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El polvorín

Noam Chomsky habla sobre Egipto: “Es el levantamiento más notable que recuerde”

10 Febrero 2011 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica


Noam Chomsky habla sobre Egipto: “Es el levantamiento más notable que recuerde”


El brillante politólogo estadounidense elogia el levantamiento popular de Egipto y analiza el papel del Estados Unidos en la transición

Publicación: 04/02/11   03:08 PM
Autor: pijamasurf

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El siempre lúcido lingüista y politólogo Noam Chomsky fue entrevistado por Amy Goodman de Democratic Underground sobre el tema de las protestas masivas en Egipto y este contagioso ánimo revolucionario, que no sin simbolismo tiene su epicentro en uno de los nodos centrales de la civilización. Chomsky elogio el levantamiento popular de Egipto pero advirtió que aunque Estados Unidos apoya o apoyaba el regimen de Mubarak, su estrategia siempre ha sido, cuando un dictador que apoyan es insostenible, propiciar  -infiltradamente- el cambio y colocar a un nuevo mandatario de su predilección.  La traducción de una parte de la entrevista vía Misterios Públicos:

Sobre Egipto:

-"Bueno, en primer lugar, lo que está pasando es absolutamente espectacular. Es notable el valor, la determinación y el compromiso de los manifestantes. Y pase lo que pase, estos son momentos que no serán olvidados y estoy seguro de que tendrán consecuencias a largo plazo, como el hecho de que sobrepasaron a la policía, tomaron la plaza Tahrir, se quedaron allí en la misma cara de las turbas organizadas a favor de Mubarak, enviadas por el gobierno para expulsarles o crear una situación en la que el ejército se viera obligado a intervenir para restaurar el orden... para luego instalar tal vez algún tipo de régimen militar, lo que sea. Es muy difícil predecir lo que va a suceder, pero los hechos han sido verdaderamente espectaculares. Y, por supuesto, lo es también todo lo que sucede en Oriente Medio. En Yemen, en Jordania, en casi todas partes.

"Los Estados Unidos, hasta ahora, están haciendo su juego habitual. Quiero decir, ha habido muchas ocasiones en las que algún dictador ha perdido el control o ha estado en peligro. Hay una especie de rito de rutina; Marcos, Duvalier, Ceausescu, todos firmemente apoyados por los Estados Unidos y Gran Bretaña, como Suharto: se trata de intentar apoyarlos el mayor tiempo posible, y luego, cuando llega a ser insostenible hacerlo --por lo general, si el ejército da un giro de 180 grados-- afirman haber estado del lado de la gente todo el tiempo, intentan borrar el pasado y restaurar el viejo sistema con nuevos nombres. Y lo consiguen o no según las circunstancias.

"Supongo que eso es lo que está sucediendo ahora. Están esperando a ver si Mubarak puede aguantar, mientras dicen, "Bueno, tenemos que apoyar la ley y el orden, un cambio constitucional regular", y así sucesivamente.

"Los EE.UU. juegan en Egipto un papel importantísimo. Egipto es el segundo mayor receptor de ayuda económica y militar de EE.UU (el primero es Israel). El propio Obama ha sido un gran apoyo de Mubarak. Vale la pena recordar que antes de su famoso discurso en El Cairo --que se suponía iba a ser un discurso conciliador hacia el mundo árabe-- alguien de la prensa, creo que fue la BBC, le preguntó si iba a decir algo sobre el gobierno autoritario de Mubarak. Y Obama dijo que no, que no lo haría: "No me gusta usar etiquetas para la gente. Mubarak es un buen hombre. Ha hecho cosas buenas. Ha mantenido la estabilidad. Vamos a seguir apoyándole. Es un amigo." Y ya era entonces uno de los dictadores más brutales de la región, y sería un misterio cómo alguien podría haberse tomado em serio los pasajes del discurso de Obama sobre los derechos humanos después de sus declaraciones sobre Mubarack. Sin embargo, el apoyo militar ha sido muy potente: los aviones sobrevolando la plaza Tahrir, por supuesto, eran aviones de EE.UU.

"Los EE.UU han sido y son el apoyo más importante del régimen de Mubarack, no cómo en Túnez, donde el principal apoyo es Francia. Egipto pertenece claramente al área de influencia de los Estados Unidos, y por supuesto, Israel.... y Arabia Saudita, que ha dado apoyo claro a Mubarak. Aunque al parecer los líderes israelíes están enojados porque esperaban de Obama una postura más firme en apoyo de su amigo Mubarak".

AMY GOODMAN: Hable de lo que esto significa para el Medio Oriente. Por ejemplo, las protestas masivas que han tenido lugar en Jordania, hasta el punto donde el rey Abdullah ha dimitido su gabinete y nombrado un nuevo primer ministro. En Yemen hay grandes protestas. Hay una gran protesta llama a Siria. ¿Cuáles son las implicaciones de esto, el levantamiento de Túnez a Egipto?

NOAM CHOMSKY: Bueno, éste es el levantamiento regional más notable que yo recuerde, porque no se puede comparar con lo que sucedió en Europa del Este (...) es completamente diferente. Quiero decir, los problemas que los manifestantes están tratando de resolver son muy profundos, y no se van a resolver fácilmente. Hay una tremenda pobreza, represión, falta no sólo democracia, sino desarrollo. Egipto y otros países de la región han entrado también en un período neoliberal, que dice sobre el papel que hay crecimiento económico, pero con las consecuencias habituales: alta concentración de la riqueza y el privilegio en los más ricos, y empobrecimiento y consternación para la mayoría de la población. Y eso no es fácil de cambiar(...)

La nueva revolución árabe
La situación en el mundo árabe está cambiando de forma frenética. Este artículo se dirige a extraer algunas lecciones de lo sucedido. [TAMBÉ EN CATALÀ]
David Karvala (En lluita / En lucha) | La hiedra / L'heura | Hoy
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La situación en el mundo árabe cambia de forma tan frenética que cualquier resumen sería rápidamente superado por los acontecimientos. Este artículo se dirige a extraer algunas lecciones de lo sucedido. Es un tópico en Occidente decir que “aquí no se hará ninguna revolución, porque la gente está demasiado acomodada”.

Pero Túnez es el país del Magreb con mejor nivel de vida y educación. Así que se alaba la cultura occidentalizada de los tunecinos, frente a la “ignorancia e islamismo” que se supone que dominan al resto de la región. Pero tampoco es cierto que Túnez sea tan diferente; existen corrientes islamistas, reprimidas como en otros países.

Clase social y revolución

El punto fundamental es que en Túnez, como en gran parte del mundo, la crisis ha afectado gravemente a la clase trabajadora. Hay un paro creciente; el gobierno derrocado aplicaba políticas neoliberales cada vez más duras. Todos estos factores contribuyeron al suicidio que desató las protestas, y a que éstas fueran tan masivas.

Con todo, Túnez tiene una clase trabajadora y una organización sindical. La UGTT tiene una historia muy variada: ha sufrido represión, aunque recientemente respaldaba a la dictadura. Pero la timidez y la cautela de su dirección no cambian el hecho fundamental de que es un movimiento obrero, y por tanto está abierto a presiones desde la clase trabajadora.

Lo impresionante es cómo la UGTT llegó a liderar las luchas que se extendieron desde Sidi Bouzid, la localidad del joven muerto, a todo el país. Las huelgas fueron un factor clave en la lucha: convocadas inicialmente por sus organizaciones locales, acabaron arrastrando a todo el sindicato al combate.

Egipto es un país mucho más pobre que Túnez, donde el sindicato dominante se parece al sindicato vertical del franquismo. Pero el factor de clase social sigue siendo clave.

Desde hace varios años, Egipto vive una ola de luchas obreras muy combativas, desde el sector textil hasta el de la recolección de impuestos. Los y las trabajadoras de este sector han creado el primer sindicato independiente del país en medio siglo.

La mayoría de los salarios son de miseria, pero en los conflictos sociales, las y los trabajadores no son meramente ‘pobres’, o una ‘multitud’; tienen una creciente conciencia de clase. Esto no excluye que muchos de ellos sean creyentes y griten “Allahu akbar” (Dios es el más grande) en una manifestación, igual que en Túnez.

Lucha política y económica

En Egipto, la lucha obrera ha ido íntimamente ligada a la lucha política. Las primeras grietas en la dictadura egipcia datan del año 2000, con grandes manifestaciones en apoyo a la segunda Intifada palestina. Mubarak es un aliado esencial del Estado de Israel, pero su retórica pro Palestina creó un espacio para el movimiento. Se empezaron a crear redes de activistas, de la izquierda radical, nasseristas, de las ONG, y poco a poco de los Hermanos Musulmanes. A la lucha por Palestina se añadió la lucha por la democracia en Egipto. Si bien estas protestas sufrieron mucha represión, contribuyeron a romper la idea de que era imposible movilizarse bajo la dictadura y Estado de emergencia de Mubarak, vigentes desde 1981.

Así que la nueva ola de luchas obreras, que empezó en la ciudad de Mahalla en diciembre de 2006, se inspiró en la lucha política, y viceversa. Hasta ahora, el punto álgido de las recientes luchas en el país ha sido la “Intifada de Mahalla,”, de abril de 2008, cuando casi toda la población salió a la calle contra la policía antidisturbios que reprimía una huelga general en la ciudad.

La rebelión tunecina ha sido una gran inspiración para Egipto, pero sólo avivó un movimiento existente. Éste exige la democracia y el fin de Mubarak, pero también el abandono de las políticas neoliberales.

El fantasma del islamismo

Parte de la izquierda europea siente un odio o miedo visceral hacia el islamismo político, hasta el punto de justificar la represión contra él. En realidad, el islamismo ha crecido debido al fracaso —incluso traición— de la izquierda tradicional. El estalinismo ha apoyado de forma acrítica a un dictador “antiimperialista” tras otro… y ahora a veces a EEUU. Hoy, el “nacionalismo árabe” a menudo justifica la represión y explotación de la población en interés de una pequeña élite corrupta. No es nada irracional que la gente busque otra cosa.

Y no todas las corrientes islamistas son iguales. En Arabia Saudita, el islamismo juega un papel comparable al catolicismo bajo Franco, como el valedor de un régimen autoritario, mientras que Hezbolá del Líbano se parece a un movimiento popular y guerrillero de América Latina.

El partido islamista tunecino, An-Nahda, tiene toques liberales o socialdemócratas; defiende ideas de justicia social frente a la pobreza e incluso, de forma muy inconsistente, los derechos de las mujeres. Ha sufrido mucha represión —en el momento de escribir su histórico dirigente, Rachid Ghannouchi, acaba de volver del exilio— pero sigue siendo un actor político muy importante en el país.

En Egipto, la principal organización islamista, los Hermanos Musulmanes (HHMM), cuenta con hasta un millón de seguidores. Su base social se encuentra sobre todo entre la clase media, pero abarca desde muy pobres hasta multimillonarios. Políticamente es un movimiento muy heterogéneo, pero en general adopta posiciones equiparables a la democracia cristiana. Normalmente es muy conservador, y suele intentar negociar con la dictadura antes que luchar. En general, rechaza las huelgas. Aun así, se ha sentido obligado a salir a la calle en los momentos álgidos de la movilización en solidaridad con Palestina, o por la democracia.

Con todo, la izquierda debe apoyar plenamente el derecho de los HHMM a presentarse a las elecciones, etc. A su vez, debe tener claro qué son: un aliado muy vacilante y contradictorio, al que hay que criticar cuando es necesario. Con esta actitud, algunos de los miles de jóvenes que actualmente militan en los HHMM —pero que realmente quieren luchar por la justicia social y contra el imperialismo— pueden llegar a ver que tienen más en común con la izquierda radical que con su propia dirección. Ésta es la mejor forma —y no apoyando prohibiciones— de combatir la influencia del islamismo conservador.

¿Una revolución Twitter?

Como ocurrió con las protestas en Irán de 2009, muchos comentaristas otorgan un gran protagonismo a Facebook y Twitter. Otra vez, se equivocan.

Según 3arabawy, uno de los bloggers anticapitalistas más seguidos de Egipto y un ávido usuario de Twitter: “Internet sólo juega un papel en la difusión de la palabra y de las imágenes de lo que sucede en el terreno. No utilizamos Internet para organizarnos”.

El 30% de la población egipcia ni siquiera sabe leer, y si bien las estadísticas dicen que el 20% tiene acceso a Internet y que el 5% son usuarios de Facebook, las cifras son exageradas; si sólo puedes conectarte una vez a la semana, un cartel o el boca a boca sirven mucho más que la red.

Por encima de todo, la obsesión con la red encubre un elemento clave de una situación revolucionaria: la gente se reúne masivamente en el mundo real, no sólo virtualmente. En vez de crear “grupos de Facebook”, debaten en asambleas formales e informales, en la calle y en el lugar de trabajo. Es esta organización la que cuenta, la que se debe impulsar y sistematizar. La red sirve para la difusión entre las personas conectadas, pero no puede ni debe sustituir la organización democrática desde abajo en el mundo real.

La hipocresía y los bloques

Cuando se levanta oposición en un país hostil hacia Occidente, nuestros dirigentes se esfuerzan en condenar cualquier represión desatada. Su hipocresía es evidente.

Tristemente, el doble rasero no se limita a la derecha. Gran parte de la izquierda también ve un mundo dividido en bloques: por un lado, “el imperialismo”; por el otro “los países antiimperialistas”. Igual que la derecha, apoyan a los movimientos populares en un bando, mientras que en el otro justifican la represión.

Lo increíble de las movilizaciones de Túnez y Egipto es su similitud con las de Irán en 2009: la mezcla de clases sociales involucradas; la combinación entre demandas democráticas y las exigencias materiales más básicas. Han preocupado a dirigentes de países muy diferentes. No sólo los dirigentes occidentales y sus dictadores históricamente afines exigieron más paciencia a las poblaciones sublevadas; también lo hizo Gadafi de Libia. Mientras Mubarak cerraba Internet, China prohibía la palabra “Egipto”.

El capítulo de hipocresía de nuestros dirigentes es, por supuesto más largo. En 2003, nos dijeron que bombardeaban a los iraquíes para llevarles la democracia. Por supuesto, el país no es más democrático ahora que bajo Sadam, mientras que las sublevaciones árabes han dejado patente el apoyo occidental a los dictadores.

Mejor dicho, los apoyan mientras duran. Los partidos socialistas, incluyendo el PSOE, colaboraron durante décadas con el RCD, partido del  dictador tunecino. Sólo lo expulsaron de su organización internacional el 17 de enero de 2011… cuando ya había perdido el poder.

El mundo está cambiando

Los analistas que equiparan la importancia de la revolución en marcha en Egipto con la de la caída del muro de Berlín pueden tener razón, según cómo vayan los acontecimientos.

Si la sublevación en Túnez tuvo un efecto electrificante en la región, las luchas en Egipto podrían influir al mundo entero. Es el país más importante del mundo árabe y no sólo por sus 80 millones de habitantes. Es la cuna tanto del Islam político como del nacionalismo árabe: la revolución de Nasser, de 1952, inspiró a movimientos parecidos por todo Oriente Medio y África.

Por encima de todo, sin Mubarak —aún más si caen otros aliados como el Rey de Jordán— el Estado de Israel estaría obligado a responder, por fin, a las demandas del pueblo palestino. Al menos tendría que cumplir las resoluciones de la ONU. Esto pondría en cuestión todo el proyecto sionista. No olvidemos que el bloqueo a Gaza sólo se mantiene gracias a la colaboración egipcia, y que Egipto suministra el cemento esencial para la construcción del muro en Cisjordania.

Pero las implicaciones van aún más allá. En 1989 cayeron dictaduras, pero las ilusiones puestas en Occidente y en el mercado condicionaron todo el cambio. Los pueblos de Oriente Medio han vivido en su propia carne las recetas neoliberales, impuestas por dictaduras de todos los colores. Han visto a Occidente en acción en Afganistán, Irak, el Líbano y sobre todo en Palestina.

El neoliberalismo y el propio sistema capitalista provocan odio entre millones de personas desde América Latina —escena de movimientos en ebullición— hasta Asia, pasando por Europa. La rabia existe. Lo que falta es la confianza en que se puede luchar. La chispa de Túnez, multiplicada masivamente en Egipto, podría encender todo el planeta.

Y ¿ahora qué?

Otra vez, las cosas cambian tan rápidamente que cualquier pronóstico es provisional. En el momento de escribir, Mubarak aguanta por los pelos: incluso EEUU, seguido por la UE, ha exigido una transición ordenada y sin violencia. Parece que optan por El Baradei. Irónicamente, también lo hacen los Hermanos Musulmanes. Todos estos actores, a pesar de sus diferencias, comparten el objetivo de “cambiarlo todo para que nada cambie”. Es decir, instalar una democracia formal —que sí sería un paso adelante, hay que reconocerlo— aunque dejando intacto todo el sistema socioeconómico.

Pero la gente que ha arriesgado la vida en las movilizaciones busca mucho más; quieren el fin del neoliberalismo y de todo el sistema corrupto. También exigen que se dé apoyo real y efectivo al pueblo palestino. Nada de esto pasará con el cambio superficial que los de arriba se han visto obligados a ofrecer.

Se plantea, entonces, un dilema. Millones de personas buscan una solución que ninguno de los partidos oficiales ofrece. Aquí se vuelve crucial el papel del pequeño núcleo de activistas de los movimientos sociales, de los sindicatos independientes, y especialmente de la izquierda revolucionaria organizada. Los primeros días de una revolución pueden ser duros y violentos, pero las cuestiones políticas son sencillas: todos contra la dictadura, todos contra la represión. Pero una vez que empiecen las maniobras en la cúpula, con nuevos gobiernos “surgidos de la revolución” —como está ocurriendo en Túnez, y pronto podría pasar en Egipto—, el debate político se complica enormemente.

Los activistas más politizados tendrán que rechazar la exigencia casi unánime de “mantener la unidad” cuando los sectores reformistas intentan venderlo todo… pero sin caer en el sectarismo. Por encima de todo, deben intentar impulsar la autoorganización desde abajo, creando las semillas del poder popular y de una alternativa al capitalismo, sin dejar de conectar con el estado de conciencia de la masa de los trabajadores en cada momento.

Esta tarea es imposible si no se han puesto antes las bases de una organización política, que una a activistas de diferentes sectores, de diferentes ciudades, con conexiones entre ellos que vayan mucho más allá de una página web o Facebook. Sobre todo, estos activistas deben tener una historia de participación en las luchas, para así haberse ganado el respeto de la gente trabajadora y de los barrios. Así, si llegan y dicen: “No basta con cambiar un presidente, hay que cambiar el sistema”, la gente escuchará sus argumentos.

En esto están los y las compañeros del grupo hermano de En lucha en Egipto. Y en eso estamos nosotros, en la medida de las posibilidades. Porque hace no tantos años, las y los activistas anticapitalistas de Egipto miraban con envidia las grandes movilizaciones en Europa, los millones de personas en la calle, y decían: “Aquí eso es imposible, la gente no se mueve”. Pero en Egipto, como en Túnez, la gente se movió. Aquí también se moverá. Debemos hacer lo posible para impulsarlo —inspirándonos en la revolución árabe— y estar preparados para cuando las cosas estallen.

David Karvala es militante de En lluita / En lucha y miembro de la Plataforma Aturem la Guerra de Barcelona.

Artículo publicado en la revista a La Hiedra nº28, febrero 2011.

http://enlucha.org/site/?q=node/15712

[VERSIÓ EN CATALÀ: http://www.enlluita.org/site/?q=node/3300]

Egipto: nueva etapa en la revolución árabe
Tras el pueblo tunecino, más de un centenar de ciudadanos egipcios ha pagado con su vida para que su país tenga una oportunidad de liberarse de un régimen dictatorial y corrupto.
Fathi Chamkhi, Jérome Duval, Damien Millet, Sophie Perchellet | CADTM | Hoy
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El proceso revolucionario iniciado el 17 de diciembre de 2010 en Sidi Bouzid, Túnez, y que consiguió sacar del poder a Zine el Abidine Ben Ali un mes más tarde es el mismo que inspira a Egipto desde la jornada histórica del 28 de enero. El movimiento, que pese a la ferocidad de la represión se extiende por todo Egipto, tiene una sola consigna: “el pueblo quiere la caída del régimen”. Al cuarto día de protestas, la llama prende mecha: las manifestaciones para exigir que el dictador Mubarak abandone el poder después de 30 años se extienden por todo el país. Una vez tomada la vía revolucionara abierta por las clases populares y los jóvenes en Túnez, nada parece poder detener la revuelta en marcha. Las calles de Egipto se inflaman.

A sus 82 años, Hosni Mubarak, el aliado más próximo de Estados Unidos en los países árabes, ha repetido el funesto error de Ben Ali al ordenar a la policía reprimir duramente las manifestaciones, con la esperanza de aplastar desde un inicio la revolución que se anuncia. Al mismo tiempo, internet es censurada por completo y el gigante de las telecomunicaciones Vodafone confirma que las empresas de telefonía móvil acatan sumisamente la orden de cortar todas las comunicaciones. Impresiona constatar cómo, desde el momento en que se ponen al servicio de la revolución, las nuevas tecnologías de comunicación pueden cortarse totalmente y de inmediato a escala de toda una nación.

En la capital, el metro está cerrado; dos comisarías y la sede del partido demócrata nacional (PND) en el poder han sido incendiadas. Según informa Associated Press, el Ministerio de Asuntos Exteriores habría sido tomado por los manifestantes. En Alejandría es la sede de gobernación, un símbolo del régimen, la que ha sido pasto de las llamas. La represión se ha extendido también a varios corresponsales de la prensa extranjera. Al mismo tiempo que se convocaba al ejército para acudir en apoyo de la policía, se decretaba el toque de queda, que no ha sido respetado: el pueblo ha tomado las calles. En medio de una confusión total, las masas avanzan entre columnas de tanques y algunos policías y conductores de vehículos blindados se unen a los manifestantes, que bailan sobre los tanques (!).

Internet no es más que una herramienta y no debe desviar nuestra atención del verdadero motivo de esta revuelta: las ansias de acabar con un régimen despótico de dominación imperialista para satisfacer al fin las aspiraciones de la población. Se trata de un país rico: malvende sus recursos para pagar una deuda que no ha beneficiado a la población. Al contrario, ha servido para financiar la represión durante tres decenios de dictadura y para enriquecer a las elites próximas al poder y a los acreedores. Los préstamos han sido desviados en gran parte por la elite corrupta del país, con pleno conocimiento de causa de los prestatarios, que participan de la responsabilidad. Los bienes de Mubarak, al igual que los de Ben Ali, quien se ha dado a la fuga, son bienes adquiridos de forma ilegítima que deben ser restituidos al pueblo.

Desde que Mubarak se convirtió en Presidente en 1981, tras el asesinato de su predecesor, Anouar el-Sadate, el pueblo de Egipto ha reembolsado el equivalente a 65.500 millones de dólares en concepto de deuda externa. Sin embargo, durante el mismo periodo, la deuda no ha cesado de aumentar, pasando de 22.000 a 33.000 millones de dólares. La deuda contraída por el régimen de Mubarak es, en su mayor parte, odiosa: conforme al Derecho Internacional, es nula y no tiene validez. Debería, pura y simplemente, repudiarse. Para ello, los poderes públicos, bajo control ciudadano, deben realizar una auditoría de la deuda acompañada de una serie de reembolsos sin penalizaciones por demora, a fin de determinar con exactitud a quién han beneficiado los distintos préstamos contratados, y anular la parte ilegítima de la deuda.

Tras décadas de silencio y de cooperación militar y comercial, los dirigentes de las grandes potencias han llamado a respetar los derechos humanos fundamentales. La Secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, tras haber defendido la estabilidad del régimen, se inquieta por el cariz que están tomando los acontecimientos: “Estamos muy inquietos por los acontecimientos en Egipto. Es preciso respetar los derechos fundamentales, contener la violencia y restablecer la libertad de comunicaciones”. Pero ¿por qué no se alzaron estas mismas voces cuando se amordazaba al pueblo, se silenciaba a los medios de comunicación no afines y se encarcelaba a la oposición?

Además de ser un fiel aliado económico de Estados Unidos, Egipto es un importante pilar geoestratégico para garantizar el orden establecido en los países árabes y la estabilidad regional de cara a Israel. Para el Vicepresidente Joseph Biden: “Mubarak ha sido nuestro aliado para normalizar las relaciones con Israel; yo no lo calificaría de dictador”. Estas declaraciones ocultan mal la voluntad de proteger los intereses económicos y estratégicos en la zona. Los números no engañan: el ejército egipcio se financia a través de subvenciones estadounidenses (1.300 millones de dólares en 2010) para mantener a la oligarquía represora en el poder.

La caída del régimen de Mubarak, como el de Ben Ali, no es un fin en sí misma. Debe ser el primer paso para un profundo cambio: el pueblo ha salido a la calle y ha mostrado que quiere tomar el destino en sus manos. Ahora hay que adoptar numerosas decisiones con rapidez: interrupción del reembolso de la deuda y auditoría de la misma de cara a repudiarla, profundas reformas económicas para garantizar un reparto equitativo de la riqueza, desarrollo de sectores vitales (sanidad, educación, transportes públicos, vivienda…), respeto absoluto de los derechos fundamentales. El camino es largo, pero la caída de Mubarak lo hará al fin posible.

Traducción desde el francés: Cristina S.Asensi

Fathi Chamkhi, Raid Attac/CADTM Túnez

Jérôme Duval, Patas Arriba/CADTM España

Damien Millet, CADTM Francia

Sophie Perchellet, CADTM Francia

http://www.cadtm.org/egipto-nueva-etapa-en-la
Magreb y Oriente medio. La reemergencia del proletariado
Volante que analiza y reivindica las luchas que se desarrollan en el Magreb y en Oriente próximo como luchas provocadas por un sistema de vida en el que no se puede vivir.
Los amigos de Octubre | 7-2-2011 
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magen de enfrentamientos en Argelia
 

 

Desde Diciembre del 2010 la llama de la revuelta está recorriendo los países del Maghreb como un reguero de pólvora. No obstante los ecos de la revuelta traspasan todo límite geográfico, llegando a otros países limítrofes donde comienzan a retumbar las voces de sus vecinos y el sonido de los sables, haciendo palpitarlos corazones de sus hermanos de clase que aceptan el reto de enfrentarse también a la tiranía capitalista para defender sus condiciones de vida.

 

La burguesía internacional se reúne día sí y día también para orientar su forma de enfrentarse a la revuelta; a la par las armas de la democracia se han desplegado por todo el territorio: los ejércitos llevan semanas en las calles reprimiendo, las caras de los diversos gobiernos cambian cada hora, los recambios burgueses hacen fila para tratar de seducir a los rebeldes, las promesas de reformas se amontonan una tras otra, el fundamentalismo democrático se renueva, la transformación en conflicto interclasista trata de abrirse paso…

 

La prensa internacional de nuestros enemigos no ha dejado de maniobrar e intoxicar para ocultar la verdadera causa de la revuelta.

Primero la descalificó como una “típica manifestación de los no civilizados propia de países subdesarrollados”, luego tuvo que calificarla como una revuelta Tunecina “a favor de mayores libertades”, para más tarde pasar a decir lo mismo sobre Egipto. Hoy la lucha por los derechos democráticos es el recurso mediático. Al igual que las demás herramientas del capital, la prensa busca acorralar la revuelta, impedir que siga propagándose como la peste, imposibilitar que los proletarios de otros países nos sintamos identificados con las protestas y salgamos a las calles a enfrentarnos a nuestros opresores. Es uno de los métodos por excelencia para enfrentarse a las luchas proletarias: ahogarlas entre los cordones sanitarios de un país.

 

Y a pesar de todo, la llama sigue extendiéndose. Túnez, Argelia, Líbano, Egipto, Jordania, Libia, Mauritania, Omán, Yemen, Marruecos Siria, Kuwait o Palestina, en mayor o menor intensidad, han dado muestras de que el proletariado está esperando una mínima señal para salir a por todo.

 

La formidable extensión de la revuelta está echando por tierra la intoxicación de los medios de información,mostrando que el levantamiento responde a criterios muy diferentes a los que nos quieren vender, criterios que afectan a todos los proletarios de este mundo, y que arraigados en las más profundas raíces de este sistema ponen en cuestión los cimientos sobre los que se sostiene este mundo miserable: las clases sociales.

 

La abolición de la sociedad de clases. Esas es la esencia de la revuelta. Si los proletarios de todos esos países salen a la calle, no es por el simple rechazo al presidente o gobierno de turno, por las irregularidades en la gestión, por las libertades democráticas, o cualquier otra particularidad local. La esencia de la revuelta es la misma que en Grecia hace unos años, la misma que sobrevuela en las protestas recientes en Europa, o las que están recorriendo los países de Latinoamérica. Es el rechazo a soportar los latigazos de la crisis económica que nos machaca en todos lados, es el rechazo a seguir soportando el régimen de explotación y dominación capitalista, es el rechazo a seguir viviendo donde no se puede vivir. Es la reemergencia del proletariado que tras años de paz social, regresa como una pesadilla ante los ojos de sus amos que lo creían enterrado, para retomar su cometido histórico de mandar al museo de la historia toda sociedad de clases. Es, en definitiva, la humanidad alzándose contra la tiranía de la economía.

 

Esta realidad que trata de ser velada por toda la maquinaria de enajenación del capital, y que desgraciadamente un vasto número de proletarios dominados por este proceso de enajenación asumen y reproducen como papagayos, no nos lleva a sacar trompetas y platillos como si hubiera algo que celebrar. Que el proletariado salga a la calle, rompa sus divisiones, y extienda por varios países su lucha, es un paso más en el repunte que desde hace años se viene constatando en la lucha de clases. La agudización de la crisis mundial del capitalismo hace que los mismos mecanismos desplegados para paliarla se reproduzcan en todos los países y con todos los gobiernos posibles. Más capital ficticio y más apretones de cinturón a los proletarios. No hay otra receta posible. Pero estos medios exclusivos con los que cuenta el capital para hacer frente a su crisis no hacen sino preparar las armas que lo enterraran.

 

Las condiciones de los proletarios se homogenizan por abajo cada vez más en todo el mundo. Las luchas ya no solo saltan de un país a otro, sino que dan un salto cualitativo con la convergencia actual de esas luchas en diversos países. El proletariado se niega a realizar más sacrificios, rechaza ser la carne de cañón de la economía, y si bien es cierto que hay países en los que, pese a todo, los proletarios no acaban de lanzarse a la calle y parecen tragar con todo sin apenas protestar, no cabe duda de que es cuestión de tiempo, es cuestión de que el capital siga su cauce normal de apretarnos aun más el pescuezo, para que caiga la gota que acabe de colmar el vaso.

 

Pero como decíamos, frente a esto no se trata de celebrar nada, sino de impulsar la lucha y enfrentarnos a todos los límites que tenemos. Hay que combatir toda tentativa de reforma, toda ilusión, toda canalización, fortalecer las débiles estructuras de las que disponemos a todos los niveles, difundir las luchas que se den, traer la contienda a nuestras calles, asumir realmente el internacionalismo revolucionario… Y enmarcar toda esta práctica en un contexto que rechace el inmediatismo. De lo contrario nos quemaremos rápidamente. Tenemos que comprender que no se trata de vencer hoy, que la revolución es un proceso y que lo importante es que cada lucha nos fortalezca independientemente del resultado inmediato. Lo primordial es seguir avanzando hacia la inversión de la correlación de fuerzas entre clases a nivel mundial. Si las luchas en el Magreb y Oriente Medio dejan de extenderse, refluyen, son canalizadas por las diversas variantes del capital, lo importante es que la experiencia, las estructuras creadas por nuestra clase, así como las existentes –tanto en esos países como en los demás- se nutran de ese rico proceso y se consoliden como núcleos de reagrupamiento de proletarios, que la comunidad de lucha contra el capital se fortalezca. Lo importante también es comprender que toda canalización o pacificación será temporal pues hoy el capital no puede ofrecer a los proletarios otra cosa que mas y más sacrificios, no puede ofrecer otra cosa que más miseria. Toda promesa de reforma, toda medida para aplacar los ánimos no tiene sostén alguno en este ciclo infernal de crisis bajo el que se hunde el capitalismo.

 

Hoy se trata para nosotros de poner todos nuestros esfuerzos en asumir estas luchas que se están desplegando en el Magreb y en Oriente Medio como nuestras. Y con ello todo lo que implica: centralizar y difundir información, discutir sobre los diversos aspectos del enfrentamiento, luchar contra los mecanismos de represión y canalización del capital, subrayar los limites de la revuelta, organizar la acción directa, estrechar los contactos con compañeros para asumir juntos esfuerzos…


¡La lucha en Magreb y Oriente Medio es nuestra lucha!


¡Luchemos y organicémonos contra
la dictadura democrática de la economía!

3 Febrero 2011

amigosdeoctubre@gmail.com

 

WikiLeaks: El sucesor más probable de Mubarak tiene línea directa a Israel


Omar Suleiman, actual vicepresidente de Egipto, apoya la invasión de tropas israelíes a territorio egipcio y es percibido como el candidato ideal por Israel para suceder a Mubarak, según cables de WikiLeaks

Publicación: 07/02/11   05:06 PM
Autor: pijamasurf

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Omar Suleiman, actual vicepresidente de Egipto  y el favorito en ocupar la presidencia de  este país una vez que se realice la transición del régimen de Mubarak, es el candidato preferido de Israel a ocupar este cargo, según cables obtenidos por WikiLeaks de conversaciones entre diplomáticos estadounidenses e israelíes. Suleiman inclusó ha sugerido que las tropas israelíes serían bienvenidas en territorio egipcio para detener el tráfico de armas hacia terrorisas de Hamas en la  vecina franja de Gaza.

Coincidentemente Suleiman es el candidato que Estados Unidos ha llamado para efectuar la transición, según ha señalado Hillary Clinton.

Los cables publicados por el Daily Telegraph, el nuevo sitio preferido de WikiLeaks, detallan el intenso interés desde el 2008 que tienen Estados Unidos e Israel en la sucesión presidencial de Mubarak, quien tiene ya 83 años de edad, y en la importancia que tiene Egipto como líder en la región y aliado de Estados Unidos e Israel. Suleiman, quien era director de los servicios de inteligencia, se convirtió en el enlace entre Egipto e Israel, según esta información.

David Hachman, consejero del Ministerio de Defensa israelí dijo a la embajada de Estados Unidos en Tel Aviv que se había implementado una línea directa de comunicación con Suleiman y alabó a este político egipcio: “no hay duda de que Israel está más cómodo con el prospecto de Omar Suleiman”, dijo Hachman.

Un cable anterior menciona que Estados Unidos apoyó a un líder de las protestas, financiando un viaje a una conferencia a Estados Unidos y afirma que EU sabía de los planes que se tenían para iniciar el proceso de sucesión en el 2011.

El presidente Mubarak este fin de semana perdió control de los medios de comunicación estatales.

Si Omar Suleiman toma el poder en Egipto, el tan celebrable proceso democrático de las protestas en Egipto sería puesto en entredicho, acaso cooptado por Estados Unidos e Israel con su mano invisible.

[Telegraph]


Las crípticas declaraciones de Henry Kissinger sobre el “drama” de Egipto


El siniestro político Henry Kisisnger analiza la situación en Egipto, la cual percibe como el primer acto de un drama que tiene que ser actuado, generando especulaciones y teorías de la conspiración

Publicación: 06/02/11   02:03 PM
Autor: pijamasurf

henry-kissinger.jpgPocas figura más influyentes y oscuras en la política moderna que el estadista estadounidense nacido en Alemania, Henry Kissinger. El operador político de la familia Rockefeller y de la elite globalista, proveniente de una familia judía, representa como nadie la parte dura y manipuladora de la política exterior estadounidense, colocando la mano invisible de Estados Unidos en innumerables revoluciones, guerra y cambios de regimen en múltiples continentes. Basta sólo recordar su clara intervención en la caída del régimen de Salvador Allende en Chile en 1973. El mismo Kissinger negoció el fin de la guerra de Yom Kipur en la que Egipto y Siria atacaron Israel en octubre de 1973, iniciando un proceso de paz en el que Egipto se convertiría en aliado de Estados Unidos en la región, particularmente con la figura de Anwar Al-Sadat y más tarde con Hosni Mubarak, "El Faraón", quien después de más de 30 años en el poder como aliado estadounidense tiene una fortuna que se calcula oscila entre 40 mil millones a 70 millones de dólares. Cabe hacer notar que los estadounidenses otorgan en promedio mil millones de dólares en ayuda militar a Egipto.

Kissinger, como indudable experto en el tema, estratega de la "real politik" estadounidense y artífice de la escuela "realista" de la diplomacia, ha aparecido en un par de entrevistas en televisión hablando sobre la situación de Egipto. Pese a su estado inveterado hay un par de frases que valen la pena discutir. En el siguiente video Kissinger habla sobre la situación como si se tratara de obra de teatro política:

"Ahora todos están enfocados en la remoción de Mubarak.  Esa es sólo la primera escena del primer acto que tiene que ser actuado". Esta frase ha sido interpretada por conspiracionistas como una pista de que Estados Unidos está dirigiendo el escenario revolucionario en Egipto, ya sea fomentando la revolución -documentos de WikiLeaks muestran que EU apoyó a un líder civil que planeó el cambio de regimen en Egipto-  para conseguir un fin ulterior o quizás apropiándose de una genuina revolución popular para infiltrar su mano invisible y tener injerencia en el nuevo regimen. Esta última parece ser la más lógica, sin embargo es difícil saber en estos casos. Según Noam Chomsky, los levantamientos en Egipto son una genuina y admirable manifestación de la conciencia ciudadana democrática, sin embargo, el mimso Chomsky alerta que Estados Unidos suele aprovechar estas situaciones para salir bien parado en el reajuste e influir en la transición para proteger sus intereses (los cuales muchas veces son los mismos de Israel).

A Kissinger se le acusa de defender los intereses zionistas de familias como los Rothschild o los Rockefeller y favorcer a Israel en la región. Bajo la visión conspiranoica de que los Iluminati, los masones, los baqueros judíos, etc., controlan cada detalle del juego político mundial, las declaraciones de Kissinger son leídas como señales inconfundibles de la mano negra de la elite moviendo los hilos. Sin embargo, esto es sólo una conjetura y parece exagerado -más allá de que exista o no una conspiración global- que se pueda controlar todo lo que sucede en el mundo.

En el siguiente video Kissinger, casi ininteligible por las edad, dice en el minuto 4:44 que no está en el interés de Estados Unidos que se haga un efecto dominó en la región y que "esperamos que las aspiraciones públicas (de otros países en la región) sean moderadas y no radicales, que sean seculares y no islámicas" y poco después explora la posibilidad de que si la región se tornara radical e islámica "veríamos un cambio fundamental en el mundo que hemos conocido desde el fin de la Segunda Guerra Mundial".  Algunos podrían interpretar estas declaraciones bajo el entendido de que una serie de revoluciones islámicas en Medio Oriente estarían trazando el camino para una Tercer Guerra Mundial, pero esto, de nuevo, sería mera conjetura. Sin embargo,  en el caso de este críptico personaje sólo nos podemos mover en el terreno de las conjeturas.

 

Egipto es un aliado importante para EEUU

Publicado el 7 Febrero 2011 en David Brooks, 

 

Se dice que algún político estadunidense, justificando el apoyo de Washington a dictadores, declaró que “Somoza es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”, y esa frase, cambiando el apellido, tal vez resume más que nada la relación de Estados Unidos con el régimen de Hosni Mubarak durante los últimos 30 años. Y al igual que ocurrió con Nicaragua, ahora parece ser el caso en Egipto -con muchos más ejemplos en medio-, en donde un pueblo decide sorprender al autoproclamado defensor mundial de la “democracia” sólo por demandar, pues, democracia, y con ello provocar una”crisis” para los que manejan eso de la “geopolítica”.

Egipto es el segundo receptor de la asistencia estadunidense en el mundo (unos mil 500 millones de dólares anuales, con más de 85 por ciento en asistencia militar). Estados Unidos ha capacitado a sus fuerzas armadas, ha suministrado desde los tanques Abrams, aviones caza y más aparatos militares hasta el gas lacrimógeno que la policía lanzó contra los manifestantes, a cambio de que se comporte como un”aliado” confiable de la lógica geopolítica de Estados Unidos en la región.

Pero ahora, cuando “nuestro hijo de puta” pierde el control, el desafío para Washington es el “manejo” de la “crisis”, la cual decora con palabras como”democracia”, “elecciones imparciales y libres”,”respeto a los derechos humanos” y todo lo demás que durante años jamás se había exigido de esta manera desde Estados Unidos. De hecho, las cámaras de tortura empleadas contra disidentes por el régimen de Hosni Mubarak fueron las mismas que se utilizaron, como favor al gobierno estadunidense, para torturar a”sospechosos de terrorismo” secuestrados por la CIA en otras partes del mundo en lo que se llamaba”rendiciones” (una de las confesiones arrancadas por tortura ahí fue parte de las “evidencias” empleadas por Estados Unidos ante la ONU para justificar la guerra contra Irak).

De repente algunos políticos ahora confiesan que quizás fue un error dar prioridad a los intereses geopolíticos y no a la democracia. El senador demócrata John Kerry, presidente del Comité de Relaciones Exteriores, escribió esta semana que durante un largo periodo el financiamiento estadunidense a los militares egipcios ha dominado la relación bilateral, porque existía “un entendimiento estratégico de que nuestra relación beneficiaba la política exterior estadounidense y promovía la paz en la región”, y por lo tanto, afirmó, había una política de apoyo a Mubarak. Pero subrayó que la ira y las aspiraciones que impulsan las manifestaciones no desaparecerán sin cambios extensos, y por ello advirtió que “el despertar en todo el mundo árabe tiene que llevar nueva luz a Washington también. Nuestros intereses no son servidos al observar a gobiernos amistosos derrumbarse bajo el peso de la ira y frustración de sus propios pueblos…”

Pero tal vez la frase que mejor resumió la relación estadunidense (e israelí) con Mubarak fue la de John Rothmann, un sionista estadounidense quien en su programa de radio en San Francisco afirmó: “nadie defiende a Mubarak. Puede que sea un bárbaro, pero es nuestro bárbaro”.

Pero otros en este país denuncian la lógica que ha dominado la relación bilateral. En la misma San Francisco, como en otras ciudades, incluida Washington, a lo largo de los últimos días se han realizado actos en solidaridad con los rebeldes en Egipto con la participación de diversas agrupaciones progresistas junto con representantes de la comunidad egipcia en este país. En San Francisco un amplio contingente de la agrupación Voz Judía por la Paz se sumó a la manifestación de solidaridad con el pueblo egipcio el sábado, lo que provocó un intenso y furioso debate en esa comunidad a nivel nacional; incluso otras agrupaciones judías acusaron a Voz de ser “anti Israel”, reportó el New York Times.

En el otro extremo, para algunos de la derecha en Estados Unidos la sublevación en Egipto es un asunto casi apocalíptico. Glenn Beck, la figura mediática más famosa de la derecha, advirtió a sus televidentes en Fox News que la Hermandad Musulmana y la izquierda”radical” estadounidense operan de manera conjunta en lo de Egipto para llevar a cabo “la destrucción del mundo occidental”. Acusó que agrupaciones estadunidenses antiguerra como Código Rosa, Hamas y la Hermandad Musulmana están vinculados para promover una agenda izquierdista totalitaria, y por eso instó a todos a orar “por nuestra forma de vida”.

Para Noam Chomsky, la rebelión en Egipto es justo en contra de “nuestra forma de vida” impuesta a ese pueblo por su gobierno y las políticas estadounidenses -sobre todo el modelo neoliberal- que anularon sus aspiraciones más básicas. En entrevista con Amy Goodman en su programa Democracy Now, Chomsky dijo que Estados Unidos y Egipto están relacionados no sólo por las cúpulas, sino por lo que ocurre en sus sociedades. La evaluación por los políticos estadunidenses, dijo, era que lo más importante es que los “dictadores nos apoyan” en la región “y podemos hacer caso omiso de la población porque están en silencio y mientras prevalece el silencio, ¿a quién le importa? De hecho hay algo análogo en eso para la situación interna en Estados Unidos, y por supuesto es la misma política por todo el mundo”.

Chomsky explicó que “la población de Estados Unidos también está llena de ira, frustrada, llena de temor y odios irracionales.Los cuates en Wall Street, mientras tanto, están muy bien, los mismos que crearon la crisis actual… Y ellos están saliendo más fuertes y ricos que nunca. Pero todo está bien mientras se mantiene pasiva la población… Ese es el escenario que se ha estado desarrollando en Medio Oriente también, como lo fue en Centroamérica y otros dominios”.
Chomsky concluye que “todo ello revela un desprecio por la democracia y la opinión pública realmente profunda” de lo gobernantes.

Egipto, por el momento, ha puesto a todos esos gobiernos sobre aviso.

(Con información de La Jornada)


La explosiva situación en el mundo árabe

Written by Txente REKONDO Gabinete Vasco de Análisis Internacional (GAIN)   

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Mientras Mubarak sigue aferrándose con uñas y dientes a su cargo, la rebelión egipcia influye positivamente a las naciones vecinas, tal cual hizo el levantamiento del pueblo de Túnez. 

La explosiva situación en el mundo árabe es analizada por el autor haciendo especial hincapié en la situación de Egipto, donde el presidente Mubarak se resiste a dejar el cargo, como exigen los egipcios sin descanso desde hace trece días. También se refiere al posible efecto dominó, que podría llegar a alcanzar a las repúblicas de Asia Central.

Los recientes acontecimientos en Túnez, Egipto y otros países árabes han supuesto un aluvión de noticias y análisis sobre lo que está ocurriendo y lo que puede llegar al mundo árabe. Hay quien ha osado anunciar el «fin de una era». Sin caer en lecturas cortoplacistas y sensacionalismos baratos, lo cierto es que por lo que está sucediendo en la calle árabe, independientemente del final que tenga, el futuro ya no será igual para esos regímenes que durante tantos años se han mantenido en el poder a base de represión política y de una corrupción endémica. Fruto de ello, la mayoría de la población se ha visto abocada al paro y a la pobreza, mientras unas pocas familias han ido llenando sus propios bolsillos. 

La importancia de Egipto. Si las protestas en Túnez fueron el inicio de lo que luego se ha desarrollado en otros estados árabes, la situación de Egipto puede ser clave. Este gigante es considerado como centro de gravedad del mundo árabe y cualquier cambio estructural que suceda ahí tendrá una incidencia directa en otras realidades.

En Egipto la población ha ido perdiendo el miedo al régimen y las movilizaciones buscan derrocar a Mubarak. Aún no lo han logrado, pero lo que sí se ha materializado ya es la derrota de las intenciones sucesorias del raïs, quien difícilmente podrá ver a su hijo Gamal (sin el apoyo del Ejército y con rechazo popular) ser elegido presidente en setiembre. Además, si el pueblo egipcio sigue los pasos del tunecino, los autócratas árabes pueden ver peligrar su futuro en el poder, lo que acabaría convirtiéndose en un tsunami de imprevisibles consecuencias.

El factor islamista. La importancia cuantitativa y cualitativa de los Hermanos Musulmanes (MB) es otro factor a tener en cuenta. Históricamente, el peso de dicha organización islamista ha logrado mantenerse, a pesar de la dura represión que los diferentes gobiernos, tanto en Egipto como en otros estados árabes, han mantenido contra la misma. El pulso entre el faraón (los sucesivos dirigentes egipcios en las últimas décadas) y el profeta (el movimiento islamista) ha sido una constante de la historia moderna egipcia. Hay que tener en cuenta que más allá de esa rama del islamismo político que representan los Hermanos Musulmanes, en Egipto han surgido otras tendencias en clave jihadista, e incluso uno de los dirigentes -para muchos el ideólogo clave- de Al-Qaeda, Ayman al-Zawahiri, ha sido en el pasado dirigente de la Jihad Islámica de Egipto.

En el futuro escenario, el papel de estas tendencias será clave. Los observadores siguen con atención la labor que están desarrollando los MB, conscientes de que la influencia que ejercen a través de sus redes caritativas les da apoyo popular, lo que sin duda se verá reflejado en caso de que tengan lugar una elecciones «libres y democráticas». Habría que añadir la reconfiguración que sufriría la política de Egipto hacia Israel, ya que los MB han manifestado su apoyo al pueblo palestino y su rechazo a los acuerdos entre Mubarak y el Estado sionista.

El papel de los militares. Uno de los soportes del régimen es el Ejército. En Egipto la importancia de los militares es más que visible (desde Nasser y Sadat hasta el propio Mubarak), e incluso los intentos de «reforma» del propio raïs han pasado por el nombramiento de Shafiq (alto militar del Ejército del Aire, la rama más influyente) y de Suleiman (el responsable del servicio secreto). Complica la ecuación la composición del Ejército, que es fiel reflejo de la diversidad que podemos encontrar en la sociedad egipcia, así como de las históricas rivalidades con las fuerzas policiales. De momento, son pocos los que apuestan por un golpe sangriento que perpetúe al ya caído en desgracia Mubarak. Algunas voces alertan incluso de posibles tensiones en torno a la sucesión entre los mandos militares.

El efecto dominó. Las diferencias entre las realidades de los diferentes estados árabes son más que evidentes. Por ello algunos auguran que el llamado efecto dominó no acabará produciéndose. Otros observadores sostienen lo contrario, basándose en la coincidencia de algunos factores (juventud desencantada y con pocas perspectivas de mejorar, paro endémico, represión política, control en manos de pocas familias, corrupción, nuevas tecnologías, el papel de medios como Al-Jazeera...)

De momento, tras la explosión en Túnez (que por desgracia parece haber caído en una especie de apagón mediático en Occidente), que ha visto cómo el dictador Ben Ali ha tenido que abandonar el país, muchas miradas se están posando en otros estados. En el Magreb, en Marruecos y Argelia sobre todo, las aguas no se presentan tranquilas para sus dirigentes. El rey marroquí ha viajado al Estado francés esta semana para intentar frenar cualquier efecto de contagio de las protestas en su país, mientras que en Argelia, Bouteflika ha logrado de momento desactivar a las oposiciones islamista y de izquierdas a través de ofrecerles un pedazo del pastel político o comprando directamente su fidelidad, aunque las tensiones internas (juventud descontenta, islamistas radicales, Kabilia...) pueden alterar los planes del gobernante. 

En Yemen, las protestas han congregado a miles de personas contra el Gobierno, lo que unido al conflicto armado que Sanaa mantiene con las fuerzas chiítas en el norte o con las fuerzas separatistas del sur, sin olvidar la presencia de Al-Qaeda, hace del escenario yemení un candidato perfecto para que el desequilibrio de fuerzas altere profundamente la situación.

Tampoco deben estar durmiendo tranquilos los dirigentes reales en Jordania, donde se dan las mismas claves que en los otros países y donde, además, el papel de los perseguidos Hermanos Musulmanes puede recobrar fuerza y protagonismo.

El paraíso dorado puede hacer aguas. El futuro que les espera a las llamadas monarquías del Golfo no parece halagüeño para sus dirigentes y valedores. Con una población que empieza a sufrir los efectos negativos de la crisis mundial mientras ve cómo sus dirigentes viven en la opulencia y reciben a los dictadores del mundo en este exilio dorado, unida a la presencia de células islamistas e importantes ideólogos del jihadismo transnacional, o al propio pulso que mantiene con Irán por hacerse con el control en la región, junto a las tensiones que surgirán a la hora de la sucesión del octogenario Abdallah bin Abdelaziz, son pocos los que se atreven a augurar un futuro calmado en Arabia Saudí. Si el escenario saudí entra en una dinámica similar a la que estamos viendo estos días, su alianza estratégica con Estados Unidos puede verse seriamente comprometida, y el efecto de cualquier transformación «no deseada» tendrá sus consecuencias directas en las otras monarquías del Golfo.

Al-Qaeda y la teoría del caos. En este puzzle no podría faltar un actor como Al-Qaeda, quien intentará aprovecharse de cualquier resquicio para imponer su ideología en la región. En ese sentido, analistas opinan que el caos es el mejor aliado de esa red, que no ha dudado en aprovecharse en el pasado de situaciones similares en Afganistán, Irak o Somalia para afianzar su presencia. 

Las consecuencias de la ocupación de Afganistán entran en ese guión que desea Al Qaeda. Recientemente se ha constatado la presencia de movimientos islamistas de corte jihadista en Asia Central, y en algunos foros se está repitiendo la idea de que Uzbekistán es el próximo objetivo. La mayoría de las nuevas repúblicas de esa zona comparten los factores que ya hemos enumerado: regímenes corruptos, una juventud harta de los dirigentes, represión hacia la disidencia y la presencia activa de movimientos islamistas. Cabría añadir la ayuda que esos líderes prestan a EEUU y las consecuencias de esas alianzas.

Los intereses de Occidente. A pesar de que a Washington y a las cancillerías europeas se les llena la boca con grandilocuentes declaraciones sobre «democracia, libertad, derechos humanos...», las poblaciones de estos estados asisten impotentes a la colaboración de esos supuestos defensores de la paz y la libertad con los dirigentes locales, quintaesencia de los dictadores.

Es un escándalo el silencio de la Unión Europea sobre Túnez o Egipto. Desde Washington se ha incidido en la necesidad de «reformas ordenadas», o sea, cambiar las figuras sin alterar el sistema. Para EEUU, Egipto es claves para al control del petróleo del Golfo Pérsico, así como para el tránsito de petroleros y barcos militares (canal de Súez). También para sostener el Estado sionista de Israel. Para todo ello, le es necesaria la «estabilidad de sus aliados locales», a los que ha regalado grandes sumas de dinero y un enorme arsenal.

Transición versus ruptura. Visto el desarrollo de los acontecimientos, los hasta ahora aliados de los dictadores, EEUU y la Unión Europea, han solicitado que la calma perdure y que se encaminen estos procesos hacia una transición moderada, o sea, que los que en su momento han sido bastiones del régimen corrupto y dictatorial sigan rondando o acomodados en el poder, bajo otro nombre y con caras nuevas en la dirección. Los protagonistas de las protestas siguen apostando por la ruptura total con el antiguo régimen, así lo hemos visto en Túnez y así lo exigen en Egipto o Yemen. No debemos perder de vista las maniobras que EEUU llevará adelante, proponiendo figuras de corte «liberal o moderado» que sirvan a sus propios intereses.

La calle árabe se ha levantado contra la «hogra», la injusticia por parte de los poderosos. ¿Será capaz de mantener el pulso ante los poderosos intereses que tiene enfrente?

GARA |

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Una explosión en un gasoducto en Egipto obliga a cortar el suministro a Israel

Jamenei afirma que la revuelta en Egipto es una "señal del despertar islámico"

Written by Resumen Latinoamericano   

El líder religioso iraní acusa al presidente Mubarak de ser un "lacayo del régimen sionista"

Los ecos de la revuelta egipcia han llegado hasta Irán, pero la lectura de los acontecimientos difiere radicalmente de las del resto de la comunidad internacional. El líder supremo del país, el ayatolá Ali Jamenei, ha afirmado que las revueltas populares que se están produciendo en las sociedades árabes son una "señal del despertar islámico" en el mundo y ha pedido al Ejército de Egipto que "no acepte los llamamientos para oprimir a su pueblo".

"Lo que hoy sucede en Egipto es el eco de la Revolución Islámica iraní y tiene una significación particular para nosotros", ha asegurado Jamenei durante la oración del viernes en la Universidad de Teherán, comparando la situación actual en El Cairo con el triunfo de la revolución en su país en 1979. El líder religioso se ha dirigido directamente en árabe a los egipcios y al resto de los musulmanes que hablan esa lengua, para animarles en sus levantamientos populares.

Jamenei ha descalificado al ex presidente tunecino Ben Alí y al jefe del Estado egipcio por sus vínculos con Occidente y se ha referido a Hosni Mubarak, como a un "lacayo del régimen sionista" por haber "ayudado a los israelíes" en Gaza. El ayatolá ha asegurado que Occidente construyó "regímenes para establecer sistemas corruptos en Oriente Medio instalando líderes serviles".

En un sermón con tintes políticos muy marcados, ha afirmado que los dirigentes de Israel "son los que están más preocupados por lo que sucede en El Cairo porque saben que si Egipto cesa su alianza, se producirá una gran transformación en la zona". Además ha pedido a los ulemas egipcios de la Universidad de Al Azhar, una prestigiosa referencia en el mundo islámico, que tomen partido e intervengan en la crisis que atraviesa Egipto.

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