) y la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO). Los principios, de carácter voluntario, pueden ser esgrimidos por inversionistas a l a hora de adquirir tierras agrícolas en gran escala como muestra de su buena disposición a un emprendimiento “responsable”.

Pero los principios básicamente parten de aceptar las transacciones de tierras, poniendo en pie de igualdad a todas las “partes interesadas” como si se tratara de un campo de juego parejo. Hablan de posibles escenarios en el que “todos ganen”, ignorando las cuestiones políticas y desigualdades de clase estructurales.

Y no hablan en absoluto de reforma agraria, una medida largamente reclamada por los movimientos sociales en el marco del derecho humano a la alimentación. La decisión de quién tiene derechos sobre la tierra, en definitiva, es, como afirma la Campaña Global por la Reforma Agraria/Red de Investigación-Acción sobre la Tierra, impulsada por La Via Campesina, FIAN Internacional, Focus on the Global South, Red Social por la Justicia y los Derechos Humanos, “esencialmente un problema político que implica con?ictos de intereses y relaciones de poder, y no sólo un problema técnico o administrativo… La historia muestra que casi siempre, cuando se utiliza un enfoque técnico universal para los derechos de la tierra, prevalecen los intereses del capital de los ricos (y del Estado), dando lugar a una mayor marginación de las clases trabajadoras a través de la dislocación, el desplazamiento o el despojo.”(10)

Por otro lado, los IAR manejan el concepto de “seguridad alimentaria”, un concepto limitado que no pone en tela de juicio el modo de producción, distribución y consumo que ha provocado la crisis alimentaria. La disponibilidad de alimentos podría solucionarse con la agricultura industrial pero a costa de la inevitable secuela de desmantelar las comunidades rurales y agotar y contaminar los suelos y el agua, además del aire. Por eso la Vía Campesina y otras organizaciones a través de la Campaña Global por la Reforma Agraria hablan del derecho a la soberanía alimentaria. Y el acaparamiento de tierras es incompatible con la soberanía alimentaria porque su móvil es el lucro en su máxima expresión: promete a los inversionistas una tasa de ganancia del 20%, mientras que la producción alimentaria arroja ganancias de entre 3 y 5%.

La discusión, pues, no debe centrarse en mitigar los impactos negativos de los proyectos de inversión a gran escala –lo que generalmente se reduce a una estrategia de relaciones públicas- sino en identificar qué tipo de inversiones se necesitan para resolver el hambre y apoyar a los sectores campesinos y comunidades rurales en sus derechos sobre la tierra.

La Vía Campesina y la Red de Campesinos/as y Productores Agrícolas de África Occidental (ROPPA) junto con otros grupos impulsaron en 2011 el “Llamamiento de Dakar contra el Acaparamiento de Tierras”, al que han adherido numerosas organizaciones sociales. La iniciativa busca convertirse en “vehículo para forjar amplias alianzas a nivel local, nacional e internacional y para abrir el camino a grandes movilizaciones que apoyen a todas las comunidades y organizaciones populares en su defensa contra el acaparamiento de tierras. El llamamiento clama por medidas inmediatas para la detención del acaparamiento de tierras y la restitución de las tierras sustraídas a las comunidades locales. Además, incluye varias reclamaciones a los gobiernos nacionales y organizaciones internacionales.”(11)

No hay acaparamiento responsable. Ésa es la línea divisoria. www.ecoportal.net

Boletín mensual del Movimiento Mundial por los Bosques (WRM) - http://www.wrm.org.uy

Referencias:

1- “Es hora de prohibir el acaparamiento de tierras, no de darle una fachada de 'responsabilidad'”, Vía Campesina, GRAIN y otros, http://www.grain.org/...

2- OPENING PANDORA'S BOX:The New Wave of Land Grabbing by the Extractive Industries and The Devastating Impact on Earth, The Gaia Foundation, 2012, http://www.gaiafoundation.org/...

3- “The Land Grabbers”, Fred Pearce, citado por Gaia Vince en “Hungy for Land”, Conservation Magazine, marzo de 2012, http://www.conservationmagazine.org/....

4- Rising Global Interest in Farmland, http://siteresources.worldbank.org/...

5- “Land Grab Or Development Opportunity?”, FAO, IFAD, IIED, 2009, Capítulo “Trends and drivers”, ftp://ftp.fao.org/...

6- “Land and Power. The growing scandal surrounding the new wave of investments in land”, OXFAM, setiembre 2011, http://www.oxfam.org/...

7- “Mercados de carbono. La neoliberalización del clima”, Larry Lohmann, 2012, Ediciones Abya-Yala, http://www.wrm.org.uy/...

8- “The Global Water Grab: A Primer”, Jennifer Franco y Sylvia Kay, Transnational Institute, marzo 2012, http://www.tni.org/...

9- La fractura hidráulica inyecta a presión químicos que derriten las rocas dentro de un pozo petrolero para sacar el petróleo atrapado en las ramificaciones de las fisuras del subsuelo. Es una técnica contamina el terreno y el manto acuífero.

10- “Por qué nos oponemos a los Principios de Inversión Agrícola Responsable (IAR)”, Campaña Global por la Reforma Agraria / Red de Investigación-Acción sobre la tierra, FIAN Internacional, Focus on the Global South,La Via Campesina, Red Social por la Justicia y los Derechos Humanos, Octubre 2010, http://www.landaction.org/...

11- Llamamiento de Dakar contra el Acaparamiento de Tierras, http://www.petitiononline.com/...

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