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El polvorín

“No existen grandes soluciones sin grandes crisis, la actual encierra la posibilidad de la revolución, no como algo lejano” Marcos Tello

6 Noviembre 2011 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

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Marcos Tello es un activista con mucha historia en el movimiento social en México. En la actualidad forma parte del Consejo Político Nacional del Movimiento Nacional de Liberación (MLN). A sus 54 años tiene detrás una gran experiencia: empezó a participar a los 16, primero en la resistencia sindical, cuando trabajaba en los petróleos mexicanos, y después como dirigente estudiantil. Hoy sigue al frente del activismo social y con ganas de aprovechar las nuevas oportunidades que el actual contexto de crisis ofrece al movimiento.


-Hay dos elementos de tu currículo que llaman la atención: Marcos ligado al movimiento de profesores y otro como miembro del MLN. En España no se conoce muy bien lo que es este movimiento, ¿nos lo puedes explicar?
- El Movimiento de Liberación Nacional es una articulación de movimientos sociales y de grupos políticos de izquierdas. El tema central del MLN tiene que ver con un proyecto de recuperación de las fuerzas productivas, de reconstrucción del país, en una perspectiva antiimperialista y socialista. Es un espacio de convergencia de movimientos sindicales, principalmente de profesores, de grupos indígenas y campesinos, en algunos casos con una importancia regional relevante. Además, en el MLN participan grupos de jóvenes, el movimiento urbano popular, etc.

En el MLN los grupos sociales son los que tienen una conducción hegemónica, las organizaciones políticas tienen presencia pero no son el espacio decisivo. Hoy el grueso de los activistas del MLN participan en la construcción de un instrumento político, una especie de partido político con el sindicato mexicano de electricistas, con otros grupos políticos y un buen número de expresiones de los movimientos sociales.
- Uno de los estados en los que tenéis más implantación es el de Chiapas, conocido en España y en muchos otros países por el levantamiento zapatista. ¿Qué relación tenéis con el movimiento zapatista?

- Con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) existe una relación compleja porque se configurño como un destacamento que no ha logrado aprovechar su influencia política general en Chiapas. Ha manejado una política de cierto aislamiento que en los últimos años se ha hecho muy profunda. Creo que esto ha sido un impedimento para poder desarrollar una política de confluencia con nosotros y el resto de las organizaciones de todo tipo que hay en Chiapas.

Se han escuchado ciertas acusaciones al movimiento zapatista como, por ejemplo, que López Obrador no llegó a ser presidente del Gobierno por las llamadas a la abstención del subcomandante Marcos, o que es difícil coordinarse con ellos porque se autoproclaman, de alguna forma, la vanguardia del movimiento social en Chiapas. ¿Concuerdas con estos estas críticas?

- El proceso es más complejo que esto. En el caso de la derrota de López Obrador, desde mi perspectiva, el principal responsable del fracaso es él mismo, porque Andrés Manuel López Obrador tiene una visión muy soberbia, no pacta alianzas, construye dependencias, en ese sentido él pecó de soberbia, descuidó el trato hacia el movimiento social, incluso descuidó las contradicciones que se daban dentro del propio bloque dominante, dentro de algunos sectores de la clase política, y dentro de algunas capas burguesas. En ese sentido es él el propio responsable de su derrota.

Respecto al papel que jugó el subcomandante Marcos, tengo que decir que se me hace muy complicado identificar al subconmandate Marcos con el movimiento zapatista, no siempre sus exposiciones expresan cabalmente lo que es el movimiento como proceso histórico, con sus posibilidades. Creo que su caracterización de lo que es López Obrador como una fuerza propiamente fascista es absolutamente inadecuada. Los pronunciamientos del subcomandante Marcos influyeron en su derrota, pero esto es marginal.

En cuanto al vanguardismo del ELZN, tiene que ver mucho con la historia de la organización política militar de la que proviene, que son las fuerzas de liberación nacional con una visión vanguardista, militarista. Traían una tradición militarista que les impactó durante todo su proceso y particularmente marcó a quienes encabezaron la insurrección de 1994. Esta visión militarista, que descansa más en el arte de la maniobra, de la estratagema, desde mi perspectiva, es incapaz de mantener una política de construcción sistemática, con el manejo de una estrategia consistente. Pese a que el EZLN se preparó durante muchos años, en los momentos donde tiene que aparecer políticamente se comporta erráticamente porque confunde la maniobra con la estrategia y en ese sentido se vuelve arbitrario y caprichoso, se hace vanguardista. El vanguardismo es un cierto infantilismo, una incapacidad de ver el conjunto y de ver escenarios donde se tienen que construir alianzas.

Hablemos del México actual, en los medios españoles se da la imagen de que hay una guerra entre el Gobierno y los clanes del narcotráfico y que todos los días aparecen muertos en la calle. Da la impresión de que se está convirtiendo en un país ingobernable, ¿qué opinión tienes tú de esta caracterización que vemos en los medios de comunicación?

- Desde cierta perspectiva liberal hay ingobernabilidad, en realidad es la nueva forma de gobierno posible en el marco de un país como México, de una crisis del capitalismo como la que estamos viviendo, es el gobierno del caos. México hoy enfrenta una crisis histórica, similar a la de de 1810 y a la del período que va de 1846-47 que inaugura la invasión de los Estados Unidos y concluye con la expulsión de los franceses en los años 60. Las guerras del narcotráfico en ralidad son una especie de ardid por parte del Gobierno estadounidense y por parte de las élites oligárquicas de nuestro país. El negocio de la droga es complemento de los negocios vinculados a la producción de armamento, es parte de todos los procesos de especulación y regulación financiera y también es un rasgo de los nuevos regímenes mafiosos que se están instalando en América Latina. El tema del narcotráfico tiene que ver rasgos estructurales en las economías latinoamericanas y particularmente la mexicana. Los grupos oligárquicos y el estado mexicano entraron en una cierta crisis durante el periodo de Salinas de Gortari y esto creó el fundamento de la confrontación entre los carteles de la droga que son también los carteles político-económicos del país y también dio pauta para una intervención directa de los Estados Unidos pero en este contexto de cierta descomposición del régimen político tuvo mayor posibilidad para influir en el rumbo de la guerra y para usarla como parte del proyecto de ocupación del país. Hay rasgos de esta política que tienen que ver con lo militar, con lo policial, pero en realidad tiene que ver con lo que algunos intelectuales denominan nuevo proceso de ocupación integral.

¿Crees que son una señal de esperanza las movilizaciones que hay en México, como la promovida por el escritor Javier Sicilia a raíz del asesinato de su hijo?

- Sí, hay otra actitud. La movilización que encabeza Sicilia, a pesar de lo plural, porque agrupa a sectores medios de la burguesía y populares, no ha podido evadir el tema del antiimperialismo. Él mismo ha asumido que una parte de los problemas nacionales, particularmente los que están relacionados con la violencia, tienen que ver con Estados Unidos. Expresa una postura muy moderada, la gran masa que integra este movimiento tiene un sentimiento antiyanqui, aunque a lo mejor no es antiimperialista. Hay sectores de las capas medias, incluso de los criollos, que son radicalmente antiyanquis, esta gente está pesando en el proceso, que a veces aparece más como movimiento de víctimas, pero que en la medida que moviliza sirve de vehículo para este tipo de expresiones. En este sentido, el movimiento de Sicilia es una posibilidad de romper con la inercia del régimen oligárquico, no está claro que vaya a ser el detonante de una movilización general, pero puede ser uno de los varios detonantes. A mí me parece inviable que el movimiento que encabeza Andrés Manuel López Obrador pueda ganar la presidencia a no ser que se articule con estas expresiones y pueda, al menos en parte, modificar la inercia de la que es prisionero y que tiene que ver con las prácticas oligárquicas.

- ¿Compartes la idea de quienes plantean que México es, quizás, un Estado fallido?

- En cierto sentido, esto tiene visos de realidad, pero es también un ardid por parte de Estados Unidos. Hablar de estado fallido tiene que ver con justificar la intervención, como está sucediendo hoy en Pakistán. Cuando Estados Unidos identifica a México y Pakistán con ese proceso de estados fallidos, está creando la justificación de la intervención directa. Más allá de este ardid podemos hablar de que el Estado nación que se perfila a partir de 1810 está en proceso de desmantelamiento. Expresa esa tradición burguesa, de hegemonía, de dominación, pero también expresa la resistencia. La Constitución de 1917, por ejemplo, refleja muy claramente la presencia de la resistencia popular y también las modificaciones dentro del grupo hegemónico, de la burguesía, que resultó victoriosa en la revolución mexicana, en su intento de adaptarse a los nuevos tiempos. Ese Estado está en liquidación, en ese sentido hay un Estado fallido, en proceso de desarticulación, el desmantelamiento de la base económica, de la base industrial que se había construido hasta 1982 generó también la desarticulación del territorio nacional. Hoy el territorio nacional se mueve bajo la lógica de la globalización. Tenemos un territorio desarticulado, las diferencias entre Norte, Sur y centro se agudizaron, la clase trabajadora también ha sido desarticulada, los derechos que también le daban una personalidad han sido debilitados en grado extremo. Y la cultura nacional también sufrió este proceso de desarme primero y después de pérdida de orientación. En ese sentido es un Estado fallido. Además tiene que ver con una nueva forma de la dominación, con el agotamiento de la hegemonía estadounidense mundial, con la crisis de los sistemas oligárquicos en América Latina.

El Estado mexicano no sólo se ha movido en función de lo que se llama la globalización o el neoliberalismo, el Estado mexicano ha sido impactado directamente en los últimos años, particularmente desde 1988, por las grandes rebeliones cívicas e incluso armadas. Se han producido dos grandes fraudes electorales. La oligarquía mexicana y el imperialismo de alguna manera fueron derrotados en su propio terreno. En 1988 la gente derrotó al PRI. En 2006 se da otro fraude, en ese lapso se da la insurrección zapatista, aparecen también otros intentos de levantamiento armado, se producen fisuras dentro del ejército mexicano y además se da un crecimiento del movimiento social en la resistencia.

- La defensa del petróleo, con lo que significa el petróleo en México, ¿realmente es una línea de combate entre la derecha y la izquierda?

- En este momento, hablar de la derecha es muy difícil, es decir, la derecha ha ocupado también bastiones de la izquierda, entonces yo creo que es una lucha entre los intereses nacionales que son asumidos por fracciones de la burguesía, particularmente media, y un bloque de clases populares que ven en el petróleo, en la defensa de los recursos minerales, la posibilidad de futuro, de contar con bases para un posible desarrollo económico de otro tipo.

- ¿Se puede decir que en México ha habido una nueva reconquista a partir de las transnacionales aliadas con parte del capital mexicano?

- Tal vez el término reconquista, teóricamente, no es preciso, podemos decir que hay una especie de recolonización si entendemos por recolonización el poner los recursos económicos que pertenecen a la nación a disposición de la injerencia extranjera. En el caso de la mayoría de América Latina, la relación colonial nunca desapareció a pesar de la independencia. A mi particularmente me sorprende la llegada del capital español, yo siempre estimaba que los Estados Unidos en este proceso iban a ser absolutamente dominantes. Me sorprende incluso de dónde la burguesía española ha sacado su dinero, porque no se le veía con tanto dinero hace algunos decenios. Me sorprende, también, el grado de subordinación, de servilismo de la clase política mexicana hacia el capital español que es en general un capital parasitario.

- ¿Cómo ves a los movimientos sociales en este contexto de entrada de las transnacionales? ¿Eres optimista en cuanto a la capacidad que tengan de reconfigurar un bloque sólido que pueda hacer frente a esta coyuntura?

- Soy optimista en la tradición del pueblo mexicano, el movimiento social tiene que superar su anarcosindicalismo, a veces su radicalismo infantil, su reformismo, tiene que superar también un conjunto de visiones dogmáticas que tienen que ver con el eurocentrismo, el dogmatismo, el sectarismo, la incapacidad de entender nuestra historia, el uso del marxismo incluso de manera distorsionada. ¿Lo puede hacer? Tendencialmente sí, porque es el que no se mueve en la lógica, al menos totalmente, del régimen oligárquico. La propia necesidad económica en el contexto actual tiende a romper la lógica del capital, muchas de las reivindicaciones que antes eran parte de los sistemas de regulación, hoy crean tensiones y provocan fisuras que nos la puede atender ya el capitalismo. A partir de esto, el movimiento social se puede plantear la tarea de luchar por el Gobierno y luchar por el poder, algo parecido a lo que sucedió en Bolivia. Yo creo que no existen grandes soluciones sin grandes crisis, creo que la crisis de hoy encierra todos estos procesos que nos resultan verdaderamente catastróficos, encierra también la posibilidad de la superación, la posibilidad de la revolución, no como algo que está lejos, sino como un proceso concreto.

Tal vez las revoluciones de ahora no son absolutamente idénticas a las de antes, tal vez pudiéramos estar hablando de una revolución que está caminando en condiciones muy difíciles, aquí tenemos que ser absolutamente creativos. Tal vez la nueva sociedad está más cerca de lo que suponemos, a pesar de toda esta situación de regresión, pero tiene que ser resuelta como proceso y aquí caben todas las posibilidades de la resistencia, caben muchas de las formas que pueden considerarse viejas con otras nuevas de expresión, de participación. Necesitamos tener un proyecto que nazca desde nuestra historia y que se engarce con las grandes propuestas de la emancipación humana, en ese sentido soy optimista y creo que podemos ganarles, creo que les vamos a ganar.

 

 

 

Luis Nieto*

2 de noviembre de 2011

Revista Pueblos

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